Wikiwand AI

Vísperas asiáticas

genocidio que precedió a la primera guerra mitridática From Wikipedia, the free encyclopedia

Las Vísperas asiáticas (también conocidas como Vísperas efesas o Vísperas del 88 a. C.) fueron masacres de personas de origen romano y de habla latina que vivían en partes del occidente de Anatolia alrededor de comienzos del año 88 a. C., a manos de fuerzas leales a Mitrídates VI Eupator, gobernante del reino del Ponto. En respuesta al crecimiento de la influencia de la República romana en Asia Menor, Mitrídates utilizó el descontento causado por los impuestos republicanos para ordenar la matanza de todos los ciudadanos romanos o itálicos que vivían en la península de Anatolia. Se estima que unas 80 000 personas fueron masacradas durante el episodio. El incidente sirvió como la casus belli o causa inmediata de la primera guerra mitridática que se libró entre la República romana y el reino del Ponto. Algunos académicos e historiadores modernos consideran a estas masacres como un caso de genocidio.

Antecedentes

Bajo el enérgico liderazgo de Mitrídates (r. 120- 63 a. C.), el reino del Ponto se había estado expandiendo hasta absorber a varios de sus pequeños vecinos. Durante la década de 100 a. C., Mitrídates continuó evitando la confrontación con la República romana, la cual se encontraba a su vez ocupada en las guerras yugurtina y cimbria. Sin embargo, debido a la subyugación de Armenia y otros territorios a lo largo del mar Negro por parte de Mitrídates, la atención romana se centró en el Ponto. Junto con Nicomedes III de Bitinia, Mitrídates vio una oportunidad entre los años 108 y 107 a. C.), y se repartió Paflagonia. Una embajada romana protestó y exigió a ambos reyes que se retiraran, pero fue ignorada.

Unos años más tarde, hacia el 102 a. C.), Nicomedes y Mitrídates entraron en disputa por Capadocia: Nicomedes envió una guarnición al país y contrajo matrimonio con su reina viuda, Laodice. Después de que Mitrídates intentara asesinar al rey de Capadocia, Ariarates VII Filométor, este declaró la guerra. Mitrídates invadió el territorio con un gran ejército, dio muerte a Ariarates e instaló en el trono a su propio hijo —Ariarates IX— hacia el 101 a. C. Mitrídates intentó persuadir a los romanos para que aceptaran sus conquistas, pero no tuvo mayor éxito. Tras una revolución que derrocó al hijo de Mitrídates en el año 97 a. C., Nicomedes solicitó el apoyo de Roma. Mitrídates hizo lo propio; sin embargo, los romanos —probablemente al considerar que el asunto resultaba demasiado complejo de desenredar— ordenaron a ambos reyes que abandonaran Capadocia y permitieran a la nobleza local elegir a un nuevo monarca. A continuación, enviaron al gobernador de Cilicia —cargo que ocupaba entonces Lucio Cornelio Sila— para investir al nuevo rey, Ariobarzanes I.

Cuando Roma se vio absorbida por la Guerra social, Mitrídates aprovechó la oportunidad para aliarse con Tigranes I de Armenia. Tras la muerte de Nicomedes III y la ascensión al trono de su hijo Nicomedes IV, Mitrídates y Tigranes derrocaron a Ariobarzanes en Capadocia y, después de que fracasara un intento de asesinato, expulsaron a Nicomedes IV de Bitinia. Al llegar la noticia a Roma, el Senado decretó que ambos reyes debían ser restituidos en sus tronos y envió a Manio Aquilio para encabezar una comisión. Ante las exigencias romanas de retirada, Mitrídates acató la orden e hizo ejecutar a su propio rey títere de Bitinia. Sin embargo, los reyes restituidos de Capadocia y Bitinia se encontraron con una factura romana por los gastos de su restauración. Incapaces de reunir los fondos, los romanos los instigaron a invadir el Ponto. Aquello resultó ser un «cálculo erróneo desastroso y fatal».

