Vestido «el huevo y yo»
From Wikipedia, the free encyclopedia
| Vestido «el huevo y yo» | ||
|---|---|---|
|
| ||
| Autor | Gilbert Adrian | |
| Creación | 1947 | |
| Material | rayón y seda | |
El vestido «el huevo y yo» (en inglés: «The Egg and I» dress) es un traje diseñado por Gilbert Adrian en 1947.
Contexto
Adrian, famoso diseñador que desarrolló una lucrativa carrera en la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) en la década de 1930,[1] abandonó los estudios en 1941 ante los problemas surgidos con el guardarropa de Two-Faced Woman (1941), pues el director del filme, George Cukor, rechazó los veintiocho atuendos propuestos por Adrian alegando que los trajes debían simplificarse para traducirse en prendas comunes, lo que supondría su práctica salida de la industria cinematográfica ya que el diseñador, famoso por la originalidad y suntuosidad de sus creaciones, se sintió defraudado con la decisión de Cukor además de negarse firmemente a aceptar los cambios que la MGM estaba empezando a adoptar fruto de su interés por el Technicolor, tecnología que no era del agrado de Adrian.[2]: 54–55 [nota 1] A esto se sumaba el duro golpe que recibió al descubrir que muchas de sus creaciones habían sido deliberadamente quemadas en una hoguera encendida una noche por el propio estudio en el verano de 1939 debido a la necesidad de liberar espacio en el departamento de vestuario, entonces repleto de miles de prendas, algunas deterioradas por haber sido colgadas en perchas de alambre, si bien solo se quemaron aquellas que debido a su estado ya no podían ser recicladas ni revendidas (a finales de la década de 1930, el edificio principal del departamento de vestuario estaba completamente lleno, almacenándose el exceso en barracas Quonset construidas apresuradamente en varios lugares alrededor de las instalaciones).[3]: 194 Profundamente decepcionado por este acontecimiento y también por los recortes presupuestarios a los que Hollywood tuvo que hacer frente con motivo de la Segunda Guerra Mundial pese a que Estados Unidos aún no había entrado en el conflicto, recortes que, entre otros, afectaron seriamente al vestuario, Adrian, quien ya llevaba alrededor de dos años considerando dejar la MGM a causa de las restricciones derivadas de la Gran Depresión,[3]: 100–101 [4]: 32 abandonó los estudios definitivamente el 5 de septiembre de 1941[5]: 168 para concentrar sus esfuerzos en el comercio minorista, inaugurando en 1942 la boutique Adrian, Ltd. en Beverly Hills, concretamente en 233 North Beverly Drive, sede con anterioridad del Victor Hugo Cafe.[6] Aunque la partida de Adrian se produjo en septiembre, el contrato del diseñador ya había expirado el 16 de julio (la última renovación fue por el periodo 1938-1941); el 15 de agosto, Adrian informó al personal a su servicio que ya había comunicado a Louis B. Mayer su firme intención de abrir una boutique, si bien permaneció tres semanas más para asegurarse de que el departamento de vestuario quedaba en orden, siendo su nombre retirado de la plantilla de nóminas del estudio el 5 de septiembre,[3]: 194 tras lo cual Robert Kalloch, jefe de vestuario de Columbia Pictures, pasaría a ocupar su puesto por un breve periodo de tiempo, erigiéndose Irene Lentz como la auténtica sucesora de Adrian al frente del departamento de vestuario de la MGM.[4]: 32 [7]: 187
Creación

El vestido «el huevo y yo», así bautizado por el propio Adrian,[8] fue una de las numerosas creaciones que el diseñador llevó a cabo como modisto fuera de la industria cinematográfica; pese a haber sido diseñado para la colección primavera/verano de 1947,[9]: 153 dos años después del fin de la guerra, el conflicto bélico influyó en el diseño; las restricciones impuestas por la contienda tuvieron efectos prolongados que afectaron a la cantidad de tela empleada y a la ornamentación de la ropa ya que en abril de 1942 entró en vigor la Orden General de Limitación L-85,[8] en virtud de la cual se establecía un riguroso control de la cantidad de material utilizado en la manufactura de prendas de vestir con el fin de reducir el uso de tela en un 15%;[10] tal y como explican Daniel James Cole y Nancy Deihl: «A partir del 8 de abril de 1942, la moda estadounidense se vio influenciada por la Orden General de Limitación L-85, que regulaba la cantidad de materiales utilizados por los fabricantes de ropa. Casi inmediatamente después de la entrada de Estados Unidos en la guerra, la Junta de Producción de Guerra encargó a Stanley Marcus (de Neiman Marcus) que diseñara un programa que conservara telas sin introducir grandes cambios estilísticos, para no incitar a los consumidores a desechar lo que ya tenían».