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Canario (aborigen de Gran Canaria)

primeros pobladores de la isla de Gran Canaria From Wikipedia, the free encyclopedia

Canario/a es la denominación que reciben los primeros pobladores de la isla de Gran CanariaCanarias, España―,[nota 1] quienes la habitaban antes de la conquista europea en el siglo XV. Eran uno de los pueblos aborígenes canarios entroncados genética y culturalmente con los bereberes del norte de África.

Primeros registros siglo III d. C.
Decadencia 1341 (inicio de los contactos con europeos)
1478-1483 (conquista castellana)
Datos rápidos Canarios, -rias, Información histórica ...
Canarios, -rias

De izquierda a derecha: granero fortificado; elementos de la cultura material; inscripciones rupestres; arte rupestre; representación de un guerrero aborigen; e ídolo religioso.
Información histórica
Periodo Protohistoria de Canarias
Primeros registros siglo III d. C.
Decadencia 1341 (inicio de los contactos con europeos)
1478-1483 (conquista castellana)
Causa Conquista europea de Gran Canaria
Información geográfica
Área cultural Islas Canarias
Subárea Gran Canaria
Información antropológica
Idioma Lenguas guanches
Religión Religión aborigen canaria
Pueblos relacionados Aborígenes canarios, bereberes, canarios modernos
Asentamientos importantes

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El término canario se extendió con posterioridad como gentilicio para designar a todos los habitantes del archipiélago.[2][3]

Según las estimaciones modernas, los antiguos canarios comenzaron a poblar la isla entre los siglos III a V d. C. procedentes del noroeste del continente africano. Una vez en ella fueron adaptando su modo de vida al ámbito insular y desarrollaron su cultura prácticamente en aislamiento desde la caída del Imperio romano de Occidente hasta el redescubrimiento de las islas Canarias por los navegantes europeos a principios del siglo XIV. La conquista y colonización llevada a cabo por la Corona de Castilla a finales del siglo XV provocaron la desaparición de su cultura, organización social y su lenguaje, mientras que su población pasó a integrarse en la nueva sociedad mediante la castellanización y el mestizaje con los nuevos pobladores europeos.

Su organización social estaba más desarrollada que la del resto de culturas aborígenes canarias, llegando a constituirse como una forma de protoestado. Existía diferenciación de clase social entre nobles y villanos, con un rey en la cúspide de la jerarquía social. Poseían una cultura material basada en la realización de útiles de piedra, hueso y madera, debido a la inexistencia de metales en la isla, así como una cerámica hecha a mano sin torno, con trabajadores especializados. Habitaban en casas de piedra seca y cuevas, tanto naturales como excavadas en la roca, que formaban verdaderos poblados, y que eran decoradas con pinturas rupestres de formas geométricas. Su modo de subsistencia se basaba principalmente en una agricultura excedentaria de cereales, así como una importante actividad ganadera de ovicápridos y cerdos, y la explotación de los recursos naturales tanto terrestres como marinos.

Los canarios creían en la existencia de un Ser Supremo y en criaturas malignas que se les aparecían en forma de perro. Adoraban a los astros y poseían ídolos hechos de barro. Realizaban ofrendas a la divinidad en forma de libaciones de leche en altares labrados en la piedra, y rituales propiciatorios de lluvia. Asimismo rendían culto a los ancestros, con prácticas funerarias que abarcaron desde enterramientos en cuevas hasta la construcción de túmulos.

Hablaban una variedad insular de la lengua guanche y contaron con una escritura alfabética líbico-bereber que plasmaban en soportes de piedra.

Fuentes para su estudio

Al estar extinta la cultura aborigen de Gran Canaria, las principales fuentes para su conocimiento son los textos etnohistóricos y las investigaciones arqueológicas y antropológicas modernas.[4]

Entre los textos etnohistóricos destacan una serie de descripciones etnográficas que dejaron los navegantes europeos que exploraron el archipiélago en los siglos xiv y xv, antes de que fuera conquistada la isla de Gran Canaria. Estos son el relato de Nicoloso da Recco recogido por Giovanni Boccaccio, la crónica de los conquistadores normandos conocida como Le Canarien, la crónica de Juan II, o los relatos portugueses de las exploraciones de Gomes Eanes de Zurara y Diogo Gomes. Posteriormente, aparecen datos etnográficos en la Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel de Andrés Bernáldez, compuesta pocos años tras la conquista de la isla. Ya a finales del siglo xvi, los primeros autores que trataron sobre la historia de Canarias también aportaron valiosos datos sobre los aborígenes y sus costumbres. Destacan entre estas historias las conocidas como crónicas de la conquista de Gran Canaria (manuscritos Ovetense, Matritense y Lacunense), la obra de Juan de Abréu Galindo Historia de la conquista de las siete islas de Canaria , y la del ingeniero Leonardo Torriani Descrittione et historia del regno de l'isole Canaria…. Autores posteriores como Tomás Arias Marín de Cubas o fray José de Sosa solo compilan e interpretan las crónicas preexistentes, si bien también aportan algunos conocimientos personales observados entre el legado arqueológico de los antiguos canarios.[5][6]

Por su parte, el estudio arqueológico y antropológico de los canarios comenzó a finales del siglo xix con investigadores como Sabin Berthelot, René Verneau o Gregorio Chil y Naranjo, aunque hasta la década de 1970 no se comenzaron a realizar con verdaderos criterios científicos.[7][8]

