Reconocido personaje de la alta sociedad bogotana por ser el fundador y presidente del Jockey Club de Bogotá, una de las instituciones sociales más tradicionales y prestigiosas de Colombia.
En 1861, a los 21 años, Ricardo fue oficial de la Compañía de la Unión de Bogotá. Destacó como benefactor del Asilo de Locos y de la niñez desvalida de la ciudad, organizando actividades benéficas junto a su esposa y su amigo personal, el polímata conservador Alberto Urdaneta Urdaneta. Junto con Federico Montoya, fue propietario de un hipódromo en el actual barrio Muequetá de Bogotá. También integró la Junta del Camino de Occidente, encargada de la reparación del Puente de los Mártires en 1873, tras sufrir daños por una avalancha.
Al año siguiente, formó parte de la Junta de Embellecimiento del Parque de San Diego en Bogotá y dirigió trabajos de mantenimiento en el camino hacia el norte, en el tramo del Hotel Santander, por lo que fue nombrado inspector ad honorem de dicha vía, además colaboró junto a Nepomuceno Sanz de Santamaría, Luis María Pardo, Carlos Schloss y Bendix Koppel[2]a proponer la primera invitación al público bogotano para la contribución de la construcción de un parque para recreación y paseo, la propuesta tomó forma y diez años después la ciudad estrenó El Parque del Centenario.
El existente Jockey Club de Bogotá fue fundado en 1874 por Ricardo Portocarrero y Caicedo junto a otros 33 socios destacados de la élite bogotana entre los que se encontraban varios presidentes de Colombia como Salvador Camacho, Santos Acosta, Carlos y Jorge Holguín Mallarino. Inspirado en los exclusivos clubes londinenses del sigloXIX y los clubes de caballeros, el Jockey Club se estableció como un espacio de tradición y encuentro para la aristocracia y la alta burguesía colombiana, promoviendo actividades sociales, culturales y deportivas, como tertulias, cenas, paseos, bienvenidas y especialmente las actividades relacionadas con la hípica.[4]
Desde su creación, el club ha contado entre sus miembros con influyentes personalidades de la política, la economía y la vida social del país, incluyendo a la mayoría de los presidentes de Colombia desde el sigloXX. Su papel fue fundamental en la consolidación de la aristocracia colombiana, actuando como un símbolo de estatus y poder en la sociedad capitalina. A lo largo de su historia, el Jockey Club ha sido testigo de importantes decisiones y eventos que han influido en la vida política y social de Colombia.
Ricardo Portocarrero y Caicedo provenía de una de las familias más ilustres de la aristocracia virreinal e independentista de Colombia, con una herencia que combinaba linajes nobiliarios españoles y próceres de la independencia de Colombia. Sus padres eran José María Portocarrero y Ricaurte y Dolores Caycedo y Sanz de Santamaría.
Por otra parte, su madre pertenecía a las familias Caicedo y Sanz de Santamaría, clanes familiares destacados en la vida política y administrativa de la Nueva Granada. Ella era bisnieta del militar Luis de Caicedo y Flórez, quien ocupó el cargo de alcalde de Bogotá, sobrina bisnieta del sacerdote Fernando Caycedo, y sobrina nieta del expresidente Domingo Caycedo (hijo de Luis y sobrino de Fernando); por otra parte sobrina nieta de los intelectuales Manuela y José Sanz de Santamaría, ambos a su turno próceres de la independencia de Colombia.
Con Carolina, Ricardo tuvo tres hijos: Soledad, Ricardo y Julio Daniel. Este último se desempeñó como alcalde de Bogotá en dos ocasiones a inicios del sigloXX. [8][9]
↑ Jorge Humberto Ruiz Patiño. Las desesperantes horas de ocio. Tiempo y diversión en Bogotá (1849-1900). Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2021. p. 60. ISBN9789587816112.