Gea

personificación de la Tierra en la mitología griega From Wikipedia, the free encyclopedia

En la mitología griega, Gea,[1] Gaya[2] (alternativamente Gaia)[3][4] o simplemente Tierra[5] (en griego: Γῆ, ; o Γαῖα, Gaĩa; Χθών, Chthōn)[6][7] es la diosa y personificación de la «Tierra».[8][9][10][11][12] Se trata de una deidad primordial considerada el arquetipo de la «madre tierra» en la cultura clásica.[13] La Tierra es la progenitora fecunda y antepasada común de todos los dioses, hombres y seres vivos. Esta faceta viene expresada en sus numerosos epítetos, entre ellos Γαῖα Εὐρυστέρνουσα («Gea de amplio pecho»), Μήτηρ Πάντων («madre de todos»), Πανμᾶτερ («madre de todo»), Γαῖα Μήτηρ («madre Tierra»), Παντότροφος («que a todos nutre»), Θεὰ Γαῖα («diosa Tierra») o Παμμήτειρα («madre universal»).[14]

Gea, por Anselm Feuerbach (1875). Fresco del techo de la Academia de Bellas Artes de Viena.

En los textos cosmogónicos, como era de esperar, tiene una mayor influencia, y en ellos parece ser simplemente la divinización del suelo. Se trata de la plataforma fija o el escenario donde va a sucederse el acto de la creación. Así en los poemas hesiódicos se la refiere como el suelo estable en donde habitan los inmortales desde el Olimpo.[15] Gea ya aparece como personificación divina en los poemas homéricos, pues como diosa ctónica o telúrica se le sacrificaban ovejas negras y se la invocaba con juramentos golpeando la tierra con las manos.[16] Su equivalente en el mitología romana era Terra o Tellus, aunque en ambos casos suele traducirse como «Tierra».[17]

Diosa primordial

Gea era considerada como una de las deidades primordiales, brotada espontáneamente sin intervención sexual.[18] Tan sólo unas pocas fuentes nos hablan de algunos primordiales que engendraron a Gea, aunque estas versiones son oscuras o muy tardías. Así, en las tradiciones órficas, la tierra se formó a partir del lodo primordial que surgió de las aguas primordiales, aunque la fuente nos habla en calidad de la tierra como elemento, no como divinidad.[19] También dicen que la Noche y Fanes engendraron a Gea y a Urano.[20] O bien la parte superior del huevo cósmico formó al Cielo (Urano) y la inferior a la Tierra (Gea).[21]

En las Fábulas se dice que el Cielo (Caelus), la Tierra (Terra) y el Mar (Mare) nacieron de la unión del Éter (Aether) y el Día (Dies; personificación femenina).[22] En otras cosmogonías se dice que cuando Eros hubo combinado todos los elementos de la creación nacieron el Cielo, el Océano, la Tierra y la raza de los dioses.[23] Otros dicen que Ctonia (Χθονίη), junto con Zas y el Tiempo siempre habían existido. A continuación, Zas fecunda a Ctonia, uniéndose en matrimonio y, desde entonces, pasaría a llamarse Gea (Γῆ). En el tercer día de la creación, Zas, ya como Zeus, le regala a Ctonia un manto decorado con los motivos de la Tierra y el Ogeno (Océano).[24][25] Boccaccio, fuera de la cultura clásica, imaginaba a la Tierra como hija de Demogorgón.[26]

En la Teogonía

La Teogonía de Hesíodo es el texto mitográfico donde más se menciona y desarrolla la figura mitológica de Gea. La narración comienza contando que, al principio de los tiempos, existió el Caos y después, surgió Gea «de amplio pecho», la sede eterna de los dioses del Olimpo.[27] Sin unirse con nadie («sin mediar el grato comercio»), Gea alumbró a Urano —el «cielo» estrellado—, con sus mismas proporciones. Después alumbró a los oreos —las «montañas»—, morada de las ninfas de los montes. Y en último lugar alumbró a Ponto —el «mar»—, infructuoso y de agitadas olas.[28]

Tras este acto de creación, Urano se erigió como el primer rey que dominó todo el universo.[29] Así la Tierra, ‘primera de las novias’, y el Cielo, ‘morada de los dioses’, se unieron como la primera pareja.[30] Primeramente Gea alumbró a los Titanes:[31]

«Acostada con Urano, alumbró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe de áurea corona y a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre».

