Suecificación
From Wikipedia, the free encyclopedia
La suecificación (en sueco: försvenskning) fue un proceso de asimilación cultural mediante el cual el Estado sueco, desde mediados del xix hasta finales del xx, impuso la lengua sueca y la cultura mayoritaria sobre el pueblo sami —único pueblo indígena reconocido en Suecia— y sobre los tornedalinos, minoría nacional de habla meänkieli del valle del río Torne, en la frontera con Finlandia.[1] Las políticas incluyeron la segregación educativa según criterios étnicos, la prohibición de las lenguas minoritarias, la creación de internados y la aplicación de estudios de biología racial.[2]
Estas políticas fueron abandonadas progresivamente a partir de la década de 1960. Los samis fueron reconocidos como pueblo indígena por el Parlamento de Suecia en 1977 y los tornedalinos como minoría nacional en 2000. A comienzos del xxi, Suecia estableció dos comisiones de la verdad: una para los tornedalinos (2020-2023) y otra para el pueblo sami (2021-presente).[3]

A mediados del xix, Suecia comenzó a adoptar políticas para controlar su región septentrional e integrar a las poblaciones sami y tornedalina. Los censos distinguían entre samis, finlandeses y suecos ya desde 1805, aunque las categorías variaron según la lengua, la ocupación, la religión, la línea paterna y el nombre.[4]
Hasta 1809, Suecia y Finlandia habían formado un solo reino. El Tratado de Fredrikshamn dividió el valle del Torne trazando la frontera a lo largo del río. Las comunidades de habla finesa del lado sueco —los futuros tornedalinos— mantuvieron su lengua durante generaciones, pero a partir de la década de 1880 fueron objeto de políticas de asimilación lingüística.[5]
Políticas de asimilación
La política «Lapp skall vara Lapp»
Las autoridades establecieron una distinción entre los samis dedicados al pastoreo de renos —considerados nómadas y «menos desarrollados»— y los que practicaban la agricultura, a quienes clasificaban como suecos. Esta política, conocida como Lapp skall vara Lapp («lapón debe ser lapón»), impuso sistemas educativos diferenciados y creó una jerarquía interna entre grupos samis cuyas consecuencias persisten hasta la actualidad.[6][7]
Escuelas nómadas e internados
El sistema de escuelas nómadas (1913-1962)

Las «escuelas nómadas» (nomadskolor) fueron creadas en 1913 por el Parlamento de Suecia (Riksdag) como sistema educativo obligatorio paralelo, destinado exclusivamente a los hijos de pastores de renos samis. Gestionado inicialmente por la Iglesia de Suecia —iglesia oficial del Estado hasta el año 2000 y la mayor confesión del país, con unos 5,4 millones de miembros—, el sistema pretendía «preservar» a los samis nómadas como cultura separada e inferior, imponiendo el sueco como única lengua de instrucción en lugar de las lenguas sami.[8]
Separación forzada de las familias
Los niños samis eran separados de sus familias a los siete años y enviados a internados donde permanecían largos períodos sin contacto con sus padres. El escritor sami Nils-Henrik Sikku, internado a esa edad como todos los hijos de pastores de renos desde 1913, relató a la AFP que los niños que cometían faltas eran golpeados, encerrados o dejados sin ropa a la intemperie.[8] Otro superviviente, el pastor de renos Lars Stenberg, de 76 años, declaró al The Guardian que tras tres años de abusos perdió su autoestima de manera permanente.[9]
Miles de niños tornedalinos fueron igualmente enviados a internados de la Iglesia de Suecia, separados de sus familias.[10]
Prohibición de las lenguas maternas
En los internados estaba estrictamente prohibido hablar las lenguas maternas. Los niños sorprendidos hablando sami o meänkieli recibían castigos físicos.[8] La prohibición del meänkieli en las escuelas se mantuvo hasta principios de la década de 1960. Según la Comisión de la Verdad tornedalina, el idioma y la cultura eran presentados como algo vergonzoso, lo que afectó la autoestima de los niños y la transmisión de la lengua a las generaciones siguientes.[10]
A finales del xix, el sueco era ya la única lengua de instrucción en el valle del Torne, región de mayoría meänkieliparlante.[11]
Supresión de la espiritualidad tradicional
La asimilación incluyó la represión de las prácticas espirituales samis. Los tambores ceremoniales, instrumentos centrales de la espiritualidad tradicional sami, fueron confiscados y destruidos, y las prácticas religiosas tradicionales prohibidas bajo amenaza de castigo.[12] Un informe comparativo de las Naciones Unidas documentó prácticas similares en Suecia, Canadá y otros países.[13]
Las últimas escuelas nómadas cerraron en 1962, pero sus efectos sobre las comunidades afectadas persistieron.[8]
Eugenesia pseudocientífica
En 1922 se fundó en Upsala el Instituto Estatal de Biología Racial (Statens institut för rasbiologi), primero de su tipo en el mundo y dedicado a la investigación eugenésica pseudocientífica. Su director, Herman Lundborg, viajaba a Laponia para medir cráneos, fotografiar desnudos a personas samis —incluidos niños y ancianos— y clasificarlas según supuestas jerarquías raciales. Estas prácticas se llevaron a cabo también en las escuelas nómadas, donde los niños eran sometidos a exámenes corporales sin su consentimiento.[8]
