Durante la Guerra de los Diez Años (1868–1878), Cuba se alzó contra el dominio colonial español con el objetivo de conseguir la independencia. Hacia 1878, muchas zonas de la isla habían aceptado la paz o estaban debilitadas por el desgaste, pero en Oriente persistían fuerzas independentistas, entre ellas las dirigidas por Antonio Maceo.[2][3]
Poco antes del combate de San Ulpiano, el 4 de febrero de 1878 tuvo lugar la batalla de Juan Mulato, otra acción en esa región bajo la dirección de Maceo contra columnas españolas. El enfrentamiento de San Ulpiano se produce en un momento crítico: mientras se negociaba el Pacto del Zanjón que pondría fin oficialmente al conflicto, acciones militares continuaban en el oriente cubano.[4]
Los días 7, 8 y 9 de febrero de 1878 se desarrolló la acción militar conocida como “Naranjo” o “Montes de San Ulpiano”. En ella, Antonio Maceo dirigió tropas mambisas contra una columna española al mando del coronel Pascual Sanz Pastor (jefe de la Segunda Media Brigada de la zona Sagua-Mayarí) y del comandante Fidel Alonso de Santocildes como segundo.
La columna española estaba compuesta por 21 jefes y oficiales, 213 clases del batallón Cazadores de San Quintín No. 11, más unos 30 “guerrilleros negros”, con predominio de infantería. Su objetivo al movilizarse, desde el 4 de febrero, era destruir la llamada Trocha de Maceo y proteger trabajos del fuerte Laneros.
El día 5 o 6, al avanzar por el camino hacia San Ulpiano, los españoles sorprendieron una ranchería pacífica donde tomaron prisioneros mujeres y niños. Luego investigaron el cauce del Arroyo Naranjo e iniciaron su marcha por el camino de San Ulpiano. Cuando la vanguardia descendía por el cauce de Arroyo Largo, fue atacada por partidas de reconocimiento de Maceo en Aguada de la Ceiba, y allí se inició el combate con gran intensidad.
Los días 8 y 9 el enfrentamiento prosiguió con ferocidad. Hacia el día 9, la fuerza española apenas contaba con unos 70 soldados útiles, del contingente original de aproximadamente 400 hombres: el resto estaba herido o muerto. A pesar de los repetidos requerimientos de rendición por los cubanos, la tropa española respondía con la frase: “¡San Quintín muere, pero no se rinde!”.[5]
Durante las noches, las fuerzas quedaron separadas apenas por unos 50 metros, mientras los mambises hostigaban a los españoles cada noche. Cuando Maceo se preparaba para lanzar el ataque final el día 10, la columna enemiga, ya cercada, recibió auxilio mediante una fuerza enviada de socorro, formada por los batallones de Cazadores de Chiclana y Holguín, además de tres escuadrones de caballería. Estos refuerzos permitieron que los españoles se replegaran.
Las bajas españolas ascendieron a 245 entre muertos y heridos; solo 25 salieron ilesos. Por el lado cubano se registraron tres muertos y varios heridos.
Aunque la columna de San Quintín fue derrotada militarmente, en Santiago de Cuba fue recibida con honores; al cuerpo se le otorgó la corbata de San Fernando como distinción especial y a su jefe, Sanz Pastor, se le ascendió al grado de brigadier.
La victoria en San Ulpiano adquirió valor simbólico e inspirador, pues puso de manifiesto la voluntad de lucha de los mambises incluso en momentos en que la guerra parecía concluir. El combate se interpreta como una demostración de que la resistencia cubana no aceptarían fácilmente la rendición ni la paz sin independencia.
El sitio del combate fue declarado Monumento Nacional de Cuba el 10 de octubre de 1978, en reconocimiento a la acción de Antonio Maceo y como homenaje a la memoria histórica del país. En listados oficiales de monumentos nacionales de Cuba, San Ulpiano aparece como uno de los sitios de Holguín con declaración patrimonial.[4]