Riesgo de cola
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El riesgo de cola es el riesgo financiero de que la variación del precio de un activo o cartera supere en más de 3 desviaciones típicas la media de sus variaciones, por encima del riesgo de una distribución normal. Por ejemplo, si la media de las variaciones diarias de la cotización de una acción de una compañía petrolera es 1 dólar, y la desviación típica de esas variaciones es 0,7 dólares, esa acción está sometida a riesgo de cola si un día baja 4 dólares.
Los riesgos de cola incluyen sucesos de escasa probabilidad (eventos de cola) que surgen en ambos extremos de una curva de distribución normal (llamada campana de Gauss).[1] Sin embargo, como los inversores suelen estar más preocupados por las pérdidas inesperadas que por las ganancias (aversión al riesgo), el debate sobre el riesgo de cola se centra en la cola izquierda. Los gestores de activos prudentes suelen ser cautelosos con la cola que implica pérdidas que podrían dañar o arruinar las carteras, y no con la cola favorable de las ganancias descomunales (la derecha).[2]
La técnica común de suponer una distribución normal de los cambios de precios subestima el riesgo de cola cuando los datos del mercado muestran que, en realidad, la distribución es de colas gruesas (comparativamente la cola de la campana de Gauss es fina, lo que indica que la probabilidad de acontecimientos inesperados es menor). De este modo se asignan a los precios de los activos, a los rendimientos de las acciones y a las estrategias de gestión de riesgos valores inferiores a los que les corresponderían.
El riesgo de cola a veces se define de manera menos estricta: simplemente como el riesgo (o la probabilidad) de eventos raros.[3] La definición arbitraria de la región de la cola más allá de 3 desviaciones estándar también puede ampliarse, como lo hace el índice SKEW, que utiliza una región de la cola mayor que comienza en 2 desviaciones estándar.
Aunque el riesgo de cola no puede eliminarse, su impacto puede mitigarse en cierta medida mediante una sólida diversificación de activos y estrategias y el uso de una cobertura (finanzas) asimétrica.
El riesgo de cola no debe confundirse con el viento de cola. Metafóricamente, viento de cola describe unas condiciones favorables[4] (equivale a "viento en popa").[5] Literalmente, describe una condición del entorno que debe tenerse en cuenta en la aviación[6] y que es beneficiosa en el ciclismo.[7]
Las estrategias tradicionales de gestión cartera se basan mayormente en el supuesto de que los rendimientos del mercado siguen una distribución normal (en forma de campana de Gauss) con la característica que, dadas las suficientes observaciones, los valores de una muestra se distribuirán simétricamente con respecto a la media y sin alejarse demasiado de ella.[1] La regla empírica establece entonces que alrededor del 99,7 % de todos los sucesos que siguen una distribución probabilística normal se encuentran dentro de 3 desviaciones estándar de la media.[8]Por lo tanto, solo hay un 0,3 % de posibilidades de que ocurra un evento extremo. Muchos modelos financieros, como la teoría moderna de carteras y los mercados eficientes, se basan en esta distribución normal. Existen procedimientos matemáticos, como la prueba de Shapiro-Wilk, para comprobar si una distribución es normal (hipótesis de normalidad, contraste de normalidad).
Sin embargo, los mercados financieros están moldeados en gran medida por el impredecible comportamiento humano, y abundante evidencia sugiere que la distribución de los rendimientos en realidad no es normal, sino asimétrica. Las colas observadas son más gruesas de lo que tradicionalmente se predice, y esto indica una probabilidad significativamente mayor de que el rendimiento (positivo o negativo) de una inversión rebase las 3 desviaciones típicas.[9]
Esto sucede cuando un evento raro, impredecible y muy importante genera fluctuaciones significativas en el valor de las acciones. El riesgo de cola es entonces la probabilidad de que se produzca una pérdida debido a tales eventos. Estos eventos de cola a menudo se denominan "cisnes negros" y pueden generar rápidas y sustanciales disminuciones en el valor de la cartera de activos.
Las colas gruesas sugieren que la probabilidad de que se produzcan tales eventos es mayor que la predicha por las estrategias tradicionales, que por tanto tienden a subestimar la volatilidad y el riesgo de los activos.
La importancia de considerar el riesgo de cola en la gestión de carteras no es sólo teórica. McRandal y Rozanov (2012) observan que, en el período comprendido entre finales de los años 1980 y principios de los años 2010, hubo al menos 7 episodios que pueden considerarse eventos de cola: Lunes negro (1987), crisis del mercado de bonos de 1994, crisis financiera asiática, crisis financiera en Rusia de 1998 y estallido de Long-Term Capital Management, burbuja puntocom, crisis de las hipotecas subprime y Quiebra de Lehman Brothers.[10]
Medición del riesgo de cola
El riesgo de cola es muy difícil de medir, ya que los eventos de cola ocurren con poca frecuencia y tienen impactos diversos. Las medidas de riesgo de cola más populares incluyen el valor en riesgo condicional (CVaR por su acrónimo en inglés) y el valor en riesgo (VaR por su acrónimo en inglés). Estas medidas se utilizan tanto en las industrias financieras y de seguros —que tienden a ser muy volátiles— como en entornos donde la seguridad es crítica y los acontecimientos siguen distribuciones de probabilidad de cola gruesa.[11]