El balneario fue promovido en la década de 1860 por iniciativa de Braulio Fernández,[3] que constituyó una sociedad para llevar a cabo el proyecto. La compra de los terrenos y las obras se realizaron entre 1862 y 1864, siendo encargado el diseño del edificio al arquitecto Jerónimo de la Gándara.[4] El establecimiento abrió sus puertas al público en 1865, tras completar las obras y declarar sus aguas de utilidad pública.
El edificio balneario estaba situado a pocos minutos de la villa de Escoriaza y, al igual que otros centros termales de la época, contaba con una fonda para alojar a los visitantes y un departamento balneario con instalaciones de baños. La estructura principal del inmueble tenía varios cuerpos con planta baja, piso principal y segundo piso conectados por una galería abierta con balconaje de hierro, que ofrecía vistas al entorno y servía de mirador.
El balneario aprovechaba manantiales de aguas sulfurosas, que eran valoradas por sus presuntas cualidades medicinales —típico de los establecimientos termales del siglo XIX— y atraían a visitantes que buscaban curación o alivio de diversas dolencias, así como descanso y recreo.[5]
Durante los primeros años, el Balneario de Escoriaza gozó de una clientela creciente, con varios centenares de bañistas cada temporada. Las memorias oficiales de temporadas de 1885 y 1886 reflejan actividad organizada y atención médica, lo que indica la relevancia que alcanzó el establecimiento en el contexto termal guipuzcoano.[1]
La actividad del balneario se vio afectada por diversos factores, entre ellos las convulsiones políticas del último tercio del siglo XIX y acontecimientos desafortunados. En 1879, falleció en el balneario la infanta María Pilar de Borbón, hermana del rey Alfonso XII, lo que causó un descenso significativo de la clientela y contribuyó a la decadencia del establecimiento hasta su cierre en 1894.[6]
Después de su cierre, las instalaciones del antiguo balneario fueron adquiridas por la Compañía de María (marianistas) para uso como seminario de formación de religiosos, adaptándose a una nueva función distinta a la original.[7]
El Balneario de Escoriaza fue parte de la expansión del termalismo en el País Vasco durante el siglo XIX, cuando la región contó con numerosos establecimientos balnearios que atraían a la nobleza, la alta sociedad y visitantes procedentes de otras zonas de España.[8]