Rufino Aldabalde

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Nombre de nacimiento Rufino Aldabalde Trecu y Urbieta Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 18 de julio de 1904 Ver y modificar los datos en Wikidata
caserío Olaetxe, Aya, Guipúzcoa EspañaBandera de España España
Fallecimiento 1 de abril de 1945 Ver y modificar los datos en Wikidata (40 años)
Vitoria (España) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española
Rufino Aldabalde
Información personal
Nombre de nacimiento Rufino Aldabalde Trecu y Urbieta Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 18 de julio de 1904 Ver y modificar los datos en Wikidata
caserío Olaetxe, Aya, Guipúzcoa EspañaBandera de España España
Fallecimiento 1 de abril de 1945 Ver y modificar los datos en Wikidata (40 años)
Vitoria (España) Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Española
Información profesional
Ocupación Sacerdote católico Ver y modificar los datos en Wikidata

Rufino Aldabalde Trecu Urbieta (caserío Olaetxe, Aya, Gipúzcoa, 18 de julio de 1904-Vitoria, 1 de abril de 1945) fue un sacerdote católico español. Fue uno de los creadores del llamado Movimiento espiritual de Vitoria,[1] difundido a través de la revista Surge de la que fue fundador.[2]

Fundación del grupo de Misioneras

Hijo de José Antonio Aldabalde y Dolores Trecu. Bautizado en la iglesia parroquial de Aya, diócesis de Vitoria. Recibió la Confirmación en 1909 y la Primera comunión el 7 de mayo de 1916. En su adolescencia quiso ser fraile, tras haber conocido a un franciscano. Pero su madre de negó. Finalmente, el párroco de Aya encontró la solución: iría al seminario y así estaría cerca de su familia. Se trasladó al Seminario Menor de Andoáin donde estudió cuatro cursos de Humanidades (1918-1921), realizando el quinto curso en el Seminario Eclesiástico de Aguirre (Vitoria). Durante esos años de formación en el seminario, además de los estudios en Humanidades, aprendió latín y castellano, ya que su lengua materna era el euskera. Continuó su formación eclesiástica realizando los estudios de Filosofía en el Seminario Conciliar de Vitoria. Tras recibir las órdenes menores del obispo de Vitoria Zacarías Martínez Nuñez (25 de marzo de 1928), se trasladó a París donde concluyó sus estudios de Teología en el Seminario de san Sulpicio. Problemas de salud le obligaron a regresar a España. Tras un largo periodo en el que se contagió de tuberculosis, recibió el diaconado del obispo Mateo Múgica (1930), y fue ordenado sacerdote al año siguiente.[3]

Inició su labor pastoral en Francia, atendiendo a los inmigrantes españoles desplazados allí (1931-1935). En el verano de 1938 viajó por Europa para conocer algunos movimientos y obras de apostolado. Concretamente visitó algunas abadías benedictinas, la Juventud Obrera Cristiana, la fraternité sacerdotale diocésaine des Amis de Jésus fundación del cardenal Désiré-Joseph Mercier, y se entrevistó con el cardenal belga Joseph Cardijn. De regreso a España, creó una serie de grupos de amistad sacerdotal, que dieron origen al Movimiento Sacerdotal que finalmente se plasmó en las reuniones en Aránzazu,[4] con las que pretendía elevar el nivel espiritual y apostólico del clero diocesano. Se organizó una asamblea en el Santuario de Aránzazu, a la que asistieron doscientos sacerdotes procedentes de España y del extranjero, a los que capacitó para dar ejercicios espirituales en las parroquias y tener dirección espiritual. En el Movimiento espiritual de Vitoria logró una síntesis entre el espíritu Ignaciano, de marcado cuño apostólico y el de la Escuela Francesa de Espiritualidad, de tendencia más litúrgica y cultual.

