Brecha digital en Chile

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La brecha digital en Chile se refiere a las desigualdades existentes entre personas, grupos sociales y zonas geográficas en el acceso, uso y calidad de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), particularmente en lo relativo a la conectividad a Internet, las competencias digitales y el aprovechamiento de los servicios digitales.[1] Estas diferencias influyen en ámbitos como la educación, el trabajo, la participación ciudadana y el acceso a servicios públicos, y están asociadas a factores socioeconómicos, geográficos, etareos y culturales.[2]

Encuesta de la Subsecretaría de Telecomunicaciones sobre el acceso a Internet domiciliario en Chile entre 2015 y 2017

A nivel latinoamericano, Chile se ubica entre los países con mayores niveles de acceso y penetración de tecnologías digitales, destacando en indicadores como la conectividad a Internet, la alta tasa de uso de teléfonos inteligentes, la cobertura de líneas telefónicas móviles y fijas, así como la disponibilidad de infraestructura de telecomunicaciones.[3] No obstante, pese a estos avances, persisten brechas significativas en el acceso efectivo, la calidad del servicio y las competencias digitales entre distintos grupos de la población y zonas geográficas del país.[4]

En contraste con la comparación a nivel regional, al analizar los mismos indicadores y proporciones en relación con el resto de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Chile se sitúa en una posición intermedia, con altos niveles de acceso a Internet y dispositivos digitales, pero con brechas persistentes en el uso avanzado, la calidad de la conectividad y las competencias digitales, especialmente en grupos socioeconómicos vulnerables y en zonas rurales.[1]

Brecha digital por tipo

Brecha geográfica

Chile ha avanzado en la expansión de la cobertura de conectividad y acceso a Internet en gran parte de su territorio nacional a través de múltiples sistemas de transmisión y una infraestructura diversificada que incluye redes de fibra óptica y tecnologías móviles. Sin embargo, persisten diferencias significativas entre zonas urbanas y rurales: mientras la mayoría de los hogares urbanos cuenta con acceso a Internet de alta velocidad, en las zonas rurales este acceso es menor y con menor calidad de servicio, debido a la falta de infraestructura adecuada y mayores costos de despliegue de redes, como también por factores climáticos en zonas aisladas y extremas del país. Las zonas con menor conectividad digital en Chile son denominadas zonas rojas, debido a sus bajos niveles de acceso a Internet y a la limitada disponibilidad de infraestructura de telecomunicaciones, lo que dificulta el acceso regular a servicios digitales, educativos y administrativos, especialmente en áreas rurales o de baja densidad poblacional. [5]

Gracias a la instalación de cables submarinos de fibra óptica, se ha contribuido de manera significativa a reducir la brecha digital, al permitir un acceso a internet más veloz, estable y con mayor cobertura territorial, especialmente en países y regiones geográficamente alejadas de los grandes centros de datos, como lo es Chile. En este contexto, proyectos como el cable Humboldt, que conectará Chile con AsiaOceanía; el cable Prat, que conecta las ciudades de Arica y Puerto Montt; el cable Mistral, orientado a fortalecer la interconexión digital entre Sudamérica y Centroamérica; y el cable Curie, que une América del Sur con la costa oeste de Estados Unidos, han mejorado la capacidad de transmisión de datos, la redundancia de las redes y la resiliencia de las telecomunicaciones, favoreciendo la integración digital, el desarrollo económico y el acceso equitativo a servicios digitales.[6]

En 2024 se publicó la primera versión del Índice de Digitalización Comunal, un estudio elaborado por el Núcleo Milenio de Desigualdades y Oportunidades Digitales, integrado por investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad de Chile, la Universidad Diego Portales y la Universidad Mayor, que mide distintos indicadores de acceso y uso de Internet a nivel comunal en Chile y elabora un ranking comuna por comuna. La muestra reveló la persistencia de una brecha significativa entre comunas urbanas y rurales, tanto en niveles de conectividad como en calidad y uso efectivo de los servicios digitales.[7]

Brecha por edad

La edad es uno de los factores que más influye en la desconexión digital en Chile, con un mayor porcentaje de hogares liderados por personas mayores de 60 años sin acceso a Internet o con habilidades digitales más limitadas.[8] Esto se evidencia en estudios que muestran que una proporción considerable de hogares sin conectividad está encabezada por adultos mayores, quienes enfrentan mayores barreras para el uso de tecnologías digitales, tanto por falta de habilidades como por desinterés o dificultad en la adquisición de servicios.

De acuerdo con datos de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) 2017, solo el 31,5 % de las personas de 60 años o más utilizaba Internet, y menos del 23 % realizaba trámites en línea, lo que evidencia una brecha digital significativa asociada a la edad, particularmente en el acceso y uso de servicios digitales.[9]

Brecha socioeconómica

Las diferencias socioeconómicas también generan disparidades en el acceso a tecnologías digitales: los hogares con mayores ingresos y nivel educativo tienden a tener mayores tasas de acceso a Internet y dispositivos tecnológicos, mientras que los grupos de menores recursos presentan tasas de conectividad más bajas y menor capacidad para aprovechar plenamente los servicios digitales. Este fenómeno refleja cómo los factores económicos influyen directamente en la capacidad de las personas para adquirir dispositivos, pagar servicios de conectividad y desarrollar competencias digitales.[10]

Brecha empresarial

Existen diferencias significativas entre las pequeñas y medianas empresas (pymes) y las grandes empresas en el acceso y uso de Internet y de tecnologías digitales.[11] Mientras las grandes empresas presentan mayores niveles de conectividad y adopción tecnológica, una parte de las pymes enfrenta limitaciones en infraestructura, costos y capacidades digitales, lo que afecta su incorporación al comercio electrónico, al uso de medios de pago electrónicos —como terminales de punto de venta (POS)—, en una economía altamente bancarizada,[12] y a la digitalización de procesos productivos y administrativos. Estas brechas pueden incidir en la competitividad, el acceso a nuevos mercados y la capacidad de adaptación e innovación de las empresas menos digitalizadas.[13]

Políticas gubernamentales

Véase también

Referencias

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