John Wyclif

traductor, teólogo y reformador inglés From Wikipedia, the free encyclopedia

John Wyclif (AFI:[ˈwɪklɪf]), apellidos alternativos: Wiclef, Wycliff o Wickliffe), también conocido como Juan Wiclef en español y como Johannes Vuyclevum en latín (Hipswell, Yorkshire, c. 1324 - Lutterworth, Leicestershire, 31 de diciembre de 1384), fue un clérigo traductor, teólogo, profesor de Oxford y reformador inglés que fundó el movimiento que se conoce como Lolardos o Wycliffismo y que es considerado por muchos autores como el padre espiritual de los husitas y, en última instancia, de los protestantes. También fue una de las primeras personas en realizar una traducción de la Vulgata en latín a una lengua vernácula, como era el inglés medio en 1382.[1]

Nombre de nacimiento John Wycliffe
Nacimiento c.1320
Inglaterra, Ipreswell, Hipswell
Fallecimiento 31 de diciembre de 1384
Inglaterra, Lutterworth
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John Wyclif
Información personal
Nombre de nacimiento John Wycliffe
Nacimiento c.1320
Inglaterra, Ipreswell, Hipswell
Fallecimiento 31 de diciembre de 1384
Inglaterra, Lutterworth
Educación
Educado en
Información profesional
Ocupación teólogo, traductor
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Los escritos en latín de Wycliffe tuvieron una gran influencia sobre la filosofía y la enseñanza del reformador checo Jan Hus (c. 1369-1415), cuya ejecución en 1415 provocó una revuelta y condujo a las Guerras Husitas de 1419-1434. A partir del siglo XVI sus seguidores, los Lolardos, fueron considerados como unos de los precursores de la Reforma Protestante.[2] Wycliffe fue, en consecuencia, caracterizado como la estrella vespertina del escolasticismo y como la estrella matutina de la Reforma inglesa.

Biografía

Orígenes y formación

Wyclif nació en el pueblo de Hipswell en Yorkshire (Inglaterra) alrededor del año 1320, en el seno de una familia numerosa. Los demás datos de su vida hasta la llegada a Oxford no se conocen.[3]

Tras su formación personal, Wyclif viajó a Oxford a estudiar teología, no se sabe la fecha exacta, pero para el 1345 ya se tienen los primeros datos de su estancia allí. Siendo estudiante se vio influenciado por el libro La causa de Dios contra los pelagianos de Thomas Bradwardine, arzobispo de Canterbury. Esta obra era una recuperación audaz de la doctrina paulina de la gracia desarrollada por san Agustín.[4] También quedó muy impresionado por la gran pandemia de peste negra que llegó a Inglaterra en el verano de 1348. Por sus frecuentes referencias a ella en su vida posterior, parece haberle causado una huella profunda y duradera. Según Robert Vaughn, el efecto fue dar a Wycliffe "perspectivas muy sombrías respecto a la condición y las perspectivas de la raza humana". En septiembre de 1351, Wycliffe se ordenó sacerdote. Todo parece indicar que Wycliffe habría estado en Oxford durante el motín de Santa Escolástica, en el que murieron sesenta y tres estudiantes y unos veinte habitantes de la ciudad.

En 1356, Wycliffe completó su licenciatura en artes en el Merton College. Ese mismo año, publicó un breve tratado, La era última de la Iglesia. Ante la virulencia de la peste, que había remitido siete años antes, los estudios de Wycliffe lo llevaron a la creencia de que el final del siglo XIV marcaría el fin del mundo. Mientras que otros escritores veían la peste como el juicio de Dios sobre los pecadores, Wycliffe la veía como una acusación contra un clero indigno. La tasa de mortalidad entre el clero había sido particularmente alta y quienes los reemplazaron eran, en su opinión, incultos o, en general, de mala reputación. En 1361 fue rector del Balliol College de Oxford. Ese mismo año, el colegio lo presentó a la parroquia de Fillingham (Lincolnshire), que visitaba en raras ocasiones durante sus largas vacaciones de Oxford. Por ello tuvo que renunciar a la jefatura del Balliol College, aunque pudo seguir viviendo en Oxford. Se dice que tenía habitaciones en los edificios del Queen's College. En 1362, se le concedió una prebenda en Aust, en Westbury-on-Trym, que ocupó además del puesto en Fillingham.