Mitrídates respondió a la provocación invadiendo Capadocia y Bitinia. Manio Aquilio intentó reclutar tropas en Bitinia y solicitó refuerzos a Cayo Casio, procónsul en Asia, y a Quinto Opio, procónsul en Cilicia. Tras derrotar a Nicomedes IV, Mitrídates venció a continuación a Aquilio en Bitinia, obligando a Casio a retirarse hacia el mar Egeo y Rodas. Avanzando hacia el sur, Mitrídates persuadió a los ciudadanos de Laodicea —donde se encontraba Opio— para que le entregaran al procónsul. Para mediados del año 89 a. C., Mitrídates había derrotado a cuatro ejércitos aliados y conquistado la mayor parte del Asia romana. Se regocijó en su victoria, eximiendo de impuestos a la población durante cinco años y nombrando sátrapas y supervisores para los territorios conquistados. Sus victoriosas tropas fueron recibidas con júbilo en toda Anatolia. En el otoño del año 89 a. C. llegaron a Roma noticias de las victorias de Mitrídates y del colapso del dominio romano en Asia. Distraídos por la Guerra social, los romanos declararon la guerra a Mitrídates de inmediato, aunque procedieron con lentitud a la hora de movilizar sus fuerzas. Al año siguiente, en el 88 a. C., Mitrídates ordenó entonces la masacre de los colonos romanos e italianos que permanecían en varias de las principales ciudades de Anatolia —entre ellas Pérgamo y Tralles—, aniquilando así, en esencia, la presencia romana en la región. El cónsul del año 88 a. C., Lucio Cornelio Sila, recibió el mando de la campaña contra Mitrídates, pero le tomó cerca de dieciocho meses reunir cinco legiones.

Acontecimientos

La masacre fue planificada escrupulosamente por el rey, quien estaba en Éfeso,[1] escribiendo a los sátrapas y magistrados para comenzar el mismo día en varias ciudades de la región,[2][3][4] como Éfeso, Pérgamo, Adramitio, Cauno, Trales, Nisa y la isla de Quíos, donde los perseguidos intentaron refugiarse en los templos, pero fueron ejecutados a flechazos mientras se agarraban de las estatuas pidiendo misericordia, sus manos les eran cortadas, a los que intentaron huir a nado por mar los ahogaron y muchas veces se forzó a los esposos ver morir a sus mujeres, quienes antes tuvieron que presenciar la ejecución de sus hijos.[5] El objetivo eran los hablantes de latín u otra lengua itálica (durante la última etapa de la República, cientos de miles de itálicos migraron de la península al Mediterráneo) y considerados genéricamente como romanos por los asiáticos.[6]

Los historiadores antiguos no están seguros de cuántos murieron,[7] pero estiman que entre 80 000[4][8] y 150 000[9] hombres, ancianos, mujeres y niños perecieron. Los esclavos que ayudaron a matar a sus amos romanos y otros que hablaban latín fueron perdonados.

Los cadáveres fueron dejados a la intemperie, sus bienes se repartieron entre sus asesinos, a los deudores se les ofreció la condonación de la mitad de sus deudas si participaban[2] y se amenazó con la muerte a aquel que los enterrara o intentara salvar a los romanos.[2][7] Los sobrevivientes fueron los que alcanzaron a huir a Rodas, fiel aliada de la República.[10]

Cronología

La fecha de cuando sucedió la masacre es objeto de disputa. El historiador británico Adrian Nicholas Sherwin-White creía que fue a finales del 89 o inicios del 88 a. C., es decir, durante el invierno.[11] Su colega austriaco, Ernst Badian, creía que la precisión era imposible, pero posiblemente en la primera mitad del 88 a. C., sin poder ser después de la mitad de ese año.[12] Al no mencionarse en el discurso que dio Atenión a los atenienses al volver de Asia Menor, es indicativo que aun no sucedía. Durante el resto de año Mitrídates se habría dedicado a los infructuosos asedios de Rodas y Pátara y luego envió un contingente a la Hélade al mando de Arquelao.[13] Marco Tulio Cicerón escribió una carta a inicios del 66 a. C., donde mencionaba que habían pasado veintidós años desde la masacre,[14] por lo que no pudo ocurrir después de principios del 88 a. C.. Según el papirólogo Brian McGing, no se especifica si la fecha es inclusiva o exclusiva y el pasaje no descarta una fecha de quizás mayo o junio del 88 a. C..[15]

Consecuencias

La matanza llevó al Senado romano a ordenar una invasión masiva a cargo de Lucio Cornelio Sila.

Cuando los ejércitos de Mitrídates VI entraron en Grecia, en el 87 a. C., los romanos que vivían en la zona se rebelaron contra Atenas, apoderándose de Delos y otros bastiones, resultando masacrados unos 20 000 por Arquelao, general póntico.[16]

El término Vèpres éphésiennes fue acuñado en 1890 por el francés Théodore Reinach en analogía con las vísperas sicilianas de 1282.[17] Los historiadores posteriores adoptaron el uso de vísperas como eufemismo de masacre.

Referencias

Bibliografía

Related Articles

Timelines

Top Qs

Fact Checks