Etnónimo

El término canario es el gentilicio que los europeos dieron a los primeros pobladores de la isla. Este deriva del topónimo Canaria que hacía referencia desde la Antigüedad clásica a la isla de Gran Canaria. El gentilicio, como queda dicho, se extendió prontamente para designar a cualquier aborigen del archipiélago o «islas de Canaria» y, posteriormente, a cualquier persona nacida en Canarias.[2][9] En la documentación de los siglos xv y xvi también se les denomina como naturales de Gran Canaria.[3]

En cuanto al origen del término Canaria existen diversas hipótesis. Unas lo dan como voz plenamente latina, mientras que otros defienden que se trataría de un término autóctono latinizado solo en su terminación. Para los primeros, se acepta la etimología dada por Plinio el Viejo, primer autor conocido en «bautizar» las islas, de que «se llama Canaria por la cantidad de canes de enorme tamaño».[nota 2] Por su parte, los segundos aseguran que Canaria derivaría del etnónimo canarii, una tribu bereber del sur de Marruecos en tiempos de la Antigua Roma que sería la que pobló la isla.[12][13][14][15]

El filólogo Ignacio Reyes, interpretando el término como aborigen, le da la traducción literal de 'frente grande' y figurativa de 'frente de combate, vanguardia', desde una posible forma primitiva kanar.[16]

Orígenes de la población

Los investigadores modernos, apoyados en las evidencias arqueológicas, lingüísticas y genéticas, consideran que tanto la población aborigen de Gran Canaria como la del resto del archipiélago procedía originalmente del norte de África y que estaba emparentada con los bereberes.[17][18]

Los propios aborígenes desconocían su procedencia, tal y como refleja el cronista Andrés Bernáldez en su obra Memorias del reinado de los Reyes Católicos: «Fué preguntado á los mas ancianos de Gran Canaria, que si tenían alguna memoria de su nacimiento, ó de quien los dejó allí, é respondían: nuestros antepasados nos dijeron que Dios nos puso y dejó aquí, é olvidonos».[19]

Poblamiento de Gran Canaria

Algunos estudios sostienen que el poblamiento de Gran Canaria se inició en el interior montañoso de la isla.

Aún persiste la incógnita sobre cómo los primeros pobladores llegaron al archipiélago canario, puesto que sus descendientes desconocían la navegación. Los investigadores mantienen dos interpretaciones principales: que llegaron de manera fortuita por sus propios medios, o que fueron traídos de manera premeditada por las civilizaciones mediterráneas ―Cartago o la Antigua Roma― con el fin de establecer asentamientos en las islas y explotar sus recursos naturales.[20][21][22]

El poblamiento de Gran Canaria se enmarca en el proceso de colonización del archipiélago por las tribus bereberes procedentes del continente africano, que según las investigaciones más recientes tuvo lugar a partir del siglo i d. C. y que habría durado unos doscientos años.[23]

En cuanto a la cronología, aunque la datación por radiocarbono más antigua conseguida situó la presencia humana en Gran Canaria hacia los siglos v a iii a. C., estos resultados han sido cuestionados por los problemas de fiabilidad del laboratorio en el que fueron obtenidos.[24][25] En el estado actual de las investigaciones (año 2025), las dataciones realizadas con una mejor higiene cronométrica sitúan el poblamiento de la isla no antes del siglo iii d. C.[26][27]

Apoyados en los estudios genéticos y en la singularidad de algunas manifestaciones materiales propias solo de Gran Canaria, algunos investigadores sostienen que una segunda oleada migratoria habría llegado a la isla hacia los siglos x a xi.[28]

Impacto sobre el medio ambiente insular

La captura de ejemplares del lagarto gigante de Gran Canaria por parte de los aborígenes para su consumo impactó en sus poblaciones, aunque sin llegar a provocar su extinción.

La colonización aborigen de Gran Canaria provocó determinadas modificaciones en el medio ambiente insular que causaron la alteración de ecosistemas que se habían desarrollado durante milenios sin la presencia humana, si bien el impacto fue mucho más reducido del que produjo posteriormente la colonización europea.[29]

Los modernos estudios sostienen que la introducción de nuevos animales y plantas, así como las prácticas humanas como el pastoreo, la agricultura y la consecuente roturación de terrenos, influyeron en mayor o menor medida en los ecosistemas grancanarios. Se ha constatado que la explotación de los recursos madereros de la isla para la combustión o para la construcción provocaron la desaparición o desplazamiento de especies en determinadas zonas.[30]

En cuanto a la fauna, se ha confirmado en yacimientos arqueológicos la depredación por parte de los aborígenes del lagarto gigante de Gran Canaria, si bien esto no provocó su desaparición como sí sucedió en otras islas. Asimismo, se desconoce a ciencia cierta si los aborígenes fueron los causantes de la extinción de la rata gigante de Gran Canaria.[31][32]

Características físico-psíquicas del canario

Colección de cráneos aborígenes de El Museo Canario. Su estudio ha aportado datos sobre las patologías y prácticas terapéuticas de los antiguos canarios.

