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Xicohténcatl

personaje de la cultura prehispánica (México) From Wikipedia, the free encyclopedia

Xicohténcatl Axayacatzin, conocido también como Xicohténcatl el Joven, Xicohténcatl el Mozo o Xicotenga el Mozo, fue un dirigente militar nahua de Tizatlán que participó en los acontecimientos de la conquista de México. Diego Muñoz Camargo lo llamó Ayacatzin Xicoténcatl y lo identificó como el hijo mayor de Huehue Xicohténcatl,[1] mientras que Ross Hassig emplea la forma Xicotencatl Axayacatl y lo distingue de su padre mediante el apelativo inglés the Younger («el Joven»).[2]

Nombre nativo Xicohténcatl Axayacatzin
Fallecimiento 12 de mayo de 1521 Ver y modificar los datos en Wikidata
Texcoco
Causa de muerte Ejecutado por orden de Hernán Cortés
Datos rápidos Información personal, Nombre nativo ...
Xicohténcatl

Detalle de Xicohténcatl Axayacatzin en la pintura El senado de Tlaxcala de Rodrigo Gutiérrez
Información personal
Nombre nativo Xicohténcatl Axayacatzin
Nacimiento 1484 Ver y modificar los datos en Wikidata
Tlaxcala de Xicohténcatl (México) Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 12 de mayo de 1521 Ver y modificar los datos en Wikidata
Texcoco
Causa de muerte Ejecutado por orden de Hernán Cortés
Nacionalidad Tlaxcalteca
Lengua materna Náhuatl
Familia
Padre Huehue Xicohténcatl Ver y modificar los datos en Wikidata
Familiares Tecuelhuetzin
Motenehuatzin
Información profesional
Ocupación Militar Ver y modificar los datos en Wikidata
Rango militar General de ejército Ver y modificar los datos en Wikidata
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Muñoz Camargo afirmó que ejerció como coadjutor de su padre debido a la edad avanzada y las limitaciones físicas de este.[3] Juan de Torquemada, según la recopilación de Rafael García Granados, distinguió expresamente entre Huehue Xicohténcatl, señor de Tizatlán, y su hijo, a quien describió únicamente como capitán.[4] Bernal Díaz del Castillo, en cambio, lo llamó capitán general y comandante de las fuerzas que combatieron contra los expedicionarios dirigidos por Hernán Cortés en septiembre de 1519.[5]

En esos enfrentamientos, Xicohténcatl encabezó parte de la resistencia militar tlaxcalteca frente al avance español.[4][6] Después de que las autoridades de Tlaxcallan acordaron suspender las hostilidades, participó en las negociaciones de paz y desempeñó funciones de mando dentro de la posterior alianza con Cortés.[4][7] No obstante, las crónicas coloniales también le atribuyeron una oposición persistente a los españoles y el apoyo a una alianza con México-Tenochtitlan tras la retirada de Cortés en 1520.[8][4][9]

En 1521, Xicohténcatl abandonó el contingente tlaxcalteca reunido en Tetzcoco antes del sitio de México-Tenochtitlan, tras lo cual Cortés ordenó capturarlo y ejecutarlo en la horca.[10][11] Sin embargo, las fuentes ofrecen versiones distintas sobre los motivos de su salida, el procedimiento seguido para condenarlo, el lugar exacto de la ejecución y la fecha de su muerte.[2][12][11][4]

Las interpretaciones sobre su actuación cambiaron con el tiempo. Las narraciones coloniales lo presentaron principalmente como un sedicioso o traidor,[2][4] mientras que, durante el siglo XIX, diversos autores y artistas lo convirtieron en un símbolo de la resistencia indígena frente a la conquista española.[2][13][14][15] Hassig rechazó tanto la caracterización colonial del traidor como la representación nacionalista de un precursor de la resistencia anticolonial y relacionó sus decisiones con las disputas políticas internas de Tlaxcallan.[2]

