En Chile, las transferencias electrónicas de fondos (TEF) fueron implementadas en 2008 y se caracterizan por su alta interoperabilidad entre bancos nacionales, bajo costo y uso masivo, en comparación con otros países.[6] El sistema permite transferencias directas entre cuentas de distintos bancos mediante el uso del RUT y RUN como identificador principal, sin necesidad de intermediarios adicionales, lo que ha facilitado su adopción tanto por personas naturales como por empresas. A diferencia de otros países, donde las transferencias interbancarias pueden implicar comisiones elevadas, demoras o el uso de plataformas externas, en Chile estas operaciones suelen ser gratuitas, inmediatas o de rápida ejecución, y están ampliamente integradas en la banca digital, donde cada banco ofrece sus propias plataformas digitales, como aplicaciones móviles, para poder ejecutarlas.[7] Este modelo ha contribuido a una menor dependencia del efectivo y a una alta bancarización relativa, aunque persisten brechas de acceso en sectores no bancarizados o con menor alfabetización digital. Los bancos suelen imponer restricciones para el primer envío a una cuenta no registrada y topes diarios, dependiendo el tipo de cuenta, para evitar fraudes y robos.[8]
En 2016, un reporte de la SBIF reveló que existían 17 millones de cuentas de ahorro con 9,9 millones de titulares, es decir, que existe al menos una cuenta por chileno y un 57% del total de la población nacional (según el censo de 2017), poseía una o más cuentas de ahorro. No obstante, según informes emitidos por la misma institución reguladora en 2018, reflejaron que la tendencia de ahorro de los chilenos es a la baja, siendo la tercera edad y las mujeres el grupo etáreo y sexo que más ahorra en el país.[9] La población casada ahorra en promedio más que la población soltera.[10] Los hogares nacionales ahorran un 8,9% en promedio de su ingreso disponible, por debajo de la media de los países OCDE (11,21%), en su mayoría en una sola institución financiera de su confianza.[11]
Excluyendo las cuentas de ahorro individual previsionales para jubilación (capitalización individual), administradas por las administradoras de fondos de pensiones de Chile (AFP), que también son un tipo de ahorro a plazo pero obligatorio, los chilenos ahorran a plazo de manera voluntaria mediante productos que les ofrece la banca y otras instituciones financieras. Según un reporte de la SBIF en 2018, reflejó que los bancos son las instituciones financieras que más administran los ahorros voluntarios (frente a las cooperativas de ahorro y crédito).[10]
En 2018, Chile poseía 22,3 millones de tarjetas de débito activas en el país, siendo el servicio bancario más usado a nivel nacional en número de transacciones en el comercio.[12]
En marzo de 2012, se contabilizaban en Chile 5,5 millones de tarjetas de crédito, siendo el Banco Santander Chile, el Banco de Chile y el Banco del Estado de Chile los tres principales organismos emisores de este tipo de tarjetas en el país.[5]
Durante los años 2010, comenzó la aparición de los primeros monederos electrónicos en Chile, de los cuales se permiten acceder a una de las modalidades de pago móvil principalmente, a través de la utilización de aplicaciones en teléfonos inteligentes diseñadas por los diferentes bancos que operan en el país. Asimismo, Chile lidera a nivel latinoamericano en el uso de este tipo de teléfonos móviles.[13] En 2016, el BancoEstado lanzó su aplicación «PagoRut» (asociada a la CuentaRut), siendo una de las primeras en el país que permitía el pago y cobro entre teléfonos móviles, generando un código QR para realizar las transacciones.[14] Por otra parte, Chile y Brasil son los dos únicos países latinoamericanos donde se encuentra disponible Google Pay, la opción de pagos de Google.[15]
A fines de los años 2010, comenzaron a aparecer en el país las primeras tarjetas de prepago virtuales de las dos más grandes financieras crediticias internacionales, Visa y Mastercard, con el respaldo de entidades financieras nacionales, como una forma de ampliar el mercado de pagos, especialmente del comercio electrónico, en el cual en muchos de ellos, es indispensable ser el titular de una tarjeta de crédito para poder concretar una transacción comercial. Algunas de ellas fueron habilitadas como un servicio adicional a las aplicaciones de pago móvil de entidades financieras, como Mach (Banco de Crédito e Inversiones), Superdigital (Banco Santander Chile) y Dale! (Coopeuch).[16] Con respecto a empresas internacionales, la compañía Payoneer envía a Chile su tarjeta física de prepago MasterCard, permitiendo hacer compras bajo el sistema de Transbank.[17]
Según el Informe de Endeudamiento de 2020, publicado por la Comisión para el Mercado Financiero, el 22,5% de los deudores chilenos poseía hasta dicho año una deuda de crédito hipotecario, la cual correspondía al 70,2% de la deuda total de los clientes bancarios en Chile.[18]