Los hombres aborígenes de Gran Canaria son descritos por los primeros exploradores europeos como poseedores de una complexión robusta. Así, Niccoloso da Recco dice que «su talla no excede á la nuestra; son membrudos»,[33] y Diogo Gomes que eran «hombres de gran corpulencia».[34] Por su parte, el historiador Juan de Abréu Galindo los describió como «bien proporcionados, de buena estatura»,[35] mientras Andrés Bernáldez dice que «son en todas estas islas hombres de buen esfuerzo, y de grandes fuerzas, y grandes braceros, y hombres livianos y lijeros, y mas los de la Gran Canaria».[36] Francisco López de Ulloa dice que «eran muy bien dispuestos, altos de cuerpo y de muy buena presencia, algo morenos».[37]

Da Recco indica que los canarios que su expedición capturó tenían «cabellos de un rubio dorado».[33] En este sentido, fray José de Sosa dice que era costumbre de los nobles enrubiarlos con «yerbas y lejías que para ello hacían».[38]

Estudios antropológicos modernos dan una estatura para los antiguos pobladores de Gran Canaria de unos 170 cm para los hombres y de 157 cm para las mujeres, existiendo por tanto un marcado dimorfismo sexual.[39]

En cuanto a sus características psicológicas, las fuentes históricas dan algunos datos, si bien en ocasiones son contradictorios entre sí. Mientras en Le Canarien se indica que «nadie se fíe de ellos, por más que parezcan amigos, porque son traidores»,[40] el manuscrito Ovetense dice que «era jente bien partida y muy amigos de tratar berdad, y enfadábanse mucho quando no se la trataban y les faltaban con la palabra con fasilidad».[41] Coincide en esto Abréu Galindo al decir que los naturales eran de «grande ánimo, belicosos, alegres bien acondicionados, nobles, piadosos, y verdaderos en lo que decían, tenían por grande afrenta decir mentira».[35]

Bernáldez apunta a que eran «en todas las islas hombres razonables de buenos entendimientos, y de agudo injenio, por ser silvestres é pastores ellos y ellas, y son gente fiel, y caritativa, y de verdad».[36]

Enfermedades

A pesar de la cita de Leonardo Torriani de que «los canarios vivieron sin sentir ni conocer la enfermedad, sino a los ciento veinte y ciento cuarenta años»,[42] lo cierto es que los estudios paleopatológicos sobre restos óseos han constatado la presencia entre los antiguos canarios de diversos problemas de salud. Así, destacan las secuelas de procesos infecciosos como la osteomielitis, rinosinusitis crónica o diferentes problemas dentales.[43]

Entre estos últimos destaca la alta presencia de caries asociada a una dieta rica en hidratos de carbono de origen vegetal. También son comunes el desgaste de las piezas dentales tanto por la masticación como en algunos casos por el uso de los dientes para el tratamiento de pieles y fibras vegetales; y las microfracturas provocadas por las piedrecillas presentes en el gofio. Es importante además el alto porcentaje de individuos (71 %) que presentan pérdida de alguna pieza dental como consecuencia de todo lo anterior, y el de aquellos afectados por hipoplasia dental, padecida por el 80 % de la población y asociada al cambio de dieta tras el destete.[44]

Tratamientos terapéuticos y medicinales

En las fuentes existen pocos datos sobre las prácticas médicas realizadas por los aborígenes canarios. Abréu Galindo solo hace alusión a que los de Gran Canaria cauterizaban las heridas profundas introduciendo en ellas juncos machacados a manera de estopa empapados en manteca hirviendo.[45]

Por su parte, los estudios modernos sí han podido aportar datos sobre algunas prácticas.[46] Así, el estudio de dentaduras indica que los aborígenes habrían utilizado palillos no solo para remover restos de alimentos de entre los dientes, sino como remedio paliativo para el dolor provocado por la caries,[44] mientras que el análisis de los cráneos se ha constatado la realización de escarificaciones, cauterizaciones y trepanaciones para el tratamiento de determinadas dolencias.[47][48]

Demografía

No existen datos fiables sobre el número de aborígenes en tiempos anteriores al contacto con los europeos y la conquista, si bien Gran Canaria fue, junto a Tenerife, la isla más poblada.[49]

Las primeras referencias aparecen en la crónica normanda Le Canarien. En ella, los propios canarios dicen tener diez mil combatientes,[50] cifra que también apunta la crónica de Juan II,[51] mientras que en un testamento de unos frailes misioneros que los conquistadores normandos encontraron en la isla estos dicen que «son 6.000 hidalgos según su estado».[52] No obstante, en opinión del historiador Alfredo Mederos, estas cifras serían «una exageración incentivada por los propios canarios, que deseaban impedir asaltos a la isla».[53] Así, la propia crónica indica que «Gadifer, que estuvo allí este viaje y el anterior, dice que en su opinión nunca vio juntos más de 700 a 800 hombres».[50]

Posteriormente, para mediados del siglo xv el navegante Alvise Cadamosto dice que la isla contaba con «unas ocho mil almas», mientras Gomes Eanes de Zurara indica que «habrá cinco mil hombres de pelea».[54] Para el tiempo de la conquista a finales del siglo xv, Andrés Bernáldez dice «que había entre ellos seiscientos hombres de pelea».[55]

Los investigadores modernos, aplicando coeficientes diversos sobre el número de hombres de pelea o guerreros, apuntan a una población total para Gran Canaria en el siglo xv de entre 10 000 a 60 000 habitantes.[56][57]

Práctica de control demográfico

Un caso destacado de la protohistoria de Gran Canaria es la alusión en las primeras historias sobre Canarias a la práctica del control de la población mediante el sacrificio de las niñas recién nacidas. Estos se producirían en momentos de crisis por falta de alimentos.[58] Juan de Abréu Galindo lo describe de la siguiente manera:[59]

Había en esta isla muchos hombres, y muchas mas mugeres, que se dice juntarse catorce mil hombres, y viendo como iban en crecimiento y que los mantenimientos les faltaban, y no se cogian frutos que bastasen á su sustento, por no vivir en estrechura, entrando en consulta y congregacion á que llamaban Sabor; acordaron e hicieron un estatuto para que se matasen todas las hembras que de alli adelante naciesen, con que no fuese los primeros partos que las mugeres hacian, porque á los tales vientres reservaban para su conservacion.

