Sitio de Algeciras (1350)
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El 26 de marzo de 1350 el rey de Castilla Alfonso XI murió afectado por la epidemia de peste negra que por entonces asolaba Europa mientras dirigía el asedio a la ciudad de Gibraltar, en manos entonces de los benimerines. Una vez transportado su cuerpo desde el Real en el que se encontraba a la vecina ciudad de Algeciras su amante Leonor de Guzmán, los tres hijos mayores que había tenido el rey con ella y que acompañaban al monarca en la empresa (Enrique, Fadrique y Tello) junto a varios de los nobles que formaban parte de la corte real (Enrique Enríquez, conde de Trastámara y su hijo Fernando Enríquez, Juan Alfonso de Guzmán, Alvar Pérez de Guzmán, señor de Olvera, Fernando Pérez Ponce de León y Pedro Ponce de León, alcaide de Algeciras) tomaron la determinación de trasladar su cuerpo a la ciudad de Sevilla para darle sepultura en la Iglesia de Santa María junto a su padre Fernando IV a pesar de que había sido voluntad del rey que sus cuerpo fueran enterrados en Córdoba.[1][2][3]
No participó de esta decisión ni la esposa del rey María de Portugal ni el legítimo heredero al trono de Castilla y desde el momento de la muerte de su padre rey Pedro I con quienes Alfonso XI mantenía una relación distante. Aun así ambos, rey y reina madre, recibieron prontas noticias del fallecimiento y se acordó que esperaran la comitiva en Sevilla junto al resto de la Corte.[1][2]
En el camino hacia Sevilla el cortejo fúnebre pasó por las inmediaciones de la ciudad de Medina-Sidonia, propiedad de Leonor de Guzmán y administraba por Alfonso Fernández Coronel, un noble de su total confianza. A instancias de la consorte del rey varios de los notables del reino, incluyendo varios familiares suyos aunque no los hijos bastardos del rey, entraron en la ciudad para celebrar una Junta. Leonor de Guzmán, recelosa de perder todos los privilegios conseguidos para ella y para sus hijos tras la muerte de Alfonso XI, manifestó frente a todos los presentes que siendo sus hijos legítimos no correspondía al infante Don Pedro sino al mayor de ellos la corona de Castilla y pidió apoyo en su causa.[4][5][6][7][8]
Esta conspiración debió resultar inesperada para los presentes pues en ese instante ninguno de ellos se manifestó abiertamente a favor de Leonor, quizás por lo peligroso del tema, entablándose una discusión al respecto. Cuando la traición trascendió a la comitiva que llevaba los restos mortales del rey Juan Alfonso de Alburquerque, primo de Alfonso XI y Mayordomo mayor de la reina María entró en la ciudad de Medina Sidonia y acusó de traición a Leonor y a todos los allí reunidos comunicándoles que se dieran por presos hasta que el rey se pronunciara sobre este asunto.[4][5]
Ante el revuelo formado entre los caballeros que formaban la comitiva real por la conspiración Juan Núñez de Lara, Mayordomo mayor del rey, pudo disuadir a Leonor de Guzmán y darle protección para que se uniera de nuevo al cortejo fúnebre y acudiera a Sevilla. Sus hijos y los fieles a su causa, sin embargo, no vieron seguro continuar el viaje pues si bien muchos de ellos no habían ni siquiera participado de la Junta creían que las repercusiones de ella acabarían por afectarles.[4][5]
Tras salir de la ciudad de Medina Sidonia los principales conspiradores decidieron retirarse a plazas fuerte de su control en previsión de las represalias de Pedro I. Los hijos de Alfonso XI y Leonor de Guzmán Enrique y Fadrique, y algunos de sus parientes (entre ellos Pedro Ponce de León, Fernando Ponce de León y Alvar Pérez de Guzmán) decidieron dirigirse al castillo de Morón perteneciente a la Orden de Alcántara y gobernado por un Maestres de esta Orden, Fernando Pérez Ponce. Una vez estuvieron allí no vieron seguro este destino y Fadrique tomó camino del Maestrazgo de Santiago, Alvar Pérez de Guzmán fue para Olvera y Enrique, Fernando Enríquez y Pedro Ponce de León se dirigieron a la plaza de Algeciras de donde este último era alcalde y donde podían contar con tropas fieles.[5][9][10][11]
Dos días después de la celebración de la Junta de Medina Sidonia y tras pasar por la ciudad de Jerez de la Frontera, el cortejo fúnebre, con Leonor de Guzmán, llegó a Sevilla y se unió al rey y su madre.[3] El funeral del fallecido Alfonso XI tuvo lugar en la Iglesia de Santa María de Sevilla sin que hubieran repercusiones a la conspiración ni las amenazas que Juan Alfonso de Alburquerque tomaran forma.[12][13][14]