Nombre

Variantes documendas

Escritura gráfica del nombre Xicohténcatl

Las fuentes históricas registran distintas formas del nombre. Diego Muñoz Camargo empleó Ayacatzin Xicoténcatl,[1] mientras que Bernal Díaz del Castillo utilizó, depende de la versión, las variantes Xicotencatl y Xicotenga.[16][17] Torquemada lo llamó Xicoténcatl el Mozo, y García Granados reunió además las denominaciones Xicoténcatl el Joven y Xicotenga el Mozo.[4]

En los repertorios y estudios modernos también aparecen grafías diferentes. El Nahuatl Dictionary registra Xicotencatl como nombre de los dos dirigentes de Tizatlán, padre e hijo, activos durante la llegada de los españoles, e incluye las variantes ortográficas Xicohtencatl y Chicotencatl.[18] Por su parte, Ross Hassig utiliza el nombre completo Xicotencatl Axayacatl y, en algunos pasajes, añade el sufijo reverencial mediante la forma Axayacatzin para distinguirlo con mayor claridad de su padre.[2]

Significados atribuidos

Hassig interpretó Xicohténcatl como «habitante de Xicotenco» y tradujo este último topónimo como «lugar del borde del abejorro» o «lugar situado a la orilla del abejorro».[2] Por su parte, el proyecto Tlachia de la Universidad Nacional Autónoma de México descompone el antropónimo en xico-ten-ca-tl e identifica xicotli con una «abeja grande», «abeja grande de miel» o jicote, a la que asigna el valor fonético xico.[19] El proyecto también señala el contacto gráfico de la abeja con los labios, aunque indica que los componentes ten y -catl no aparecen expresados visualmente en el signo.[19] En el mismo sentido, el Visual Lexicon of Aztec Hieroglyphs describe el glifo como una abeja representada de perfil y señala que el segmento restante, -tencatl, no se encuentra plasmado en la imagen analizada.[20] La base relaciona tentli con «labio» o «boca» y -catl con un sufijo de afiliación, pero no ofrece una traducción completa del antropónimo.[20]

Ornamento labial en forma de cabeza de águila de la cultura mixteca-mexica, elaborado en oro, 1200-1521 d. C.

Axayacatl y Axayacatzin

Hassig tradujo Axayacatl como «máscara de agua» y explicó Axayacatzin como la misma forma acompañada por el sufijo reverencial -tzin.[2] Por su parte, el proyecto Tlachia ofrece otra acepción de āxāyacatl, que define como una mosca acuática o palustre cuyos huevos se utilizaban para preparar el alimento conocido como ahuautle. La misma entrada registra además Axayacatl como nombre personal.[21] En los pasajes dedicados al hijo de Huehue Xicohténcatl, Muñoz Camargo empleó la forma Ayacatzin, sin la primera x.[1]

Familia y posición política

Xicohténcatl fue hijo de Huehue Xicohténcatl, uno de los principales dirigentes de Tizatlán cuando Hernán Cortés llegó a Tlaxcallan.[3][4][17] Muñoz Camargo lo identificó como el hijo mayor de una familia numerosa, mientras que Bernal Díaz del Castillo señaló que tenía al menos dos hermanos menores, quienes lo acompañaron con el ejército tlaxcalteca hasta Tetzcoco en 1521.[22][23] Según Muñoz Camargo, Axayacatzin comenzó a participar en el gobierno antes de la muerte de su padre y actuó como coadjutor debido a que este ya no podía atender personalmente todas sus responsabilidades.[3] Bernal Díaz describió a Huehue Xicohténcatl como anciano y ciego,[24] y Hassig relacionó estas condiciones con la autoridad efectiva que ejercía su hijo dentro de la casa señorial, a quien consideró además heredero aparente de la principal dignidad política de Tizatlán.[2]