Leonardo Torriani por su parte indica que no hubo distinción de sexo a la hora del sacrificio, ordenando los canarios que «se matasen todos los hijos después del primer parto».[60]

En la década de 1980 fueron hallados en un yacimiento arqueológico de la localidad de Cendro restos de recién nacidos depositados en vasijas. Los investigadores asumieron que se podía tratar de la evidencia de la práctica del infanticidio antes aludida.[61] Sin embargo, otros autores apuntan a que estos restos se correspondían con muertes naturales de los neonatos, dada la alta mortalidad infantil de esa época que estaría en torno al 20-30 %.[62]

Economía y subsistencia

Los higos formaban parte importante de la alimentación aborigen.

La economía de los antiguos canarios se basaba principalmente en la agricultura, apoyada por una importante actividad ganadera.

La agricultura de Gran Canaria, la más desarrollada del archipiélago, era tanto de secano como de regadío, cultivándose cereales −principalmente cebada y también trigo que transformaban en gofio una vez tostado y molido el grano−, leguminosas −arvejas, habas y lentejas− e higueras. El cultivo de estos últimos frutales parece haber sido bastante importante en la cultura insular, estando aceptada su introducción por los propios aborígenes en contra de la antigua opinión de haber sido traídos por los mallorquines en el siglo XIV.

El excedente se almacenaba en graneros comunales.

En cuanto a la ganadería, poseían sobre todo cabras, así como ovejas de una raza africana sin lana, cerdos o y dos razas de perro de mediano tamaño, siendo una de ellas, la más abundante en el registro arqueológico, de aspecto similar al dingo australiano. Las pruebas arqueológicas apuntan asimismo a la cinofagia o consumo del perro como alimento entre los aborígenes grancanarios.[63]

De los animales domésticos, además de carne, se obtenía leche y productos derivados como el queso o la manteca.

La alimentación se complementaba con la recolección de frutos y semillas silvestres como los mocanes, bicácaros, madroños, piñones y dátiles, el aprovechamiento de la miel de colmenas salvajes y la caza de lagartos gigantes, aves y cerdos asilvestrados.[nota 3]

Los productos del marisqueo y la pesca también eran importantes en la dieta aborigen, existiendo cierta diferenciación social en la práctica de ambos casos, estando la pesca monopolizada por la clase noble mientras el marisqueo era desarrollado por el resto de la población. Entre los productos del marisqueo abundan en los yacimientos arqueológicos especies de los géneros Patella, Cardium, Conus, Trochus y Phorcus, mientras que de la pesca las especies más consumidas eran las sardinas, las viejas y diferentes tipos de espáridos.

Hábitat

Cueva de los Canarios, ejemplo de poblado de cuevas artificiales.

Viviendas y asentamientos

El hábitat de los aborígenes grancanarios era eminentemente troglodita, aunque también eran hábiles en la construcción de casas de piedra. Una característica del hábitat grancanario frente al del resto del archipiélago era la presencia de poblados que pueden ser catalogados como auténticas proto-ciudades.

Las cuevas utilizadas eran las naturales, que abundan en la geografía insular, así como otras excavadas por ellos mismos en la roca, existiendo posiblemente oficiales especializados encargados de esta tarea.[nota 4]

La cueva artificial era excavada en materiales volcánicos blandos, como las tobas, eligiéndose lugares en las laderas de los barrancos o las zonas altas de las montañas con buena insolación y protegido de los vientos. El interior de la cueva presenta una tipología variada, estando constituida generalmente por un espacio central con varias habitaciones anexas excavadas en los laterales y en el fondo de la cueva frente a la entrada. En algunos casos varias cuevas se comunican entre sí, disponiéndose en el espacio también en diferentes niveles conectados por sendas o escaleras acondicionadas artificialmente. Las cuevas contaban asimismo con oquedades a modo de ventanas y puertas de madera.

Reconstrucción del interior de una casa aborigen

Las casas eran construcciones de planta angular —oblonga, rectangular, cuadrada o cruciforme— en el interior y circulares u ovaladas en el exterior. Las paredes estaban constituidas por piedras secas superpuestas formando un doble muro de más de un metro de espesor con un espacio entre ambos rellenado por piedras más pequeñas. La techumbre estaba formada por travesaños de madera —generalmente de pino canario— sobre los que se apilaban lajas de piedra y ramas, cubiertos luego por tierra apisonada. Estas viviendas llegaron a formar densos asentamientos tanto en la costa como en el interior. Los poblados de casas se hallaban generalmente en las zonas llanas próximas a los cauces de los grandes barrancos. En algunos lugares convivían los poblados de cuevas con las casas, destacando los de Gáldar, o los de Cendro y Tara en la demarcación de Telde.

Lugares de enterramiento

Aspecto del conocido como «túmulo del Rey», en la necrópolis de Arteara.

Los antiguos canarios daban sepultura a sus muertos tanto en cuevas, oquedades y tubos volcánicos como bajo túmulos funerarios, siendo esta última una práctica común en Gran Canaria.

El enterramiento en cueva se halla por toda la isla, pudiendo ser individual o colectivo formando necrópolis, y situándose aislada en el terreno o como parte de los poblados. El interior de la cueva era parcialmente acondicionado de diversas maneras; la entrada estaba generalmente tapiada con un muro de piedra y en algunas necrópolis aparecen muros interiores que delimitan los espacios sepulcrales.

