Ratlines
rutas de escape para los nazis y otros fascistas que huían de Europa al final de la Segunda Guerra Mundial
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Las ratlines (en alemán: Rattenlinien; literalmente «líneas de ratas»), también conocidas en español como rutas de las ratas, fueron las redes de escape que utilizaron los nazis y sus colaboradores para huir de Europa a partir de 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Conducían sobre todo a Sudamérica —en particular a Argentina—, además de a Brasil, Chile y Paraguay. Algunos fugitivos se quedaron en los puntos de tránsito; otros los usaron como escala para llegar a otros destinos.
Surgieron dos rutas principales desde Alemania hacia Sudamérica que, aunque al principio funcionaban por separado, terminaron coordinándose: la primera pasaba por la España franquista y la segunda por Roma y Génova. Las ratlines contaron con el apoyo de algunos clérigos de la Iglesia católica —como el obispo austríaco Alois Hudal y el sacerdote croata Krunoslav Draganović— y de varias delegaciones del Comité Internacional de la Cruz Roja. Desde c. 1943, los nazis pagaron a funcionarios argentinos para proteger a sus agentes, lo que contribuyó al ascenso de Juan Domingo Perón, cuyo régimen montaría más adelante rutas adicionales a través de Escandinavia y Suiza.
Entre los nazis y colaboradores destacados que escaparon figuran el líder de la Ustaše Ante Pavelić y los oficiales de las SS Adolf Eichmann y Josef Mengele, ambos perpetradores del Holocausto. A partir de 1947, Estados Unidos echó mano de la red de Draganović y de un funcionario de la Organización Internacional para los Refugiados para sacar de Europa a algunos desertores e informantes soviéticos, y también al jefe de la Gestapo Klaus Barbie, que había estado intercambiando información con el Ejército de los Estados Unidos mientras se hallaba detenido en la Austria ocupada. Décadas después, las ratlines siguen siendo objeto de investigación[nota 1][1] y de interés cultural.
Etimología
En la jerga marinera, los ratlines (en español flechaduras o flechastes) son las cuerdas finas que, dispuestas horizontalmente entre los obenques, hacen las veces de escala para subir al mástil. El término se documenta por primera vez aplicado a las rutas de escape nazis hacia c. 1947-1950, en los inicios de la Guerra Fría. Por entonces, el Cuerpo de Contrainteligencia (CIC) del Ejército de los Estados Unidos en la Austria ocupada protegía a desertores e informantes frente a la Unión Soviética, y también al oficial de las Schutzstaffel (SS) Klaus Barbie —apodado «el Carnicero de Lyon» por haber dirigido la Gestapo en Lyon, Francia—, sacándolos de Europa rumbo a Sudamérica por las rutas de escape nazis ya existentes, bajo el nombre clave «Operation Ratline» u «Operación Ratline».[2] Hoy ratline designa cualquier ruta concreta de escape, mientras que el plural suele aludir al conjunto del entramado, llamado a veces ratlines nazis para mayor claridad.[3]
Panorama general
Las dos rutas principales surgieron por separado, pero sus operadores acabaron coordinándose.[4] La primera iba de Alemania a España y de allí a Argentina; la segunda partía de Alemania hacia Roma, luego Génova y, por último, Sudamérica. Se calcula que hasta 9000 criminales de guerra nazis y colaboradores escaparon hacia Sudamérica: hasta unos 5000 a Argentina,[5] entre 1500 y 2000 a Brasil y entre 500 y 1000 a Chile.[6] Algunos refugiados se integraron en América Latina haciéndose pasar por agricultores o por católicos.[7]
España franquista