En 1365, su buen desempeño llevó a Simon Islip, arzobispo de Canterbury, a nombrarlo director de Canterbury Hall, donde doce jóvenes se preparaban para el sacerdocio. En diciembre de 1365, Islip nombró a Wycliffe como custodio, pero a su fallecimiento en 1366 su sucesor, Simon Langham, hombre de formación monástica, cedió la dirección del colegio a un monje. En 1367, la apelación de Wycliffe a Roma fue rechazada en 1371. Este incidente fue representativo de la rivalidad existente entre los monjes regulares y el clero secular en Oxford en aquella época.

En 1368 renunció al beneficio de Fillingham y se hizo cargo de la rectoría de Ludgershall (Buckinghamshire), más cerca de Oxford, lo que le permitió mantener su vínculo con la universidad. En 1369 Wycliffe se licenció en teología, en 1372 se doctoró. En 1374 recibió un beneficio de la iglesia de Santa María en Lutterworth (Leicestershire), que conservó hasta su muerte.

Carrera político eclesiástica

Hacia 1370 Wyclif accedió a la cátedra de Teología en la universidad de Oxford y enseñó las sentencias de Pedro Lombardo al tiempo que escribía su libro De benedicta Incarnatione.[5] Al acabar sus estudios, se valió de sus contactos personales para acceder en 1378 a la Corte inglesa, donde fue el protegido personal de Juan de Gante, I duque de Lancaster y tutor personal del rey Ricardo II de Inglaterra de 1367 hasta su muerte.[6]

Y es en esta época cuando Wyclif inicia sus críticas radicales y polémicas hacia las instituciones eclesiásticas, en especial en lo tocante al tributo que el rey de Inglaterra, como feudatario de la Santa Sede, debía pagarle. Se pronunció abiertamente contra los censos y tributos que exigía la curia papal. Se declaró asimismo como clérigo peculiar del rey y, en 1374, hizo una defensa oficial de los derechos de la Corona contra las reclamaciones del papa Gregorio XI.[5] Evitó en varias ocasiones, y gracias a sus contactos, ser procesado, incluso cuando el propio papa lo calificó de «anticristo».[7]

El juicio de John Wyclif, mural en el Manchester Town Hall, obra de Madox Brown

Pensamiento teológico

Con la idea de componer un compendio de Teología, Wyclif empezó a publicar diversos tratados como De dominio divino y De civil dominio en 1375; y De officio regis, De veritate Sacre Scripture y De Ecclesia en 1378,[5] documentos donde Wyclif planteaba una doble exigencia a la Iglesia de su tiempo: abandonar las riquezas y renunciar a las pretensiones temporales en favor de una Iglesia espiritual, conformada por los predestinados y cuya autoridad suprema fuese la Sagrada Escritura.[6]

Ante el tribunal eclesiástico

El 19 de febrero de 1377, Wyclif fue llamado por el obispo de Londres Guillermo Courtenay para que expusiera su doctrina. El interrogatorio concluyó cuando Juan de Gante, que había acompañado a Wyclif, se encontró en medio de una refriega con el obispo y su entorno. El 22 de mayo de 1377 el papa Gregorio XI publicó numerosas bulas acusando a Wyclif de herejía y, en el otoño de ese mismo año, el Parlamento le pidió explicaciones sobre el carácter legal de la prohibición hecha a la Iglesia de Inglaterra de transferir sus bienes al extranjero por orden del papa. Wyclif confirmó la legalidad de dicha prohibición y, a principios del 1378, fue convocado de nuevo por el arzobispo de Canterbury, Simon Sudbury. Wyclif recibió sólo una pequeña sanción gracias a sus relaciones privilegiadas con la Corte.[8]

En lugar de retractarse, en 1378, Wyclif y sus amigos de Oxford empezaron a traducir la Vulgata al inglés medio, desafiando la prohibición de la Iglesia.

