Saddamismo
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Saddamismo (en árabe: صدامية), también conocido como baazismo saddamista (en árabe: البعثية الصدامية),[1] es una ideología política, basada en el baazismo, además de las ideas políticas y el pensamiento de Sadam Huseín, quien se desempeñó como presidente de Irak desde 1979 hasta su derrocamiento en 2003.[2][3] Promueve el nacionalismo árabe, el socialismo árabe y el panarabismo, así como un mundo árabe centrado en Irak, que llama a los países árabes a adoptar el discurso político saddamista y rechazar "el discurso nasserista" que, según afirma, colapsó después de la guerra de los Seis Días en 1967.[2] Es militarista y ve las disputas políticas y los conflictos de una manera militar como "batallas" que requieren "lucha", "movilización", "campos de batalla", "bastiones" y "trincheras".[3] Esta ideología fue apoyado oficialmente tanto por el gobierno de Sadam Huseín y el Partido Socialista Baaz Árabe Iraquí, además de ser promovido por Babel, periódico iraquí que fue propiedad del hijo de Saddam, Uday Hussein.[2]
Esta ideología se ha descrito a menudo como una ideología autoritaria y totalitaria que pretendía controlar todos los aspectos de la vida iraquí, y ha sido acusado por sus críticos de incorporar "nacionalismo árabe sunita, estalinismo confuso y fervor fascista por la patria y su líder", además de permitir que Saddam generara un culto a la personalidad en torno a su persona.[4] Sin embargo, la aplicabilidad de estas etiquetas ha sido cuestionada.[5] La naturaleza derechista de dicha ideología contribuyó a una rivalidad con los neobaazistas de extrema izquierda y con la familia Ásad, que ostentaban el poder en la Siria baazista.[6]
Etimología
El término fue acuñado por los medios de comunicación iraquíes, para representar las cualidades especiales de liderazgo de Sadam Huseín y los fuertes vínculos entre él y el pueblo.[7]
Principios
Baazismo
Sadam Huseín basó sus opiniones políticas e ideología en las de Michel Aflaq, fundador clave de la ideología baazista. Saddam también era un ávido lector de temas sobre las fuerzas morales y materiales en política internacional.[3] El gobierno de Sadam Huseín criticó el marxismo ortodoxo y se opuso a los conceptos marxistas de conflicto de clases, dictadura del proletariado y ateísmo, así como a la afirmación marxista-leninista de que los partidos no marxistas-leninistas son automáticamente burgueses por naturaleza, afirmando que el Partido Baaz es un movimiento revolucionario popular y que, como tal, el pueblo rechaza la política pequeñoburguesa.[3]
Saddam afirmaba que la nación árabe carecía de la estructura de clases de otras naciones y que la división de clases se basaba más en criterios nacionales entre árabes y no árabes que dentro de la comunidad árabe.[3] Sin embargo, hablaba con cariño de Lenin y lo elogiaba por dotar al marxismo ruso de una especificidad exclusivamente rusa que Marx solo era incapaz de lograr. También expresó admiración por otros líderes comunistas, como Fidel Castro, Ho Chi Minh y Josip Broz Tito, por su espíritu de reivindicación de la independencia nacional en lugar de su comunismo.[3]Asimismo, llegó a señalar que «Mi Lucha» de Adolfo Hitler, fue «el libro más importante escrito en nuestro siglo».[8]Admiraba la figura de Francisco Franco, y menciono que había leído una edición francesa de discursos de José Antonio Primo de Rivera.[9]
Nacionalismo árabe
Saddam y sus ideólogos intentaron vincular las antiguas civilizaciones babilónica y asiria en Irak con el nacionalismo árabe, afirmando que los babilonios y los antiguos asirios son los ancestros de los árabes. Así, Sadam Huseín y sus partidarios afirmaban que no existía conflicto entre la herencia mesopotámica y el nacionalismo árabe.[3]
Saddam presentó a Irak como el baluarte del mundo árabe contra la expansión iraní durante la guerra entre Irán e Irak de 1980 a 1988.[10] Con el apoyo de otros estados árabes, en particular los del Golfo, Saddam se había convertido en el "defensor del mundo árabe" contra un Irán revolucionario, fundamentalista y expansionista.[11] Jordania y los estados del Golfo reconocieron a Saddam como el defensor del nacionalismo árabe.[12] Para evitar que los chiitas iraquíes adoptaran el jomeinismo y se unieran a sus correligionarios en Irán, Saddam hizo más hincapié en el carácter árabe de Irak que en el carácter persa de los iraníes.[13]