[11]: 202–203 Pese a que esta medida gubernamental fue derogada el 8 de mayo de 1945, Día de la Victoria en Europa,[12] Adrian optó por continuar con el estilo que había adoptado durante el conflicto dado su éxito entre el público, además de emplearlo como una respuesta al profundo rechazo que causó en él la irrupción del New Look de Christian Dior. Adrian, contrario a los sostenes y caderas acolchados así como al empleo de enaguas y ballenas para lograr un efecto «cintura de avispa», optó por relegar este tipo de elementos a los trajes de noche, prefiriendo líneas más sencillas para el día; las críticas del diseñador llegaron a tal punto que las mismas se convirtieron en ataques directos: «Nunca he visto nada tan ridículo como lo que ciertos poderes de la moda están tratando de imponer a la mujer estadounidense en este momento. ¿Qué clase de mentes tenemos que pueden hacernos desviar de cada avance que hemos logrado en la moda para regresar al período más anticuado de la historia?».[9]: 151–153 En cuanto a los efectos de la guerra, estos no solo influyeron en la cantidad de tela sino también en los cánones entonces vigentes, según los cuales el largo aceptable de un traje de noche era de 115 cm, mientras que la circunferencia de la falda debía situarse en torno a los 365 cm; a este respecto el diseñador declaró lo siguiente el 28 de abril de 1942 al Women's Wear Daily, en un artículo titulado «Es vital que la moda encaje en la agenda actual»:
Lo más importante para la moda hoy en día es adaptarse a las pautas del Gobierno. Si la moda no puede lograrlo, no tiene cabida. No creo que las mujeres quieran ser deprimentes ni que el Gobierno desee que la moda sea aburrida o monótona. Creo que el vestido largo tiene un lugar indudable para el otoño. Es importante que las mujeres luzcan lo mejor posible durante este período difícil—todos estamos de acuerdo en ello—y no hay ninguna restricción que les impida lucir vestidos favorecedores para la noche.[8]

Las condiciones de trabajo derivadas de la guerra llevaron a Adrian a tener que innovar contando con muchos menos recursos de los que había tenido a su disposición en la primera mitad de la década de 1930 bajo el gran poder económico de la MGM; con el fin de seguir ofreciendo prendas glamurosas sin quebrantar la normativa gubernamental, el diseñador optó por prescindir no solo de la cantidad de tela empleada en sus creaciones sino también de los ostentosos puños y grandes solapas que hasta entonces habían caracterizado sus más importantes diseños para centrarse en lo más esencial de los vestidos: la silueta. Gracias a esta solución, Adrian logró crear durante la contienda trajes que oscilaban de manera equilibrada entre sobriedad y teatralidad, ofreciendo al público modelos que hacían gala de una gran elegancia en respuesta a la austeridad de la guerra. El guardarropa del diseñador pasó a caracterizarse en la primera mitad de los años 1940 por ropa compuesta de patrones sencillos y telas claras dotadas de refinamiento, logrando de esta forma una suerte de resiliencia en tiempos difíciles mediante la moda, con prendas imbuidas en su mayoría por el arte y la naturaleza plasmados en tonos vibrantes en donde la nota predominante eran los motivos de tipo campestre y patriótico con el fin de transmitir a sus clientas el optimismo necesario para hacer frente al hecho de que sus padres, esposos e hijos estuviesen luchando a miles de kilómetros de distancia.[13] Uno de los elementos a los que Adrian no quiso renunciar pese a las limitaciones impuestas por el Gobierno fueron las mangas abullonadas, popularizadas por el propio diseñador una década antes con el icónico vestido Letty Lynton, lucido por Joan Crawford en la película homónima de 1932, si bien decidió reconfigurar este tipo de mangas, inspiradas en las mangas «pierna de cordero» de la primera mitad del siglo xix, transformándolas en las hoy conocidas hombreras, característica que se acabaría convirtiendo en la seña personal de la actriz y que Adrian incorporó al vestido «el huevo y yo», si bien ya había incluido este elemento en diseños previos, como el vestido de corderos retozando, comercializado en 1942, y un atuendo lucido por Suzanne Kaaren en Mujeres (1939).
