Summis desiderantes affectibus
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Summis desiderantes affectibus (latín para «desear con fervor supremo»), a veces abreviado a Summis desiderantes,[1] es una bula papal relativa a la brujería emitida por el papa Inocencio VIII el 5 de diciembre de 1484.
La creencia en brujería es antigua. Deuteronomio 18:11-12 en la Biblia hebrea dice: «No dejéis que se encuentre entre vosotros aquella persona que inmole a su hijo o hija en el fuego, ni una pitonisa, adivina, encantadora, vidente, o alguien que eche encantamientos, ni quien consulte fantasmas y espíritus o busca oráculos de los muertos».
Los cánones irlandeses tempranos trataban la hechicería como un crimen que se penaría con la excomunión hasta que se produjera una adecuada penitencia. El papa Gregorio VII escribió a Harald III de Dinamarca en 1080 para prohibir la ejecución de las brujas bajo la presunción de haber causado tormentas, fallo de las cosechas o la peste. Según Herbert Thurston, la denuncia y persecución de supuestas hechiceras —que posteriormente caracterizó las crueles cacerías de brujas— no se encontraron, generalmente, en los primeros 1300 años de la era cristiana.[2]
La Iglesia temprana diferenciaba entre magia blanca y negra. A la segunda generalmente se la trataba por medio de la confesión, el arrepentimiento y la caridad, asignados como penitencia.[3]
Contexto
La bula fue escrita en respuesta a la petición del inquisidor dominico Heinrich Kramer para tener autoridad explícita para perseguir la brujería en Alemania, después de que a este le fuera denegada la ayuda de las autoridades locales eclesiásticas, que mantenían como pretexto la carta de delegación que no mencionaba explícitamente dónde podían operar los inquisidores. Estos no podían legalmente ejecutar sus funciones en sus áreas.[4] La bula intentaba remediar esta disputa jurisdiccional identificando específicamente las diócesis de Maguncia, Colonia, Tréveris, Salzburgo y Bremen.[5]
La bula de Inocencio no promulgó nada nuevo. Su pretensión directa era ratificar los poderes ya conferidos a Kramer (y Jakob Sprenger) para tratar la brujería y la herejía. Exhortó al obispo de Estrasburgo (quien entonces era Albert de Palatinate-Mosbach) a dar a los inquisidores todo el apoyo posible. Algunos estudiosos ven la bula como «claramente política», motivada por las disputas jurisdiccionales entre los sacerdotes católicos alemanes locales y los clérigos de la Oficina de la Inquisición, que respondían más directamente al papa.[6]