Sin embargo, Torquemada distinguió el rango político del padre de las funciones militares del hijo. Según el resumen de García Granados, Huehue Xicohténcatl era señor de su parcialidad y cabecera, mientras que el joven ocupaba una jefatura militar.[4] En cuanto a su posición militar, Muñoz Camargo lo llamó capitán general de Tlaxcallan,[1] Bernal Díaz afirmó que comandaba «todo el poder armado» que combatió contra los españoles,[25] y Torquemada también le atribuyó el cargo de capitán general de la república tlaxcalteca.[4] A partir de estas descripciones, Hassig propuso que pudo desempeñar una dignidad semejante a la de tlacochcálcatl, uno de los principales mandos militares del mundo nahua; no obstante, el propio historiador reconoció que esta identificación no resulta completamente segura y que Torquemada presenta una jerarquía diferente.[2]

Descripción física

Bernal Díaz del Castillo describió a Xicohténcatl como un hombre alto, de espalda ancha y constitución robusta, con el rostro grande y de color vivo. También señaló que presentaba marcas o cicatrices semejantes a las producidas por la viruela.[26] El cronista calculó que tenía aproximadamente treinta y cinco años en septiembre de 1519, estimación que situaría su nacimiento alrededor de 1484.[26][2] Hassig aceptó este cálculo general y señaló que habría muerto con cerca de treinta y siete años.[2] Durante la embajada de paz de 1519, Bernal Díaz lo retrató como una persona grave y digna en su comportamiento.[27][26] Sin embargo, en pasajes posteriores lo caracterizó como conspirador, soberbio y enemigo persistente de los españoles.[28][29][25][30]

«Era este Xicotenga alto de cuerpo y de grande espalda y bien hecho, y la cara la tenía larga y como hoyosa y robusta; y era de hasta treinta y cinco años y en el parecer mostraba en su persona gravedad»
Bernal Díaz del Castillo, Cap. LXXIII [26]

Antonio de Solís y Ribadeneyra ofreció posteriormente otra caracterización en su Historia de la conquista de México: lo presentó como un hombre de estatura superior a la mediana, buen talle y constitución robusta, vestido con un manto blanco, plumas y joyas. Aunque consideró que su rostro tenía proporciones poco agradables, afirmó que su expresión resuelta «no dejaba de infundir respeto».[31]

«Era de más que mediana estatura, de buen talle, más robusto que corpulento; el traje, un manto blanco airosamente manejado, muchas plumas, y algunas joyas puestas en su lugar: el rostro de poco agradable proporción, pero que no dejaba de infundir respeto, haciéndose más reparable por el denuendo...»
Antonio de Solís, 2-XXI [31]

Contexto político

Hassig interpretó la trayectoria de Xicohténcatl en el contexto de la competencia política entre Tizatlán y Ocotelulco.[2] Según su análisis, Ocotelulco concentraba una parte importante de la actividad económica y comercial de Tlaxcallan bajo la influencia de Maxixcatzin, mientras que Tizatlán ocupaba una posición militar destacada y Xicohténcatl ejercía el principal mando guerrero de la entidad.[2] Sin embargo, su autoridad no era absoluta, pues los contingentes tlaxcaltecas se organizaban mediante distintas cabeceras, casas señoriales y comunidades aliadas, cuyos capitanes conservaban el control sobre sus propios guerreros.[2][4] Además, el consejo de Tlaxcallan podía modificar las decisiones del capitán general y ordenar a otros comandantes que retiraran sus fuerzas.[2][4]

Dentro de esta estructura militar, Chichimecatecuhtli —también llamado Chichimecatecle en las fuentes— aparece como otro dirigente de importancia.[2][4][32] Bernal Díaz del Castillo afirmó que existía enemistad entre él y Xicohténcatl el Joven,[33] mientras que Hassig consideró esta rivalidad un elemento relevante para interpretar la salida del ejército y la ejecución de Xicohténcatl en 1521.[2]