Los tornedalinos fueron igualmente sometidos a mediciones craneales y frenología en sus escuelas. Supervivientes relataron a la comisión tornedalina que sus padres intentaron contarles acerca de los «tiempos extraños» en que eran medidos y fotografiados, pero que el trauma hacía difícil hablar de ello.[14]
Trauma intergeneracional

Las consecuencias no se limitaron a quienes las padecieron directamente. La comisionada sami Laila Susanne Vars declaró al Guardian que jóvenes samis acudían a la comisión para relatar cómo el trauma de sus padres seguía afectándoles: enfermedades mentales, pérdida de la lengua y de la identidad, y lo que muchos describían como un vacío enorme en sus vidas.[15] La comisión tornedalina documentó un fenómeno similar: la vergüenza internalizada llevó a muchos padres a no transmitir el meänkieli, despojando a una generación entera de su legado cultural.[10]
Debate sobre la caracterización como genocidio
El artículo II de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948 define cinco actos constitutivos de genocidio cuando se cometen con intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. El apartado (e) incluye el «traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo», disposición que diversos investigadores han vinculado con las políticas de asimilación forzada aplicadas a los samis nórdicos.[16][17]
El historiador Henry Minde (2003, 2005) caracterizó las políticas noruegas de asimilación contra los samis como «etnocidio (genocidio cultural)», argumentando que el Estado utilizó la ciencia para presentar a los pueblos indígenas como primitivos e inferiores y facilitar así su eliminación cultural. Si bien su investigación se centra en Noruega, ambos países aplicaron sistemas de internados, prohibiciones lingüísticas y biología racial sobre las mismas comunidades samis transfronterizas.[18]
En el ámbito sueco, Terry-Lee Marttinen (2022) analizó en el Journal of Critical Mixed Race Studies la intersección entre las políticas eugenésicas del Instituto Estatal de Biología Racial de Upsala y la persecución del pueblo sami, enmarcando estas prácticas dentro del concepto de genocidio.[16]
Anton Weiss-Wendt (2024), del Centro Noruego de Estudios sobre el Holocausto, examinó en el Journal of Genocide Research la posición de los países escandinavos durante la redacción de la Convención. Documentó que en las discusiones ministeriales (1946-1958) se manifestó una notable falta de idealismo al confrontar la convención con las legislaciones nacionales, mientras los samis ya eran víctimas de asimilación forzada mediante conversión religiosa y escolarización obligatoria.[17]
La aplicabilidad del término «genocidio» a las políticas de suecificación sigue siendo objeto de debate académico; ningún tribunal internacional se ha pronunciado sobre el caso sami. No obstante, la convergencia de prácticas —traslado forzoso de niños, prohibición de lenguas indígenas, destrucción de objetos ceremoniales y supresión religiosa— ha llevado a diversos investigadores a analizar estas políticas dentro de marcos relacionados con el genocidio. Minde caracterizó las políticas como «etnocidio», centrándose en la eliminación sistemática de la cultura como instrumento estatal.[18] Marttinen, por su parte, vinculó la investigación eugenésica del Instituto de Upsala con la persecución del pueblo sami, argumentando que la confluencia de eugenesia y asimilación forzada constituye un caso de genocidio.[16]
Fin de las políticas y reconocimiento de derechos
En 1977, el Parlamento de Suecia reconoció a los samis como pueblo indígena de Suecia; en 2000, los tornedalinos fueron reconocidos como minoría nacional y el meänkieli como lengua minoritaria. La Ley de Lenguas de 2009 (Språklag, SFS 2009:600) reconoció las lenguas sami y el meänkieli —junto con el finés, el romaní y el yidis— como lenguas minoritarias nacionales, con derecho a su uso en la educación y la administración.[19]
En 1993 se había creado el Parlamento Sami de Suecia (Sametinget), con sede en Kiruna, como órgano electo de representación de la minoría sami.[20]
Estatus jurídico de los samis
Suecia nunca firmó tratados con el pueblo sami. El documento histórico más relevante es el Codicilos lapones de 1751 (Lappekodicillen), un anexo al tratado fronterizo entre Suecia y Noruega que reconocía derechos de tránsito y pastoreo transfronterizo a los samis; los propios samis sostienen que tiene fuerza de tratado vinculante según el derecho internacional.[21]
El Parlamento de Suecia reconoció a los samis como pueblo indígena en 1977. En 2011, una reforma constitucional enmendó el artículo 2 del Instrumento de Gobierno (Regeringsformen) para reconocer a los samis como «pueblo» (folk), distinguiéndolos de las minorías étnicas; la reforma establece la obligación de los poderes públicos de promover las oportunidades del pueblo sami para preservar y desarrollar su vida cultural y social.[22]