También se trató de establecer la misma narrativa babilónica ante otro enemigo de la causa árabe, como lo es Israel, manifestando que «la antigua Babilonia era adversaria y enemiga de los judíos, quienes hoy, encarnados por Israel, querían destruir Irak como el epítome del arabismo».[8]
En entrevista con Juan Van Halen, el objetivo era crear la nación árabe: «la sangre de los soldados iraquíes no ha sido derramada en defensa del territorio de Irak, sino en defensa del Golán y del Sinaí».[9]
Socialismo árabe
El Partido Baaz, gobernante durante el régimen de Sadam Huseín, era oficialmente socialista árabe. A pesar de ello, el socialismo de Sadam Huseín se ha descrito como "nada más que un populismo fragmentado, que combina una economía estatal estrictamente controlada con cierta libertad de empresa", con el supuesto objetivo de fortalecer su propia posición política.[14]Definió su política como «la formación de una sociedad socialista y democrática». «La consolidación de la unidad nacional y la democracia, así como la consolidación del caudillaje del partido árabe socialista Baas (Renacimiento), son pasos hacia el progreso»[9]Según el político ruso Vladimir Zhirinovsky, Huseín al encontrarse en su exilio en Egipto se familiarizó con las ideas de Gamal Abdel Nasser, refiriéndose finalmente al antiguo presidente como su «maestro».[15]
Islamismo
Saddam fue un destacado defensor del nacionalismo árabe-islámico. Durante la guerra entre Irán e Irak, Saddam enfatizó su ascendencia sharifiana para apoyarse en una forma clásica de legitimidad religiosa.[16] Saddam apoyó el levantamiento islamista en Siria de 1980 a 1982 y suministró armas y suministros a los Hermanos Musulmanes en ese país.[17]
En junio de 1993, Sadam Huseín inició la Campaña de la Fe, bajo la supervisión de Izzat Ibrahim al-Douri. Esta nueva política buscaba promover el islamismo y fomentar la devoción popular al islam en la sociedad iraquí.[16] Esto se ha descrito como una "politización a gran escala del islam" por parte del partido Baazista y marcó un cambio con respecto al gobierno más secular de las décadas de 1970 y 1980.[16] Dicha campaña otorgó mayores libertades a los grupos islamistas, destinó más recursos a programas religiosos, incrementó el uso de los castigos islámicos y dio mayor importancia al islam en todos los ámbitos de la vida iraquí, aunque sin dejar a un lado el nacionalismo árabe.[18]
Respeto al pasado monárquico
Durante su gobierno, Sadam Huseín hizo cierta reivindicación al pasado monárquico de Irak, en comparación a otras manifestaciones del socialismo árabe que más bien repugnaban de las monarquías. Sobretodo este movimiento fue con la figura de los antiguos reyes Gazi I y su hijo Faisal II, del primero Huseín rescataría su ideal panarabista y su oposición a la dominación británica, produciéndose una película en 1993 titulada King Ghazi of Iraq, donde retrataba ésto de su figura.[19]En 1982, por decreto presidencial, Sadam remodeló el cementerio real, proporcionando al último rey Faisal II una magnífica tumba de mármol. Se decía que Huseín tenía gran admiración por éste.[20]
Políticas
Económicas y sociales
Según Phebe Marr, Sadam Huseín "proporcionó una amplia cobertura sanitaria, educativa y social que superó con creces la de cualquier régimen anterior".[4] Sadam Huseín implementó una reforma agraria, hizo gratuitos los hospitales y la educación, duplicó el número de alumnos en las escuelas y desarrolló infraestructuras como carreteras, acceso a la electricidad y al agua, además de aumentar la esperanza de vida y reducir la mortalidad infantil.[4]
Saddam impuso aranceles y protegió las industrias nacionales. Así mismo, patrocinó programas de industrialización. Los ingresos del petróleo aumentaron de 1.000 millones de dólares en 1972 a 33.000 millones en 1980.[4] Sin embargo, tras la invasión iraquí de Kuwait y la consiguiente guerra del Golfo en 1991, las Naciones Unidas impusieron sanciones a Irak, provocando un declive económico extremo, ya que el PIB iraquí disminuyó de 66.200 millones de dólares en 1989 a 10.800 millones en 1996, mientras que el ingreso anual per cápita disminuyó de 3.510 dólares en 1989 a 450 en 1996.[4]
