Batalla de Nördlingen

batalla entre los tercios españoles y las tropas suecas From Wikipedia, the free encyclopedia

La batalla de Nördlingen (en alemán: Schlacht bei Nördlingen, en sueco: Slaget vid Nördlingen) fue uno de los enfrentamientos armados más destacados de la guerra de los Treinta Años. Se libró entre el 5 y el 6 de septiembre del calendario gregoriano (del 26 al 27 de agosto del juliano) de 1634 cerca de la ciudad de Nördlingen, que estaba sitiada por el ejército del Sacro Imperio Romano Germánico. Para romper el cerco, Gustaf Horn y Bernardo de Sajonia-Weimar lanzaron un contingente de 25 700 sueco-alemanes a una batalla campal contra 33 000 hispano-imperiales de los ejércitos del Cardenal-Infante Fernando y de Fernando III de Habsburgo.

Fecha 5 y 6 de septiembre de 1634
Resultado Victoria decisiva hispano-imperial
Datos rápidos Fecha, Lugar ...
Batalla de Nördlingen
Parte de la guerra de los Treinta Años

La batalla de Nördlingen, por Jan van den Hoecke. Castillo de Windsor.
Fecha 5 y 6 de septiembre de 1634
Lugar Nördlingen, Baviera
Coordenadas 48°48′20″N 10°29′09″E
Resultado Victoria decisiva hispano-imperial
Consecuencias Paz de Praga
Beligerantes
Imperio sueco
Liga de Heilbronn
Sajonia
Bandera del Imperio español Imperio español
Sacro Imperio Romano GermánicoBandera de Sacro Imperio Romano Germánico Sacro Imperio Romano Germánico
Liga Católica
Comandantes
Gustaf Horn (P.D.G.)
Cratz de Scharffenstein (P.D.G.)
Electorado de Sajonia Bernardo de Sajonia-Weimar
Bandera del Imperio español Cardenal-Infante Fernando
Bandera del Imperio español Marqués de Leganés
Bandera de Sacro Imperio Romano Germánico Fernando III de Habsburgo
Bandera de Sacro Imperio Romano Germánico Matthias Gallas
Carlos de Lorena
Fuerzas en combate
Total: 25 700[1][2]
 16 000 infantes
 9700 jinetes
 68-70 cañones
Total: 33 000[3]
 20 000 infantes[nota 1]
 13 000 jinetes
 52 cañones
Bajas
12 000[2][5]-14 000[6]
• 8000 muertos
• 4000-6000 prisioneros
• 54-68 cañones capturados
3500[2][nota 2]
• 1500 muertos
• 2000 heridos
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El terreno presentaba varias colinas de poca elevación que marcaban los puntos clave del combate. Tras tomar las primeras, que sirvieron como obstáculo, las tropas españolas frenaron el avance sueco en el Hesselberg, para después retirarse, por orden del cardenal-infante, al Albuch, donde se entabló el enfrentamiento decisivo de la batalla. Con varios asaltos fallidos, incluso algunos que dieron ilusiones de victoria a los protestantes, las tropas suecas cayeron derrotadas, lo que resultó en un contraataque contra todo el ejército de Horn y Bernardo, que fue derrotado y sufrió la captura de dos de sus tres comandantes principales. La batalla concluyó con la victoria decisiva del ejército hispano-imperial sobre el ejército sueco-alemán y el fin del dominio del Imperio sueco en el sur de Alemania, lo que precipitó la entrada de la Francia del cardenal Richelieu en la guerra.

En Nördlingen fallecieron más tropas suecas que en cualquier otra batalla campal de la guerra en la que participó el Imperio sueco,[9] ya que las bajas del ejército sueco-alemán alcanzaron las 14 000. Con la derrota de la alianza anticatólica llegaron también las consecuencias inmediatas: la retirada de Baviera y, posteriormente, la Paz de Praga. Este conflicto se considera «el final para Suecia» (en este caso, la fase sueca de la guerra) y, en su mayor parte, para su ejército en Alemania.[10] La entrada de Francia fue ante todo una reacción a la derrota total de los suecos, que les hizo perder todo el territorio que habían conquistado en Baviera y casi todos los avances que habían logrado en Alemania.[11]

A pesar de la pérdida de gran parte del ejército protestante, los imperiales no lograron subyugar el norte de Alemania y volvieron a sufrir derrotas en las campañas anti-Habsburgo en los años posteriores a Nördlingen. No obstante, los historiadores suelen analizar el legado de este enfrentamiento como una comparación definitiva entre los modelos militares de infantería sueco y español. Con la victoria del cardenal-infante, se tiende a interpretar el resultado de Nördlingen como prueba de la superioridad del modelo español; sin embargo, otros expertos sostienen que ninguno de ellos era superior al otro, y que el desarrollo de la batalla estuvo determinado por otros factores, como la destreza táctica de los comandantes sobre el campo de batalla.