Guerra contra los españoles

Inicio de las hostilidades

Torquemada afirmó que Temilotecatl ordenó a Xicohténcatl y a los contingentes otomíes combatir contra los españoles para determinar si eran seres divinos o humanos. Según el franciscano, el joven capitán debía comprobar si los recién llegados podían resultar heridos o morir.[4] Bernal Díaz, por su parte, situó uno de los principales enfrentamientos de la campaña cerca de Tehuacacinco, durante los primeros días de septiembre de 1519. De acuerdo con su relato, Xicohténcatl mantenía emboscados a más de cuarenta mil guerreros distribuidos en numerosos contingentes.[34] El cronista añadió que las tropas utilizaban estandartes blancos y de colores, combatían con arcos, lanzas, hondas y armas cortantes, y aprovechaban las irregularidades del terreno para limitar el movimiento de la caballería.[35]

Durante el enfrentamiento, los tlaxcaltecas mataron una yegua y recuperaron sus restos. La narración afirma que distribuyeron fragmentos del animal entre distintas poblaciones y ofrecieron las herraduras, un sombrero y una carta española a sus deidades.[36] El propio Bernal Díaz reconoció que los españoles terminaron la batalla agotados, con varios hombres y caballos heridos, y que no pudieron perseguir a las fuerzas tlaxcaltecas cuando estas se retiraron de manera ordenada.[37]

Divisiones en el ejército tlaxcalteca

Bernal Díaz atribuyó a Xicohténcatl el mando general de las fuerzas tlaxcaltecas, aunque señaló que otros capitanes conservaban el control de sus propios contingentes. Según el cronista, algunos de estos dirigentes mantenían rivalidades con el joven capitán y se negaron a apoyarlo con todas sus fuerzas.[38][39] Hassig interpretó en este contexto la orden del consejo tlaxcalteca para que Chichimecatecuhtli retirara a sus guerreros de la campaña. A juicio del historiador, esta decisión debilitó la posición militar de Xicohténcatl y lo obligó a suspender los ataques.[2]

De acuerdo con Bernal Díaz, los dirigentes ancianos enviaron mensajeros para ordenarle que dejara de combatir; sin embargo, Xicohténcatl rechazó inicialmente las instrucciones y anunció que emprendería un ataque nocturno, pues todavía consideraba posible destruir a los españoles.[40] Por su parte, García Granados resumió una versión de Cervantes de Salazar según la cual los jóvenes y los guerreros respaldaban al capitán por considerarlo valeroso y combativo, mientras que los principales dirigentes lo reprendieron por su atrevimiento y temeridad.[4]

Ataque nocturno

Bernal Díaz atribuyó a Xicohténcatl la preparación de un ataque nocturno contra el campamento español y calculó en diez mil el número de guerreros movilizados, aunque esta cifra procede únicamente de su narración.[2][41] Según el cronista, los expedicionarios detectaron el avance y rechazaron la ofensiva.[41] No obstante, Hassig señaló que los combates continuos, las heridas, la escasez de alimentos y la pérdida de caballos habían colocado a los españoles en una situación más difícil de la que reconocen algunos relatos triunfalistas.[2]

Órdenes de paz

Torquemada afirmó que Xicohténcatl se resistió inicialmente a desempeñarse como embajador de paz, aunque el senado insistió en que debía cumplir el encargo y presentarse ante Hernán Cortés.[4] Según Bernal Díaz, el capitán llegó acompañado por unos cincuenta personajes distinguidos, quienes vestían mantas blancas y de colores que el cronista interpretó como indumentaria tlaxcalteca de paz.[42]

Durante el encuentro, Xicohténcatl habló en nombre de su padre, Maxixcatzin y las demás autoridades de Tlaxcallan.[43] De acuerdo con el relato del español, explicó que los tlaxcaltecas habían combatido porque creían que los recién llegados actuaban por órdenes de Motecuhzoma y porque buscaban protegerse de las incursiones y presiones de México-Tenochtitlan.[43] Bernal Díaz presentó la embajada como una solicitud de amistad, perdón y alianza, y atribuyó al capitán la aceptación de la obediencia al emperador Carlos V.[43] Por su parte, Torquemada sostuvo que Xicohténcatl regresó satisfecho porque consideraba que el acuerdo podía beneficiar a su pueblo y añadió que los habitantes de Tlaxcallan celebraron el resultado de la embajada.[4]

