Vertebrados introducidos en la Argentina

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Mapa de la Argentina.

Los animales vertebrados introducidos en la Argentina refiere a aquellas especies animales de ese subfilo que fueron incorporadas a la fauna argentina (de la cual no formaban parte en tiempos históricos). Además las especies autóctonas propias y originarias del lugar, nacieron y evolucionaron juntas (influenciándose mutuamente) y bajo las mismas condiciones naturales. En cambio una especie introducida presenta procesos evolutivos propios de otras regiones con otras condiciones, que en algunas ocasiones, las hacen más aptas para sobrevivir y bajo dicha ventaja la especie influencia de manera negativa a las autóctonas de la región. Se considera una especie “carga” para el ecosistema. Estas han logrado su naturalización al haber establecido poblaciones autónomas en el territorio de dicha nación. Constituye una problemática en franco aumento y en su gran mayoría son responsables de daños a la salud humana y al desarrollo de actividades económicas, y de una intensa erosión de la biodiversidad originaria del país,[1] expresada de múltiples formas, ya sea por depredación o herbivoría, competencia directa, parasitismo, alteración del hábitat, contagio y diseminación de patógenos, hibridación, etc.[2]

La introducida trucha arco iris (Oncorhynchus mykiss) es una de las especies más dañinas para las comunidades acuáticas de la Argentina.
Entre las especies de vertebrados terrestres introducidos en la Argentina, el ciervo colorado es posiblemente el más relevante en lo que respecta al aporte económico que representa en el rubro de turismo cinegético.
El jabalí es una de las especies de artiodáctilos introducidos en la Argentina que más daño causa a la biota nativa, así como a la producción agropecuaria.

En la Argentina son numerosas las especies de vertebrados que, partiendo de un origen situado más allá de las fronteras de la nación, han sido introducidas al país, tanto de manera accidental, o cumpliendo un plan de inserción definido, ya sea por entidades gubernamentales, no gubernamentales o como resultado de simple voluntad personal.

No se consideran los casos de introducciones fallidas, ni los escapes de individuos solitarios o grupos si es que no fueron capaces de generar poblaciones locales. Si la especie logra reproducirse y sobrevivir un tiempo prolongado, entonces sí fue incorporada, aunque posteriormente, en una etapa post-asilvestramiento, se haya extinguido de manera natural o como resultado de un programa de exterminio. No se contabilizan las introducciones de especies que si bien no vivían naturalmente en el área del país donde fueron integradas, sí lo hacían en otros sectores de la república.[3] Mayormente han pasado rápidamente de la categoría de naturalizados (que se reproducen sin intervención humana en su nuevo hábitat y en una zona localizada) a invasores, es decir, sin controladores naturales eficaces producen descendencia en tal abundancia que la especie se muestra capacitada para dispersar sus poblaciones sobre una superficie considerable, afectando los procesos biológicos originarios. La mayor parte de las especies invasoras, fueron incorporadas de manera intencional.[4]

Concepto de invasión biológica

Una invasión biológica es un proceso que comienza cuando una especie es trasladada desde su rango nativo de distribución hacia una nueva área (Mack y col., 2000). Estos nuevos organismos reciben el nombre de especies exóticas. Si en su nuevo ambiente la especie logra proliferar, propagarse y persistir se convierte en una especie invasora (Mack y col., 2000; Shea y Chesson, 2002). Hace ya mucho tiempo que las personas comenzaron a trasladar plantas y animales de un lugar a otro alrededor del mundo. Es así como la mayoría de las introducciones de especies fueron el resultado directo o indirecto de las actividades humanas (Sakai y col., 2001). Varios autores consideran que las especies invasoras han producido un gran cambio mundial, perjudicando a las especies y a las comunidades nativas (Vitousek y col., 1996; Mack y col., 2000; Simberloff, 2000). En la actualidad las invasiones biológicas se han identificado como la segunda mayor amenaza a la biodiversidad, siendo la competencia y la exclusión y/o sustitución de nicho los principales mecanismos por los cuales muchas especies invasoras se vuelven dominantes en el nuevo ecosistema (Cheng y col., 2009). Si la especie exótica presenta una gran habilidad competitiva o una gran capacidad de propagación, puede convertirse en una potencial especie 8 invasora. Esto hace que pueda excluir y desplazar a las especies nativas, llevando a un decrecimiento, e incluso a la extinción a poblaciones de estas especies (Petren y Case, 1996; Holway, 1999; Gurevitch y Padilla, 2004; Bohn y col., 2008). Navas (2002) señala que debido a estas características que hacen que una especie sea exitosa, las especies exóticas pueden convertirse en una plaga, la cual se vuelve muy difícil de eliminar o de controlar. Además del problema que las especies invasoras provocan a las especies nativas, estas producen un impacto económico negativo como resultado de las pérdidas en la producción y el costo directo de combatirlas, ya sea por medio de un control o erradicación (Mack y col, 2000).

