Semanario Redención
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| Semanario Redención | ||
|---|---|---|
| País | España | |
| Sede | Madrid | |
| Fundación | 1 de abril de 1939 | |
| Fin de publicación | 27 de junio de 1978 | |
| ISSN | 1887-8180 | |
El Semanario Redención, el periódico de los presos y sus familias, fue una publicación carcelaria de tirada semanal entre los años 1939 y 1978. Fue el único periódico permitido dentro de las cárceles franquistas y dirigido a los propios reclusos. Su primer número se editó en Vitoria, en la sede del Servicio Nacional de Prisiones, el 1 de abril de 1939 al precio de dos pesetas por trimestre, siendo distribuido por suscripción. En mayo, cuando la Jefatura Nacional de Prisiones se trasladó a Madrid, su redacción se estableció temporalmente en la cárcel de Porlier.[1] Fue el órgano oficial del Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo,[2] [3] transmisor propagandístico de la Dictadura franquista.[4] Su último número, el 2044, salió el 27 de junio de 1978.[5][6]
Formato
Las prisiones franquistas, durante la guerra civil española y sobre todo cuando esta concluye, se erigen como lugares de adoctrinamiento político e ideológico.[7] Entre las funciones de la Inspección Delegada de Prisiones, creada en 1936, se encuentra la colaboración en la educación ciudadana de la población reclusa, una educación centrada en los valores del ejército sublevado. En 1938 se constituye la Jefatura del Servicio Nacional de Prisiones a cargo de Máximo Cuervo Radigales, militar y miembro de la Asociación Católica de Propagandistas.[8] Bajo su dirección, a los valores militares se suman los principios católicos, definiendo la función de la prisión, además de la punitiva, como una misión redentora cuyo objetivo sería modificar el comportamiento, la mentalidad y las ideas de los presos. Otros ideólogos de este sistema de redención serían José María Sánchez de Muniain, secretario personal de Ángel Herrera Oria y vocal de Propaganda del Patronato Central de Redención de Penas, y el jesuita Pérez del Pulgar, fundador del Instituto Católico de Artes e Industria (ICAI).[9]
La difusión del semanario dentro de las cárceles era considerada esencial por parte de las autoridades penitenciarias dado su carácter propagandístico y de reeducación. Ya en febrero de 1939, antes de la aparición del primer número, se puso en marcha una campaña de promoción cuyo fin era sobre todo captar el mayor número de suscriptores y colaboradores.[7] Su objetivo principal era formar la conciencia política del preso, el conocimiento y comprensión de la política social del Nuevo Estado.[4] Otros de sus objetivos eran, por un lado, la colaboración de las personas recluidas con experiencia literaria o periodística, y por otro, transmitir a los suscriptores que dicha acción sería considerada como de buena conducta con respecto al resto, convirtiéndose en una herramienta para dividir y aislar a la población reclusa, una forma de romper las redes de solidaridad y apoyo.[9][1] Los que colaboraban en sus páginas serían rechazados y duramente criticados por sus compañeros.[10][11]
Era semanal, constaba de ocho páginas con un tamaño semejante a los diarios grandes. Únicamente se adquiría por suscripción y su coste era de dos pesetas por trimestre. Las secciones tratan sobre información general, tanto de España como internacional, noticias de cultura, reportajes, colaboraciones literarias de los presos, fotografías, caricaturas e información útil para los reclusos (ofertas de trabajo, legislación de Prisiones, noticias de indultos y revisiones de condena, etc).[7] Los artículos editoriales y los de contenido político y religioso eran responsabilidad del director del semanario.[1]
La poesía fue muy utilizada con fines propagandísticos por el semanario Redención, contaba con un espacio reservado en la cuarta página y en ocasiones aparecía en la portada, además de ser muy aceptada por la censura penitenciaria. Las temáticas, dirigidas por el Patronato, estaban relacionadas con los valores franquistas: religiosas (penitencia, hagiografías, fiestas como la Semana Santa o el día de la Merced, patronales, etc), fascistas, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (panegíricos a Franco o José Antonio Primo de Rivera) para luego pasar a temas nacionales (el dos de mayo, el doce de octubre) y tradicionales o personales.[12]
Colaboradores
Colaborar con el semanario ofrecía una serie de alicientes englobados en el plan de reeducación social del franquismo. El mensaje que se trasladaba era que al hacerlo se podría estar más cerca de la familia, acceder a más visitas, mejoras en la comida y reducción de la condena. El semanario abrió un concurso para favorecer las colaboraciones en tres materias: caricaturas y dibujos humorísticos, dibujos artísticos y viñetas periodísticas para ilustrar texto y, por último, un certamen para escritores y periodistas.[9] Este último pretendía incorporar como redactores y corresponsales a periodistas comprometidos con la República encarcelados.[11] Cabe destacar, por ejemplo, a Juan Antonio Cabezas, redactor jefe del diario socialista asturiano Avance; Carlos Gómez Carrera (Bluff), dibujante, autor de caricaturas satíricas durante la guerra y militante de Izquierda Republicana, cuya colaboración fue breve ya que en junio de 1940 fue fusilado; Valentín de Pedro, periodista argentino, residente en España, también reconocido por sus obras teatrales; Enrique Echeverría (Echea), dibujante procesado por su colaboración en prensa republicana.[11]
En julio de 1940 la editorial Redención, ubicada en los Talleres Penitenciarios de Alcalá de Henares, lanzó el libro Musa redimida. Poesía de los presos en la nueva España, una recopilación de poemas publicados en el semanario. Constaba de 86 poesías de 41 autores organizadas en tres grupos: tema religioso, la patria y variadas, y el prólogo a cargo de José María Sánchez de Muniain. Entre los poetas está Félix Paredes, Germán Bleiberg, Ernesto López-Parra o Luis Hernández Alfonso.[13][10]
Redención de penas por el esfuerzo intelectual por colaborar en el semanario
No todos los presos podían acogerse a la redención de penas, solo aquellos que contaran con una condena firme y que no estuvieran encausados por el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo al ser considerados sujetos no aptos de corrección.[9] En relación con el semanario, podrían redimir pena los corresponsales en las prisiones y los autores de colaboraciones, así como los presos que realizaran las lecturas en común en las cárceles.[14] En un acuerdo del Patronato del 9 de noviembre de 1943 se amplía la lista de actividades redentoras a la confección de un archivo del periódico.[14]
Las condiciones para poder redimir parte de la condena para los presos que desempeñaban trabajos de corresponsal en el periódico eran las siguientes: Conseguirían la mínima redención posible los corresponsales que consiguiesen un mínimo de suscripciones del 20% de la población reclusa, en el establecimiento en que se encuentren, siempre que el número de reclusos fuese superior a cien. Aquellos corresponsales que consiguiesen un mínimo del 10% de suscripciones, cuando la población reclusa fuera entre cincuenta y cien. O bien, los que consiguiesen un mínimo del 5% de suscripciones cuando la población reclusa fuera entre veinticinco y cincuenta presos. Conseguirían un redención media de su condena los corresponsales que consiguiesen un 30% de la población penal, siguiendo las tres escalas anteriores. Y por último, conseguirían la máxima redención de su pena los corresponsales que consiguieran un mínimo del 40% en las mencionadas tres escalas.[4] Sobre los trabajos periodísticos, una circular de febrero de 1939 estipula que cada caricatura, dibujo o artículo publicado se contabilizará como dos días de trabajo.[14]