Antecedentes

Evolución de la teoría militar

Cuando se firmó el Edicto de Restitución el 6 de marzo de 1629 tras el fracaso de la invasión danesa de Cristián IV (derrotado en Lutter y Wolgast), Suecia se vio obligada a intervenir en la guerra por el bando protestante.[12] En preparación para la guerra, Gustavo Adolfo tenía que montar un ejército formidable, ya que el rey apostaba el destino de su país en Alemania a pesar de tener recursos limitados.[13] En 1621, durante las campañas de Gustavo en Polonia, se teorizó por primera vez el modelo sueco.[14] Debido a que sus ejércitos tenían caballería inferior a la de los polacos, los suecos tuvieron que mejorar la infantería para poder combatir eficazmente contra sus enemigos en el campo.[14] Gustavo reorganizó el ejército sueco al crear la brigada sueca en 1623, e introdujo un nuevo modelo táctico de infantería en Europa.[15] Los regimientos suecos estaban formados, en teoría, por mil ocho hombres, equivalentes a dos escuadrones de alrededor de quinientos, similares al batallón neerlandés.[14] El objetivo del modelo sueco era crear unidades de infantería efectivas y flexibles adecuadas para el uso de cualquier general en el campo.[16] En batalla, los suecos se desplegarían en brigadas (lo que dio lugar al término «brigada sueca»), que constaban de cuatro escuadrones de tamaño completo o de más compañías en caso de haber sufrido bajas (en total, unos dos mil hombres en una brigada).[16]

Ejemplos de las formaciones empleadas por los tercios españoles (arriba) y las brigadas suecas (abajo).

En realidad, el tamaño teórico de las unidades suecas no solía representar el tamaño real. Esto se debe a las diferencias en el reclutamiento entre las unidades y a las bajas sufridas durante las campañas.[16] Lo mismo se puede decir sobre el modelo español. En teoría, el tercio tenía un tamaño máximo de tres mil hombres, aunque la mayoría no alcanzaba esa cifra, y los tercios españoles presentes en Flandes en 1633 rara vez superaban los mil quinientos hombres, con una media de 1436 por tercio.[17] En cuanto a las tácticas del modelo sueco, era habitual disparar en salvas contra el enemigo para maximizar la potencia de fuego.[18] Asimismo se había reducido el calibre de los cañones para que la artillería pudiera seguir el ritmo de la infantería.[19] La caballería sueca también mejoró notablemente desde la guerra en Polonia. Los jinetes finlandeses —llamados «hakkapeliitta» o «hackapells» por su grito de guerra— tenían una «temible reputación» y siempre formaban parte del ejército de Gustavo.[20] En 1630, el rey contaba para su ejército y la armada con 43 000 suecos y finlandeses, además de 30 000 mercenarios no pagados.[13]

La fase sueca de la guerra

El 6 de julio de 1630, el ejército sueco desembarcó en Stralsund con unos 13 600 soldados, a los que más tarde se unieron otros contingentes suecos y reclutas alemanes, con un total de 29 000 soldados (a pesar de que una tercera parte estaba enferma).[21] Con recursos económicos limitados, una fuente importante de financiación para el ejército sueco fue la Francia del cardenal Richelieu, que dio unos 400 000 táleros de subsidios anuales a Suecia.[22] Por ello, la alianza con Francia era clave para la continuación de la guerra, al menos durante los cinco años siguientes de apoyo económico francés.[23] El 25 de diciembre del mismo año, los suecos iniciaron una ofensiva por sorpresa y expulsaron a los imperiales en Greifenhagen,[24] lo que aseguró el bajo Óder.[25]

Tras el desastroso saqueo de Magdeburgo por parte del ejército imperial, que dejó 20 000 muertos entre defensores y civiles,[26] 16 000 soldados sajones se unieron al ejército sueco en el campo para la batalla de Breitenfeld el 17 de septiembre de 1632.[27] Los soldados bisoños del ejército sajón fueron los primeros en caer derrotados por las tropas del conde de Tilly.[28] A pesar de ello, el contingente sueco resistió los ataques imperiales hasta que la caballería de Gustavo logró repeler a la de Pappenheim, lo que dejó expuesto el centro imperial.[29] Gustavo aprovechó la brecha y, tras alguna resistencia, derrotó al ejército imperial.[29] La victoria sueca resultó decisiva y, en respuesta al saqueo de Magdeburgo, los propagandistas protestantes atribuyeron el desenlace a un «castigo divino».[30] El conde de Tilly, que sobrevivió al combate,[29] se enfrentó de nuevo al ejército de Gustavo cerca de Rain,[31] pero murió dos semanas después en la batalla de Rain.[32]

Retrato del rey Gustavo II Adolfo, quien intervino en la guerra en 1630.

Los imperiales intentaron recuperar sus fuerzas tras las derrotas y, bajo el mando de Wallenstein, lograron vencer al ejército sueco-alemán de Gustavo Adolfo en la batalla del Alte Veste, a pesar de que Gustavo tenía esperanzas de restaurar su reputación con otra victoria.[33] Posteriormente, el 16 de noviembre de 1632, Wallenstein se enfrentó de nuevo a Gustavo en la batalla de Lützen, donde el ejército imperial lograría defender sus posiciones contra el avance sueco hasta la llegada de Pappenheim con sus refuerzos.[34] Lo que sucedió fue un combate sangriento entre la caballería imperial y la sueca, durante el cual murió el rey de Suecia.[35] A pesar de este éxito, los imperiales aún se encontraban en una posición difícil, y Wallenstein se vio obligado a ordenar la retirada de sus hombres.[35] Con la muerte de Gustavo Adolfo, el ejército sueco perdió a su comandante principal. Aunque esto dio ventaja a los imperiales, el emperador Fernando II del Sacro Imperio Romano Germánico decidiría despedir a su mejor comandante y Wallenstein fue asesinado en febrero de 1634.[36] El ejército sueco quedó entonces bajo el mando de Gustaf Horn, un general veterano y distinguido por su gloria junto a Gustavo.[37] Con ello, los protestantes aún mantenían la ventaja en Alemania y el ejército de Horn pasó a la ofensiva, esta vez con una campaña en el sur de Alemania, principalmente en Wurtemberg y Baviera.[38]

Operaciones previas

La ciudad de Nördlingen en el siglo XVII.

