Barrio de la Magdalena (Ferrol)
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| La Magdalena | ||
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| Barrio | ||
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Calle Real de Ferrol, en la Magdalena.
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![]() | ||
| Coordenadas | 43°28′58″N 8°14′10″O / 43.482774974844, -8.2361422129802 | |
| Entidad | Barrio | |
| • País |
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| • Com. autónoma |
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| • Municipio | Ferrol | |
| Eventos históricos | ||
| • Fundación | 1761 | |
| Superficie | ||
| • Total | 0.28 km²[1] | |
| Población (2021) | ||
| • Total | 5 188 hab.[2] | |
| • Densidad | 1 452 hab./km² | |
| Fiestas mayores | 22 de julio | |
| Patrono(a) | Santa María Magdalena | |
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Bien de interés cultural Patrimonio histórico de España | ||
| Código | RI-53-0000322-00000 | |
| Declaración | 9 de marzo de 1984 | |
La Magdalena es un barrio histórico de la ciudad española de Ferrol construido en el siglo XVIII durante el reinado de Carlos III según los cánones academicistas de la Ilustración.[3][4] El 9 de marzo de 1984, mediante Decreto 28/1984, de la Consejería de Educación y Cultura de la Xunta de Galicia,[5] fue declarado BIC en la categoría de conjunto histórico artístico (DOGA de 22-03-1984).[6]
Diferentes proyectos
Cuando Fernando VI decidió instalar en Ferrol el Astillero Real del Norte de España en 1749, la población era un diminuto caserío agrícola y pesquero,[7] de forma triangular, con un puerto y un tejido urbano típicamente medieval y un área hacia el este más irregular, que correspondía a los asentamientos medievales de la villa en diferentes periodos a lo largo del siglo XIII.[8]
Esta circunstancia atrajo a la pequeña y vieja población a gran número de gentes de todos los oficios dispuesta a trabajar en la construcción del arsenal militar y a proporcionar suministros, que con el tiempo se amplió con la llegada de militares, mandos, funcionarios y otros pobladores.[9]

El resultado fue el crecimiento de un nuevo espacio urbano, que marginaba al Ferrol Viejo con la creación, primero, del barrio de Esteiro,[10] construido en la década de 1750,[11] habitado por obreros vinculados a la construcción naval, y la Magdalena, una ciudad de nueva planta[12] con un trazado acorde con la reglamentación y los modelos imperantes en la época,[8] representativa de la nueva urbe y destinada a ser habitada por una población vinculada al estamento militar,[11] pasando en pocos años de la ruralidad agraria y marinera a la urbanización intensiva de su espacio.[13] A lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII se producía un salto demográfico de gran magnitud en la ciudad. Entre 1752 y 1797, el vecindario aumentó de 1 208 a 4 100 familias,[13] al tiempo que los caseríos de Canido y la Graña perdían importancia.[14]
Consciente de esta situación, el conde de Vega Florida, capitán general de marina del Departamento de Ferrol, dispuso la realización de un proyecto para la nueva ciudad. Así lo recogía José Montero Aróstegui en su Historia y descripción de la ciudad y departamento naval del Ferrol,[15] de 1859:
«Reconociendo el conde de Vega Florida, capitán general de marina del Departamento, la imperiosa necesidad que había de levantar un nuevo pueblo, dispuso la formación de planos, y acudió al Gobierno de S. M., proponiéndole las medidas convenientes para la mas pronta realización de tan útil pensamiento. Sus gestiones fueron atendidas, y por Real órden de 25 de marzo de 1764 el rey D. Carlos III mandó que se llevasen á efecto, fabricándose los edificios según la alineación del plano general aprobado, pagándose a los dueños los terrenos á justa tasación de los peritos, siempre que ellos no quisiesen edificar, y advirtiendo a la Audiencia de la Coruña que no admitiese instancia contraria á aquella disposición.»
El primer proyecto de la nueva ciudad fue el elaborado por el ingeniero José Petit de la Croix en 1751[16] que, a pesar de no haberse realizado, dejó una notable impronta en los sucesivos proyectos que realizaron otros ingenieros como Miguel Marín Truq en 1755 y el firmado conjuntamente por Francisco Llobet y Jorge Juan que sería el que finalmente se aprobase en 1761. Este último proyecto mantuvo las principales trazas del de la Croix, entre ellas su diseño ortogonal, su simetría y la homogeneidad de sus calles.[8] Tras iniciarse la construcción, las obras sufrieron retrasos y en 1765 el proyecto recibió un nuevo impulso con la intervención del ingeniero militar Julián Sánchez Bort que se haría cargo de la empresa y de la remodelación final del barrio que habitarían las más significadas familias de la ciudad.[17]