Los orígenes de las primeras ratlines están vinculados a varios episodios de las relaciones entre el Vaticano y Argentina antes de la Segunda Guerra Mundial y durante la misma.[8] Ya en 1942, el Cardenal Secretario de Estado Luigi Maglione —al parecer por encargo del papa Pío XII— se puso en contacto con un embajador de Argentina en relación con la disposición de ese país a acoger sin demora a inmigrantes católicos europeos y permitirles vivir y trabajar.[9] Anton Weber, sacerdote alemán al frente de la rama romana de la Sociedad de San Rafael, viajó a Portugal con la intención de proseguir hasta Argentina, aparentemente con el propósito de preparar el terreno para la inmigración católica.[9]
Algunos líderes católicos optaron por colaborar con los nazis en un intento de combatir a su enemigo común, el bolchevismo. Hacia 1944, la actividad de las ratlines, centrada en la España franquista, se encaminó a facilitar la huida de los nazis.[10] Entre sus principales organizadores se encontraban Charles Lescat, francés miembro de Acción Francesa —organización suprimida por el papa Pío XI y rehabilitada por el papa Pío XII—, y Pierre Daye, belga con contactos en el gobierno español.[11] Lescat y Daye fueron los primeros en huir de Europa con la ayuda del cardenal argentino Antonio Caggiano.[11]
En 1946, cientos de criminales de guerra residían en España, junto con miles de antiguos nazis y fascistas.[12] Según el secretario de Estado de los Estados Unidos James F. Byrnes, la cooperación del Vaticano para entregar a esos «solicitantes de asilo» fue «insignificante».[12] A diferencia de la operación de emigración del Vaticano en Italia, centrada en la Ciudad del Vaticano, las ratlines españolas —aunque promovidas por el Vaticano— operaron con relativa autonomía respecto de la jerarquía de la Oficina de Emigración vaticana.[13]
Ratlines italianas
La red del obispo Hudal
El obispo católico austríaco Alois Hudal, simpatizante nazi, era rector del Pontificio Istituto Teutonico Santa Maria dell'Anima en Roma, seminario para sacerdotes austríacos y alemanes, y «Director Espiritual del Pueblo Alemán residente en Italia».[14] Tras el fin de la guerra en Italia, Hudal pasó a atender a los prisioneros de guerra e internados germanoparlantes recluidos en campos de toda Italia. En diciembre de 1944, los Aliados autorizaron al Vaticano a designar un representante para visitar a los internados civiles germanoparlantes en Italia, función que recayó en Hudal.[15]
Hudal aprovechó esta posición para facilitar la huida de criminales de guerra nazis buscados, entre ellos Franz Stangl (comandante del Campo de exterminio de Treblinka), Gustav Wagner (comandante del Campo de exterminio de Sobibor), Alois Brunner (responsable del Campo de internamiento de Drancy cerca de París y a cargo de las deportaciones desde Eslovaquia hacia los campos de concentración nazis), Erich Priebke (responsable de la masacre de las Fosas Ardeatinas) y el oficial de las SS Adolf Eichmann (artífice del Holocausto); más tarde Hudal habló sin pudor de su papel.[16][17][18] Algunos de los buscados estaban recluidos en campos de internamiento; al carecer por lo general de documentos de identidad, eran inscritos en los registros bajo nombres falsos. Otros nazis se ocultaban en Italia y se acercaban a Hudal al enterarse de su papel en las fugas.[19] En sus memorias, Hudal afirmó sobre sus actos: «Doy gracias a Dios por haber [permitido] que visitara y consolara a muchas víctimas en sus prisiones y campos de concentración, y por ayudarlas a escapar con documentos de identidad falsa».[20][21] Explicó que, a su juicio:
La guerra de los Aliados contra Alemania no fue una cruzada, sino la rivalidad de complejos económicos por cuya victoria habían combatido. Ese llamado negocio... empleaba consignas como democracia, raza, libertad religiosa y cristianismo a modo de cebo para las masas. Todas estas experiencias fueron la razón por la que, después de 1945, me sentí en el deber de dedicar toda mi labor caritativa principalmente a antiguos nacionalsocialistas y fascistas, especialmente a los llamados «criminales de guerra».