Saddam introdujo programas de seguridad social, como prestaciones por discapacidad, que otorgaban asistencia financiera a las personas con discapacidad. Además, introdujo la cobertura sanitaria para garantizar que los ciudadanos iraquíes tuvieran acceso a atención médica y medicamentos cuando los necesitaran. Sin embargo, dicha atención empeoró en la década de 1990 debido a las sanciones de la ONU que restringían la entrada a Irak de equipos y suministros médicos básicos.[21] Se cree que las sanciones de la ONU causaron la muerte de aproximadamente 500.000 iraquíes debido a la escasez de alimentos y medicamentos causada por el bloqueo.[4]
Sadam Huseín invirtió fuertemente en proyectos de infraestructura, como carreteras, puentes y edificios públicos.[22][23] Esto contribuyó a la modernización de las ciudades iraquíes y mejoró la infraestructura general del país.[24] Saddam hizo hincapié en mejorar el acceso a la educación y la atención médica.[24][25][26] El gobierno invirtió en la construcción de escuelas y hospitales, y las tasas de alfabetización en Irak aumentaron significativamente.[27][28][29] Saddam implementó políticas destinadas a promover los derechos de las mujeres en Irak.[30]
Apoyo a la causa palestina
Saddam también fue un firme defensor del nacionalismo palestino. Saddam albergó y apoyó a varias organizaciones guerrilleras y militantes palestinas, como la Organización para la Liberación de Palestina, el Frente de Liberación de Palestina, el Frente de Liberación Árabe y la Organización Abu Nidal. Además, subsidió a las familias de los terroristas suicidas palestinos que murieron como shuhada durante la Segunda Intifada. En abril de 2002, Saddam aumentó el dinero ofrecido a las familias palestinas de mártires de 10.000 a 25.000 dólares. El representante de Cisjordania que repartía el dinero a las familias palestinas, Mahmoud Besharat, declaró: "Habría que preguntarle al presidente Saddam por qué es tan generoso. Pero es un revolucionario y quiere que esta distinguida lucha, la Intifada, continúe".[31]
En abril de 1990, Saddam amenazó con destruir la mitad de Israel con armas químicas si actuaba contra Irak. En 1991, Saddam ordenó una campaña de misiles contra Israel. Irak disparó 42 misiles Scud contra territorio israelí, principalmente Tel Aviv y Haifa, en medio de la guerra del Golfo.[32] Los ataques mataron entre 11 y 74 israelíes. Israel no tomó represalias contra Irak debido a la presión ejercida por Estados Unidos.[33]
Saddam sigue siendo una figura heroica tanto en Cisjordania y como en la Franja de Gaza, cuyos residentes lo recuerdan como un líder árabe que estaba dispuesto a desafiar a Estados Unidos e Israel.[34] En el mundo árabe, Saddam goza de gran prestigio, especialmente por su apoyo a la causa palestina.[35] Se construyó un monumento conmemorativo en Qalqilya,[36][37][38] y se pueden encontrar numerosos retratos y otros tipos de monumentos conmemorativos por toda Palestina.[39][40] Sigue siendo ampliamente conocido por su compromiso con la causa palestina y su postura antisionista. En 2001, Saddam declararía en la televisión iraquí, que Palestina era árabe, y debía ser liberada desde el río hasta el mar, además de que los sionistas que emigraron a Palestina, deberían huir.[41] Jörg Haider, político austriaco, en una entrevista con el líder iraquí, señaló que esté «siempre parecía muy alerta y emotivo cuando nuestra conversación giraba en torno a la cuestión palestina, y sabía cómo argumentar con notable coherencia y ser directo al grano».[8]
Culto a la personalidad
El culto a la personalidad de Sadam Huseín se convirtió en un rasgo destacado de la cultura iraquí. Se erigieron miles de retratos, carteles, estatuas y murales en su honor por todo el país.[42] Su rostro era visible en edificios de oficinas, escuelas, aulas, aeropuertos y tiendas, así como en todas las denominaciones del dinar iraquí. Saddam buscaba atraer a todos los sectores de la sociedad iraquí. Vestía ropa beduina, la ropa tradicional de los campesinos iraquíes e incluso ropa tradicional kurda. También aparecía con ropa occidental para proyectar la imagen de un líder urbano y moderno. Se presentaba como un devoto musulmán sunita, con un tocado y una túnica, rezando con dirección a La Meca, pero con mayor frecuencia se le mostraba con uniforme militar.