Participación en la alianza hispano-tlaxcalteca

Torquemada afirmó que Xicohténcatl salió a recibir a Hernán Cortés cuando este atravesó los territorios vinculados con el joven capitán y señaló que ambos se abrazaron durante el encuentro.[4] Posteriormente, las autoridades tlaxcaltecas lo enviaron con veinte mil guerreros para apoyar al conquistador durante los acontecimientos de Cholula.[4] Según la misma narración, Cortés entregó joyas a Xicohténcatl y a sus capitanes después de la movilización, tras lo cual los contingentes regresaron a Tlaxcallan.[4]

La crónica también incluyó a Xicohténcatl entre los dirigentes que recibieron a Cortés con alimentos y asistencia después de la batalla de Otumba.[4] A partir de estos episodios, Hassig señaló que el capitán obedeció durante un periodo prolongado las decisiones colectivas de Tlaxcallan y ejerció distintos mandos dentro de la alianza.[2] En consecuencia, el historiador rechazó que su conducta correspondiera a una oposición individual e invariable desde septiembre de 1519 hasta su muerte.[2]

Oposición después de la retirada de México-Tenochtitlan

Monumento a Xicohténcatl en las Escalinatas de los Héroes, donde se resalta su oposición a la «invasión hispana de 1519» y su papel al frente los ejércitos tlaxcaltecas.

Después de la retirada española de México-Tenochtitlan en 1520, Cortés y los supervivientes regresaron a territorio tlaxcalteca.[44] Bernal Díaz afirmó que las pérdidas sufridas por los expedicionarios reactivaron la oposición de Xicohténcatl, quien habría reunido a familiares, amistades y partidarios para proponer un ataque contra ellos y una alianza con Cuitláhuac, nuevo gobernante de México-Tenochtitlan.[44] El cronista añadió que el joven capitán mencionó entre los posibles beneficios de la ofensiva el oro y los textiles que podrían obtenerse tras la derrota de los españoles.[44] Según la misma narración, Huehue Xicohténcatl rechazó el proyecto y advirtió a su hijo que Maxixcatzin y Chichimecatecle podrían condenarlo a muerte si persistía en su postura. Bernal Díaz agregó que el padre estaba dispuesto a consentir ese castigo.[44]

Muñoz Camargo, por su parte, afirmó que, después de la retirada, los gobernantes mexicas enviaron emisarios a las cuatro cabeceras de Tlaxcallan para pedirles que acabaran con los españoles.[45] A cambio, ofrecieron compartir con Tlaxcala la mitad de su imperio y establecer una paz perpetua.[45] Según el cronista, Xicohténcatl apoyó la propuesta. Maxixcatzin, en cambio, defendió la continuidad de la alianza con Hernán Cortés, lo que provocó una confrontación durante la cual empujó al joven capitán por las escaleras y lo insultó frente a los asistentes.[46] A partir de este episodio, el cronista caracterizó a Xicohténcatl como sedicioso, impulsivo y falto de consejo.[2][47]

Mientras tanto, Torquemada señaló que los enviados mexicas apelaron al parentesco, la lengua y las costumbres que compartían con los tlaxcaltecas.[4] Según el resumen de García Granados, Xicohténcatl retomó este argumento y sostuvo que prefería conservar las prácticas de los pueblos de la región antes que aceptar las de los extranjeros, a quienes consideraba ambiciosos y peligrosos.[4] Maxixcatzin, en cambio, destacó la capacidad militar de los españoles y defendió la continuidad de la alianza.[4] El franciscano afirmó que la discusión terminó cuando este último arrojó al joven capitán por las escaleras.[4]