El vestido «el huevo y yo», perteneciente a su popular catálogo de «vestidos de patio» debido a que el mismo era ideal para comidas y pícnics en los jardines y patios privados de las típicas casas americanas, reflejaba un sentimiento deseado por la sociedad de entonces ya que su diseño transmitía alegría y esperanza a través del encanto campestre.[nota 2] Muchas de las prendas de Adrian en esa época hacían gala de motivos ornamentales rústicos mezclados con estampas patrióticas, como por ejemplo un traje conservado en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York cuyo corpiño exhibe una idílica campiña plagada de soldados comandados por George Washington en el contexto de la guerra de Independencia, así como el vestido de corderos retozando, el cual muestra una pradera repleta de corderos y bañada por un cielo azul. Estos diseños, impresos mediante acetato serigrafiado, no solo se erigieron como una novedad a comienzos de los años 1940 sino que fueron ampliamente difundidos a lo largo de la década en revistas de moda dado su alto grado de aceptación, destacando particularmente Women's Wear Daily, medio que, en un anuncio titulado «Los puños rotos de Adrian, estampados de gallo para la primavera», describió el traje «el huevo y yo» como un vestido de noche pese a ser un atuendo de día: «”El huevo y yo” es el nombre que Adrian le da a este vestido de noche, confeccionado con su propio estampado de alegres diseños de gallinas y gallos de corral en gris, rojo y negro sobre blanco. El sencillo corpiño se equilibra con la falda, muy amplia y de caída suave. Observe las dos profundas aberturas en la falda».[8] Los diseños de corte campestre no solo transmitían una imagen de paz y tranquilidad sino que reflejaban la vida de muchos miembros de la élite cinematográfica, quienes residían en lujosas mansiones emplazadas en el valle de San Fernando, entonces un floreciente suburbio de Los Ángeles el cual se alzaba como un lugar idílico que permitía desconectarse por un momento del estrés que suponía trabajar al agobiante ritmo de los estudios, además de ilustrar las estampas de estos trajes la afición de Adrian por el mundo animal al tiempo que constituyen un recordatorio de las horas que pasaba dibujando en el zoo durante su infancia, hallándose el origen del gran interés del diseñador por la fauna, y en especial por África, en el filme Paul J. Rainey's African Hunt (1912).[14][15]

En cuanto a la fecha en la que el diseñador creó el vestido «el huevo y yo», aunque la estampa que caracteriza la prenda fue creada en 1947 y anunciada por The New York Times y Women's Wear Daily en marzo de dicho año,[8][16] los patrones del traje (con algunas variantes) ya habían sido mostrados en 1942 con el vestido de corderos retozando, el cual pudo haber sido elaborado entre la primavera y el verano de ese año debido a que un anuncio de Abercrombie & Fitch Co. de junio de 1942 para Harper's Bazaar muestra dos atuendos similares a este vestido, si bien Adrian podría haber concebido el diseño con anterioridad, como muy pronto en el otoño de 1941, nada más abandonar la MGM, pues el diseñador debió confeccionar un amplio guardarropa para la apertura de la boutique, cuya inauguración fue anunciada por Harper's Bazaar el 1 de marzo de 1942: «Adrian, hábil diseñador para estrellas de cine dentro y fuera de la pantalla, ahora diseña para ti y para ti y para ti también, en su nueva tienda en Beverly Hills». Cabe destacar que los dos atuendos mostrados en Harper's Bazaar eran ideales no solo para eventos sociales sino también para el día a día del mismo modo que el vestido «el huevo y yo» puesto que los dos primeros estaban confeccionados en algodón,[8] mientras que el tercero fue elaborado tanto en rayón,[17] una fibra derivada de la celulosa muy económica y fácil de mantener, como en seda, material del que estaban hechas, por ejemplo, la gran mayoría de unidades comercializadas del vestido de corderos retozando.[8] Las hombreras presentes en este último atuendo fueron trasladadas al vestido «el huevo y yo» puesto que este detalle era considerado fundamental para Adrian, quien en agosto de 1947 declaró lo siguiente: «Siempre tendré el hombro cuadrado en mi colección y puedo asegurarte que las mujeres siempre se ven bien cuando lo usan. No me ha gustado el hombro extremadamente ancho que ha evolucionado del look de hombros cuadrados».[9]: 152