Tras la caída de su régimen en 2003, simbolizada por el derribo de su estatua en la plaza Firdous de Bagdad el 9 de abril de 2003, todas las estatuas de Saddam fueron destruidas. Todos los demás aspectos de su culto a la personalidad fueron desmantelados después.[43]
Purgas y ejecuciones
El régimen de Saddam era conocido por ejercer el terror contra sus propios ciudadanos. The Economist lo describió como "uno de los últimos grandes dictadores del siglo XX, pero no el menos importante en términos de egoísmo, crueldad o morbosa voluntad de poder".[44] Su régimen provocó la muerte de al menos 250 mil iraquíes [45] y cometió crímenes de guerra en Irán, Kuwait y Arabia Saudita. Human Rights Watch y Amnistía Internacional publicaron informes periódicos sobre encarcelamientos y torturas generalizadas. Saddam también utilizó la riqueza petrolera de Irak para desarrollar un sistema clientelar para los partidarios de su régimen.[5]
En 1988, se llevó a cabo en las regiones del norte de Irak, la campaña de Anfal de 1988, en respuesta a la insurgencia kurda, respaldada por Irán. Según estimaciones de Human Rights Watch, entre 50 mil y 100 mil personas murieron.[46] Tras la desastrosa guerra del Golfo, los chiitas se rebelaron en el sur de Irak y ejecutaron a dirigentes baazistas durante los levantamientos iraquíes de 1991. Saddam respondió con represión, asesinando a enemigos y presuntos disidentes políticos, lo que resultó en la muerte de unos 150 mil chiitas iraquíes.[4]
Secularismo y sectarismo
Bajo el régimen de Sadam Huseín, el conflicto entre suníes y chiíes era más una diferencia nacional que religiosa. El término ajam se utilizaba para desacreditar a los activistas y disidentes políticos chiíes, en particular a los iraníes.[47]
Aunque Sadam Huseín promovió inicialmente el secularismo y el no sectarismo, su gobierno fue escenario de violencia sectaria. Irak estaba gobernado por una élite árabe sunita, aunque se permitía a chiíes y kurdos contribuir a la construcción de la nación, siempre que no causaran problemas.[48] Sadam Huseín prohibió y reprimió las manifestaciones públicas chiíes de Tatbir, Ashura y el duelo de Muharram.[49][50] Las tensiones sectarias se hicieron evidentes durante la Revolución iraní de 1979 y la subsiguiente guerra entre Irán e Irak. El nuevo líder de Irán, Ruhollah Khomeini, inició una campaña de propaganda llamando a los chiitas iraquíes a aceptar el jomeinismo y rebelarse contra el régimen baazista dominado por los sunitas de Saddam.[51]
A pesar del temor de Sadam Huseín a los disturbios, los intentos de Irán de exportar su Revolución Islámica fueron en gran medida infructuosos a la hora de conseguir el apoyo de los chiitas en Irak y los países del Golfo. La mayoría de los chiitas iraquíes, que constituían la mayoría de las Fuerzas Armadas Iraquíes, prefirieron su propio país a sus correligionarios chiitas iraníes durante la guerra entre Irán e Irak.[52] Para contrarrestar la amenaza de la oposición chií durante la guerra, Sadam Huseín implementó mejoras para la comunidad chií.[53] Invitó a un gran número de chiitas a unirse al gobernante Partido Baaz, lo que supuso un cambio respecto a su anterior exclusión de esta organización política.[53] Los chiitas pasaron a ser mayoría en el órgano de gobierno del partido y representaban el 40% de los miembros del parlamento iraquí.[53]
Sin embargo, tras la guerra del Golfo, los chiitas participaron en un levantamiento mayoritariamente sectario contra el régimen de Sadam Huseín. Los rebeldes chiitas portaban imágenes de líderes religiosos chiitas, como el líder iraní Jomeini, así como símbolos religiosos chiitas.[54] El régimen sofocó los levantamientos mediante el uso de la fuerza y ejecuciones masivas, y el control estatal sunita logró restablecer el orden.[55]
A lo largo de la década de 1990, Sadam Huseín recurrió en mayor medida a los funcionarios árabes sunitas de su propia tribu, Al-Bu Nasir.[56] Sin embargo, al igual que en otras comunidades, hubo leales chiitas que sirvieron en su gobierno, como Sa'dun Hammadi y Muhammed Saeed al-Sahhaf.