Dado que los imperiales querían expulsar a los suecos del sur de Alemania, el apoyo español resultaba necesario.[39] Por tanto, la Monarquía española enviaría al Cardenal-Infante Fernando, hermano de Felipe IV.[40] El 30 de junio de 1634, inició su viaje desde Italia mientras el ejército español marchaba a través del Camino Español por la ruta alemana, con el objetivo eventual de reforzar al futuro emperador Fernando III en Baviera.[41] El cardenal-infante llegaría a Innsbruck el 21 de julio, donde se encontraban el marqués de Leganés, varios maestres de campo y coroneles.[42] El ejército tenía que reunir al resto de las tropas españolas, incluidas las del ejército de Alsacia, las que aún marchaban desde Italia y las que habían participado en el asedio de Ratisbona, lo que hizo que se tardara en agrupar a todas las unidades.[39] Entre ellas, el ejército de Alsacia fue responsable de la toma de Rheinfelden, una operación que aseguró el camino para el cardenal-infante hacia Flandes.[43] El 16 de agosto, las fuerzas de Fernando III marcharon sobre Donauwörth.[44] Tras tomarla, el ejército imperial avanzó hacia el noreste para poner sitio a Nördlingen, que solo estaba defendida por quinientos hombres.[44]

Gustaf Horn y Bernardo de Sajonia-Weimar se reunieron en Ulm y marcharon hacia el este, aunque no tuvieron tiempo de impedir que los imperiales pusiesen sitio a la ciudad, cuyo asedio comenzó el 18 de agosto.[1] Tras una revista general de la infantería y la caballería que tuvo lugar el 7 de agosto, el ejército español finalmente llegó a Kufstein el 18 de agosto.[45] Viendo que las fuerzas sueco-alemanas de Horn y Bernardo se estaban aproximando, Fernando III pediría al cardenal-infante que acelerase su marcha hacia Nördlingen.[45] El ejército español reanudó el viaje y, cuando llegó a Múnich, fue recibido por Carlos de Lorena.[45] Junto con el contingente bávaro, continuaron la marcha con el propósito de reforzar a Fernando III en Nördlingen.[44] El ejército del cardenal-infante llegaría a Nördlingen el 3 de septiembre. A continuación se produjo un bombardeo de la ciudad, que se prolongó hasta el 4 de septiembre.[1][3]

Con estos acontecimientos, Horn, presionado por Bernardo, decidiría enfrentarse al ejército hispano-imperial en Nördlingen, convencido de que contaba con más tropas que los dos Fernandos, aunque en realidad ambos bandos tenían fuerzas similares en número, especialmente cuando se encontraron más tarde en el Albuch.[46] Antes de la batalla, Horn recibió refuerzos de 3400 hombres de Cratz de Scharffenstein y luego otros 6000 a 7000 hombres de la guarnición de Wurtemberg.[47] En total, los suecos contaban con 25 700 tropas junto con las fuerzas de Bernardo.[1] En el bando hispano-imperial, el ejército del cardenal-infante, que consistía en unos 15 000 soldados perfectamente equipados, se unió a los 18 000 hombres del ejército imperial, con lo que la cifra ascendió a 33 000 en total.[3] Con estas fuerzas, el ejército sueco-alemán inició su marcha hacia el campo de batalla para enfrentarse al ejército católico.

La batalla

Mapa del campo de batalla y la ubicación de las colinas. Aunque de poca elevación, eran objetivos importantes que marcaban el campo.

Despliegue y orden de batalla

Ambos ejércitos se desplegaron en varias secciones, cada una con sus propios comandantes.

El ejército hispano-imperial, compuesto por veinte mil infantes y trece mil jinetes,[3] era muy diverso tanto en tropas como en nacionalidades.[48] Para poder dirigirlo eficazmente, los dos Fernandos decidieron establecer un cuartel general en la colina de Adlerberg, donde podrían mantener discusiones sobre la táctica y la estrategia del ejército junto con el marqués de Leganés, Carlos de Lorena, Matthias Gallas y los demás comandantes.[49] El ejército se desplegaría en tres secciones principales: el ala izquierda cubría la zona del Albuch; el centro iba de Schönfeld a Adlerberg; y el ala derecha, de Staffelberg a Galgenberg.[50]

  • En el ala izquierda, el cardenal-infante tenía bajo su mando el tercio español de Idiáquez, los tercios italianos de Toraldo, Guasco y Paniguerola, los regimientos alemanes de Leslie, Salm y Würmser y el regimiento bávaro de Fugger, que sumaban ocho tercios y regimientos de infantería.[51] La caballería consistía en treinta compañías y ocho regimientos de Gambacorta y Piccolomini.[52]
  • En el centro, Leganés tenía el tercio español de Fuenclara, tres tercios italianos y el regimiento napolitano de San Severo, que sumaban cinco tercios y regimientos de infantería.[51]
  • Finalmente, en el ala derecha, Gallas tenía dos regimientos bávaros y ocho regimientos imperiales de infantería junto con dieciocho regimientos de caballería (incluyendo los siete regimientos croatas).[50]

Por su parte, el ejército sueco-alemán se desplegaría en dos alas:

  • En la izquierda, Bernardo y Scharffenstein se encargarían de proteger a las tropas de Horn, que se desplegarían a la derecha con el objetivo de tomar el Albuch.[49] Bernardo tenía bajo su mando dieciséis regimientos de caballería de Scharffenstein más cuatrocientos jinetes de su propio regimiento y cuatro brigadas de infantería de Thurn, Cratz, Rosen y Verde, aunque la brigada Verde también incluía el regimiento de infantería de Bernardo (en total, diez regimientos de infantería en cuatro brigadas).[49] A la izquierda de Bernardo había ochocientos dragones de Taupadel y otros quinientos jinetes.[53]
  • En la derecha, Horn contaba con diecinueve regimientos de infantería distribuidos en las brigadas escocesa, Vitzhum, Horn, Rantzau, Wurtemberg y Amarilla junto con trece regimientos de caballería comandados por Rostein más otros ochocientos dragones.[49] Con las seis brigadas de Horn, el ejército sueco-alemán tenía veintinueve regimientos de infantería en diez brigadas y al menos veinte regimientos de caballería más mil seiscientos dragones.[53]

Movimientos iniciales y respuesta

El ejército sueco-alemán salió del campamento al amanecer del 5 de septiembre y comenzó a cruzar el campo con el objetivo de tomar una línea de colinas a dos kilómetros al sur de Nördlingen.[46] De oeste a este, se encontraban el Himmelreich, el Ländle, el Lachberg, el Hesselberg y el Albuch, este último posiblemente el más importante. De tomar la colina de Albuch, Horn tendría la ventaja de situarse en el flanco izquierdo del ejército español.[54] Hacia las 16:00 horas, las tropas al mando de Bernardo de Sajonia-Weimar entraron en contacto con mangas españolas e imperiales en el Himmelreich, que tomaron con poca resistencia.[46] Cuando el Cardenal-Infante Fernando advirtió las intenciones suecas, ordenó rápidamente a sus tropas que ocuparan las elevaciones hasta el Hesselberg, donde estarían las tropas de varios tercios.[54]

En la colina de Ländle, los dragones españoles lograron defender sus posiciones durante tres horas contra el avance de Bernardo.[55] Mientras tanto, recibieron refuerzos de tres mil jinetes imperiales, que llegaron a escaramuzar con la caballería protestante.[55][56] A pesar de ello, los jinetes de Bernardo lograron repeler a los católicos y tomaron la colina.[55] A continuación tomaron el Lachberg, donde encontraron poca resistencia por parte del ejército hispano-imperial. El avance sueco solo sería detenido en el Hesselberg por seiscientos mosqueteros de varios tercios y doscientos más del tercio de Fuenclara, a los que el cardenal-infante había ordenado reforzar la colina para impedir que las tropas suecas siguieran avanzando.[54][57] Los mosqueteros que defendían la elevación, bajo el mando del sargento mayor Francisco de Escobar, recibieron órdenes del cardenal-infante de defender sus posiciones a toda costa.[58] El primer combate en torno a la colina fue entre la caballería, que llegó a involucrar a seis mil jinetes de ambos bandos, aunque los protestantes lograron ganar el enfrentamiento.[59] Después del éxito, la infantería protestante, con la moral alta, atacó las posiciones de los infantes españoles en la elevación.[59] En el combate que siguió, las unidades españolas en el Hesselberg lograron repeler el ataque de cuatro mil tropas suecas pese a su inferioridad numérica.[55]

Batalla (de Nördlingen) (entre 1665 y 1668), por Philips Wouwerman.

Tras el asalto fallido, los suecos desplegaron su artillería y plantaron diez cañones en tres baterías para bombardear a los españoles en la colina.[54][60] Para evitar su caída, el cardenal-infante envió otros quinientos mosqueteros para reforzar el Hesselberg, con la orden de que defendiesen la elevación hasta la muerte.[60] Durante el caos del combate, Escobar cayó prisionero y fue interrogado. Al preguntar al sargento mayor sobre la cantidad de tropas en el ejército hispano-imperial, el interrogador pensaba que las cifras estaban exageradas, aunque Escobar decía la verdad.[59] No obstante, los combates sobre el Hesselberg continuaron hasta las 2:00 del día siguiente, cuando las tropas españolas recibieron finalmente la orden del cardenal-infante de retirarse a la colina de Albuch.[52]

Al tomar el Hesselberg, los comandantes protestantes llegaron a un punto de indecisión. Tras una reunión durante la cena, el escepticismo sobre las cifras reales del ejército español prevaleció entre los comandantes, que decidieron continuar la batalla al día siguiente.[59] La caída de la colina provocó que Gallas culpara a los españoles por no haber puesto más esfuerzo en defenderla, a pesar de que él había propuesto enviar más hombres a reforzarla.[61] Dirigió sus críticas principalmente al cardenal-infante, e incluso llegó a decir que los españoles querían perder la elevación, aunque en realidad la visión de Gallas simplemente difería de la del alto mando español, que quería centrarse en el Albuch,[61] dado que era más importante que el Hesselberg. Sin embargo, el cardenal-infante respondió que la colina ya estaba perdida y, tras poner fin a las quejas de Gallas, comenzó a preparar el despliegue de las tropas en el Albuch.[61] Con la acción dilatoria del 5 de septiembre, el contingente español había ganado mucho tiempo para planificar la defensa de la elevación, cuya caída significaría el colapso del flanco izquierdo hispano-imperial.[54]

El asalto sueco sobre el Albuch

El Cardenal-Infante don Fernando, retratado por Peter Paul Rubens.