La reducción de tela disponible durante el conflicto dio lugar a un nuevo concepto del guardarropa femenino que hizo del vestido «el huevo y yo» y de otros trajes de entonces, pertenecientes o no al catálogo de «vestidos de patio», prendas más funcionales y adaptables para la vida cotidiana de sus usuarias, aparte de que su visión como una «prenda casual», unido a un precio razonable, lo hizo asequible para un amplio nicho de mercado que por vez primera tenía acceso a diseños hasta entonces reservados para la élite hollywoodiense, siendo este tipo de atuendos alcanzables también para la clase media al ser prendas prêt-à-porter,[8] las cuales se integraban, al igual que el vestido «el huevo y yo», en la línea Adrian Original, mientras que las prendas de alta costura y creaciones especiales para particulares pertenecían a la exclusiva línea Adrian Custom;[18] con el fin de aumentar el prestigio de su firma en el comercio minorista a medida que se expandía por todo el país gracias a acuerdos comerciales con empresas en hasta veinticinco ciudades distintas, Adrian dispuso que solo una tienda por ciudad estuviese autorizada a vender los diseños encuadrados en la línea Adrian Original,[19][20] los cuales, pese a venderse por precios elevados, eran hasta cierto punto asequibles para la mayoría de la población ya que el atuendo de día y el vestido de noche más económicos de esta línea costaban respectivamente $49,95 y $69,95, situándose el precio medio de las prendas de diario en $125,[9]: 121 cantidades que representaban alrededor del 3%, el 4% y el 8% de los ingresos anuales de las mujeres en el sector industrial para 1945,[21]: 24 año en que se producían de media cien unidades diarias de la línea Adrian Original, todas ellas fabricadas en Los Ángeles y enviadas a la boutique para su inspección. Cabe destacar que cada una de las prendas hechas a medida en Adrian, Ltd., en cuya confección se invertían de 32 a 192 horas sin contar labores de bordado,[9]: 121–122, 134 era fabricada por un único sastre en vez de por un equipo de costureras como en la MGM de acuerdo con un testimonio recogido por Bret Fowler: «Un amigo entrevistó a Sam Sunshine, el último sastre vivo que trabajó para Adrian. Me contó que cada traje era confeccionado a medida de principio a fin por un solo sastre, lo que significa que una sola persona hacía todo el trabajo del traje que confeccionaba, en lugar de tener un grupo de costureras que se lo pasaran a otros»[22] (a mayores, cada diseño era elaborado primero en muselina y corregido por el propio Adrian antes de ser confeccionado en la tela final, un proceso que, junto con el dibujo del boceto correspondiente, podía durar varios meses debido al perfeccionismo del diseñador).[23] En lo tocante al curioso nombre con el que Adrian bautizó el vestido «el huevo y yo», lo más probable es que copiase el título de la película El huevo y yo (1947), filme basado en el libro homónimo publicado en 1945 por Betty MacDonald; el diseñador gustaba de poner títulos a sus creaciones más importantes, como sucedió con el vestido de corderos retozando, que pese a ser conocido hoy día de esta forma, fue llamado por Adrian «retozando en lo verde» (en inglés: Gambol on the Green), si bien al vestido «el huevo y yo» también se lo conoce, en menor medida, como «vestido corral» (en inglés: barnyard dress).[24]: 73
