Valerio Flaco
From Wikipedia, the free encyclopedia
Cayo Valerio Flaco (en latín, Gaius Valerius Flaccus) (Setia o Padua, c. 45 - c. 90), fue un poeta épico latino que vivió en la época de los emperadores romanos Vespasiano y Tito. No debe ser confundido con dos homónimos: el cónsul Cayo Valerio Flaco y el pretor Cayo Valerio Flaco.
Biografía
Su vida es escasamente conocida, y los únicos datos bastante inseguros. Quizá era patavino, esto es, de Padua, como escribe Marcial;[1] pero en uno de los manuscritos de la Biblioteca Vaticana se lo identifica como Gaius Valerius Flaccus Balbus Setinus, lo que lleva a deducir que sus orígenes estaban en realidad cerca de Setia (actual Sezze) en el Lacio, y parece más probable, ya que los epigramas de Marcial se refieren a alguien con dificultades económicas, que no era su caso. Su muerte se ha situado hacia el año 90 d. C. Pertenecía a la gens Valeria, una de las más antiguas familias de Roma, y al rango senatorial; probablemente era miembro de los Quindecemviri sacris faciundis, quince sacerdotes custodios de los Libros sibilinos.[2] Los únicos autores antiguos que lo mencionan son dos hispanos: Quintiliano en su Institutio Oratoria (10.1.90) para lamentar su muerte reciente y precoz en el año 90 como «una inmensa pérdida»; y, quizá, Marcial en Epigramas (I.61 y I.76), si es que es el mismo Flaco del que habla.
Obra
Compuso las Argonáuticas, poema épico inacabado en ocho libros de hexámetros que se desconocía durante la Edad Media y fue descubierto en un manuscrito de la abadía de San Galo (Suiza) en 1416. Trata sobre el viaje de los héroes griegos conocidos como argonautas a la Cólquide en la nave Argos en busca del vellocino de oro, así como de los amores entre el líder de la expedición, Jasón, y Medea.
En el primer libro, pone en boca Júpiter una referencia a la gloria y la futura grandeza de Roma: al hablar de la empresa argonauta como el momento en que los griegos asumen el papel de guiar a los pueblos hacia toda la humanidad, no deja de profetizar la posterior llegada del pueblo romano, que tendrá el destino de dominar el mundo entero. se queja, en su diálogo con el Sol / Febo, del viaje que van a realizar Jasón y sus compañeros hasta los dominios de Eetes, rey de Cólquide, ya que, de acuerdo con su proyecto de historia del mundo, ha llegado el momento de desempeñar el principal papel a los griegos, para después dejárselo a los romanos.
Pese a la moda neoclásica de la época flavia que revive el modelo de Virgilio en la Eneida, sigue en cuanto al estilo la oscura retórica de época neroniana, sin digresiones etnográficas.
La obra, concebida como imitación creadora de la homónima epopeya de Apolonio de Rodas (en griego: Ἀργοναυτικά), que era ya famosa entre los romanos en la versión y adaptación de Publio Terencio Varrón Atacino. El objetivo de la obra es glorificar al emperador Vespasiano, a quien está dedicada, por haber hecho más seguro al Imperio Romano en la frontera británica y por haber promovido la navegación marítima (de la misma manera que el mítico barco Argos abrió el Mar Negro). Es el más fiel exponente de una época, la Edad de plata de la literatura latina, juzgada como sombra de un pasado glorioso, tenido ya por clásico, siendo, al mismo tiempo, un nítido reflejo de la nueva estética literaria alejandrina y barroca. Buen hijo de la retórica, Valerio Flaco busca en todo momento la concentración dramática y el encumbramiento del pathos, con Séneca y Lucano como referencia obligada, pero profundiza en la psicología de los caracteres, en especial el de Medea, para el que toma por modelo la tragedia homónima de Eurípides, elabora descripciones muy vívidas y, en suma, insufla nueva vida a un tema tan antiguo y frecuentado. El poema pudo servir de inspiración a pintores renacentistas como Tiziano en su obra Amor sacro y amor profano.