Batalla de Lunahuaná
From Wikipedia, the free encyclopedia
La batalla de Lunahuaná se refiere a un conjunto de combates entre las tropas del capitán Mogrovejo de Quiñones y el ejército incaico al mando de Quizu Yupanqui durante la conquista del Imperio incaico. El resultado final fue un triunfo incaico[1] que fue desarticuló al último contingente español que operaba en el área.
- Los españoles pierden la capacidad de socorrer a los sitiados en Cusco
- Inicio de las preparaciones para el sitio de Lima
| Batalla de Lunahuaná | ||||
|---|---|---|---|---|
| Parte de la conquista del Imperio inca | ||||
| Fecha | mayo-junio, 1536 | |||
| Lugar | Paso de Lunahuaná, Perú | |||
| Resultado | Victoria incaica | |||
| Consecuencias |
| |||
| Beligerantes | ||||
| ||||
| Comandantes | ||||
| ||||
| Fuerzas en combate | ||||
| ||||
| Bajas | ||||
| ||||
Antecedentes
Durante la rebelión de Manco Inca contra el dominio español, el líder indígena adoptó una estrategia destinada a debilitar el control de los conquistadores sobre el antiguo territorio imperial. Mientras mantenía el asedio sobre Cusco, Manco despachó a Quizu Yupanqui, junto con los capitanes Illa Túpac y Puyu Vilca, hacia los Andes centrales con el objetivo de extender la insurrección y cortar las comunicaciones enemigas.[2]
Después de triunfar sobre tres expediciones españolas en Huaytará, Parcos y Jauja, el ejército inca decidió atacar a las tropas de Mogrovejo de Quiñones,[3] que contaba con múltiples españoles y auxiliares indígenas [nota 1], sin que estos conocieran la magnitud de la insurrección en la región.
Desarrollo
La expedición avanzó inicialmente por territorios que parecían pacificados. Sin embargo, al llegar a Parcos, Mogrovejo tuvo noticia de la muerte de varios españoles a manos de indígenas. En represalia, ordenó la ejecución de veinticuatro principales del lugar, a quienes mandó quemar vivos, buscando sembrar el terror y garantizar el paso seguro de sus tropas.[6] No obstante, lejos de intimidar a los rebeldes, el castigo exacerbó la resistencia.
Las fuerzas de Quizu Yupanqui, que ya habían aniquilado a casi todos los españoles entre el Cusco y la costa y derrotado diversas expediciones de caballería, concentraron entonces sus ataques sobre la columna de Mogrovejo. A lo largo de los desfiladeros del Mantaro y en las quebradas cercanas a Huamanga, los españoles fueron hostigados de manera constante. En una ocasión quedaron atrapados entre guerreros que dominaban ambas márgenes de un profundo cañón; solo lograron escapar durante la noche, dejando encendidas las fogatas para simular su permanencia en el campamento.[6]
Se produjo un nuevo enfrentamiento con las tropas incaicas antes de que alcanzaran el tambo de Huamanga, donde pudieron divisar las andas que delataban la presencia del propio Quizu al frente de las operaciones. Una vez más, huyeron al amparo de la oscuridad, intentando regresar a la costa a través de las abruptas serranías[6]
Tras múltiples combates en los barrancos del alto Pampas, la expedición encontró su desenlace en el último desfiladero que la separaba del litoral: las alturas de Lunahuaná.[7] Allí, los guerreros indígenas habían preparado una emboscada. Cuando la columna ingresó en el paso, una lluvia de piedras y proyectiles se precipitó sobre los jinetes. La estrechez del camino impedía cualquier maniobra de la caballería. El capitán Mogrovejo, herido tras recibir el impacto de una roca que le destrozó el muslo, continuó combatiendo hasta morir junto a la mayoría de sus hombres.[6]Solo unos pocos supervivientes lograron alcanzar la costa y regresar a Lima.
Consecuencias
La destrucción de la expedición de Mogrovejo constituyó uno de los mayores desastres españoles durante la rebelión de Manco Inca. La victoria consolidó el control inca sobre los Andes centrales y eliminó la última fuerza organizada que intentaba enlazar Lima con el Cusco por esa ruta. A raíz de esta serie de victorias, Manco encomendó a Quizu la misión de destruir Lima. No obstante, el general inca dedicó el mes de julio a persuadir a los indígenas locales para que se sumaran a su causa, consolidando apoyos antes de emprender la ofensiva definitiva.[8]
En Lima, la ausencia de noticias sobre el capitán generó una profunda inquietud. Francisco Pizarro solicitó refuerzos a diversas regiones y temió por la suerte de sus hermanos en el Cusco. Algunos vecinos llegaron incluso a considerar el abandono del territorio ante la magnitud que había alcanzado la insurrección.[1]