El cardenal-infante envió a Serbelloni al Albuch junto con Toraldo y sus napolitanos, que construyeron varias fortificaciones menores durante la noche anterior.[62] Las fuerzas suecas contaban con unos ocho mil ochocientos infantes, cuatro mil jinetes y ochocientos dragones, con la caballería desplegada en su flanco derecho y la infantería dividida en cinco brigadas.[49] En total, Horn tenía bajo su mando trece mil seiscientos hombres frente al Albuch. Mientras tanto, el cardenal-infante no quería poner el destino de la batalla en manos de las tropas alemanas, por lo que decidió enviar el tercio de Idiáquez a la colina, aunque, tras las protestas de Würmser, acabaría permitiendo a los alemanes desplegarse en primera línea, con los hombres de Idiáquez ocupando la segunda.[63][64] La caballería española se desplegaba en el flanco izquierdo frente a los suecos. Por el contrario, el contingente sueco se situó alrededor del Hesselberg, frente a las fuerzas del cardenal-infante.[65] Con unos diez mil soldados hispano-bávaros en el Albuch, de los cuales hasta seis mil seiscientos eran infantes españoles, mil quinientos eran infantes bávaros y el resto jinetes, contra trece mil seiscientos tropas de Horn, los suecos tenían ventaja numérica local.[46] El resto del ejército hispano-imperial ya estaba desplegado desde la colina de Schönfeld hasta el Galgenberg.[a]

El plan de Horn consistía en un asalto de su infantería a las posiciones de las tropas alemanas y la subsiguiente explotación de la brecha abierta por parte de la caballería.[63] Al amanecer del 6 de septiembre, la artillería sueca abrió fuego sobre el Albuch, y a continuación se produjo un asalto general de las brigadas escocesa y Vitzhum junto con tres escuadrones de caballería.[66] Los jinetes protestantes, que cargaron demasiado pronto debido a la malinterpretación de órdenes por parte de un oficial, fueron rápidamente rechazados por la caballería española.[65] A pesar de ello, los regimientos de infantería de Salm y Würmser, relativamente bisoños, cedieron terreno ante las brigadas suecas.[66] Los infantes alemanes solo serían capaces de retomar sus posiciones después de que los jinetes españoles les apoyaran desde la retaguardia.[66] Igualmente, la carga de un escuadrón de caballería junto con la brigada Amarilla sueca fue rechazada por el tercio de Toraldo.[67]

Tras un primer asalto fallido, Horn reorganizó sus tropas y las brigadas de infantería recibieron el apoyo de siete escuadrones de caballería adicionales.[66] En el ataque que siguió, la muerte de Würmser y las heridas de Salm hicieron que sus respectivos escuadrones de infantería fueran derrotados por el asalto sueco mientras la caballería española estaba trabada en combate.[63] Con este desarrollo, Horn intentó aprovechar la brecha, pues creía que la victoria era suya. Todavía quedaban el regimiento de Leslie y los tercios de Toraldo e Idiáquez para enfrentarse a los suecos, aunque los alemanes de Leslie y los napolitanos de Toraldo ya estaban en combate contra parte de las fuerzas suecas.[63] Era necesario retomar el Albuch para el ejército hispano-imperial bajo riesgo de perder la batalla, si esto no se lograba.[62][68] Serbelloni inició el contraataque desde la retaguardia con las tropas que quedaban, esto es, el tercio español de Idiáquez que el cardenal-infante había mantenido en la segunda línea.[66]

Contraataque español y la retoma del Albuch

Óleo de la batalla desde el Albuch, donde se ve al Cardenal-Infante con sus tropas.

Frente a la derrota de los regimientos alemanes, el tercio de Idiáquez reaccionó y, al calar las picas frente a las tropas derrotadas, evitó una desbandada total de los infantes de Salm y Würmser.[63] Con ello, el cardenal-infante ordenó a la infantería de Idiáquez que avanzase con una manga de arcabuceros por delante para abrir fuego.[68] Tras la «ruciada»,[b] los infantes españoles cargaron contra las dos brigadas suecas, que fueron derrotadas, lo que les permitió retomar la posición clave del Albuch en menos de una hora a pesar de enfrentarse a formaciones enemigas más numerosas y con mayor potencia de fuego.[63][68] A las 6:00, las fuerzas españolas habían recuperado el control total de la colina.[66] Mientras reorganizaba las brigadas escocesa y Vitzhum, Horn envió a su brigada personal y a la brigada Rantzau, junto con algunas compañías de caballería, a atacar de nuevo el centro del Albuch para mantener la presión.[66]

En preparación para el ataque sueco inminente, los tercios de Toraldo e Idiáquez, junto con el regimiento de Leslie, tomaron sus posiciones en la colina.[66] Al llegar a la elevación, los infantes suecos se enfrentaron a tropas españolas y no a los alemanes derrotados hacía unas horas, lo que significaría que no podrían avanzar hacia las posiciones enemigas.[70] Por tanto, las brigadas suecas sufrieron muchas bajas frente a los mosqueteros españoles.[70] Leganés y Gallas, al darse cuenta de que la mayoría del combate ocurría en el Albuch, enviaron dos mangas de mosqueteros del tercio de Cárdenas junto con una manga del tercio de Torrecusa hacia la colina y otros mil jinetes imperiales para reforzar la caballería de Piccolomini.[71] Durante el renovado asalto, el cardenal-infante casi fue alcanzado por una bala de artillería, mientras un coronel que estaba a su lado murió por dicha bala.[72] A pesar de que le pidieron que se retirase del campo, el cardenal-infante decidiría quedarse, de modo que levantó la moral de los soldados.[73] Con ello, la caballería imperial y la de Gambacorta contraatacaron las líneas suecas y, aunque Gambacorta resultó herido, la carga de los jinetes suecos fue rechazada cuando llegó caballería adicional de Carlos de Lorena desde la reserva.[72][74]