Sin embargo, Suecia no ha ratificado el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales, a diferencia de Noruega (1990) y Dinamarca (1996). Una propuesta de ratificación fue rechazada por el Parlamento en 2015. Suecia votó a favor de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas en 2007, pero esta no es vinculante. Investigadores de la ONU han criticado reiteradamente la falta de legislación sobre derechos de los samis a la tierra y los recursos naturales.[21]
En materia de derechos sobre la tierra, los samis no poseen reservas ni títulos colectivos; sus derechos se basan en el uso prolongado y tradicional de la tierra y se limitan al derecho de uso de tierras para el pastoreo de renos. La Ley de Pastoreo de Renos (Rennäringslag, 1971) confiere estos derechos exclusivamente a los samis organizados en sameby (aldeas samis), que representan apenas el 5 % de la población sami. El restante 95 % carece de derechos específicos sobre la tierra.[23]
En enero de 2020, el Tribunal Supremo de Suecia falló unánimemente a favor de la sameby de Girjas, un distrito de pastoreo de renos de aproximadamente 5500 km² situado entre Kiruna y Gällivare en el condado de Norrbotten, en la Laponia sueca, que se extiende hasta la frontera con Noruega. La sentencia reconoció derechos exclusivos de caza y pesca basados en el uso prolongado y tradicional del territorio durante al menos 1500 años. El fallo estableció un precedente histórico, pero solo se aplica al distrito de Girjas.[24]
Disculpa de la Iglesia de Suecia


En noviembre de 2021, la Iglesia de Suecia emitió una disculpa pública al pueblo sami por abusos históricos. La Iglesia, fundada por el rey Gustavo Vasa en 1536 y confesión oficial del Estado hasta su separación en el año 2000, había administrado directamente las escuelas nómadas y los internados durante décadas al servicio de las políticas gubernamentales de asimilación. La arzobispa Antje Jackelén reconoció en la Catedral de Upsala que la Iglesia había contribuido a la opresión y la había legitimado, calificando sus acciones de «coloniales». Cinco personas samis ofrecieron testimonios sobre la represión espiritual, los malos tratos en las escuelas nómadas y la recolección de restos óseos para investigación eugenésica. La Iglesia anunció un compromiso de reconciliación de diez años (2022-2031).[12]
Comisiones de la verdad
Comisión para los tornedalinos (2020-2023)
En 2020, el gobierno sueco estableció la Comisión de la Verdad y la Reconciliación para los Tornedalinos, Kvens y Lantalaiset, primera investigación oficial sueca con esa denominación.[25] Entre junio de 2020 y noviembre de 2023, llevó a cabo 160 entrevistas y documentó las experiencias de personas afectadas por la asimilación lingüística, los internados y la biología racial. Su informe concluyó que la asimilación estatal había causado un daño profundo cuyas consecuencias persistían.[10] Recomendó una disculpa pública del Estado y la Iglesia de Suecia, y la promoción del meänkieli en las escuelas y la radiodifusión.[26]
Comisión de la verdad para el pueblo sami (2021-presente)
En noviembre de 2021, el gobierno estableció la Comisión de la Verdad para el Pueblo Sami (Sanningskommissionen för det samiska folket), investigación independiente sobre las políticas históricas hacia los samis. Omitió deliberadamente el término «reconciliación» de su nombre; el Parlamento Sami indicó que la reconciliación debía producirse solo tras cumplir las recomendaciones.[25] Compuesta por una presidenta y doce miembros, ha recogido cientos de testimonios en diversas localidades de Sápmi. Su plazo de entrega se ha extendido hasta el 1 de octubre de 2026.[15]
Contexto nórdico
Las comisiones suecas se inscriben en un proceso nórdico más amplio. Noruega completó su comisión en junio de 2023 y Finlandia presentó su informe final en diciembre de 2025. Investigadores han señalado que tres comisiones nacionales separadas para un mismo pueblo transfronterizo plantean un problema fundamental de justicia histórica transnacional.[27] En 2024, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre justicia transicional, Fabián Salvioli, visitó Suecia y constató avances insuficientes en la reparación de los daños causados por la asimilación. Recomendó la adopción de un programa integral de reparaciones que incluya servicios de rehabilitación psicosocial, compensaciones económicas, disculpas oficiales y una política de memorialización de los abusos. Salvioli también instó al gobierno a garantizar que los proyectos de la llamada «transición verde» —minería y parques eólicos en territorio sami— cumplan con las normas internacionales de consentimiento libre, previo, e informado de los pueblos indígenas, y a combatir con urgencia el racismo y el discurso de odio contra los samis.[28]
Véase también
- Samis
- Meänkieli
- Valle del Torne
- Lenguas sami
- Norueguización
- Danificación
- Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio
- Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales
- Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas
- Comisión de la verdad
- Igualdad y exclusión social en Escandinavia
- Políticas de asimilación forzada en Escandinavia
- Suecia