Aglauro
hija de Cécrope en la mitología griega
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En la mitología griega, Aglauro (en griego antiguo, Ἄγλαυρος: Áglauros) era una de las tres hijas de Cécrope, el primer rey de Ática. Su madre fue Agraulo, hija de Acteo, y sus hermanas Herse y Pándroso. De Aglauro y Ares, nació Alcipe. A esta trató de violarla Halirrotio pero fue descubierto y muerto por Ares. Poseidón lo acusó, y Ares, juzgado en el Areópago de Atenas por los doce dioses, fue absuelto.[1]

En las versiones tardías, la de los atidógrafos, se le llama Agraulo (Ἄγραυλος, Ágraulos),[2] y se dice que fue madre de Cérix en su unión con Hermes.[3] A veces tanto madre como hija se llaman Agraulo;[2] por lo demás es más común la forma ‘Aglauro’ para referirse a la hija y no la madre.[4] Pausanias nos dice que Aglauro y sus hermanas eran veneradas durante las Arreforias de Atenas; en este caso las dos grafías —Aglauro y Agraulo (metátesis)— se refereían a la hija de Cécrope.[5] Al menos una versión la llama Fénice (gr. Φοινίκη), hija de Acteo, y dice que había muerto doncella y Acteo, en su honor, dio nombre al alfabeto fenicio.[6]
Mitología
En una ocasión Hefesto intentó violar a la diosa Atenea, pero ésta lo rechazó. El semen del dios cayó en la tierra, fertilizándola, y de esta manera nació Erictonio, el futuro rey de Atenas. No queriéndolo para sí, Gea entregó el bebé a Atenea, que al no querer ver manchada su reputación de diosa virginal, lo metió en una canasta cerrada y lo entregó a Aglauro y a sus hermanas Herse y Pándroso con la expresa prohibición de que lo abrieran. Pero Aglauro y Herse no pudieron contener su curiosidad y destaparon la cesta. Al ver al pequeño Erictonio, que tenía la mitad del cuerpo con forma de serpientes, las dos hermanas se volvieron locas y se suicidaron arrojándose desde la Acrópolis de Atenas[7] o, según Higino, desde un acantilado.[8]
También es posible que en su muerte interviniera la serpiente que estaba enroscada en el cuerpo de Erictonio. También se cuenta que Atenea se enteró de que las hermanas habían abierto la canasta cuando transportaba una enorme roca con la que pensaba reforzar la Acrópolis. Airada por la desobediencia, la arrojó sobre las desdichadas princesas, que quedaron sepultadas bajo lo que desde entonces es el monte Licabeto.[9]

Ovidio, sin embargo, hace que las hermanas sobrevivan a este incidente pero no sin escapar de la ira de los dioses: estando Hermes en la ciudad durante las celebraciones de las Panateneas, se enamoró de Herse y pidió a Aglauro que hiciese de mediadora. Atenea envió entonces a la Envidia (Invidia), para que se apoderara de Aglauro. Ésta, previendo un matrimonio feliz de su hermana con su anterior amante, no sólo no colaboró con Hermes, sino que se interpuso en su voluntad, impidiéndole que entrara en su casa para ver a Herse. Enfurecido, el dios mensajero la transformó en una roca negra.[10]
En la religión griega
En realidad las tres hijas de Cécrope eran adoradas en Atenas durante las Arreforias como diosa provechosas para la agricultura.[5] A Aglauro se la relaciona con el término aglaós (ἀγλαός) o agrós (ἀγρός), esto es, el ‘aire puro’ o el ‘campo abierto’ del Ática.[11]
Existe una tradición alternativa, recogida por el historiador Filócoro y conservada por compiladores como Plutarco y la Suda, que ofrece una visión totalmente heroica del personaje de Agraulo (o Aglauro): Atenas se hallaba inmersa en una larga y devastadora guerra que estaba minando su prosperidad. Al consultar el oráculo, este respondió que la guerra cesaría únicamente si alguien se sacrificaba de forma voluntaria por el bien de la comunidad. Movida por el patriotismo,[12] Agraulo se ofreció como víctima y se arrojó desde lo alto de la Acrópolis, logrando así la salvación de su ciudad.[13] Por este motivo, los atenienses, en señal de gratitud, celebraron desde entonces festivales y misterios en su honor, y le construyeron un santuario (el Aglaureio) en el mismo lugar de su muerte.[14] Allí, los jóvenes atenienses (llamados efebos) prometían defender su patria hasta el final en la ceremonia oficial en la que se les armaba como guerreros por primera vez, poniendo a la propia heroína como testigo principal de su juramento militar.[15]
Porfirio afirma que Aglauro también era venerada en Chipre, donde se le ofrecían incluso sacrificios humanos. La víctima era conducida al templo y tras dar tres vueltas alrededor del altar, el sacerdote le atravesaba el cuerpo con una lanza y mandaba que lo quemasen inmediatamente. Dífilo, rey de Chipre en tiempos de Seleuco, derogó esta costumbre, sustituyendo la víctima humana por un toro.[16]