Los cuerpos, que según la práctica aborigen no podían estar en contacto directo con el suelo, se colocaban sobre camillas de madera de sabina o drago, lajas de piedra o bien sobre una yacija de elementos vegetales y lapilli. Los cadáveres eran envueltos en capas de piel o en esterillas de junco, palma o mimbre, y junto a ellos se colocaba ajuar doméstico como vasijas y punzones, así como bastones y armas.

Por su parte, el enterramiento en túmulo se concentraba en las zonas próximas a la costa, en terrenos pedregosos y relativamente llanos, existiendo diferentes tipologías:

Ejemplo de túmulo colectivo. Réplica en miniatura del túmulo de La Guancha.
  • Túmulo simple. Está formado por una acumulación de piedras de forma troncocónica con base circular, oval o cuadrada, que cubre una fosa individual excavada directamente en la tierra o protegida por losas de piedra a modo de cista. Este tipo de túmulos se hallan agrupados formando necrópolis, estando generalmente rodeados de una pared de piedras a modo de delimitación del espacio sepulcral. Como ejemplo de este tipo de enterramiento tumular destaca la necrópolis de Arteara.
  • Túmulos colectivos. Están constituidos por una estructura de base circular u oval, con un torreón central del que parten varios radios que delimitan, en las gradas o escalones concéntricos al núcleo principal, diversas fosas o cistas. Destacan la necrópolis de La Guancha, en Gáldar.

Un tercer tipo de enterramiento practicado por los aborígenes era la inhumación en fosas directamente excavadas en la tierra.[66]

Otras construcciones

Cenobio de Valerón, granero comunal aborigen ubicado en una ladera escarpada.

En algunos poblados como los de Tufia o La Guancha aparecen estructuras anexas a las casas en forma de amplias plazas amuralladas que pueden corresponderse con el lugar donde los canarios «solian hacer sus fiestas, juegos y justicia de malhechores» según los primeros historiadores. Algunos investigadores modernos comparan esta estructura con el tagoror guanche.

Una tipología particular de poblado eran los que se construían en torno a los graneros colectivos. Estos se situaban en lo alto de las montañas o roques, constituyendo verdaderos poblados fortificados a donde la población se recogería en tiempos de peligro, como hicieron durante los últimos momentos de la conquista castellana. Estos poblados fortificados estaban compuestos por cuevas de habitación, grandes espacios donde estabular el ganado y oquedades a modo de almacenes. Destacan en este sentido las «fortalezas» localizadas en el interior de las calderas de Tejeda y Tirajana.

Las fuentes históricas parecen sugerir que las cuevas artificiales eran utilizadas por la clase noble aborigen, mientras que las casas de piedra eran propias del común de la población.

Industria

Diversos utensilios de la cultura aborigen de Gran Canaria.

Útiles de piedra, fibras vegetales y madera


Armas

Entre las armas que utilizaban los canarios se encuentran dardos arrojadizos, garrotes o mazas con engrosamiento en su extremo y en ocasiones con lajas de piedra incrustadas, lanzas de unos dos metros con las puntas endurecidas al fuego, y una especie de espadas de madera. También poseían escudos de madera de drago pintados de rojo, negro o blanco, o con motivos ajedrezados.

Las maderas utilizadas en su confección eran generalmente de pino, sabina, acebuche, barbusano y leñasanta.

La cerámica

La cerámica desarrollada por los aborígenes de Gran Canaria poseía unas características singulares en el contexto de la alfarería aborigen del archipiélago. Destaca la calidad de su hechura, con gran desarrollo técnico y estilístico, y se caracteriza por estar pintada con pigmentos rojos, negros y blancos.[67]

Las tipologías y formas era muy variada, con vasijas, vasos, platos, ollas, etc.[68]

Como en el resto de islas, era realizada a mano sin torno, utilizándose como útiles complementarios piedras lisas o callaos y un palito de madera para las labores de desbastado de las piezas.[69]

Las piezas eran secadas varios días al sol antes de cocerlas. Al no poseer hornos cerámicos, los aborígenes colocaban las piezas sobre un ramaje en hoyos en el suelo, que luego cubrían con más ramas y las prendían fuego.[69]

Indumentaria

Representación de canarios según Leonardo Torriani (1588).

Los aborígenes de Gran Canaria utilizaban vestidos hechos tanto con piel de cabra como con tejidos vegetales, estos últimos característicos de la cultura grancanaria.

El grueso de la población vestía con unos taparrabos o faldas cortas hechas de hojas de palma tejidas con fibras de junco, ceñidas por encima del talle con cintos. Otra pieza de la indumentaria era el tamarco, una especie de capa de piel con pelo que era utilizada como abrigo, confeccionándose también con piel trajes talares. Utilizaban además tocados de plumas y una especie de montera hecha con el pellejo entero de un cabrito con las patas colgando a los lados y amarrados al pescuezo. Como calzado utilizaban sandalias hechas con cuero de cabra o cerdo.

Todos los vestidos eran teñidos con tintes naturales.

Según Niccoloso da Recco las mujeres casadas se cubrían el busto con pieles de cabra blancas, mientras que las solteras iban con el pecho descubierto.

Organización sociopolítica

Estructura social y gobierno

División territorial de la isla en los «guanartematos» de Gáldar −verde oscuro− y Telde −verde claro−.

La sociedad se dividía entre nobles y villanos o trasquilados, denominados así porque llevaban el cabello y barba cortos.