Enemistad con el papa y doctrina sobre la Eucaristía

Al no ver respuesta ni acción ante la reforma de la Iglesia exigida por Wyclif al papa Urbano VI en 1379, el teólogo inglés comenzó a formular la doctrina de que el Señor infligía un castigo divino a la Iglesia con el Cisma de Occidente (1378-1417) por su obstinada obcecación en el pecado. Calificó a los dos papas «lobos y demonios que luchaban entre sí».[5] Además repudió la doctrina de la transustanciación (cambio de la sustancia del pan y del vino en la sustancia del cuerpo y la sangre de Jesucristo). Pero esta toma de posición tan atrevida suscitó tal reprobación que hasta Juan de Gante le retiró su apoyo y cundió un profundo escándalo en la sociedad inglesa que supuso su expulsión definitiva de la Corte y de la cátedra universitaria.[9]

Wyclif da a sus discípulos su traducción de la Biblia. Obra de William Frederick Yeames

A partir de 1380 Wyclif envió a sus discípulos, a los que llamaban los pobres predicadores, a las ciudades para que dieran a conocer sus tesis religiosas igualitaristas. Los predicadores se encontraron en todas partes con una gran audiencia, y Wyclif fue acusado de sembrar el desorden social. Sin embargo, no estuvo implicado directamente en la sublevación de los campesinos de 1381 o Rebelión de Wat Tyler, aunque es probable que sus doctrinas influyeran en ellos. En mayo de 1382, Couternay, nombrado arzobispo de Canterbury, llevó a Wyclif ante un tribunal eclesiástico que lo condenó por herejía y determinó su expulsión de Oxford; Wyclif se retiró a su parroquia de Lutterworth.

Sus ideas fueron propagadas en Inglaterra por predicadores itinerantes, a quienes el pueblo comenzará a llamar con el término despectivo de lolardos. Sus ataques contra el papado le costaron la condena de Roma.

Sus últimos años

Que Wyclif todavía siguiera viviendo en libertad tiene que atribuirse al apoyo continuo de algunos de sus poderosos amigos, y a la independencia del Parlamento. Wyclif centralizó sus actividades en Lutterworth y continuó escribiendo e inspirando a sus seguidores incansablemente. Fijó su atención en las acciones del obispo de Norwich, Henry le Despenser, quien se había distinguido durante la revuelta de los campesinos por su valor y destreza en lograr la derrota inicial de los rebeldes en Norfolk.

Este obispo, orgulloso de su reputación recién ganada, decidió participar en el Cisma papal. En 1383 obtuvo de Urbano VI una bula que le autorizaba a organizar una cruzada contra Clemente VII (antipapa). Reunió un ejército rápidamente, pues prometía absolución y dar cartas de indulgencia a los que sirvieran bajo su mando. Wyclif ya se había expresado claramente sobre el cisma, y su próximo paso fue escribir un tratado intitulado Against the War of the Clerg / "Contra la guerra del clero". Comparó el cisma a dos perros peleando por un hueso, y sostuvo que toda la disputa era contraria al espíritu de Cristo, pues tenía que ver con ganar poder y alta posición en el mundo. Dijo Wyclif que prometer a alguien el perdón de pecados por participar en tal guerra se fundaba en una mentira. Más bien éstos morirían como no creyentes si caían en un combate que de ningún modo era cristiano. La cruzada fue un terrible fracaso, y el obispo antes orgulloso regresó a Inglaterra avergonzado.

Antes, en 1382, Wyclif había sufrido una apoplejía que lo había dejado parcialmente incapacitado. Dos años más tarde, un segundo ataque lo dejó paralizado y sin habla, y murió unos días después, el 31 de diciembre de 1384. Fue enterrado en el patio de la iglesia de Lutterworth, donde sus restos permanecieron sin ser tocados más de cuarenta años.

Condena post mortem

En mayo de 1382, Courtenay, entonces arzobispo de Canterbury, convocó un concilio provincial en Londres donde se condenaron veinticuatro proposiciones de Wycliffe. Dado que durante el concilio se produjo un terremoto, ambas partes lo interpretaron como una señal divina para su propia causa, y el primer concilio de Londres aún conserva el nombre de «Consejo del Terremoto». En 1396, un segundo concilio de Londres condenó dieciocho proposiciones tomadas del Trialogus (una obra escrita en 1383 que presentaba las opiniones de Wyclif sobre muchos temas). A finales de 1412, un concilio en Roma prohibió los escritos de Wycliffe después de examinarlos; la condena se centró principalmente en el Dialogus y el Trialogus.