Horn reorganizó a sus hombres para un cuarto ataque, esta vez con las brigadas escocesa, Vitzhum y Wurtemberg (las mismas tropas que habían llegado a reforzar su ejército antes de la batalla) junto con la caballería.[75] En el combate que siguió, al avanzar hacia las posiciones del tercio de Idiáquez, varias brigadas suecas perdieron muchos veteranos irremplazables debido a la eficacia de la táctica de mosquetería española.[76] Los mosqueteros de Idiáquez habían aprendido a evitar la «salva sueca»[c] y se agachaban cuando las brigadas disparaban antes de levantarse para devolver una salva letal.[63] En total, hubo hasta quince asaltos sucesivos durante seis horas contra el tercio de Idiáquez, aunque todos fracasarían a pesar de que los infantes suecos eran los mejores que tenía Horn,[74] entre ellos, la brigada Azul (Horn), la Amarilla y otras brigadas veteranas que estaban acostumbradas a derrotar unidades enemigas.[68] Durante el intento de Horn de apoderarse del Albuch, Leganés también envió nuevas tropas para reforzar la colina y, con las reservas disponibles que tenía el ejército español,[65] la elevación fue asegurada con unos mil mosqueteros adicionales y la caballería de Gambacorta.[74][77]

La batalla de Nördlingen III (1650), por Peter Snayers.

Con el ataque fallido, Horn volvió a reorganizar sus tropas y, a las 7:30, enviaría un mensajero a pedirle refuerzos a Bernardo para tomar Albuch, a lo que respondería con el envío de la brigada Thurn.[75] Tras los intentos fallidos contra el tercio de Idiáquez, el tercio de Toraldo se convirtió en el punto principal de atención.[78] Frente a los infantes católicos, el avance sueco, junto con la brigada enviada por Bernardo, fue rechazado.[79] Como respuesta a los refuerzos suecos, Leganés enviaría una manga de Guasco, que reforzó al escuadrón de Toraldo, dos mangas de San Severo, una de Paniguerola, Cárdenas, Lunato y otra manga de un tercio de borgoñones.[78] A las 8:00, la brigada Thurn reintentó el asalto sobre las posiciones del tercio de Toraldo junto con caballería adicional (y más tarde reforzada por la brigada Rosen), mientras los ataques contra el tercio de Idiáquez seguían fallando.[75] Durante el enfrentamiento, aunque el avance sueco fue repelido, dos maestres de campo y un sargento mayor de los tercios italianos murieron o resultaron heridos. Entre ellos, Paniguerola murió y Guasco, con su sargento mayor, fueron heridos.[80]

Mientras continuaban los combates en el Albuch, Bernardo también intentó ocupar al ejército imperial en su flanco izquierdo. Los dragones de Taupadel lograron bloquear a un grupo de croatas que intentaba flanquearlos.[75] Más a la derecha de los dragones, Bernardo avanzó con su primera línea de caballería. Pasó por delante de los escaramuzadores imperiales y alcanzó la línea de caballería católica.[74] Los bávaros reaccionaron con un escuadrón de infantería que abrió fuego contra los jinetes protestantes.[75] Al mismo tiempo que estaban en desorden por las salvas enemigas, fueron contraatacados por la caballería imperial, apoyada por mosqueteros del tercio de Fuenclara, y tuvieron que retirarse a sus posiciones anteriores, ya que Bernardo tenía que enviar cinco escuadrones más de caballería para estabilizar la situación.[75] A las 9:30, el contingente sueco estaba exhausto después de sufrir muchas bajas contra la infantería española.[75] La posición de Horn se volvió cada vez más insostenible debido a los múltiples ataques lanzados, que empezaban a dejar sus flancos vulnerables.[79] A las 10:00, los comandantes protestantes, tras una reunión, decidieron que no serían capaces de apoderarse del Albuch,[81] y se detuvieron todas las operaciones ofensivas para la retirada de sus tropas que se encontraban demasiado expuestas.[74]

Retrato del comandante principal del ejército sueco, Gustaf Horn.

Derrota final del ejército sueco-alemán

Para poder retirarse efectivamente y con buen orden, el plan del ejército sueco-alemán consistía en montar una línea entre el Hesselberg y el Ländle mientras el contingente de Horn iba retrocediendo hacia una posición más segura alrededor del Hesselberg.[81] Durante la maniobra, la caballería de Scharffenstein fue derrotada por una carga de la caballería católica, a pesar de que los protestantes habían comprometido todas sus reservas, y tuvo que retroceder hacia el Ländle.[81] Con ello, los imperiales y los bávaros consiguieron poner en desbandada a las tropas de Bernardo al mismo tiempo que Horn dirigía la retirada de su contingente.[74] Tras notar las maniobras de Horn, el cardenal-infante ordenó pasar a la ofensiva a cuatrocientos arcabuceros y mosqueteros del tercio de Fuenclara junto con el tercio de Idiáquez.[79] Mientras tanto, la caballería bávara y la de Fernando III en el flanco izquierdo, comandada por Carlos de Lorena, continuó el ataque sobre la línea protestante hacia el norte del Hesselberg.[81][82] La infantería de Horn que defendía el Hesselberg fue rodeada por el tercio de Fuenclara, y pronto llegaron más regimientos imperiales y la caballería de Piccolomini hacia la posición.[83]