Los antiguos canarios tenían una organización política considerada protoestatal, situándose en la cúspide de su organigrama social el guanarteme o rey.

El historiador del xviii Pedro Agustín del Castillo ahonda en la organización política aborigen, diciendo que en cada población había un faycan a modo de gobernador acompañado de varios guayafanes o regidores según el tamaño del poblado. También indica la presencia de capitanes de guerra llamados fayahuracan. Todos estos cargos eran elegidos por el guanarteme junto a su consejo formado por los nobles más destacados o hecheres-hamenatos.

División territorial

Según la tradición histórica la isla se hallaba gobernada por numerosos jefes tribales independientes hasta épocas próximas a la llegada de los conquistadores normandos en 1402. El orden insular era mantenido por una mujer, Atidamana, a quien todos respetaban y obedecían y que poseía caracteres de gran sacerdotisa.[70] No obstante, algunos jefes comenzaron a cuestionar su autoridad, por lo que Atidamana se casó con un caudillo guerrero de Gáldar llamado Gumidafe, y juntos hicieron la guerra al resto de jefes logrando finalmente el control total de la isla y unificando su gobierno.

En las primeras décadas del xv la isla había sido dividida por dos hermanos descendientes de Gumidafe y Atidamana en las demarcaciones territoriales de Gáldar y Telde, modernamente denominadas guanartematos, y que a su vez se encontraban organizadas en seis cantones o guayratos cada una, a cuya cabeza administrativa se hallaba un guayre.[nota 5] Los cantones de Gáldar eran: Agaete, Aquerata, Artebirgo, Arucas, Gáldar y Tejeda; mientras que los de Telde eran: Agüimes, Arguineguín, Tamaraceite, Telde, Tirajana y Utiaca.

A la llegada de los conquistadores castellanos en 1478 la isla se hallaba en un período político convulso, ya que el guanarteme de Telde había muerto siendo su heredero aún niño, y el faycán de esta demarcación, que actuaba como gobernador, cuestionaba la autoridad del nuevo guanarteme de Gáldar Tenesor Semidán.[71]

Mundo mágico-religioso

El llamado «ídolo de Tara», en el Museo Canario.

Creencias

Los aborígenes de Gran Canaria eran deístas, creían en un Ser Supremo creador y sustentador al que denominaban Acorán, Alcorán o Alcorac. Adoraban también a los astros como al Sol, al que llamaban Magec y que para ellos que era el origen de las almas humanas o maxios. Creían asimismo en un principio maligno que sufría tormentos en las entrañas de la tierra al que llamaban Galiot o Gabiot, y que se les aparecía con la apariencia de grandes perros lanudos a los que llamaban tibicenas.

Cabe mencionar también la presencia de canarios cristianos en la sociedad aborigen antes de la conquista debido a la acción evangelizadora llevada a cabo por misioneros franciscanos en Gran Canaria. Estas misiones tuvieron lugar durante dos períodos: entre 1352 y 1391, años en que funcionó el obispado de Telde dirigido por franciscanos mallorquines, y nuevamente entre 1462 y 1473 con la fundación de un eremitorio también en Telde.[72][73]

Lugares de culto

Supuesto almogarén o santuario aborigen al pie del roque Bentayga.

Los antiguos canarios tenían diferentes lugares de culto a los que denominaban almogarén. Estos se ubicados en la cima de las montañas y roques, y consistían en conjuntos de huecos o cazoletas excavados en la piedra y comunicados con canales, donde derramaban leche o manteca a modo de ofrenda.

Un tipo particular de almogarén eran aquellos ubicados en el interior de cuevas artificiales, con grabados rupestres que representan triángulos púbicos en las paredes y cazoletas excavadas en el suelo, como la cueva C7 del complejo de cuevas de Risco Caído, que tiene la particularidad de su estructura abovedada (caso único en las islas) y contar con un orificio artificial que al recibir la luz del amanecer produce un efecto óptico peculiar sobre las imágenes impresas en la pared de la cueva.

Algunos autores como el catedrático en Historia Antonio Tejera Gaspar sugieren la creencia de los aborígenes en el concepto de axis mundi, situándolo en el roque Bentayga por sus condiciones morfológicas y geográficas.[74]

Ritos y celebraciones

Los ritos religiosos eran dirigidos por el faycán, ayudado además por una institución de mujeres «santas» llamadas harimaguadas.

Entre los rituales que se conocen están aquellos propiciatorios de lluvia. Esta ceremonia era dirigida por el faycán y asistida por las harimaguadas, y consistía en una procesión de la población a las montañas sagradas de Tirma y Amagro portando ramas de árboles. En el lugar sagrado las harimaguadas derramaban leche y manteca, danzando y cantando alrededor, mientras la gente clamaba al cielo. Después, el faycán conducía la procesión hasta el mar, donde todo el mundo con ramas daba golpes en la superficie.[nota 6]

Rituales funerarios

Práctica de la momificación

En Gran Canaria existe en la actualidad un debate sobre la auténtica naturaleza de las momias de los antiguos habitantes de la isla, pues investigadores señalan que no existió una verdadera intencionalidad de momificar al difunto y que la buena conservación de algunas de ellas se debe más bien a factores ambientales, como también sucede en la isla de La Palma. Esto a diferencia de lo que sucede en la isla de Tenerife, donde sí existía una técnica de momificación consolidada.

Lenguaje y escritura

Lengua

Diálogos de la Comedia del recibimiento en español y en lengua aborigen.

Los aborígenes de Gran Canaria hablaban una variedad insular de las lenguas guanches, que fue desarrollándose independientemente del resto de hablas insulares tras el primer poblamiento y el posterior aislamiento secular.

