Regla de san Francisco

documento normativo de la orden franciscana From Wikipedia, the free encyclopedia

La Regla de san Francisco, también conocida como Segunda regla de san Francisco, Regla franciscana o Regla bulada, es el documento legislativo definitivo redactado por el religioso católico italiano Francisco de Asís, con el fin de regular la vida cotidiana de la naciente Orden de los Hermanos Menores, fundada por él. De este documento existe una primera versión conocida como Propositum o Primera regla y una versión intermedia conocida como Regla no bulada. Este documento normativo es seguido por los miembros de las ramas franciscanas masculinas que pertenecen a la Primera Orden de San Francisco y es la base legislativa de las reglas para los miembros varones que quieran vivir vida contemplativa o para la Segunda Orden de monjas de clausura. Además es el fundamento de las constituciones de numerosas congregaciones religiosas u otros institutos y sociedades que beben de la espiritualidad franciscana.

Escenas de la vida de san Francisco, icono de Bonaventura Berlinghieri, de 1235, conservado en la iglesia de San Francisco de Pescia (Italia). Como a todo fundador medieval, Francisco de Asís es representado muchas veces con el texto de la Regla en sus manos.

Historia

La aprobación de la Regla franciscana por Inocencio III, fresco elaborado por el pintor italiano Benozzo Gozzoli, en 1452, conservado en el complejo de Museos de San Francisco en Montefalco (Italia). Cuando Francisco se presenta ante el papa Inocencio III, el pontífice da una aprobación oral de la misma, a este primer documento se le conoce como Porpositum o Primera regla.

El proceso de redacción de la Regla de san Francisco se puede dividir en tres partes: en primer lugar la redacción de un Propositum, Vita o Primera regla, aprobada oralmente por el papa Inocencio III; en segundo lugar se encuentra la Regla no bulada, una versión extendida, aprobada por el capítulo general de 1221 y luego oralmente por el papa Honorio III; y finalmente la Regla bulada aprobada por el papa Honorio III en 1223.

Propositum

El Propositum, también conocido como Primera regla fue la primera redacción de un documento por parte de Francisco de Asís. Es el fundamento de la Regla franciscana y se trata de una colección de escritos de Francisco, redactados entre 1209 y 1210, que recogen una serie de normas que tenían como fin regular la naciente comunidad de hermanos menores. Francisco, con algunos compañeros, decide ir a Roma para pedir la aprobación de la nueva regla de vida. Luego de tres meses de vagar por las calles de Roma es recibido por Inocencio III, quien aprobó oralmente la Regla y dio permiso a los hermanos menores de predicar el Evangelio.

Este primer documento contenía más bien una colección de frases tomadas del Evangelio, sin ninguna elaboración teológica y de manera sencilla y breve, que señalaban un estilo de vida pobre, sin nada propio y en obediencia a la Iglesia, lo que lo diferenciaba de la mayoría de los movimientos pauperísticos de entonces, como los cátaros. El texto original está perdido.

Regla no bulada

Francisco predica ante el papa Honorio III, fresco de antes de 1337, obra del pintor italiano Giotto, en la Basílica de San Francisco de Asís. El papa Honorio III aprobó de palabra (sin bula) la llamada Regla no bulada (1221) y, mediante bula Solet annuere, del 29 de noviembre de 1223, la Regla de san Francisco, conocida como Regla bulada.

Durante la ausencia de Francisco, cuando se encontraba en Oriente, los vicarios generales en Italia, introdujeron modificaciones que contrariaban la simplicidad del texto original de Francisco: ayunos y abstinencias más frecuentes, estricta disciplina, construcción de iglesias y conventos, y sobre todo la construcción de casas de estudio. Avisado de esto, Francisco regresó a Italia (1220) y logró la revocación de dichos cambios, e introdujo nuevas normativas, obediencia a los superiores, permisos para viajes y un año de noviciado obligatorio para los candidatos. Le fue conferido como cardenal protector Hugolino de Anagni (futuro Gregorio IX), quien le aconsejó la redacción de una Regla.[1]

Francisco se dedicó a la redacción de la Regla, seguidamente renunció al gobierno de la Orden y convocó un capítulo general (1221). En dicho capítulo Elías Bombarone fue elegido como ministro general y se aprobaron los 24 capítulos de la Regla que, sin embargo, no fue presentada al papa, por lo tanto no se constituyó en un documento oficial, razón por lo cual es conocida como no bulada. Este documento se caracteriza por un marcado estilo de pobreza y fue aprobado oralmente por el papa Honorio III.----T-T

