La nueva tiara fue realizada con la intención de ser utilizada temporalmente, pero su uso fue extendido un par de décadas más, incluso luego que se descubriera que la tiara de Gregorio XIII había sobrevivido al saqueo de 1798. Aunque Napoléon donó una tiara a Pío VII posteriormente, la cual había sido realizada a partir de las joyas y adornos de las coronas destruidas por sus tropas, esta era demasiado pequeña y pesada para su uso, y es dudoso que Pío la llegara a usar en algún momento. Se reportó posteriormente que contenía grabados los nombres de varias victorias bélicas de Napoléon, y que un cardenal habría reemplazados aquello con versos de las Escrituras.[1]
Una nueva tiara, hecha de plata, fue fabricada en 1820 para reemplazar las destruidas; pero el uso de la corona de papel maché fue continuo por varias décadas, debido a su peso ligero y confortabilidad, que la hacía una buena alternativa con respecto a las antiguas tiaras, sobre todo para papas más envejecidos. Su último uso fue en 1845, cuando una nueva corona ligera, pero de metal, fue realizada para el papa Gregorio XVI. Contemporáneos a él sugieren que Gregorio creía que era degradante que el vicario de Cristo fuera visto usando una corona hecha de papel arrugado, y no de oro o plata.
Sin embargo, posteriormente se dijo que el sucesor de Gregorio, Pío IX, utilizaba ocasionalmente la tiara de papel maché durante largas ceremonias, y sobre todo cuando no podía ser visto desde corta distancia.
No se tiene conocimiento de ningún papa posterior a Pío IX que utilizara nuevamente la tiara de papel maché. Las posteriores tiaras eran de peso ligero, por lo que no tuvieron necesidad de usarla, considerando que cada pontífice tenía su propia tiara; el último papa en ser coronado y que usó la tiara papal formalmente fue Pablo VI en 1963. Sus sucesores inmediatos (Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y muy probablemente León XIV reciba una) recibieron tiaras como obsequio, sin embargo, nunca se les vio usarlas. Desde entonces, tanto papas como cardenales y obispos han generalizado el uso ceremonial de la mitra, cuyos materiales para su confección son los mismos que se usaron en su momento para la tiara de Pío VII, es decir, la tela, el papel y el cartón. No se descarta del todo el retorno de la tiara y su uso ceremonial por futuros papas, ya que ésta permanece vigente como parte del escudo de armas de la Ciudad del Vaticano.