Frases o expresiones

En las fuentes históricas se recogieron algunas frases en lengua canaria. Destaca en este aspecto una endecha trascrita por Leonardo Torriani: «Aicá maragá, aititú aguahae / Maicá guere, demacihani / Neigá haruuiti alemalai». El ingeniero aporta además su traducción: 'sed bienvenido, mataron a nostra madre, esta gente forastera, pero ya que estamos juntos, hermano, quiero casarme, pues estamos perdidos'.[75]

Por otra parte, el poeta Bartolomé Cairasco de Figueroa incluyó en su obra Comedia del recibimiento de 1582 varias frases en lengua aborigen. Estas son incluidas en los diálogos entre los personajes Sabiduría y Doramas.[76][77]

Otras frases o expresiones que sobrevivieron en los textos antiguos son:

  • Admenena comorante / Almene Coram, expresión que valía como 'válgame Dios';[78][79]
  • Asistis / Assistir / Atis, juramento que se anteponía al nombre de los riscos sagrados de Tirma y Amagro;[80][81]
  • Haita haita datana / ay tu catana / haitu catanaja, 'ea hombres, haced como buenos', grito de ánimo durante las batallas;[82]
  • Hita manira cura, 'Señor danos agua', expresión utilizada durante los ritos propiciatorios de lluvia;[83]
  • Sansofi, 'sea bienvenido';[84]
  • Tamaragua, saludo, 'aquí viene el huésped'.[84]

También se dio la traducción de algunos antropónimos, como Atacaycate que significaba 'gran corazón', Arabisenen 'salvaje', Doramas 'narices' y Adargoma 'espaldas de risco'.[85]

Léxico

Es poco lo que se conserva del vocabulario aborigen de Gran Canaria. En las primeras crónicas se plasmaron solo las siguientes palabras:

Más información Término / Variantes, Traducción o definición ...
Término / VariantesTraducción o definición
Aholeche[86]
Almogaren / Almogaréncasa de oración,[87] 'casa santa'[88][89]
Amodeghe / Amodagaarma,[90] vara puntiaguda y tostada[91]
Arehormazehigo verde[92]
Aridamancabra[93]
Azamotan / Temossencebada[93]
Carianaespecie de esportón grande[92]
Cuna'perro'[94][nota 7]
Faicag / Faicangobernador-sacerdote y juez, segunda dignidad después del rey[91][96]
Fayahuracancapitán o caudillo en la guerra[97]
Gama'basta', interjección[90]
Gayre / Guaireconsejero de la guerra[98]
Guadarteme / Guanartemeel rey[99]
Guayafanespecie de regidor de cada población[97]
Guayere'el público'[94]
Hecheres-amenatosconsejeros del rey[97]
Huerguelézapatos[100]
Lia'sol de verano'[94]
Mag'sol de invierno'[94]
Magada / Maguadadoncella o mujer religiosa que vive en recogimiento[101]
Magido / Magado / Magodo / Majidobastón corto de madera a manera de maza, garrote con porras en los extremos[91][90]
Magioespíritu o fantasma de los antepasados[102]
Punapalhijo legítimo[103]
Sabor / Samborconsejo formado por los gayres y el guanarteme[98][90]
Tabicena / Tibicenademonio en forma de gran perro lanudo, 'perro'[91]
Taguasemcerdo[93]
Tahatanoveja[93]
Tamazanona / Camarona / Tamoranocarne guisada o asada con manteca[93]
Tamogante en Acoran'casa de Dios',[101] convento de vírgenes[104]
Tauapiedras afiladas[105]
Tehaunenenhigo maduro y pasado[92]
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Sistema de numeración

Un caso particular para Gran Canaria es la pervivencia documental de los numerales en lengua nativa. Estos fueron recogidos en el relato de la expedición de Niccoloso da Recco de 1341, así como en la pseudo-crónica de Antonio Sedeño y en las obras de fray José de Sosa y de Marín de Cubas, todas del siglo xvii. Las listas ofrecidas por estos tres últimos autores están relacionadas entre sí, pero difieren de la de Recco.[106]

Más información N.º, Recco (1341) ...
N.ºRecco (1341)[107]Sedeño (1640)[103]Sosa (1678)[108]Marín de Cubas (1694)[109]
1Nait / UaitBenBenBeen
2SmettiLiinLiniLiin
3AmelottiAmietAmiatAmiat
4AcodettiArbaArbaArba
5SimusettiCanseCansaCanza
6SesetiiSumusSumusSumus
7SatiiSatSátSat
8TamatiiSetSetSet
9Alda-MoranaAcetAcotAcot
10MaravaMaragoMaragoMarago
11Nait-MaravaVenir maragoBenir MaragoBenirmarago
12Smatta-MaravaLinir marago-Linir Marago
13Amierat-Marava---
14Acodat-Marava---
15Simusat-Marava---
16Sesatti-Marava---
20-Linago-Linago
30-Amiago-Amiago
40-Arbago-Arbiago
50-Cansago-Cansago
60-Sumago--
70-Satago--
80-Setago--
90-Acotago--
100-Bemaraguín-Benamaraguin
200---Limaraguin
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Escritura

Ejemplo de grabados de caracteres líbico-bereberes en el barranco de Balos, Agüimes.