Después de estos doce hijos Gea alumbró para Urano a los soberbios Cíclopes; estos eran semejante a los demás dioses pero poseían un solo ojo redondo en medio de la frente. La fuerza, el vigor y la habilidad eran los rasgos que presidían todos sus actos. Sus nombres eran Brontes, Estéropes y Arges; estos le regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo.[32]

Finalmente de Gea y Urano nacieron sus hijos más jóvenes, los Hecatónquiros, así llamados porque eran unos monstruosos engendros de «cien manos» y cincuenta cabezas. Eran terribles y poderosos debido a su fuerza inconmesurable, y se llamaban Coto, Briareo y Giges.[33] Urano, debido a la inmensa fuerza de sus últimos hijos, superior a la suya, temía ser destronado.[34]

Pues bien, todos los Uránidas («hijos de Urano») estaban desde siempre irritados con su padre. Cada vez que alguno estaba a punto de nacer, Urano los retenía ocultos en el vientre de Gea, sin permitirles ver la luz, y se complacía cínicamente con su cruel acción.[35] Urano había encadenado a los Cíclopes[36] y Hecatónquiros en el Tártaro.[37] Gea, casi al borde de estallar, se lamentaba en su interior y urdió un plan astuto. Forjó de inmediato una enorme hoz de acero brillante (un pedernal o adamanto) y explicó su estrategia a sus hijos. Con valor, pero afligida en su corazón, les dijo: —¡Hijos míos, si seguís mis instrucciones, podremos vengar el ultraje de vuestro cruel padre![35]

Al escucharla, un temor se apoderó de todos, y ninguno se atrevió a responder. Sin embargo, Cronos, de mente retorcida y armado de valor, fue el único que contestó: —Madre, yo prometo llevar a cabo esta empresa, pues no siento piedad por nuestro abominable padre—. Gea se alegró enormemente: colocó en sus manos la hoz afilada y situó astutamente a su hijo en una emboscada.[38]

Entonces llegó Urano durante la noche y se echó sobre Gea ansioso de amor. Cronos, saliendo de su escondite, logró alcanzarlo con la mano izquierda, mientras con la derecha empuñaba la enorme hoz. Con rapidez, segó los genitales de su padre y los arrojó detrás de él. Urano, herido, empezó a sangrar abundantemente. Una parte de las gotas cayeron sobre por Gea; al transcurrir un año, la Tierra alumbró a las poderosas Erinias, a los enormes Gigantes armados con lanzas, y también a las ninfas que se hacen llamar Melias.[39]

Tras la castración de Urano, Gea se unió a su hijo Ponto. De ellos nació primero el benévolo, justo y sabio Nereo, conocido como el ‘Anciano de mar’. Y hermanos de Nereo fueron el enorme Taumante, el arrogante Forcis, la hermosa Ceto y la despiadada Euribia.[40]

Tras la caída de Urano, Gea propició el regreso de sus hijos, los Titanes, desde el Tártaro, y ellos confiaron el poder a Cronos como nuevo soberano divino.[41] No obstante, Cronos resultó ser tan cruel como Urano. Rea, embarazada de Cronos, sufría al ver cómo su esposo engullía a sus hijos nada más nacer. Pues Urano y Gea le habían revelado a Cronos que era su destino sucumbir a manos de su propio hijo. Cuando Rea estaba a punto de dar a luz a su último hijo, Zeus, suplicó a sus padres que le ayudaran a urdir un plan para ocultar su alumbramiento. Así se vengaría de la violencia de Crono contra Urano y contra sus propios hijos. Gea y Urano escucharon atentamente a su hija y la pusieron al corriente de cuanto estaba decretado que ocurriera respecto a Cronos y a Zeus. Entonces la enviaron a Licto, a un rico pueblo de Creta, cuando ya estaba a punto de dar a luz, y allí Gea cuidó y crio al infante Zeus.[42]