El proceso de una invasión

La incorporación de especies a zonas donde naturalmente no vivían es un problema grave en relación con la conservación a nivel mundial.[5]

Cuando una especie exótica apenas es detectada en general todavía su ámbito geográfico es reducido, acotado a un área denominada foco. En ese momento aún se está a tiempo de extinguir a la invasora, pero raramente se actuó prontamente, pues al inconveniente de la burocracia estatal, se le adosaban la exigencia a un uso intensivo de los recursos públicos que implica la erradicación del animal problema, y a la falta de conocimiento y toma de conciencia de los costos que acarrearía la expansión de la especie, inmensamente superiores a los que demanda el exterminarla en la primera fase de instalación. Otro de las posibles razones que redundaban en la inacción es que en muchos casos las invasoras no dañan a los bienes o producciones humanas de manera directa, sino que afectan primero a las especies nativas, es decir, a la herencia patrimonial biológica del país. Como raramente se tomaba real conciencia de los riesgos de no actuar a tiempo, la especie problema pasaba rápidamente a aumentar su distribución y sus números poblacionales, tornándose inmanejable, haciendo de su establecimiento en el nuevo territorio un hecho irreversible, debiendo las generaciones futuras pagar los daños que el descuido trae aparejado.

La mayor parte de los impactos ambientales producidos por la actividad humana son, hasta cierto punto, reversibles; sin embargo, cuando una especie exótica se ha establecido en un lugar, su erradicación suele ser prácticamente imposible. Generalmente solo con mucho esfuerzo permanente se logra apenas reducir la población invasora a niveles aceptables para el funcionamiento ecosistémico, pero no su extirpación absoluta.

Un hecho que conspira contra el combate de la fauna exótica es que la mayor parte de los métodos de control son cruentos, lo que despierta el rechazo de los grupos de defensa del derecho animal, y la antipatía del público en general, que con el tiempo asume que esas especies forman parte del ecosistema local y ven su erradicación una pérdida patrimonial y cultural.[6] Es que muchas de las especies introducidas en el actual territorio argentino llegaron junto con los conquistadores españoles, en el siglo XVI.

Organismos gubernamentales relacionados con la introducción de especies

Todo país serio debe crear entidades específicas relacionadas con el problema, destinándoles los recursos adecuados para que las mismas puedan cumplir eficazmente su misión, en coordinación con los investigadores de las instituciones y universidades relacionadas. Los objetivos buscados serán la preparación de planes de contingencia y la generación de estrategias que permitan, además de procurar la prevención para evitar la creación de nuevos focos (por ejemplo prohibiendo la importación o tenencia de especies exóticas problemáticas), la extinción rápida y drástica de los focos invasivos iniciáticos.

Cuando la erradicación del taxón es inviable, se debería intentar conseguir la lentificación de los procesos de invasión y el manejo o mitigación de los daños causados por dichas especies ya están instaladas, evitando en lo posible nuevas introducciones en zonas del país aún libres de ese flagelo.

Los estudios que realizan los investigadores se relacionan generalmente a la detección de nuevas especies invasivas, la determinación de su posible origen geográfico y modo en que logró la naturalización, sus vías de penetración, en el caso de las que llegan por sus propios medios desde focos allende las fronteras del país, o posibles rutas que tomaría la invasión dentro del mismo, sus interacciones con los taxones nativos, la prueba de métodos para su erradicación, o por lo menos su atenuación.