A su vez, Hassig consideró que la controversia no puede reducirse a una oposición entre un patriota indígena y varios dirigentes favorables a la dominación española, sino que debía entenderse en el contexto de la competencia política entre Tizatlán y Ocotelulco.[2] Según su interpretación, una alianza con México-Tenochtitlan podía fortalecer la posición de Tizatlán y debilitar la influencia de Maxixcatzin, mientras que la continuidad de la coalición con Hernán Cortés favorecía en mayor medida las redes económicas y políticas vinculadas con Ocotelulco.[2] El historiador señaló además que los conceptos modernos de nacionalismo mexicano o resistencia racial unificada no corresponden al contexto de 1520, pues Tlaxcallan, México-Tenochtitlan y las demás entidades indígenas perseguían intereses propios y modificaban sus alianzas de acuerdo con las circunstancias.[2]

Muerte de Maxixcatzin y cambio político

Maxixcatzin murió durante la epidemia de viruela de finales de 1520, en diciembre de ese año según la cronología propuesta por Hassig.[2] De acuerdo con la reconstrucción del historiador, su sucesor tenía aproximadamente doce o trece años, por lo que la minoría de edad del nuevo dirigente redujo temporalmente la influencia política de Ocotelulco.[2] Este cambio fortaleció la posición de Xicohténcatl y de Tizatlán y, a juicio de Hassig, pudo llevar a Cortés a percibir al capitán como una amenaza mayor después de la desaparición de Maxixcatzin.[2]

La muerte del gobernante de Ocotelulco también alteró el equilibrio de la rivalidad entre Xicohténcatl y Chichimecatecuhtli.[2][48] Bernal Díaz presentó a Chichimecatecle como el principal dirigente capaz de contener las aspiraciones políticas y militares del joven capitán después de 1520.[48]

Campaña de 1521

Llegada a Tetzcoco

Bernal Díaz afirmó que Xicohténcatl recibió el mando de un amplio contingente tlaxcalteca y huexotzinca destinado a participar en el sitio de México-Tenochtitlan, con el cual llegó a Tetzcoco acompañado por dos de sus hermanos.[49] Según el soldado cronista, el ejército arribó un día antes del plazo establecido, por lo que Cortés, Pedro de Alvarado y otros capitanes salieron aproximadamente una milla para recibirlo.[49] La narración describe la entrada de los aliados como una marcha ordenada, acompañada por estandartes, plumas y música de guerra, y añade que cada compañía portaba una insignia con un ave blanca de alas extendidas.[49]

Después de la recepción, Cortés distribuyó los contingentes indígenas entre las divisiones comandadas por Alvarado, Cristóbal de Olid y Gonzalo de Sandoval.[50] El propio Bernal Díaz calculó que las fuerzas de Alvarado y Olid recibieron ocho mil tlaxcaltecas cada una.[51]

Salida del ejército

Bernal Díaz afirmó que las fuerzas tlaxcaltecas avanzaron por delante hacia las fronteras de México-Tenochtitlan bajo el mando de Chichimecatecle y otros capitanes, mientras Xicohténcatl permanecía rezagado.[48] Después de buscarlo, los dirigentes supieron que había regresado secretamente a Tlaxcallan durante la noche anterior, decisión que el soldado cronista presentó como un abandono de las tropas bajo su mando.[48] Hassig, en cambio, señaló que Xicohténcatl dejó a sus guerreros dentro de la campaña y se retiró solo o acompañado por un grupo reducido. A juicio del historiador, esta circunstancia debilita la acusación de que pretendía trasladar al ejército tlaxcalteca al bando mexica.[2]

Versiones

Las fuentes ofrecen varias explicaciones sobre los motivos por los que Xicohténcatl abandonó el contingente tlaxcalteca. Bernal Díaz afirmó que regresó a Tlaxcallan para apoderarse de las tierras, los dependientes y la dignidad política de Chichimecatecle, información que atribuyó a testimonios tlaxcaltecas.[48] Según el soldado cronista, el joven pretendía aprovechar la ausencia de su rival para alcanzar una posición política superior, pues Maxixcatzin había muerto y Huehue Xicohténcatl, debido a su edad y ceguera, ya no podía oponerse eficazmente a sus aspiraciones.[48] La narración relacionó así su salida tanto con una disputa interna por el poder como con su oposición a continuar la guerra contra México-Tenochtitlan.[48]