Regla bulada

La regla definitiva y en vigor fue escrita por Francisco en la ermita de Fonte Colombo, con la ayuda del cardenal Hugolino de Anagni, dándole una forma jurídica. Este documento fue aprobado por el papa Honorio III, mediante bula Solet annuere del 29 de noviembre de 1223.[2]

Contenido

Texto original de la Regla de san Francisco de 1223, conocida como Regla bulada y que es el documento oficial y en vigor, fundamento jurídico y espiritual del estilo de vida de los hermanos menores.

El documento final conocido como Regla de san Francisco o Regla franciscana está compuesto por doce capítulos, que salvaguardan lo más esencial del espíritu originario. Sin embargo, el elemento jurídico e institucional triunfó sobre el elemento carismático. Con todo, Francisco se mostró siempre obediente a la Iglesia y nunca se lamentó de esto.[2]

La Regla de la Orden de los Frailes Menores fue confirmada oficialmente por el Papa Honorio III mediante una bula apostólica, ratificando la aprobación previa de su predecesor Papa Inocencio III. El documento reconoce la inspiración evangélica de la forma de vida propuesta por Francisco de Asís y concede autoridad jurídica y eclesial a la Regla.[3]

  • Capítulo I: Vida y Regla de los Hermanos Menores: La vida de los hermanos se fundamenta en la observancia del Evangelio de Jesucristo, vivida en obediencia, pobreza absoluta y castidad. Francisco de Asís promete obediencia al Papa y a la Iglesia romana, y los demás hermanos deben obedecer a Francisco y a sus sucesores.[3]
  • Capítulo II: Admisión de los candidatos: Se establecen las condiciones para ingresar en la Orden: examen de la fe católica, renuncia a los bienes, libertad del vínculo matrimonial y un año de prueba. Tras el noviciado, el candidato promete obediencia perpetua y no puede abandonar la Orden.[3]
  • Capítulo III: Oración, ayuno y comportamiento: Los clérigos rezan el Oficio divino según el rito romano, mientras que los laicos recitan oraciones establecidas. Se regulan los tiempos de ayuno y se exhorta a los hermanos a vivir con humildad, paz y mansedumbre al predicar con el ejemplo.[3]
  • Capítulo IV: Prohibición del uso del dinero: Se prohíbe estrictamente a los hermanos poseer o recibir dinero. Solo los ministros, a través de intermediarios espirituales, pueden atender necesidades urgentes como la atención a los enfermos.[3]
  • Capítulo V: El trabajo: El trabajo es valorado como medio para evitar la ociosidad. Los hermanos pueden recibir lo necesario para subsistir, pero nunca dinero, manteniendo siempre la pobreza evangélica.[3]
  • Capítulo VI: Pobreza, limosna y cuidado de los enfermos: Se reafirma la renuncia total a la propiedad. Los hermanos viven como peregrinos, mendigando con confianza y ayudándose mutuamente, especialmente en caso de enfermedad.[3]
  • Capítulo VII: Corrección y penitencia: Los hermanos que cometen pecados graves deben recurrir a los ministros provinciales, quienes impondrán penitencia con misericordia, evitando la ira y preservando la caridad fraterna.[3]
  • Capítulo VIII: Gobierno de la Orden: Se regula la elección del Ministro general en el Capítulo de Pentecostés, así como la celebración de capítulos locales. El Ministro general es servidor de toda la fraternidad.[3]
  • Capítulo IX: Predicación: La predicación está sujeta a la autorización de los obispos y del Ministro general. Se exhorta a predicar con palabras breves, claras y edificantes sobre vicios, virtudes, castigo y gloria.[3]
  • Capítulo X: Corrección fraterna y virtudes: Los ministros deben corregir con humildad y caridad, y los hermanos obedecer con fidelidad. Se exhorta a evitar vicios como la soberbia y la avaricia, y a buscar sobre todo el Espíritu del Señor.[3]
  • Capítulo XI: Relación con las monjas: Se prohíbe a los hermanos entrar en monasterios femeninos o mantener relaciones sospechosas con mujeres, salvo autorización especial de la Santa Sede.[3]
  • Capítulo XII: Misión entre infieles: Los hermanos que deseen ir entre sarracenos u otros infieles deben recibir permiso. La Orden queda bajo la protección de un cardenal, manteniéndose fiel a la Iglesia y al Evangelio.[3]
  • Confirmación de la Regla: El Papa declara inviolable la Regla confirmada y advierte que quien intente oponerse a ella incurrirá en la ira de Dios y de los apóstoles San Pedro y San Pablo.[3]