Según Mark Aarons y John Loftus, Hudal fue el primer sacerdote católico que se dedicó a establecer rutas de escape.[22] La oficina romana del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) expedía a los refugiados salvoconductos que les permitían salir de Italia. Estos eran aceptados como pasaportes de facto en Sudamérica.[23] Aunque por lo general debían firmarse en persona, había formularios en blanco al alcance de Hudal y, en varios casos, se constató que la firma del funcionario del CICR había sido falsificada.[23]
Franciscanos croatas
Una pequeña pero influyente red de croatas franciscanos, encabezada por el padre Krunoslav Draganović, organizó una ratline altamente sofisticada con sede en el Colegio Pontificio de San Jerónimo de los Ilirios en Roma, con conexiones desde Austria y un punto de embarque en Génova. La ratline se centró inicialmente en ayudar a miembros de la Ustaše croata, incluido su líder, Ante Pavelić.[24]
Participaron varios sacerdotes, entre ellos el padre Vilim Cecelja (antiguo vicario militar adjunto de la Ustaše),[25] que fundó una rama de la Cruz Roja Croata en Austria (a la que el CICR solo apoyó de modo extraoficial). Cecelja utilizó sus credenciales de la Cruz Roja y estadounidenses para desplazarse libremente por Salzburgo, donde permanecían numerosos refugiados ustachas y nazis, y proporcionó identidades de la Cruz Roja a personas que carecían de documentación. En octubre de 1945, fue detenido por el CIC por sus vínculos con la Ustaše.[26] El padre Dominik Mandić (representante oficial del Vaticano en San Girolamo y tesorero de los franciscanos) recurrió a sus contactos en la policía secreta italiana para que las cédulas de identidad de los franciscanos se considerasen lo bastante oficiales como para obtener documentos de identidad italianos.[27] Por último, Draganović telefoneaba al monseñor Karlo Petranović en Génova para indicarle el número de literas necesarias en los buques con destino a Sudamérica.[28]
La ratline de Draganović era un secreto a voces entre las comunidades diplomática y de inteligencia en Roma. Ya en agosto de 1945, mandos aliados en Roma planteaban interrogantes sobre el uso de San Girolamo como «refugio» de la Ustaše.[29] Un informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos del 12 de julio de 1946 enumeraba a nueve criminales de guerra, entre ellos albaneses y montenegrinos, además de croatas, así como a otras personas «no realmente acogidas» en el Seminario de San Girolamo que «gozan del apoyo y la protección de la Iglesia».[30]
En febrero de 1947, el agente especial del CIC Robert Clayton Mudd informó de que diez miembros del gabinete de Pavelić en la Ustaše vivían en San Girolamo o en el propio Vaticano. Mudd había infiltrado a un agente en el seminario y confirmó que estaba «plagado de células de operativos ustachas» protegidos por «jóvenes armados». Mudd informó de un automóvil amparado por la inmunidad diplomática que trasladaba a personas no identificadas entre el Vaticano y el seminario.[31] Además, a mediados de 1947 la inteligencia británica era consciente de que Petranović ayudaba principalmente a criminales de guerra.[28]

Refugio nórdico

En 1944, el Sturmbannführer (mayor) Alarich Bross fundó una red de finlandeses colaboracionistas y nazis en Finlandia. Organizada para emprender una lucha armada contra una ocupación soviética que nunca se produjo, sacó clandestinamente del país a quienes querían abandonar Finlandia rumbo a Alemania o Suecia. Se creó un sistema de pisos francos finlandeses bajo la fachada de una empresa denominada «Gran Cooperativa Pesquera», con rutas a cargo de una organización de transporte marítimo de entre 50 y 70 personas. Sus puntos de destino en Suecia eran muelles de carga secretos en la pequeña localidad de Härnösand, en el oeste de Norrland. Otros eran sacados clandestinamente hacia Suecia desde el norte cruzando el río Tornio. El acceso a Europa se abría a través de la red sueca de pisos francos.[32]
A través de los pisos francos, el movimiento de resistencia sacó de Finlandia a ciudadanos alemanes, oficiales, personal de inteligencia, nazis y fascistas finlandeses, además de refugiados estonios y carelios orientales. Suecia acogió a centenares de personas, entre ellas más de un centenar de prisioneros de guerra alemanes huidos de los finlandeses. Otros centenares fueron trasladados a Alemania en U-boot tras la ruptura de septiembre de 1944.[33][32] En 1946, el industrial finlandés Petter Forsström fue condenado por traición por ayudar a los nazis a huir de Finlandia a Suecia, por ejemplo comprándoles motoras.[34][35]
Refugio argentino