La nueva construcción urbana, la mayor y más importante de la todavía villa,[nota 1] quedó situada entre el Ferrol viejo y Esteiro. El nombre de la Magdalena lo recibió por el lugar que ocupaba la antigua ermita de ese nombre, que existió hasta mediados del siglo XVIII en el lugar de entrada del arsenal de los Diques.[15]

Pascual Madoz describía así la Magdalena en el artículo dedicado a Ferrol de su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar,[18] de 1847:
«La Nueva población, conocida por el Ferrol nuevo ó la Magdalena, es obra casi contemporánea del arsenal, ocupa un paralelogramo de 300,000 varas cuadradas[nota 2] y los edificios forman 7 calles longitudinales y 9 de travesía unas y otras de 10 varas de ancho,[nota 3] todas sujetas á rigurosa alineación; las manzanas son enteramente iguales y tienen 100 varas de largo[nota 4] sobre 40 de ancho[nota 5]; las 3 calles del centro corren de E. á O. cruzando la del medio por las plazas de armas ó del Carmen y la de Dolores, que se encuentran en ambos extremos, formando un cuadro de 120 varas de longitud[nota 6] con 110 de latitud[nota 7]»
Por su parte, en el libro de viajes Viage ilustrado en las cinco partes del mundo (Tomo II),[19] prologado por Ildefonso Antonio Bermejo y publicado en 1853, se describe la Magdalena, a la que se llama Ferrol nuevo, en similares términos:
«El Ferrol nuevo es por si solo una población lindísima; su planta es un paralelogramo de trescientas mil varas cuadradas, cuya longitud atraviesan siete calles, compuestas de hermosas casas, las que son cruzadas por otras nueve. Todas están tiradas a cordel, y tienen diez varas de ancho. En el Ferrol nuevo se hallan también tres hermosas plazas; las dos primeras, la del Cármen y la de los Dolores, formando cada una un rectángulo de ciento veinte varas de longitud y ciento diez de latitud; en la otra está situada la hermosa casa que sirve de cárcel y ayuntamiento, de que hablaremos después. Las manzanas que forman las casas son enteramente iguales en figura de rectángulo, cuyos lados mayores tienen cien varas de estension y los menores cuarenta. El Ferrol nuevo no data más allá de mediados del siglo pasado, pues se construyó al mismo tiempo que los arsenales.»
Contaba la Magdalena en 1857 con un total de 1114 casas. Montero Aróstegui la describía así:[15]
«Ocupan sus edificios un paralelógramo de unos 250,778 metros, divididos en seis calles longitudinales y en nueve de travesía, unas y otras de 8 metros, 360 milímetros de ancho, todas sujetas á rigurosa alineación. Las manzanas son cuadrilongas, pero enteramente iguales. Cada una tiene 83 metros de largo por 33 de ancho. Hay 44 manzanas enteramente iguales, y principios de otras que están en proyecto. Las seis calles longitudinales se nombran de la Iglesia, y San Simón, Magdalena y san Bernardo, Real y san Benito, Dolores y Galiano, María y Trinidad, y la del Sol. Todas con corta diferencia tienen de longitud 744 metros. (...) Las nueve traviesas no son de igual estensión porque están por concluir, y se distinguen principiando por la parte occidental con los nombres de San Diego ó Argote, Arce, San José, San Máximo, San Eugenio, Canido, Castañar, San Isidro y Carmen, y tienen de longitud 217 metros, á escepción de la de SanDiego ó Argote, que llega hasta cerca del crucero de Canido en una estensión de 267 metros, la de Canido, que llega hasta la puerta de este nombre en otra estensión de 576 metros,; la del Castañar, que aunque no enteramente poblada está abierta hasta la línea d4e fortificación de la plaza en otra estensión igual á la anterior, y por último la de San Eugenio, que se concluyó de romper y alinear en el año de 1825 en otra estensión de 636 metros, para conducir al cementerio los cadáveres que antes se llevaban por la de Canido.»