Más tarde, Zeus, guiado por Gea, hizo vomitar a la prole que había devorado Cronos. También Zeus liberó de sus cadenas a los Cíclopes y estos le regalaron el trueno, el rayo y el relámpago que antes tenía ocultos Gea en sus entrañas.[42] Entonces estalló la Titanomaquia, que enfrentaba a los hijos de Urano contra los hijos de Cronos. Gea, de nuevo, aconsejó a Zeus liberar de sus cadenas a los Hecatónquiros, pues su fuerza sería la clave para vencer a Cronos y los titanes.[43]

Luego que Zeus expulsó del cielo a los Titanes, Gea concibió a su hijo más joven, el monstruoso Tifón, unida al Tártaro. Había sucedido que Zeus castigó a los Titanes encerrándolos en el Tártaro y Gea sufría al ver a sus hijo privados de la libertad y la dignidad. Tifón se enfrentó a Zeus pero sucumbió a manos del hijo de Cronos. Una vez que Zeus venció a Tifón, Gea animó a los dioses aliados de Zeus para que lo escogieran como nuevo rey de los dioses.[44] Finalmente, Urano y Gea aconsejaron a su nieto Zeus tragarse a su esposa Metis, que estaba embarazada, para evitar que nadie derrocase al nuevo rey de los dioses.[45]

Otros episodios mitológicos

Gea, indignada por el destino impuesto a los titanes tras la Titanomaquia —cuando Zeus y sus hermanos consolidaron el dominio olímpico y castigaron severamente a la generación anterior—, instigó a los gigantes, nacidos de su unión con Urano, a rebelarse contra los nuevos soberanos del cosmos, provocando así la Gigantomaquia. A los dioses se les había vaticinado que no podrían aniquilar a ningún gigante a menos que un mortal combatiera a su lado. Conociendo esto Gea busca una droga para que no pudieran ser vencidos ni por un mortal. Pero Zeus, adelantándose, él mismo destruyó la sustancia. Este episodio no solo expresa la tensión entre generaciones divinas, sino también la persistente voluntad de Gea de intervenir en el equilibrio del poder cósmico cada vez que considera que el orden ha sido alterado de forma injusta.[46]

En la tradición épica, especialmente en los poemas homéricos, Gea aparece integrada en genealogías heroicas que vinculan estrechamente la autoctonía con el poder político. Se la presenta como madre de Erecteo, futuro rey de Atenas, a quien confía a Atenea para su educación, subrayando así la conexión sagrada entre la tierra ática y su linaje real. Asimismo, es considerada madre del gigante Ticio: cuando Zeus ocultó bajo la tierra a su amante Elara para sustraerla a los celos de Hera, el hijo concebido, Ticio, fue gestado en el seno mismo de Gea, lo que explica que algunas versiones lo reconozcan como descendiente directo de la diosa primordial.[47]

La tradición recogida por Pausanias atribuye a Gea la posesión originaria del oráculo de Delfos, ya sea en exclusiva o compartida con su nieto Poseidón. Posteriormente, la diosa habría transmitido ese poder profético a Temis, quien a su vez lo cedió a Apolo, estableciendo así una sucesión que simboliza el paso de una religiosidad ctónica a otra olímpica.[48] En otra versión, cuando el santuario pertenecía aún a Temis, Apolo mató a Pitón —serpiente que custodiaba el lugar— para apoderarse del oráculo, gesto que representa la apropiación violenta de un antiguo culto telúrico por parte de una deidad más joven.[49]