Los nazis tuvieron presencia en Argentina antes de la guerra, con un máximo de 2110 miembros en 1935.[36] En junio de 1941, Alemania envió 83 cajas de documentos desde su embajada en Tokio (Japón), a bordo del MS Nana Maru hacia Buenos Aires.[37][38] Funcionarios de aduanas requisaron las cajas, que fueron registradas por el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de Argentina. Cinco cajas contenían propaganda nazi oculta entre material rotulado como «científico, literario y cultural»,[3] mientras que las restantes contenían sobre todo libros infantiles, revistas y fotografías de guerra. Un mes después, las autoridades argentinas allanaron las oficinas clandestinas del proscrito Partido Nazi (encubierto bajo organizaciones laborales alemanas). Unos 5000 documentos de afiliación incautados al Frente Alemán del Trabajo y a la confederación alemana de sindicatos quedaron almacenados en la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina.[38]
En 1940, el Consejo Secreto de Gabinete de Hitler envió a un agente al Credit Suisse de Zúrich para abrir y administrar una cuenta bancaria en Suiza al servicio de la Alemania nazi. Con el tiempo, el Ministerio Alemán de Asuntos Exteriores mantuvo al menos cuatro cuentas bajo seudónimos, además de algunas en manos de la Cruz Roja Alemana y otra utilizada por el brazo económico de las SS.[39] El millonario germanoargentino Ludwig Freude, al frente del Banco Alemán Transatlántico de Buenos Aires (filial del Deutsche Bank), estableció contactos con bancos suizos; hacia 1941, simpatizantes nazis en Argentina llegaron a tener hasta 890 cuentas.[3][40][41][42] En mayo de 1943, el funcionario de las SS Walter Schellenberg cerró un acuerdo secreto con la cúpula militar argentina que excluía a los nazis de cualquier detención en Argentina y establecía un sistema de intercambio de valija diplomática entre ambos regímenes. Los nacionalistas argentinos protagonizaron en junio de ese año un golpe de Estado que abrió el camino al ascenso al poder de Juan Domingo Perón.[43] Entretanto, la riqueza alemana procedente del expolio a las víctimas del Holocausto se depositó en una cuenta del Reichsbank bajo el nombre falso de Max Heiliger.[44] Hacia 1944, el saldo equivalía a millones de Reichsmark, además de los envíos a la sede de Martin Bormann en la Cancillería del Reich.[45] El oficial de las SS Otto Skorzeny facilitó la transferencia internacional de fondos desde esa cuenta y, según se cuenta, los habría depositado a nombre de la futura esposa de Perón, Eva.[45] Según The New York Times, el Departamento de Estado de los Estados Unidos informó en 1945 de que «las fortunas personales de los altos cargos nazis» habían sido enviadas a Buenos Aires por valija diplomática, y que el alto cargo nazi Hermann Göring habría llegado a poseer más de 20 millones de dólares y un U-boot cargado de botín nazi.[46]

Tras la rendición alemana del 8 de mayo de 1945, el capitán del U-530, que entonces operaba en el océano Atlántico septentrional, optó por entregarse a la Armada Argentina en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, lo que ocurrió el 10 de julio.[47] El capitán no supo explicar por qué la travesía había durado dos meses ni la ausencia de los documentos habituales. La Armada Argentina informó de que a bordo no viajaban altos jerarcas nazis, mientras que la policía habría reportado que se había visto desembarcar de un submarino a Adolf Hitler y, posiblemente, a Eva Braun.[47] El U-boot capturado y su tripulación fueron enviados a Norteamérica, lo que no disuadió al U-977 de rendirse en Mar del Plata el 17 de agosto con la esperanza de obtener refugio.[48][nota 2][49]
En enero de 1946, el obispo Antonio Caggiano, líder del capítulo argentino de la Acción Católica, voló a Roma para ser creado cardenal por Pío XII en el consistorio del 18 de febrero de ese año. Tanto Caggiano como el cardenal francés Eugène Tisserant tuvieron un papel decisivo a la hora de ayudar a Lescat, Daye y sus colaboradores a emigrar de España a Argentina.[50][11] A comienzos de 1946, Caggiano insistió ante el cónsul argentino en Roma para que estampara visados de turismo argentinos en los pasaportes de tres criminales de guerra confirmados franceses (y de otros cinco franceses), pese a la falta de billetes de regreso y certificados sanitarios.[51] El primer caso documentado de un criminal de guerra francés que llegó a Buenos Aires fue el de Émile Dewoitine, el 28 de mayo de 1946, tras haber viajado en primera clase en el mismo barco que Caggiano.[52][nota 3][52]

La Argentina de Perón
Vinculado por su parte a la inteligencia nazi, Ludwig Freude coordinó las contribuciones de colaboradores nazis a la campaña presidencial de 1946 de Perón.[55][46] Perón nombró al antropólogo Santiago Peralta (declarado antisemita) comisario de inmigración, y al hijo de Ludwig, Rodolfo Freude, jefe de la primera oficina de inteligencia del país;[56][46] ambos parecen haber allanado el camino a los criminales de guerra europeos, agilizándoles la nacionalización y dándoles empleo en sus propias dependencias.[57] El régimen de Perón colaboró con la ratline de Draganović y aportó al menos un millón de francos suizos (21,5 millones de dólares ajustados por inflación) para abrir nuevas rutas a través de Escandinavia y Suiza.[58][39] Hasta 5000 criminales de guerra nazis llegaron a refugiarse en Argentina,[6] algunos incluso en 1950, año en que arribó Adolf Eichmann.[59] Perón declararía después que ayudó a cuantos cargos nazis pudo, en respuesta a los juicios de Núremberg (1945-1946), que tachaba de «vergüenza».[7][60]

