Teatro africano
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El teatro en África subsahariana es producto de la influencia de la ocupación colonial. Recién a partir de mediados del siglo XX es que el teatro africano comienza a tomar fuerza.
El teatro africano se nutre la mezcla de interacciones culturales y lingüísticas, los desplazamientos de los diversos grupos étnicos por el continente, a veces motivados por el comercio (incluido el tráfico de esclavos), la religión o la exploración. Junto con el teatro de base europea contemporáneo, principalmente escrito e interpretado en inglés, francés y portugués, también coexisten un gran número de festivales, representaciones culturales y teatro indígena popular.[1]
El sentido del ritmo y de la mímica, la verborrea son cualidades que todos los africanos comparten en mayor o menor medida y que hacen de ellos actores natos. La vida cotidiana de los africanos transcurre al ritmo de variadas ceremonias, rituales o religiosas, concebidas y vividas generalmente como verdaderos espectáculos.
El teatro africano es entretenimiento, pero también puede ser estética, política, social y espiritualmente comprometido, y a menudo es todas estas cosas simultáneamente. El teatro africano es una experiencia total de mente, cuerpo y alma que se relaciona con, y se alimenta de una muy receptiva, audiencia involucrada y vocal.[2]
Entre los autores se destaca la producción de Sankie Maimo que entre mediados a fines del siglo XX produjo diversas obras, entre las que sobresale Yo estoy justificado (I Am Vindicated).[3] Entre los escritores en idioma inglés se destaca especialmente Bole Butake, cuyas obras que tratan sobre temas contemporáneos se nutren de un rico trasfondo político, especialmente notables son La violación de Michelle (1984), Dios Lago (1986), Los sobrevivientes (1989), y Zapatos y cuatro hombres armados (1994).[4][5]