Como gran madre nutricia, Gea desempeñó también el papel de nodriza y protectora de héroes y reyes, entre ellos Aristeo, a quien otorgó la inmortalidad,[50] y Níctimo, rey de Arcadia.[51] En algunos mitos, Gea actúa como principio de transformación y refugio último, integrando en su seno a las figuras que pasan del estado humano o divino al vegetal. Su función maternal se extiende además a relatos de metamorfosis en los que la tierra acoge y transforma a ninfas perseguidas o amadas por los dioses: recibió a Dafne convertida en laurel,[52] transformó a Pitis en pino,[53] acogió a Ambrosía como viña[54] y, para complacer a su hijo Siceo, hizo brotar una higuera.[55] Ferécides dice que cuando Zeus se casó con Hera, Gea les entregó como regalo de bodas unas ramas con manzanas doradas, y Hera, admirada, le pidió a Gea que las plantara en sus jardines cerca del lejano monte Atlas. Estas son las manzanas doradas del jardín de las Hespérides.[56]

No obstante, su carácter protector no excluye la severidad. El único mortal que provocó directamente su ira fue Orión, quien se jactó de poder exterminar a todas las fieras del mundo; para castigar su hybris, Gea hizo surgir un escorpión que terminó con la vida del héroe, recordando así los límites impuestos a la arrogancia humana.[57] Incluso frente al propio Zeus, la diosa supo afirmar su primacía: cuando él intentó aniquilarla con sus rayos porque ella defendía a su hijo Tifón, Gea le advirtió que su desaparición implicaría el retorno del universo al estado primordial del Caos, subrayando que ella constituía el fundamento mismo del orden cósmico.[58]

Finalmente, un escolio tardío relata que, agobiada por el exceso de población y la impiedad creciente de los hombres, Gea pidió a Zeus que aliviara el peso que oprimía su cuerpo. Como respuesta a esta súplica, se desencadenaron grandes conflictos como la guerra tebana y la guerra de Troya, cuya devastación y mortandad redujeron la carga humana que oprimía a la Tierra. De este modo, la diosa aparece no solo como origen y sustento de la vida, sino también como instancia que reclama equilibrio cuando la medida se rompe, reafirmando su papel esencial en la regulación del cosmos y de la historia mítica.[59]

Iconografía y epítetos

En la iconografía

En el arte clásico Gea era representada de dos formas. En las vasijas pintadas atenienses se la mostraba como una mujer entrada en años, medio levantada del suelo. Más tarde, en los mosaicos, aparece como una mujer reclinada sobre la tierra rodeada por un grupo de Carpos, dioses infantes de los frutos de la tierra.[60]

Otras advocaciones

En algunas fuentes Gea tienen otras denominaciomes, especialmente en cuanto a su descendencia, como Ctonia (Χθών, Chthón, «tierra», refiriéndose más concretamente a su relación con el suelo y el subsuelo),[61] Titea (como consorte de Curete; «titán» sería entonces un matronímico)[62] o incluso Tártara (consorte de Tártaro).[63] Como Ctonia (que suele ser traducido como «Tierra»), por ejemplo se la imagina como la progenitora de bestias de naturaleza monstruosa: «esta tierra de monstruos mortales para el hombre, que la Tierra vomitó contaminada».[64] También es conocida como Pandora, esto es, «todos los dones», pues provee de todo lo necesario para que el hombre viva de lo que produce la tierra.[65]