Desde finales de la década de 1940 y a lo largo de la de 1950, la Oficina Federal de Investigación (FBI) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos investigaron versiones según las cuales Hitler no habría muerto en 1945, sino que habría escapado a Sudamérica —típicamente vía Argentina—, según sugirieron los soviéticos tras la toma de Berlín.[65][66] La CIA recibió incluso una supuesta fotografía de Hitler en Colombia en 1954.[67] Según los estudiosos occidentales, la muerte del dictador en 1945 está demostrada por la confirmación de sus restos dentales y por testigos presenciales,[65][68] lo que excluye la posibilidad de una mandibulectomía que sustentara cualquier engaño.[69] El FBI y la CIA comenzaron a desclasificar los expedientes pertinentes en 1999, conforme a la Ley de Divulgación de Crímenes de Guerra Nazis (Nazi War Crimes Disclosure Act), y empezaron a publicarlos en línea hacia c. 2011.[70][71]
Adicionalmente, el FBI apoyó al Departamento 50 de la policía chilena en su investigación de la actividad de espionaje nazi dentro de las fronteras del país durante la guerra. En su última actuación (c. 1945-1947), Chile se sumó a otros gobiernos para investigar la actividad nazi en el conjunto de América Latina, desmantelando redes en Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela. En 2017 desclasificó numerosos expedientes y fotografías.[63][64]
Tras entrar en Argentina con un nombre falso, Josef Mengele (conocido como «el Ángel de la Muerte» por su papel en el Holocausto) recuperó su apellido a mediados de la década de 1950 para casarse con la viuda de su hermano en Uruguay y, más tarde, llevarla a Argentina.[72] En 1959 utilizó su nombre real para solicitar un pasaporte en la embajada alemana en Buenos Aires;[73] ese mismo año, Alemania Occidental solicitó sin éxito su extradición.[74] En 1960, las autoridades argentinas anotaron: «al parecer, manteniendo su nombre real, [Mengele] perteneció a la Sociedad SS».[75] Sin embargo, en aquel año ya había huido a Paraguay (según anotó la policía argentina) y, hacia c. 1963, las autoridades brasileñas sospechaban de su presencia. Murió en Brasil en 1979 y sus restos fueron identificados mediante análisis de ADN en 1992.[73] Ese mismo año, el gobierno argentino desclasificó un voluminoso expediente sobre fugitivos nazis.[76] A mediados de la década de 1990, el presidente argentino Carlos Menem creó una comisión para investigar el pasado nazi del país. Su informe inicial, en 1998, sostuvo que Argentina solo había recibido entre 150 y 180 criminales nazis. El Centro Simón Wiesenthal (CSW) consideró esa cifra muy inferior a la real y señaló la falta de información sobre los presuntos depósitos de oro nazi en el Banco Central de la República Argentina.[77][78]
En la década de 1990, Credit Suisse investigó cuentas de titulares judíos que habían sido incautadas por los nazis o que quedaron inactivas tras el asesinato de sus titulares. Esto desembocó en un acuerdo de 1250 millones de dólares en 1999, pero al banco se le acusó de hacer caso omiso de las cuentas vinculadas a los nazis. Desde 2020, el CSW y el empresario Ronald Lauder (que estima que no se han liberado entre 5000 y 10 000 millones adicionales)[79] han presionado al propietario de Credit Suisse, UBS, para que coopere con una nueva investigación de fondos derivados del expolio.[3][80] Los presidentes del Comité de Presupuestos del Senado de los Estados Unidos Chuck Grassley (R) y Sheldon Whitehouse (D) abrieron una investigación,[81] y en 2024 el exfiscal estadounidense Neil Barofsky declaró haber «identificado documentos de clientes y otras pruebas que demuestran una conexión significativa entre Credit Suisse y una de las principales rutas [de escape]», concretamente en relación con «fondos necesarios para operar la ratline, incluidos pagos de sobornos, documentos de identidad falsos y transporte».[3] El 3 de febrero de 2026, el Comité Judicial del Senado de los Estados Unidos (que entonces presidía Grassley) celebró una audiencia preliminar.[81] En particular, se interrogó a UBS sobre la retención de más de 150 documentos relacionados con el acuerdo de la década de 1990.[41][nota 6] Según los investigadores, unas 890 cuentas de Credit Suisse fueron utilizadas por nazis,[nota 7] entre ellas una de la Cruz Roja Alemana y otras de la oficina de inmigración argentina en Berna (Suiza), a la que el banco arrendaba un local;[41][82] el banco también mantuvo relaciones significativas con las SS.[83][84][79] Las autoridades argentinas pagaron a funcionarios europeos unos 22 millones de dólares (ajustados por inflación) para facilitar las rutas;[85] otros operadores clave mantenían cuentas, probablemente utilizadas para sobornos (Barofsky mencionó a los franceses y a los suizos).[79] El Senado esperaba concluir su investigación a mediados de 2026, con la entrega del informe final de Barofsky prevista para fines de año.[83][84][nota 8][nota 9][86]