El Concilio de Constanza (5 de noviembre de 1414-22 de abril de 1418) declaró a John Wyclif culpable de 45 proposiciones heréticas en 1414 y ordenó un bibliocausto de sus obras, la exhumación de su cuerpo y la quema de sus restos.[10] Por otra parte, sentenció que los lolardos debían ser perseguidos y permitió la ejecución de John Oldcastle junto a 37 líderes del movimiento.[6]

Exhumación y cremación del cuerpo de John Wyclif en 1428.

Entonces, en 1428, y en conformidad con el decreto del Concilio de Constanza emitido 14 años antes, la tumba de John Wyclif fue abierta y sus restos exhumados y quemados; las cenizas fueron llevadas al pequeño río Swift, que fluía cerca de Lutterworth. Allí fueron esparcidas sobre las aguas para que flotaran corriente abajo al río Avon, luego al Severnn y, finalmente, al mar. Los que ejecutaron este acto no le atribuyeron ningún significado simbólico. Sin embargo, los que quisieron consolarse por esta acción de venganza la interpretaron de manera simbólica.[cita requerida]

Escritos principales

El comienzo del Evangelio de Juan en una copia de la traducción de John Wycliffe, conocida como la Biblia de Wycliffe
  • Postilla super totam Bibliam (v. 1370 / 1371 - v. 1375 / 1376), comentario sobre el conjunto de la Biblia; se trata de una colección de manuscritos de los cuales una parte se ha perdido (en especial los comentarios al Pentateuco y el Libro de los Proverbios)
  • Summa theologiae conjunto de textos en 12 libros de comienzos de la carrera de Wyclif, que cubren una gran parte sus principales escritos teológicos.
  • De mandatis divinis ("Sobre los mandatos divinos", 1373 / 1374)
  • De statu innocenciae ("Sobre el estado de inocencia", 1373 / 1374)
  • De Dominio divino ("Sobre el dominio divino", 1375)
  • De officio regis ("Sobre la obligación del rey", 1378)
  • De civili dominio ("Sobre el dominio civil", 1376 / 1378), donde defiende sus tesis en una Protestatio / Declarationes en respuesta a su condena por el papa Gregorio XI
  • De veritate sacrae scripturae ("Sobre la verdad de las Sagradas Escrituras", 1378), donde insiste sobre su concepción de la Biblia como sola y última fuente de la doctrina cristiana.
  • De Ecclesia ("Sobre la Iglesia", 1378)
  • De potestae papae ("Sobre el poder del Papa", 1379)
  • De ordine Christiano ("Sobre el ordenamiento cristiano", 1379)
  • De eucharistia ("Sobre la eucaristía", 1380 / 1381)
  • Dialogus ("Diálogo")
  • Trialogus ("Triálogo", 1383), revisión general de sus opiniones sobre diversos temas; condenado con el Dialogus en 1412.
  • Opus evangelicum ("Obra evangélica"), su última obra.

Las noticias divergen sobre la traducción de la Biblia por Wyclif. Si bien fue un ferviente partidario de traducirla desde el latín a la lengua vernácula para que fuera leída directamente por los fieles, un tal trabajo de traducción y revisión parece incompatible con sus otras actividades. Una traducción pudo, sin embargo, haber tenido lugar y dio lugar a dos versiones distintas de la Biblia de Wyclif en inglés medio, ambas publicadas después de su muerte; y es posible que haya comenzado él mismo la traducción, al fin de su vida, y que sus discípulos se encargaran de acabarla, o que haya incluso participado mucho menos.