Paradero
Aunque se trata de una prenda destinada al público, de la misma tan solo se crearon diez unidades,[24]: 73 detalle que asemeja este atuendo a las creaciones de la línea Adrian Custom, de las que se solían elaborar como máximo seis ejemplares;[18] pese al reducido número de existencias, al menos uno de los vestidos llegó a ser vendido fuera de California, pues el traje figura en un anuncio de 1947 de los grandes almacenes Goldwater's de Phoenix,[8] empresa que había adquirido los derechos para vender ropa de la línea Adrian Original gracias a un acuerdo realizado con el gerente comercial de Adrian, Ltd. Woody Feurt,[25] quien llegó a idénticos acuerdos con otras compañías, como Neiman Marcus en Dallas, Marshall Field's en Chicago, Dayton's en Minneapolis, Bonwit Teller en Nueva York, D. H. Holmes en Nueva Orleans, Ben Wolfman en Houston, Hudson's en Detroit, Filene's en Boston, Garfinfinckel's en Washington D. C., Joseph Horne en Pittsburgh, J. W. Robinson en Los Ángeles, y Rich's en Atlanta.[9]: 119 Actualmente solo se conoce la existencia de tres unidades, si bien es posible que todavía se conserven algunos de los ejemplares restantes:
| Año | Material | Ubicación | Comentario |
|---|---|---|---|
| 1947 | Rayón | Museo de Arte del Condado de Los Ángeles | Este vestido, donado al museo por la esposa de Thomas Meek y el único de los tres ejemplares conocidos realizado en rayón, posee un largo total de 142,24 cm, midiendo la banda que sirve como cinturón 144,15 × 3,81 cm.[17][26] |
| Década de 1940 | Seda | Desconocida | Este vestido fue vendido en fecha desconocida en la tienda online Swank Vintage,[27] fundada en 1999 por Sher Katz.[28] |
| 1947 | Crepé de seda | Colección de Azzedine Alaïa | Este vestido fue exhibido en la exposición Azzedine Alaïa, couturier and collector, celebrada en el Palacio Galliera de París desde el 27 de septiembre de 2023 hasta el 21 de enero de 2024. La amplia colección de Alaïa, compuesta de casi 20 000 prendas (140 expuestas en la muestra), fue iniciada por el diseñador en 1968 tras el cierre de la casa de modas de Cristóbal Balenciaga, si bien no empezaría a coleccionar ropa de Adrian hasta comienzos de los años 1980.[29][30][31] |
Descripción
El diseño se caracteriza por un corpiño holgado con cintura ceñida y falda amplia. El cuello es redondo y posee un gran lazo en la parte frontal, destacando a ambos lados unas prominentes hombreras de las que parten unas mangas cortas de tipo casquillo. Con un gran cierre de cremallera en la zona posterior del corpiño y otro más pequeño en la parte superior de la falda, el vestido cuenta en la cintura con una banda anudada por detrás, hallándose la falda cubierta por una cascada de pliegues además de lucir dos prominentes aberturas a ambos lados de la parte frontal las cuales llegan hasta por debajo de las rodillas. En lo tocante al estampado, el corpiño exhibe un corral de dos plantas en rojo con tejado a dos aguas de color negro y a distinto nivel; a la izquierda se sitúa una puerta en tono gris a juego con los marcos de las tres ventanas del piso superior y las dos ventanas que presiden la base del corral, por las cuales asoman a la izquierda un gallo rojizo y a la derecha una gallina blanca. Frente al edificio, de estilo puramente rústico, se halla un pequeño huerto y detrás, a la derecha, una sencilla vegetación, siendo la falda la protagonista al mostrar un gran estampado conformado por un grupo de gallos de plumaje rojizo con cresta y colas en verde negruzco y gallinas de color blanco en una composición dominada por tonos rojos, verdes, grises y blancos. El detalle de que la falda esté cubierta de numerosos drapeados permite que la estampa que la decora se revele al completo al extenderla como si se tratase de un abanico.