Descendencia y consortes

Más información Consorte, Prole de Gea ...
Consorte Prole de Gea
(ninguno) Urano, Ponto y las Montañas.[66] Otros dicen que también Acmón.[67]
Acmón Hesíodo llama Acmónida a Urano. Gea dio a luz a Acmón y de Acmón nació Urano.[67]
Aqueronte Estige.[68]
Demogorgón Érebo.[69]
Éter
Hefesto Erictonio[72]
Helios Bisaltes,[73] los ríos Aqueloo[74] y Aqueronte,[75] y también los Tritopatores.[76]
Hydros Para los órficos del agua primordial y la tierra se solidificó en el lodo el Tiempo (Crono).[21]
Ladón Dafne[77]
Océano Triptólemo,[78] Creúsa,[79] Aqueloo,[80] las sirenas,[81] las moiras[82] e incluso las harpías (identificándose con las hespérides).[83]
Ponto Nereo, Forcis, Taumante, Euribia y Ceto.[84] Otros dicen que Egeón,[85] los telquines[86] y las harpías.[87]
Poseidón Anteo,[88] Lestrigón[89] Caribdis[90] y las harpías.[87] También de esta unión nacieron varias tribus: los pueblos meláneos (‘negros’), etíopes, catudeos, pigmeos y lestrigones.[91]
Skotos Lo poseen las Erinias, temibles diosas hijas de Evónime, la Tierra[92] y de lo Oscuro (Skotos).[93]
Tártaro
Urano
Zeus Manes[116] y el Genio.[117] Aunque Gea no es mencionada directamente, la tierra impregnada con el semen de Zeus hizo brotar a los centauros de Chipre[118] y a Agdistis.[119] En la cosmogonía de Ferécides Zas se desposa con Ctonia y ambos pasan a llamarse Zeus y Gea; de esta unión nacerían los elementos ordenados de la creación, como los mares, las tierras y los ríos.[24][120]
(desconocido; o ninguno)
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Nacimiento de Erictonio: Atenea recibe al niño de manos de la madre tierra Gea. Hefesto contempla la escena. Cara A de un estamno ático de figuras rojas, 470-460 a. C.

Himnos a la Tierra

Himno homérico a la Tierra

«Voy a cantar a la Tierra, madre universal, de sólidos cimientos, la más augusta, que nutre en su suelo todo cuanto existe. Cuanto camina por la divina tierra o por el ponto, o cuanto vuela, se nutre de tu exuberancia. Por ti se vuelven prolíficos y fructíferos, soberana, de ti depende dar la vida o quitársela a los hombres mortales».[159]

Himno órfico a la Tierra

«Diosa Tierra, madre de los bienaventurados y de los humanos mortales, que a todos alimentas y obsequias, culminadora, destructora de todo, favorecedora de la vegetación, fructífera, rebosante de hermosos frutos, sede del inmortal universo, multifacética doncella, que engendras variados frutos en los momentos dolorosos del parto. Eterna, augusta, de profundo seno, de feliz sino, deidad que disfrutas con el verdor de abundantes flores y suaves aromas y te alegras con la lluvia; en torno a ti, el mundo de múltiples astros rueda con un carácter perenne y con un flujo admirable. Ea, pues, afortunada diosa, con un corazón propicio, acrecienta, por favor, los frutos que producen múltiples gozos, acompañándolo de bienestar durante las estaciones».[160]

Etimología

La palabra griega γαῖα (transliterada gaia o gaea) es una forma colateral de γῆ[161] (ge, dórico γά ga y probablemente δᾶ da),[162] que significa ‘Tierra[163] y es de origen desconocido.[164] Gaia se contrajo muy pronto a ga con el sufijo ia como ma-ia (para dirigirse a las señoras ancianas) y gra-ia (anciana).[165] Aia es una forma poética de gaia que significa ‘tierra’ y en algunos textos es probablemente cognado de la latina avia (abuela).[166] La forma combinatoria de ge γεω- (geo-) se usa en el griego antiguo[167] y en palabras modernas tales como geografía, geología, geometría, etcétera.