A comienzos de 2025, el presidente argentino Javier Milei se reunió con representantes del CSW, que solicitaron, en conjunción con el Comité Judicial, su cooperación en la investigación del comité sobre el patrocinio nazi de Credit Suisse.[87][88][5] A finales de abril de 2025, Argentina publicó en línea 1850 documentos pertinentes (muchos de ellos desclasificados ya en 1992).[76][89][90] En mayo de 2025, United Press International informó de que estos archivos indican que los nazis pudieron haber sobornado al gobierno de Perón con 200 millones de dólares en oro, parte de los cuales habría sido entregada por U-boot antes de llegar a Eva Perón.[91] Los fondos habrían sido manejados por «banqueros» alemanes, entre los que se mencionaría a Rodolfo Freude.[91] La administración Milei también facilitó al CSW (y a Barofsky) documentos adicionales, entre ellos algunos de Fabricaciones Militares relativos a unos 64,5 millones de dólares (en moneda de 2025) gastados entre 1945 y 1950 para financiar la investigación en defensa nacional y misiones secretas a Europa destinadas a contratar a «personal técnico» no identificado.[3][92]
Asimismo, en mayo de 2025 la Corte Suprema de Argentina anunció el hallazgo de una docena de cajas de material archivado, que incluían miles de documentos de afiliación al Partido Nazi, así como propaganda nazi, pasaportes, postales y fotografías.[37][38][93] El tribunal vinculó las cajas a las requisadas al MS Nana Maru en junio de 1941, pero el historiador argentino Julio Mutti señaló que las afiliaciones al partido parecían corresponder más bien al material confiscado durante los allanamientos de julio de 1941 a oficinas nazis en Argentina.[38] En diciembre de 2025, estos documentos —cifrados en 6000— se hallaban en proceso de restauración y preservación digital con vistas a posibles acciones judiciales y a su acceso público.[38][93][3] Ese mismo mes, se anunció que el Museo del Holocausto de Buenos Aires analizaría y probablemente daría a conocer el contenido de algunos de los documentos, con excepción de aquellos con «datos personales o sensibles», como las afiliaciones al Partido.[94]
Papel de la inteligencia estadounidense

Aunque el CIC detuvo en octubre de 1945 al padre Vilim Cecelja —que había proporcionado identidades falsas a varios miembros de la Ustaše—,[26] la agencia habría ayudado a algunos nacionalistas croatas a huir de Europa. Se calcula también que facilitó la fuga de unos 70 desertores e informantes soviéticos hacia Sudamérica, así como la de Klaus Barbie,[2] a quien el 430.º CIC, con sede en Austria, empezó a proteger en abril de 1947.[95]
Tras circular rumores de que Barbie había sido empleado por el 66.º CIC en Alemania, los franceses reclamaron su extradición en 1950; hasta entonces, el 66.º ignoraba que era acogido por el 430.º.[95][2] Barbie facilitó al CIC información sobre la zona francesa de ocupación en Alemania, el Partido Comunista de Alemania y antiguos oficiales de las SS.[96] Entre tanto, supo de la existencia de la Document Disposal Unit (DDU), unidad de inteligencia del Departamento de Estado con sede en Austria, dirigida por el director de la CIA Allen Dulles y dotada de hombres de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) que también operaban en ocasiones bajo la cobertura del Departamento de Guerra o de entidades de la OSS.[95][97] Por temor a que Francia hubiera caído en manos del comunismo e intentara extraer de Barbie información del CIC,[96] el Departamento de Estado alegó que no podía localizarlo en la Zona estadounidense de Austria y, hacia 1951, facilitó su huida por la ruta de Draganović a través de Roma.[95][97] Esta ratline contó con el refuerzo de la DDU, que pretendía eliminar el control francés y británico. Barbie se asentó en Bolivia y permaneció allí 33 años antes de su detención.[95][97] A comienzos de la década de 1980, un antiguo funcionario del CIC declaró: «Barbie fue el único nazi que sacamos [de Europa]».[2]
El 430.º informó en 1950 de que, a mediados de 1947, el Ejército le había ordenado emplear la red romana de Draganović para evacuar a algunas personas de Austria, con el apoyo de un funcionario estadounidense en la Organización Internacional para los Refugiados (OIR). La directiva se aplicaba a:[98]
visitantes que habían estado bajo la custodia del 430.º CIC y plenamente procesados conforme a las directivas y requisitos vigentes, y cuya residencia continuada en Austria constituía una amenaza para la seguridad y una posible fuente de embarazo para el comandante general de [las fuerzas estadounidenses en Austria], dado que el mando soviético había tenido conocimiento de su presencia en [la] zona estadounidense de Austria y, en algunos casos, había solicitado su devolución a la custodia soviética. ... [Draganović] se ocupaba de todas las fases de la operación una vez que los desertores llegaban a Roma, como la obtención de documentos de la OIR italianos y sudamericanos, visados, sellos, gestiones de traslado por tierra o por mar y notificación a los comités de reasentamiento en países extranjeros.