Siendo rodeadas por todos los flancos, las formaciones suecas en la elevación resultaron destrozadas por los mosqueteros de Fuenclara, mientras la caballería de Carlos de Lorena alcanzaba las posiciones de artillería de Bernardo, donde se capturó su estandarte.[84] Al mismo tiempo, Horn finalmente advirtió el combate que ocurría en la colina. A pesar de esto, aún no sabía que el flanco de Bernardo ya estaba en desorden y, tras la derrota en el Hesselberg, la caballería católica cargó hacia la línea sueca y dividió al ejército protestante.[81] El contingente sueco montó una última resistencia, pero al final fue derrotado ante el ímpetu de las fuerzas hispano-imperiales.[84] El combate que siguió fue una masacre de las tropas suecas que se prolongó a lo largo de varios kilómetros, durante la cual Horn fue capturado en la carga católica.[74] Scharffenstein también fue capturado en combate y más tarde ejecutado por los imperiales. Bernardo escapó gracias a que un dragón le dejó su caballo fresco, aunque la mayor parte del ejército sueco-alemán ya estaba rodeada por todos lados.[5] Al final de la jornada, que duró desde las 5:00 hasta las 12:00, el campo contaba con más muertos que en ninguna otra batalla campal hasta ese momento.[84]

Las bajas sufridas por el ejército sueco-alemán fueron numerosas. Murieron ocho mil soldados en combate y entre cuatro mil y seis mil cayeron prisioneros, lo que elevó el total a entre doce mil y catorce mil bajas protestantes.[6] Aunque muchos de los prisioneros volvieron al servicio del futuro emperador Fernando III, una gran cantidad de los hombres capturados fueron masacrados por los infantes españoles, según Hagendorf, quien afirma que «los españoles acabaron con todos».[5] Por el contrario, las bajas hispano-imperiales resultaron escasas en comparación con las suecas, en las que se contabilizan hasta mil quinientos muertos y dos mil heridos en combate, aunque las cifras pueden llegar solo a mil seiscientas bajas.[2][d] Después de la batalla, Bernardo llegó a Heilbronn con lo que quedaba del ejército.[5]

Consecuencias

Cardenal Richelieu, retratado por Philippe de Champaigne, Museo Condé.

Tras la derrota decisiva, la propia ciudad de Nördlingen capituló el 7 de septiembre.[86] El ejército sueco-alemán y, por extensión, el dominio sueco en el sur de Alemania se derrumbaron.[87][10] Para algunos historiadores, la batalla también se considera «la más importante de la guerra».[88] Se afirma que «fue ante todo una victoria española» y que resultó tan completa que Bernardo llegó a admitir ante Oxenstierna en Heilbronn que «la desgracia es tan grande que no podría ser mayor».[74] En 1635, el sur de Alemania volvió a manos imperiales y se perdió todo el progreso que habían logrado los suecos.[89] Nördlingen elevó al cardenal-infante, ya conocido como el Infante-Cardenal, a convertirse en uno de los mejores generales de Europa, con la victoria expresamente celebrada por el mundo católico.[90] Después de la batalla, el cardenal-infante continuó la ruta hacia los Países Bajos españoles, adonde llegó a Bruselas el 13 de noviembre de 1634 con todos los méritos ganados al vencer a los protestantes.[91][e]

En diciembre de 1634, dos de los principales aliados del Imperio sueco, Sajonia y Hesse-Darmstadt, negociaron un acuerdo de paz con el emperador Fernando II, que se formalizó posteriormente en la Paz de Praga el 30 de mayo de 1635.[92] Como consecuencia, la Liga Católica fue disuelta junto con la Liga de Heilbronn.[93] Sin embargo, el colapso del bloque protestante en Alemania provocó la intervención directa de Francia bajo el cardenal Richelieu.[94] El tratado suele señalarse como la transición de la guerra entre católicos y protestantes a una guerra de carácter político,[95] encabezada por intereses franceses contra la Monarquía española.[96] Por tanto, la Paz de Praga se considera un punto de inflexión en la guerra de los Treinta Años.[97] Igualmente, el cambio en el comportamiento de los soldados suecos y alemanes tras la batalla reflejó la transición del conflicto. La disciplina que los legados de Gustavo Adolfo y Wallenstein mantenían, que limitaba los saqueos y la devastación, se fue deteriorando en la nueva fase de la guerra, la cual era considerada bárbara y profundamente grabada en la conciencia de los contemporáneos.[98]

En febrero de 1635, Richelieu firmó un tratado que acordaba una ofensiva conjunta franco-neerlandesa en los Países Bajos españoles.[99] Durante los años siguientes, el cardenal-infante demostró aún más su competencia y habilidades como general al derrotar al ejército franco-neerlandés en el sitio de Lovaina, amenazar la propia París en 1636, conquistar varias ciudades clave en los Países Bajos en 1637 y derrotar a los ejércitos franco-neerlandeses durante la campaña de 1638 en las batallas de Kallo, Güeldres y Saint-Omer.[100] En cuanto a la doctrina del cardenal-infante, esta difería de la del conde-duque de Olivares.[101] A partir de 1639, que fue un año desfavorable,[102] se optó por concentrar los recursos limitados en conseguir una victoria contra las Provincias Unidas para obtener una paz favorable en los Países Bajos antes de combatir a Francia.[103] Lo que sucedió fueron las victorias sobre el ejército neerlandés en las batallas de Brujas y Hulst durante la campaña de 1640.[104] No obstante, el apoyo económico reducido desde España, la falta de ayuda de los emperadores alemanes y los desacuerdos entre él y el gobierno, principalmente con el conde-duque de Olivares,[105] contribuyeron al declive de su salud.[106] En sus últimos días, el cardenal-infante escribió lo siguiente en su diario personal mientras se encontraba enfermo en Bruselas:

