Santo Domingo en Soriano (Zurbarán)

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Año ca.1626-1627;
Autor Francisco de Zurbarán
Técnica Óleo sobre lienzo
Estilo Barroco
Santo Domingo en Soriano
Año ca.1626-1627;
Autor Francisco de Zurbarán
Técnica Óleo sobre lienzo
Estilo Barroco
Tamaño 190 cm × 230 cm
Localización Iglesia de santa María Magdalena, Sevilla, España
País de origen España

Santo Domingo en Soriano es un lienzo de Francisco de Zurbarán, que compone la referencia número 3 en el catálogo razonado y crítico, realizado por la historiadora del arte Odile Delenda, especialista en este pintor.

El 17 de enero de 1626 obtuvo Zurbarán su primer gran encargo de parte de una orden religiosa.[1] Los dominicos del convento de San Pablo el Real le encargaron «21 cuadros...siendo catorce de ellos sobre la vida de Santo Domingo, cuatro de los doctores de la Iglesia y tres de San Buenaventura, Santo Tomás de Aquino y Santo Domingo». Parece que el magnífico Crucificado colocado en el mismo convento pertenece a un contrato posterior. No es del todo seguro si el presente lienzo y la Curación milagrosa del beato Reginaldo de Orleans formaban parte de dicha serie, aunque su permanencia en el mismo lugar así parece indicarlo.[2]

Tema de la obra

La escena narra la milagrosa aparición en 1530 de la Virgen del Rosario —con santa Catalina y María Magdalena— a un monje dominico del convento de Soriano, a quien entregó el "verdadero" retrato de santo Domingo, que actualmente se conserva en la iglesia de san Romano de Lucca.[3]

Análisis de la obra

Datos técnicos y registrales

Descripción de la obra

En esta obra primeriza, Zurbarán muestra ya su talento de colorista, y su fidelidad a la realidad de los objetos materiales representados: el lienzo no está enmarcado, sino clavado sobre un bastidor, Las figuras femeninas auguran sus célebres Santas futuras. La virgen porta una corona —algo ladeada— y viste una túnica de un delicado rosa-violáceo. La Magdalena lleva un vestido anaranjado y una estola ocre, bordada con estrellas verdes y rosas. Sus mangas, así como el hábito de los dominicos, anuncian el famoso "blanco" futuro del pintor. Santa Catalina —que sostiene el cuadro— porta una pequeña corona, y lleva una falda bermellón y un chal rosado. Las manos del fraile, de la Virgen y del santo retratado llaman la atención sobre el prodigio, mientras la mirada de la Magdalena se dirige hacia el espectador del cuadro.[6]

Procedencia

Referencias

Bibliografía

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