Según el CIC, Draganović cobraba honorarios por su papel en las fugas: 500 dólares por niño, 1000 por adulto, 1400 por una persona muy importante y más de 1500 por personas mayores de 60 años.[2] A partir de junio de 1951, el 430.º dejó de ser responsable de auxiliar a los fugitivos por la ratline, función que pasaría a desempeñar la CIA.[99] El antiguo oficial de las SS Tscherim Soobzokov fue captado como espía de la CIA al inicio de la Guerra Fría para obtener información de contactos vinculados a los soviéticos en Oriente Medio; emigró a Estados Unidos y posteriormente trabajó para el FBI.[100][nota 10][101][102]
Fugitivos por las ratlines
Entre los nazis y criminales de guerra notables que escaparon utilizando las ratlines figuran los siguientes, agrupados según el principal destino al que se dirigieron.
El principal punto de llegada de las ratlines fue Argentina. Adolf Eichmann (oficial de las SS) huyó a Argentina en 1950.[59] Fue capturado en 1960[103] y ejecutado en Israel el 1 de junio de 1962.[104] Hans Fischböck (colaborador nazi) escapó a Argentina antes de regresar a Europa al amparo de una amnistía.[105][106] Friedrich Kadgien (colaborador nazi) huyó con un botín a Suiza en 1945, después a Brasil y, en torno a 1950, a Buenos Aires, donde murió en 1978.[107] Sándor Képíró (capitán de la gendarmería húngara) huyó a Argentina tras la Segunda Guerra Mundial y regresó a Hungría en 1996. En 2011 fue juzgado en Budapest por su papel en la Masacre de Novi Sad de 1942 y absuelto, y murió ese mismo año.[108][109] Reinhard Kopps (oficial de inteligencia nazi) huyó a Argentina y desde allí pudo dar apoyo a grupos neonazis en Alemania. Fue desenmascarado por el CSW a comienzos de la década de 1990.[110] Josef Mengele (oficial de las SS) huyó a Argentina en 1949, después a Paraguay hacia 1960 y, posteriormente, a Brasil, donde murió en 1979.[73] Ante Pavelić (fundador de la Ustaše) escapó a Argentina en 1948,[111] sobrevivió a un intento de asesinato en 1957 y se trasladó después a España, donde murió a consecuencia de las heridas sufridas.[112] Erich Priebke (oficial de las SS) huyó a Argentina hacia c. 1948 y fue detenido allí en 1994.[113] En 2013, murió a la edad de 100 años durante su arresto domiciliario en Roma.[114] Eduard Roschmann (oficial de las SS) escapó a Argentina en 1948 y, después, a Paraguay, donde murió en 1977.[115] Hans-Ulrich Rudel (piloto nazi) huyó a Argentina en 1948 y ayudó a otros fugitivos.[116] Posteriormente se trasladó a Paraguay[117] y murió en Alemania en 1982.[118] Dinko Šakić (funcionario de la Ustaše) huyó a España y luego a Argentina en 1947.[119][120] Fue detenido en 1998 y extraditado a Croacia.[121] Fue condenado a 20 años de prisión por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.[122] Murió en 2008.[123] Boris Smyslovsky (colaborador nazi) huyó a Argentina en 1948 desde el Liechtenstein neutral, al que más tarde regresó y donde murió en 1988.[124] Ludolf von Alvensleben (oficial de las SS) huyó a Argentina hacia c. 1946. Aunque Polonia le condenó a muerte en rebeldía, eludió la justicia permaneciendo en Argentina hasta su fallecimiento, en 1970.[125][126]
Brasil fue el segundo gran destino sudamericano. Herberts Cukurs (colaborador nazi) huyó a Brasil hacia 1946.[127] Fue asesinado por agentes del Mosad en Uruguay en 1965.[128] Franz Stangl (oficial de las SS) huyó a Siria en 1948 y, en 1951, a Brasil. Fue detenido en 1967 y extraditado a Alemania Occidental, donde murió en 1971.[129] Gustav Wagner (oficial de las SS) huyó a Brasil en 1950 y fue detenido allí en 1978.[130] Brasil rechazó su extradición y se suicidó en 1980.[131]