Muñoz Camargo ofreció otra versión y sostuvo que Xicohténcatl mantenía una relación con una mujer principal, por lo que no soportó permanecer alejado de ella durante la campaña.[52] El cronista añadió que Xicohténcatl había abandonado el ejército en otras dos ocasiones y que ambas ausencias le habían sido perdonadas. Después de una nueva retirada, Cortés presentó una queja ante los gobernantes tlaxcaltecas y, con su consentimiento, ordenó que lo ahorcaran en Tetzcoco.[52] Torquemada también recogió la explicación relacionada con una mujer, aunque señaló que otras personas atribuían el regreso al propósito de perjudicar a los españoles.[4]

Las crónicas interpretaron además la salida como una infracción militar. Muñoz Camargo afirmó que las leyes tlaxcaltecas castigaban con la muerte a quienes abandonaban una campaña y señaló que Cortés acusó a Xicohténcatl de deserción y traición.[53] Según su relato, las autoridades de Tlaxcallan aceptaron la aplicación del castigo, enviaron al capitán como prisionero y obtuvieron el consentimiento de Huehue Xicohténcatl para ejecutar a su hijo.[53] Bernal Díaz también presentó la salida como una rebelión contra las órdenes de Cortés y los compromisos militares asumidos por Tlaxcallan. En su versión, el joven rechazó las solicitudes de regresar y sostuvo que la dominación española no habría avanzado si su padre y Maxixcatzin hubieran seguido sus consejos.[54][55]

Captura y ejecución

Bernal Díaz afirmó que Cortés envió primero a cinco personajes de Tetzcoco y dos tlaxcaltecas para solicitar el regreso de Xicohténcatl mediante advertencias, promesas y recompensas.[55] Ante la negativa del capitán, el conquistador despachó a un alguacil, cuatro jinetes y otros cinco personajes de Tetzcoco para capturarlo.[55] Según el soldado cronista, Cortés ordenó que lo ahorcaran sin otro procedimiento, pese a que Pedro de Alvarado solicitó su perdón. Aunque respondió que examinaría la petición, mantuvo en secreto la orden de ejecución.[55]

Las fuentes ofrecen versiones distintas sobre el lugar del ahorcamiento. Bernal Díaz lo situó en una población no identificada sujeta a Tetzcoco,[56] mientras que Muñoz Camargo afirmó que Cortés lo ejecutó públicamente en Tetzcoco, ante los ejércitos y los principales dirigentes.[10] Gómara, en cambio, ubicó la muerte en Tlaxcallan y la relacionó con las conspiraciones anteriores contra los españoles.[4][57] Bernal Díaz rechazó expresamente esta versión y sostuvo que Xicohténcatl murió cerca de Tetzcoco durante los preparativos del sitio de México-Tenochtitlan.[56]

También existen diferencias sobre las personas que intervinieron en la captura y el cumplimiento de la sentencia. García Granados recogió una versión de Torquemada según la cual el capitán Juan Pérez participó en la ejecución, además de otros relatos que atribuyen la captura o el cumplimiento de la orden a distintos enviados de Cortés.[4]

Fecha de muerte

Las fuentes ofrecen cronologías distintas para la ejecución de Xicohténcatl. Bernal Díaz afirmó que su muerte retrasó un día la salida de las divisiones españolas y tlaxcaltecas, cuya marcha situó el 13 de mayo de 1521; por lo tanto, la secuencia de su relato permite ubicar el ahorcamiento alrededor del 12 de mayo, aunque el cronista no indicó expresamente esa fecha.[56] Hassig, en cambio, situó la salida del capitán y su ejecución en abril de 1521,[2] mientras que Muñoz Camargo no proporcionó un día ni un mes específicos y únicamente colocó el acontecimiento durante los preparativos de la campaña final contra México-Tenochtitlan.[10]

