Semiótica polar
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La semiótica polar es un concepto en el ámbito de la semiótica, que es la ciencia de los signos.
El concepto primigenio de semiótica polar se puede rastrear en el pensamiento de Roman Jakobson, cuando conceptúa la oposición binaria como relación que necesariamente implica alguna otra relación de conjunción y disyunción.[1] Un ejemplo sencillo es la simetría binaria entre cualidades polares que pertenecen a una misma categoría, como grave - agudo, en coordinación con otro tipo de categorías, por ejemplo la presencia o la ausencia de un tono. Con mayor desarrollo, esta misma idea se encuentra representada en el llamado cuadrado greimasiano, atribuido a Algirdas Julius Greimas, y que es una adaptación del antiguo cuadrado lógico de Aristóteles, utilizado por filósofos clásicos como Descartes y Spinoza, entre otros, para tratar de sustentar demostraciones empíricas.
En 2024 la Universidad Autónoma de Aguascalientes publicó el libro La orquídea y el jicote: Ensayo sobre la intersemiosis sinecdóquica o el sentido, sensación y traducibilidad entre ciencia, arte y ecología, que es el primer trabajo de divulgación sobre el tema, impreso en castellano.
Se debe a Thomas Sebeok la adaptación del concepto arriba señalado, para dar a entender que existen sistemas y dinámicas de simetría opuesta y a la vez complementaria en numerosos procesos ecológicos y nichos ecológicos como los había descrito Jakob von Uexküll bajo el concepto de Umwelt:
" En la red de la naturaleza, las plantas son, sobre todo, productoras [...] Los polos opuestos de las plantas son los hongos, descomponedores de la naturaleza."Thomas Sebeok, El estudio de los signos, 2021, pág. 29.[2] Signs: An Introduction to Semiotics
Sebeok sugiere que esta noción va más allá de la mera subjetividad, como pudiera parecer la asociación de oposiciones y complementos en la Teoría del color de Mayer, empleada, por ejemplo, para comprender las relaciones colorimétricas entre flores y polinizadores. De hecho, como lo expresa Sebeok, “el signo es bifaz” (1976: 117; vid. Spinks, 1991: 29), el signo es, pues, un instrumento de corte y producción de simetría que genera perspectiva y alimenta la percepción del mundo externalizado a través de un perceptor autoconsciente.[3]