Otros fugitivos se establecieron en distintos países latinoamericanos. Klaus Barbie (oficial de las SS) fue acogido por el CIC desde abril de 1947 y huyó a Bolivia en 1951 con ayuda de Estados Unidos.[95] En 1983 fue extraditado a Francia,[95] donde murió en prisión en 1991.[132] Olavi Karpalo (voluntario de las SS) huyó a Venezuela hacia c. 1945 y murió allí en 1988.[133] Michael Kast (afiliado al NSDAP, soldado del ejército) huyó a Chile en 1950 y murió allí en 2014.[134][135] Aarne Kauhanen (colaborador nazi) huyó a Venezuela hacia c. 1945. Fue detenido en 1947 y murió en 1949.[136] Arvid Ojasti (colaborador nazi) huyó a Noruega en 1945, después a Suecia y, finalmente, a Venezuela. En diciembre de 1963 fue tiroteado y muerto en circunstancias no esclarecidas.[136][137] Walter Rauff (oficial de las SS) huyó a Ecuador y, después, a Chile, donde fue protegido por el dictador Augusto Pinochet y donde murió en 1984.[138]
Algunos eludieron la justicia fuera del continente americano. Andrija Artuković (funcionario de la Ustaše) entró en Estados Unidos como turista hacia c. 1948.[139] Tras décadas de permanencia irregular tras la expiración del visado y los consiguientes litigios, fue detenido en 1984 y extraditado a la República Federativa Socialista de Yugoslavia en 1986, donde murió en prisión en 1988.[139] Alois Brunner (oficial de las SS) huyó a Siria, donde habría muerto en 2010 según algunas fuentes.[140] László Csatáry (colaborador nazi) huyó a Canadá. Fue privado de la ciudadanía en 1997 y se dio a la fuga, pero quedó bajo arresto domiciliario en 2012. Murió al año siguiente, mientras esperaba el juicio.[141] Léon Degrelle (oficial de las SS) tenía intención de huir a Sudamérica en 1945, pero su avión se estrelló en el punto de encuentro español. Fue detenido, pero escapó del hospital en 1946 mientras se recuperaba.[142] Murió en España en 1994.[143] Aribert Heim (médico de las SS) huyó de Alemania en 1962 y, según todos los indicios, murió en Egipto en 1992.[144] Otto Skorzeny (oficial de las SS) escapó de un campo de internamiento en 1948[145] y huyó a España.[146] Realizó numerosos viajes a Argentina y trabajó como guardaespaldas de Eva Perón. Murió en España en 1975.[147]
En la cultura popular
Entre las obras de ficción sobre las ratlines figura una novela de Stuart Neville y diversos relatos basados en la supuesta huida de Hitler, en la hipotética organización ODESSA o en el Cuarto Reich. También inspiraron al Imperio Galáctico restaurado (encabezado por un Palpatine resucitado, villano modelado en buena medida sobre Hitler) en la trilogía secuela de Star Wars (2015-2019).[148][149][150]
Desde finales de 2024, las ratlines han sido invocadas en clave satírica por humoristas en relación con el presidente de los Estados Unidos Donald Trump y su padre, Fred Trump.[151][152] Tras afirmar Donald que su padre le había prohibido pronunciar las palabras «nazi» o «Hitler»,[153] Stephen Colbert bromeó con que Fred solo había prevenido a su hijo contra tomar el nombre de Hitler en vano, pues de lo contrario habría tenido que poner dinero en una alcancía de palabrotas para sus «tíos en Argentina».[153] A comienzos de 2025, después de que Trump anunciase que Estados Unidos aportaría entre 20 000 y 40 000 millones de dólares a Argentina, Colin Jost bromeó con que algunos miembros de la administración Trump podrían estar preparándose para huir hacia ese país.[154][155]