Habíamos llegado a un punto en el que todos estábamos agotados y ni los franceses conseguían derrotar por completo a mis tropas ni los holandeses apoderarse del territorio de los Países Bajos, mi salud se fue resintiendo tras los años pasados en campamentos, velas de armas, asedios y batallas bajo este clima inclemente de Flandes [...].

Desde 1636, los ejércitos imperiales, financiados principalmente por España,[f] pudieron operar alrededor del Rin, que les dio la posibilidad de avanzar a través del norte de Francia hacia París.[108] Al mismo tiempo, los intentos franceses de forzar la capitulación del Franco Condado español fracasaron, lo que señalaba que la suerte de la guerra no se inclinaba completamente a favor de los enemigos de España.[108] A pesar de ello, el Camino Español estaba cada vez más expuesto a mayores presiones, ya que la economía castellana estaba exhausta por las sumas elevadas causadas por las maniobras del conde-duque de Olivares.[108] Los imperiales volvieron a sufrir derrotas cuando Johan Banér y Lennart Torstenson regresaron con un nuevo ejército sueco, lo que dio lugar a la batalla de Wittstock, que detuvo de manera efectiva el impulso que habían ganado los católicos en Nördlingen.[109] La victoria sueca logró disuadir a los güelfos de inclinarse hacia el bando del emperador y produjo un pánico en Berlín, donde el elector y su corte decidieron huir a Küstrin.[110]

Legado

Representación romántica de la batalla de Nördlingen.

Aparte de los acontecimientos posteriores a Nördlingen, el enfrentamiento tuvo un notable impacto entre historiadores y analistas militares. Es común interpretar el legado de la batalla como una confrontación entre el modelo sueco y el español.[111] Las derrotas imperiales en Breitenfeld y Lützen suelen citarse como ejemplo de la superioridad del modelo sueco sobre el español, aunque en esas ocasiones no estuvieron presentes tropas españolas, lo que constituye un argumento en contra de dicha interpretación.[10] En Nördlingen se pone de manifiesto la calidad de la infantería española, considerada por algunos historiadores como una prueba clara de la superioridad del modelo español.[112] Sin embargo, otros historiadores afirman que el combate que tuvo lugar no puede tomarse como punto de comparación, ya que las brigadas suecas no pudieron demostrar su flexibilidad debido al terreno limitado.[10] Ante todo, el argumento se centra en los comandantes presentes en el campo, en concreto quiénes de ellos deberían asumir la culpa.[113] Por parte sueca, Horn, en un intento por salvar su reputación, escribió sobre los acontecimientos de la batalla desde su perspectiva y trató de eximirse de la culpa de la derrota, dado que entre los protestantes la cuestión de quién era culpable resultaba muy vaga.[113]

Monumento de la batalla en la colina de Albuch, cerca de Nördlingen.

Durante las primeras horas de la batalla, Horn afirma que un oficial de caballería hizo cargar a su unidad demasiado pronto y arruinó el ataque inicial.[114] En cuanto al segundo asalto, Horn atribuyó la culpa a una explosión de pólvora que dejó a sus hombres confundidos.[115] Al final, se esforzó por minimizar su grado de responsabilidad al afirmar que tuvo poco control durante el pánico de sus tropas debido a lo que estaba ocurriendo en su flanco izquierdo, el flanco de Bernardo.[116] A pesar de ello, la derrota se considera más bien consecuencia de la falta de buena dirección por parte de los comandantes protestantes presentes en la batalla y, aunque el modelo sueco no era intrínsecamente inferior al español, evidenció las limitaciones de la brigada sueca.[117] El propio modelo sueco no llegó a sobrevivir mucho después de la muerte de Gustavo Adolfo y, con la derrota decisiva en Nördlingen, la brigada sueca fue abandonada durante la segunda mitad de la década.[118]

Véase también

Notas

  1. El cardenal-infante tenía 3250 infantes compuestos por veteranos y élites españoles, que fueron clave en la batalla contra las mejores tropas suecas.[4]
  2. Incluyendo muertos y heridos, las bajas hispano-imperiales podrían haber sido tan solo 1600.[6] También se registran 2000 bajas.[7][8]
  1. En total, las colinas de Schönfeld, Adlerberg, Staffelberg y Galgenberg.
  2. Táctica de los tercios españoles en la que una unidad de arcabuceros o mosqueteros se entrega una salva a bocajarro contra el enemigo antes de cargar.[69]
  3. Las brigadas suecas eran conocidas por entregar salvas a corta distancia contra el enemigo durante esta época.[18]
  4. Entre las bajas, 600 españoles y 1000 imperiales muertos y heridos.[85]
  5. El cardenal-infante fue recibido en Bruselas como «el salvador de la patria».[91]
  6. La hacienda española financió en gran medida a los ejércitos imperiales. Fernando II (y más tarde Fernando III) carecía de recursos económicos suficientes y requería el apoyo español durante gran parte de la guerra.[107]

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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