Sucesión

Después de la muerte de Axayacatzin Xicohténcatl, Muñoz Camargo colocó en el señorío a un sucesor llamado Teuhtlipitl y Tzehecatzin, del cual afirmó que vivió poco; posteriormente lo sucedió su hermano Motenehuatzin Xicohténcatl.[10] Por su parte, García Granados recogió una tradición según la cual un hijo de Xicohténcatl debía asumir el gobierno, pero sus adversarios cuestionaron la sucesión porque consideraban que el descendiente de quien calificaban como traidor podía comportarse del mismo modo que su padre.[4]

Interpretaciones historiográficas

Estatua de Xicohténcatl Axayacatzín, en la plaza del mismo nombre en la capital tlaxcalteca.

Las narraciones coloniales presentaron generalmente a Xicohténcatl como un dirigente desleal a las decisiones colectivas de Tlaxcallan. Muñoz Camargo lo caracterizó como sedicioso y contrario a la república,[47] mientras que Bernal Díaz lo describió como conspirador persistente y enemigo de los españoles.[58][56] Torquemada, aunque reconoció su valor durante los enfrentamientos iniciales, justificó posteriormente su muerte como castigo por abandonar la campaña.[4] De este modo, la tradición colonial tlaxcalteca incorporó su ejecución a una narración que destacaba la fidelidad de Tlaxcala hacia la Corona española.[2][4] García Granados recogió además una lámina del Lienzo de Tlaxcala en la que un personaje identificado como Ojeda captura al capitán, acompañada por una anotación que lo calificaba como espía y traidor.[4]

Después de las independencias hispanoamericanas, diversos escritores e historiadores reinterpretaron al personaje como defensor de la libertad indígena y convirtieron su oposición a Cortés en un antecedente de la resistencia contra el colonialismo español.[2][13] Esta lectura alcanzó una de sus expresiones principales en la novela anónima Jicoténcal, publicada en Filadelfia en 1826, que presentó al joven capitán como defensor de la república tlaxcalteca y narró la conquista desde una perspectiva antiespañola, mediante ideales republicanos y referencias a la Antigüedad clásica.[13][59][60] Geoffrey Mitchell interpretó la obra como una alegoría contra el despotismo de Fernando VII y señaló que su autor recurrió a Tlaxcala para defender el gobierno republicano y cuestionar la monarquía española.[13] Dentro de la historia literaria, Luis Leal la consideró la primera novela histórica escrita en castellano, mientras que Antonio Castro Leal la describió como la primera novela indigenista publicada en el continente americano.[13]

Ross Hassig rechazó tanto la imagen colonial del traidor como la representación decimonónica del héroe nacionalista. El historiador situó la actuación de Xicohténcatl dentro de un sistema político dividido por rivalidades entre casas señoriales, cabeceras y dirigentes, por lo que consideró que su oposición a determinadas decisiones no constituía necesariamente una resistencia indígena unificada.[2] Asimismo, propuso que Cortés pudo buscar la eliminación de un dirigente capaz de modificar la política tlaxcalteca después de la muerte de Maxixcatzin y que la acusación de deserción proporcionó una justificación jurídica y militar para una ejecución relacionada también con cálculos políticos.[2] Desde esta perspectiva, describió su muerte como un acto de violencia política presentado bajo la apariencia de justicia militar y señaló que Cortés se benefició de la desaparición de un capitán que había cuestionado su presencia y podía movilizar una parte considerable de las fuerzas de Tlaxcallan.[2] En lugar de identificarlo exclusivamente como traidor o precursor anticolonial, Hassig lo presentó como un actor que procuró defender su posición, los intereses de Tizatlán y los de Tlaxcallan dentro de un escenario de alianzas cambiantes.[2]

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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