Legado

El espíritu de la Regla de san Francisco ha tenido una gran influencia en la comunidad cristiana en general, pues el estilo de vida marcado por Francisco y recogido en ese documento, se ha extendido por los cinco continentes y ha sido, en cualquier modo, tomado como modelo de vida para numerosos institutos religiosos o seglares, indiferentemente de su grado de agregación a la familia franciscana o incluso si no pertenecen a esta. Ciertamente la regla de vida de Francisco es modelo para las constituciones actuales de las diferentes ramas de la Orden franciscana.[4]

Primera Orden

San Francisco entrega la Regla a las órdenes franciscanas, óleo sobre tabla, obra del pintor napolitano Colantonio, elaborado entre 1440 y 1470. Se conserva en el Museo de Capodimonte de Nápoles (Italia).

Francisco dirige la Regla a la fraternidad por él fundada, en ese sentido, regla y fraternidad viven una interdependencia de estar imbricadas la una en la otra, por lo tanto la fraternidad no puede vivir sin una regla y la regla no tiene sentido sin una fraternidad que la ponga en práctica. De ahí que la fraternidad, la Orden de Hermanos Menores, ha leído el espíritu de la Regla, más que la letra misma, como un documento que no transmite solo un contenido informativo, sino especialmente performativo, ya que pretende ser una forma de vida que permite y facilita la conformación con Jesucristo. Por lo tanto el objetivo de la Regla, como lo ven los franciscanos de hoy, es suscitar en quienes la profesan un modo de pensar, de vivir y de actuar, que ha sido continuamente retomado, releído, reformulado, corregido, precisado y enriquecido por las diversas Constituciones que se han escrito a través del tiempo.[5]

Segunda Orden

Algunos han querido ver en la Regla de santa Clara una copia literal de la Regla de san Francisco, cuando en realidad se tratan de dos documentos distintos, escritos para dos tipos de vida diversa, debido a que la regla franciscana fue escrita para frailes de vida activa o apostólica, mientras que la de las monjas clarisas era un documento legislativo para religiosas de vida contemplativa. Sin embargo, lo que no se puede negar es la influencia que Francisco de Asís ejerció en Clara de Asís: según la tradición, él la ayudó a redactar su propia regla para la naciente Orden de San Damián (cuyos miembros fueron conocidos más tarde como «clarisas»).[6]

El aporte de una regla de vida a la otra no está en la letra sino en el espíritu de Francisco. Clara tomó de la regla franciscana lo que le podía servir para la suya. La característica más importante de la herencia que la regla de las clarisas asumió de la franciscana, fue el carácter evangélico[7] y el valor de la pobreza, del cual Clara fue una de las más grandes defensoras.[6] No se puede dudar que los capítulos 1, 8 y 10 de la Regla de santa Clara han marcado la fisionomía de la Segunda Orden y fueron heredados de la Regla de san Francisco (corresponden a los capítulos 1, 6 y 10 de la regla bulada).[7] De hecho, el capítulo 10 fue literalmente tomado de la regla franciscana.[8]

Orden Franciscana Seglar

En lo que se refiere a la Orden Franciscana Seglar, al igual que la Segunda Orden, heredan el espíritu de la Regla de san Francisco pero no sus normativas. Según el Código de Derecho Canónico, un seglar, laico o sacerdote, no asumen la regla del mismo modo, puesto que los religiosos se consagran por medio de votos públicos, mientras que los terciarios prometen vivir según el Evangelio, característica fundamental de la regla franciscana. Los franciscanos seglares tienen por normativa de vida, las normas aprobadas por el papa Pablo VI en 1978, dando una idea de autonomía claramente expresada en sus Constituciones, cuyo espíritu y fundamento es la regla de Francisco, pero adaptada a la vida seglar.[4]

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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