En los extremos del damero, se proyectaron dos grandes plazas casi cuadradas, de aproximadamente 100 m de ancho en dirección este-oeste y 92 m de ancho en dirección norte-sur, con 9 200 m² de superficie cada una, desembocando en estas plazas las calles Real, Dolores y María y otras perpendiculares.[15] La plaza más occidental se llamó de los Dolores, hoy de Amboage, por encontrarse en el frente oriental la capilla de esta Virgen. Por aquella parte el terreno presentaba bastante pendiente, por lo que hubo que proceder a su desmonte, cuyas obras se iniciaron en 1784 y se concluyeron a finales del siglo XVIII. La otra plaza, de igual dimensión se situó en la parte oriental, denominándose de Armas o del Carmen, por hallarse en el frente oriental la capilla de esta Virgen. Las obras de su apertura, franqueo y desmonte, se ejecutaron en el año de 1807.[15] El 14 de septiembre de 1953 se inauguró en esta plaza el palacio municipal, sede del Ayuntamiento de la ciudad.
Siglo XX
El periodo que va de 1900 a 1936 se caracteriza por el derribo de la muralla del siglo XVIII. Ferrol extiende su trama urbana por medio de ensanches y reordena los viales, los accesos y las infraestructuras, entonces muy deficitarias y el ayuntamiento establece unas ordenanzas municipales para regular el uso y la estructura urbana. Muchos de los primitivos edificios se derriban y se substituyen por construcciones nuevas. En 1900 se crea el puesto de arquitecto municipal para ejercer el control municipal sobre el desarrollo urbanístico y arquitectónico de la ciudad, que desempeñaría por vez primera Nicolás Pérez de Agreda y Álvarez-Pol. Destaca la figura de Rodolfo Ucha Piñeiro, que fue Arquitecto Municipal de Ferrol de 1909 a 1936, y proyectó muchos de los edificios emblemáticos de la Magdalena. Le sucedió en el puesto Nemesio López Rodríguez.[20]
Eclécticismo y modernismo
Entre 1900 y 1920 se practica en la Magdalena de Ferrol la arquitectura ecléctica, asociada a los gustos estéticos de la sociedad y a la de los propios arquitectos que, sin embargo, dependían en su actividad de los requerimientos no siempre innovadores de quienes encargaban los proyectos, aportando algunas realizaciones historicistas. Aún así, la evolución hacia nuevas corrientes estéticas partió principalmente de las viviendas privadas, muchas de ellas de estilo modernista. Hacia el año 1930, la Magdalena mostraba un conjunto de edificios con un aire moderno, al día de las nuevas tendencias que primaban en Europa.[21] De este largo periodo son algunas de las obras de los arquitectos Manuel Riva de Soto, Nicolás Pérez de Ágreda y Álvarez Pol, Pedro R. Marino Ortega, Julio Galán Carvajal (introductor del Modernismo en Ferrol con su proyecto de Dispensario Antituberculoso) y Rodolfo Ucha.

Racionalismo y art déco
En los años 30 del siglo XX la GATEPAC, cuyo fin fue promover la arquitectura racionalista y vanguardista en España dejó su impronta en la Magdalena de la mano de Santiago Rey Pedreira, Peregrín Estellés, Antonio Tenreiro o el mismo Rodolfo Ucha, con aportaciones que, en una suerte de eclecticismo moderno, mezclaba racionalismo con art déco, estética esta que recuperaba el decorativismo y lo asociaba a lo funcional dentro de un criterio vanguardista.[22]

Academicismo
La Guerra paralizó toda iniciativa constructiva[23] y entre 1940 y 1959, periodo de la posguerra española en la que se desarrolló el modelo autárquico, las construcciones de la Magdalena apenas experimentaron cambios respecto a la situación de preguerra.[24] Sin embargo, se produjo una involución urbanística[25] motivada por el uso político del poder en la actividad edilicia, especialmente en las construcciones de carácter público, que adquirieron una estética afín a los propósitos ideológicos del régimen político, mucho más academicista, en contra de las corrientes modernas, asociadas al progresismo. Un ejemplo paradigmático de este periodo es el palacio municipal, sede del Ayuntamiento de la ciudad, de estilo neoclásico imperialista.[26] El edificio, de 1953,[26] obra de los arquitectos Vicente García Lastra y Nemesio López, fue sometido entre 2022 y 2023 a una reforma que eliminó las ventanas abuhardilladas que coronaban el tejado, substituyendo la teja de las cubiertas por zinc, y retiró los pináculos de la torre del reloj.[27] Las arquitecturas de iniciativa privada también manifestaron estas mismas tendencias, si bien en muchos casos degradadas por la permisividad de la Administración que favoreció la especulación permitiendo el derribo de numerosas construcciones antiguas del barrio que fueron substituidas por nuevos edificios de escaso valor arquitectónico.[25]
El 9 de marzo de 1984, el barrio de la Magdalena fue declarado conjunto histórico-artístico,[6][5] previa solicitud ante la «Comisión de Monumentos y Conjuntos Histórico-Artísticos» en 1983.[28]