La mayoría de los investigadores alemanes asegura que la forma dórica da (‘tierra’) es el elemento de Δαμάτηρ[168] (Da-mater, Deméter: ‘madre tierra’) y Ποτειδάν[169] (Potei-dan, Poseidón: ‘señor de la tierra’), pero esto está discutido.[170] Es posible que da sea un vocativo dórico de Dan Δάν o Zan Ζάν (Zeus),[171] que fue venerado en Creta como Zeus Velcanos (niño Zeus), un hijo local de la Gran Madre minoica.[172] En griego micénico Ma-ka (transliterado también Ma-ga, Madre Gaya) contiene también la raíz ga.[173] Otras palabras griegas que significan ‘tierra’ son ἄρουρα (aroura), del verbo griego αρόω (aroō), ‘arar’[174] y χθών (chthon),[175] que normalmente alude al interior del suelo, de la raíz protoindoeuropea *dhgem.[176]

Interpretaciones

Algunas fuentes, como los antropólogos James Mellaart, Marijas Gimbutas y Barbara Walker, afirman que Gea como la Madre Tierra es una evolución de la Gran Madre del preindoeuropeo, una diosa de la vida y la muerte generosa pero pavorosa, que había sido venerada ya desde el Neolítico en Oriente Próximo, Anatolia y la zona de influencia de la cultura egea, pero también más allá de Malta y las tierras etruscas. Esta teoría levanta controversia en la comunidad académica. La creencia en una Madre Tierra nutricia es a menudo una característica del moderno culto neopagano a la «Diosa», que suele ser vinculado por los practicantes de esta religión con la teoría de la diosa neolítica.

La separación que Hesíodo hizo de Rea y Gea no fue seguida rigurosamente, ni siquiera por los propios mitógrafos griegos. Mitógrafos modernos como Károly Kerényi o Carl A. P. Ruck y Danny Staples, así como una generación anterior influenciada por La rama dorada de James Frazer, interpretan que las diosas Deméter la «madre», Perséfone la «hija» y Hécate la «vieja», como las entendían los griegos, eran tres aspectos de una Gran Diosa anterior, que podría ser identificada con Rea o con la propia Gea. Estas diosas tripartitas son también una parte de la mitología celta y pueden proceder de los protoindoeuropeos. En Anatolia (la actual Turquía) Rea era conocida como Cibeles, una diosa derivada de la Kubaba mesopotámica, la Kebat hurrita o Kepa. Los griegos nunca olvidaron que el antiguo hogar de la Madre Montaña era Creta, donde una figura en parte identificada con Gea había sido venerada como Potnia Theron (Πωτνια Θερων), la ‘Señora de los Animales’, o simplemente Potnia, la ‘Señora’, un apelativo que podría ser aplicado en textos griegos anteriores a Deméter, Artemisa o Atenea.

La llegada de los dioses del Olimpo con los inmigrantes al Egeo durante el II milenio a. C., y la en ocasiones violenta lucha por suplantar a Gea, imbuye a la mitología griega de su característica tensión. Ecos de la fuerza de Gea persisten en la mitología de la Grecia clásica, donde sus papeles están divididos entre Hera, consorte de Zeus, Deméter, Artemisa, gemela de Apolo, y Atenea.

En Roma la diosa frigia importada Cibeles fue venerada como Magna Mater, la ‘Gran Madre’, o como Mater Nostri, ‘Nuestra Madre’, e identificada con Ceres, la diosa romana de la agricultura que era aproximadamente equivalente a la griega Deméter, pero con diferentes aspectos y adorada con diferentes cultos. Su culto fue llevado a Roma tras un augurio de la Sibila de Cumas sobre que Aníbal el cartaginés no sería derrotado hasta que dicho culto llegase a Roma. Como resultado fue una divinidad favorita de los legionarios romanos y su culto se extendió desde los campamentos y colonias militares romanas.

En la teoría ecológica moderna

Este nombre mitológico fue rescatado en 1979 por James Lovelock para su hipótesis Gaia. La hipótesis propone que los organismos vivos y las materias inorgánicas forman parte de un sistema dinámico que da forma a la biosfera de la Tierra. La propia Tierra se considera un organismo con funciones autorregulatorias y que modifica activamente su composición interna para asegurar su supervivencia.[177]

Véase también

Notas

Bibliografía

Enlaces externos

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