En su labor como Director Espiritual de Teólogos del Seminario Mayor (1937-1943), animó a los seminaristas a especializarse en distintas vertientes de la pastoral.[5] Una de ellas fue el grupo de escritores, del que surgió la revista Surge (1941), que tuvo mucha aceptación en el clero español y fue bandera del Movimiento Sacerdotal. En sus páginas, Aldabalde escribió diversos artículos (entre 1941 y 1944)[2] en los que trató de orientar a sacerdotes y seminaristas, en temas muy diversos: los ejercicios espirituales, Las virtudes del director espiritual, la crisis de educadores, el retorno al Evangelio, entre otros.[6]

Aldabalde conoció a Josemaría Escrivá en el verano de 1938, cuando Escrivá estaba dando una tanda de Ejercicios espirituales en el Seminario de Vitoria, en la localidad guipuzcoana de Vergara. Desde entonces nació entre ambos una simpatía mutua, que les llevó a mantener el contacto entre sí y con otros sacerdotes interesados en elevar la espiritualidad del clero. Escrivá le pidió a Aldabalde que contactase con Baldomero Jiménez Duque, que había reunido a un grupo de sacerdotes en Ávila; y el sacerdote guipuzcoano presentó a Juan Antonio Galarraga, un joven estudiante donostiarra, a Escrivá.[2]

Rufino creó la “Obra de Ejercicios Espirituales Parroquiales” como soporte para los sacerdotes y medio de evangelización, y apoyo del Instituto de Misioneras Evangélicas. Entre sus características, destacan que estaba en manos del clero diocesano, y que trató de adaptar los ejercicios ignacianos a una mentalidad moderna. Se inauguraron tres casas de Ejercicios: San Sebastián (agosto de 1940), Bilbao (1942) y Vitoria (1944). La primera Asamblea Sacerdotal de ámbito nacional se celebró en San Sebastián (1941) con cerca de doscientos asambleístas sacerdotes procedentes de toda España, que trataron de los Ejercicios Espirituales.[3]

En 1935, Don Rufino tuvo la idea de fundar un Instituto femenino y en 1937 conoció a María Camino Gorostiza, una viuda, que sería la cofundadora del Instituto de Misioneras Evangélicas Diocesanas (IMED) posteriormente llamada Instituto de Misioneras Seculares (IMS). Esta fundación fue su obra más personal y significativa. Intervino en la formación de las Misioneras, dotándolas de una espiritualidad profunda y práctica, similar a la de los seminaristas: desprendimiento total, entrega a la Iglesia, vida interior intensa y amor a Cristo con el ideal de que “todos sean uno”. Creía firmemente en el papel esencial de la mujer en la transformación del mundo y buscaba mujeres activas, modernas, misioneras, inspiradas en los primeros cristianos.[7]

Las Misioneras debían tener una espiritualidad propia, evangélica y misionera, sin hábitos religiosos, vestidas como mujeres corrientes, para ser más cercanas y eficaces en su apostolado. Su vida debía basarse en criterios, no en normas, marcada por la sencillez, el desprendimiento, la oración y la acción contemplativa. María Camino señalaba que Don Rufino transmitía a las Misioneras su propio espíritu: entrega total a Dios y arraigo en Cristo. Les pedía conocer profundamente a Cristo mediante el Evangelio, la oración, la Eucaristía, la comunidad y el servicio a los pobres. La Misionera debía ser mujer de oración, alegre, fuerte, humilde y desprendida, con amor a la verdad, la justicia y la caridad.[8]

El IMS está presente en Canadá, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Brasil, Chile y España.[7]

Falleció en la tarde del 1 de abril de 1945, Pascua de Resurección.[9][6]

El Boletín oficial del Obispado de Vitoria, el 16 de abril de 1945, escribía: “Reciba la gratitud de la Diócesis de Vitoria, por la que tanto laboró. Añádase la gratitud expresada en los días de su enfermedad y fallecimiento por numerosos Prelados y sacerdotes de otras diócesis de España, que trataron con él, los más hondos problemas de la Iglesia. Que descanse en paz. Roguemos por él".[10]

Bibliografía

Enlaces externos

Referencias

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