Tipos de introducciones

Son numerosas las causas que originan que el país deba soportar un importante número de especies introducidas. En buena parte de los casos el plantel original fue liberado ex profeso; incluso los que abrieron las puertas fueron las propias entidades gubernamentales o con la anuencia de estas, en el caso de entidades no gubernamentales. Los fines que tenían los liberadores, en la mayoría de las introducciones es aumentar las posibilidades para la práctica deportiva, con la excusa de que el país originalmente no contenía las especies adecuadas para ello. Por esta razón se ha liberado fauna mayor apta para la práctica de la caza deportiva y numerosas especies de peces deportivos.

Un importante número de especies se han establecido en el país a causa de los escapes del cautiverio, el cual podía deberse a su reproducción en granjas con fines peleteros, en granjas de acuicultura, o siendo mantenidas en hogares como mascotas. En algunos casos fueron voluntariamente liberadas en el medio silvestre por lo que no siempre es posible tener certeza del origen de una población.

Dentro de las especies peleteras, se han liberado dos con la idea de que la captura de las mismas permita la radicación de población humana en zonas deshabitadas.[7]

En algunos casos, las liberaciones primitivas no ocurrieron dentro de las fronteras del país, sino en países vecinos[8] y las especies, en franca expansión, migraron rebasando las divisorias internacionales y continuaron su avance sostenido.[9] También se dan casos inversos, introducciones dentro del país que producen poblaciones que terminan desbordando los límites nacionales prosiguiendo el avance más allá, deteniéndose solo donde profundas barreras geográficas o ecológicas les impiden continuar.[10]

En algunas especies, su presencia en el país se debe al transporte accidental desde sus lugares de origen o de países donde ya se habían establecido.

Por último, algunas especies también fueron introducidas como control biológico para limitar la cantidad de mosquitos, al especializarse en la predación de sus larvas.

Algunos efectos de estas introducciones

Si bien aún se ha acumulado escasa información sobre los posibles efectos en la biota nativa de estas introducciones, se estima que en algunos casos el daño puede ser grave a muy grave, en especial entre las especies endémicas.

Efectos por competencia directa

Generalmente, la especie introducida pasa a ocupar un nicho ecológico que estaba siendo ocupado por una o varias especies nativas, las que son de este modo desplazadas por efecto de la competencia directa con la exótica, la que suele ser más eficaz.

Por ejemplo, se especula que efectos competitivos de herbívoros mayores introducidos, como es el caso del ciervo colorado, podrían ser una de las causas de la retracción numérica y espacial de su contraparte nativa, el cérvido huemul.[11]

Efectos por aumento de la biomasa de predadores nativos

En ocasiones, el aumento de la disponibilidad de recursos proteicos que representan las nuevas especies, además del daño directo por competencia con los representantes nativos de ese nicho ecológico, genera colateralmente un aumento de los predadores de dichas especies nativas, por lo tanto, mayores posibilidades de ser detectadas. Tal es el caso de lo ocurrido con las introducciones de la liebre y el conejo, óptimos recursos para predadores locales como el puma[12] y el zorro colorado.[13][14]

Efectos indirectos

No todos los efectos se producen de manera directa, hay algunos que actúan de manera indirecta. Por ejemplo, la vegetación arbustiva es el hábitat específico de numerosos y pequeños mamíferos nativos. El ramoneo que produce la cabra sobre ese estrato afecta negativamente a esos mamíferos modificando el uso de su microhábitat, la disponibilidad de alimento y el número de sitios seguros,[15] por lo que la diversidad y abundancia de estos animales se verá disminuida, agravado por el hecho que al quedar el arbustal reducido a parches, se incrementan los números poblaciones del introducido conejo, pues es ese el hábitat donde el lagomorfo encuentra las mejores condiciones de vida.[16]

Consecuencias sobre especies nativas

Las especies exóticas pueden causar el desplazamiento de las especies nativas, causando un gran cambio en la biodiversidad del ecosistema. Estas especies introducidas provocan que las especies nativas empiecen a desaparecer por tener depredadores que los acechan y los llevan a un tipo de selección natural.

Especies adicionas por el ser humano a la Argentina

Véase también

Referencias

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