Doctrinas principales

Sobre el Dominio

Establece que Dios es el único que posee el dominio y está en todas partes, lo cual es fomentado por la debilidad y el pecado del hombre, cosa que no ocurre en la sociedad perfecta e ideal. En ella, no se necesita de curas ni sacerdotes, pues según él, Dios no precisa de delegados ni intermediarios, una teoría similar a la que después usará Martín Lutero en el siglo XVI en la Reforma protestante.[11]

Así, solamente en Dios está la salvación, pero para él, el dominio no es propiedad, ya que Dios domina y es perfecto, en tanto que la propiedad privada es imperfecta y pecaminosa, y se debe tender a suprimirla. Para Wyclif, la servidumbre y la propiedad privada son imperfectas y fruto del pecado del hombre.[12]

Sobre la Eclesiología

En 1376 Wyclif defendió la doctrina de «la autoridad fundada en la Gracia divina», según la cual toda autoridad viene otorgada, directamente, por la gracia de Dios y pierde su valor cuando su detentador es culpable de pecado mortal. Para él, la verdadera Iglesia es la iglesia invisible de los cristianos en estado en gracia: Wyclif negaba el principio de la autoridad jerárquica en la Iglesia y preconizaba la designación del papa por sorteo. Negaba a los curas que habían cometido pecado mortal la posibilidad de perdonar los pecados. Wyclif declaró abiertamente que la Iglesia de Inglaterra era pecadora y culpable de corrupción.

Estableció que hay dos iglesias, la visible y la invisible, y esta última, formada por los predestinados, es la auténtica, como afirmará tiempo después Jan Hus. Como Dios es la causa de esta predestinación, Él dispone de todo según el plan divino y el predestinado no pierde sus derechos aunque peque, pues ha sido elegido por Dios.[6]

Por otra parte, toda la estructura de la iglesia visible o terrenal es duramente criticada por Wyclif, donde el papa, la curia, el cardenal, el obispo, el archidiácono, el oficial, el decano, el rector, el sacerdote, el monje o el clérigo son quienes hunden realmente la iglesia. Afirma que, si existe el papel del predestinado por Dios, entonces el papa, que es elegido y no eterno, no tiene ningún sentido, y no reconoce su autoridad, por lo que debe desaparecer. Por tanto, expresa una crítica radical contra la autoridad eclesiástica.[12]

Sobre las Sagradas Escrituras

Wyclif se inclinó resueltamente por el realismo contra el nominalismo en un debate muy acalorado en el que defendía la vuelta a la Biblia y al agustinismo.[9] Dice que el verdadero y auténtico poder está en las Sagradas Escrituras (la Biblia), y no en la Iglesia (Sola Scriptura). Esta es la teoría del «biblicismo», donde está la salvación, la revelación y la autoridad, de forma que la salvación viene directamente de Dios sin intermediarios, resaltando la autoridad única de la Biblia como fuente única de poder. No juzga a la iglesia, sino que, novedosamente, antepone la autoridad suprema de la Biblia a la eclesiástica, como revelación divina.[12]

Legado

Tras su muerte, sus enseñanzas se expandieron con rapidez. Su Biblia, que apareció en 1388, se repartió profusamente por medio de sus discípulos años después mediante la imprenta, y sus escritos influyeron de manera inequívoca al reformador checo Jan Hus, a los anabaptistas y a la sublevación que promovió contra la Iglesia. Martín Lutero reconoció, asimismo, la influencia que Wyclif ejerció en sus ideas.[11]

El pensamiento de Wyclif representó una ruptura total con la Iglesia, en la medida en que él afirmaba que existía una relación directa entre los hombres y Dios sin intromisión de la iglesia de Roma. Basándose en su interpretación de las Escrituras, pensaba que los cristianos tenían derecho a dirigir sus vidas sin la intervención del papa o de sus prelados y puso en cuestión las numerosas creencias y prácticas de la Iglesia de Roma, juzgándolas contrarias a estas. En eso mostró un rasgo de antropocentrismo individualista propio de la modernidad frente al teocentrismo medieval. Condenó la esclavitud y la guerra defendiendo la idea de que el clero cristiano tenía que seguir el ideal de la pobreza evangélica predicado por Cristo y sus apóstoles.

La Iglesia anglicana lo considera un precursor y celebra a Wyclif el 31 de diciembre,[13] la Iglesia anglicana de Canadá 30 de diciembre y los episcopalianos de los Estados Unidos el 30 de octubre.

Véase también

Referencias

Enlaces externos

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