Aunque algunos textos históricos apuntaban que los aborígenes no poseyeron letras ni escritura,[110] los hallazgos arqueológicos efectuados a partir de finales del siglo xix han desmentido este dato.[111]

Los aborígenes de Gran Canaria poseyeron una escritura líbica que plasmaron en soportes de piedra mediante técnicas como el picado o la incisión, y que se encuentran generalmente junto a otros grabados geométricos o figurativos. El estudio de los caracteres ha desvelado su afinidad con otras escrituras líbicas del norte de Túnez y sureste de Argelia, con algunos ejemplos de signos presentes también en el ámbito bereber del Sáhara. Las investigaciones también apuntan a la relativa homogeneidad de los caracteres utilizados tanto en Gran Canaria como en el resto de islas del archipiélago.[112][113]

Sin embargo, un estudio moderno de los grabados alfabéticos de Gran Canaria propone que los aborígenes habrían perdido la práctica de la escritura por motivos desconocidos en torno a los siglos ix-x.[111]

Gran Canaria cuenta con aproximadamente veinte yacimientos con inscripciones alfabéticas repartidos por toda la geografía insular, y es junto a El Hierro la isla del archipiélago con más representaciones. Destaca en este aspecto el yacimiento de Los Letreros del barranco de Balos (Agüimes), uno de los yacimientos que posee mayor número de paneles de Canarias.[114]

Contacto con otras culturas

Antigüedad Clásica

Las islas fueron visitadas posiblemente por marineros fenicios y cartagineses desde el siglo VII a. C., aunque no existen documentos ni restos arqueológicos que lo atestigüen claramente.

La primera visita extranjera a Gran Canaria de la que se tiene noticia cierta es la expedición científica organizada por el rey Juba II de Mauritania en el siglo I a. C. Los expedicionarios encontraron en la isla restos de edificios y grandes perros, de los que llevaron dos al rey, aunque no se habla de ningún encuentro con los aborígenes.[115]

Primeras expediciones medievales

Costa de La Aldea de San Nicolás donde los misioneros mallorquines tenían construida una ermita.

Las fuentes tradicionales mencionan la llegada de misioneros cristianos durante los primeros siglos de la era común, como las visitas del propio apóstol san Bartolomé, san Avito, san Brendán y san Maclovio. San Avito predicó supuestamente en Gran Canaria en el año 106, siendo martirizado por los aborígenes.[116] No obstante, estos relatos carecen de sustento científico, pues es sabido de hecho que este santo no existió.[117]

En el xiv se produce el redescubrimiento de Canarias por los navegantes mediterráneos. Así, recientes hallazgos arqueológicos de monedas aragonesas en la cueva pintada de Gáldar, vinculadas al reinado de Jaime II de Aragón, apuntan a los comerciantes mallorquines como los primeros europeos en redescubrir Canarias.[118]

Además, en 1341 las islas fueron visitadas por una expedición portuguesa formada por navegantes genoveses, florentinos y castellanos enviada por el rey Alfonso IV. Los viajeros, entre los que se encontraba Niccoloso da Recco, visitaron entre otras islas Gran Canaria, donde fueron bien recibidos por los aborígenes que se acercaron a las naves fondeadas en la bahía de Gando para comerciar con ellos.[119]

Un año después llegan a Gran Canaria dos nuevas expediciones mallorquinas de índole comercial privada, aunque apoyadas por el rey Jaime III de Mallorca. Estas expediciones pudieron hacer razias entre los aborígenes y su ganado, al desconfiar ya estos de los europeos.

En 1352 arriba a la isla una nueva expedición mallorquina apoyada por el papa Clemente VI y por el rey Pedro IV de Aragón con la misión de evangelizar a los aborígenes. Estaba formada por treinta misioneros así como por doce canarios que habían sido capturados con anterioridad y cristianizados a modo de apóstoles. Los expedicionarios se instalaron en el poblado de Telde, donde comenzaron su misión, fundando además dos ermitas en diferentes lugares de la isla.[nota 8] La convivencia entre aborígenes y misioneros fue buena, existiendo intercambios económicos, hasta que en 1391 los aborígenes mataron a los trece religiosos que quedaban en la isla presumiblemente como castigo por los continuos asaltos esclavistas.[72]

Expediciones del siglo xv e intentos de conquista

Etapa betencuriana

Con el inicio de la conquista de las islas se incrementan los contactos entre europeos y aborígenes.

En 1403 el conquistador normando Gadifer de la Salle, una vez sometidas las islas de Lanzarote y Fuerteventura, organiza una entrada en Gran Canaria para explorarla. Arriba a la playa de Gando, donde comercia con los aborígenes durante un tiempo hasta que resulta un enfrentamiento. Un año después regresa, tomando puerto esta vez en Arguineguín. Allí los canarios dirigidos por el rey Artemi o por su hijo, les tienden una emboscada y los ahuyentan.

En 1405 será su socio Jean de Béthencourt quien realice una nueva expedición a la isla. Toma puerto en Arguineguín, entrevistándose con el rey Artemi. Sin embargo, un grupo de sus hombres decide desembarcar por su cuenta, haciendo retroceder a los canarios tierra adentro. Estos, reagrupándose, rechazan el ataque logrando eliminar a la mitad de los asaltantes, afirmando Abréu Galindo que el propio rey canario también resultó muerto en la escaramuza.

A partir de entonces se suceden esporádicamente las razias esclavistas en Gran Canaria desde las islas ya conquistadas.

En 1424 una armada portuguesa fue enviada por el infante Enrique el Navegante para intentar conquistar la isla. Capitaneada por Fernando de Castro, la expedición estaba formada por doce carabelas con 2 500 infantes y 120 jinetes. Arribaron a las playas de la bahía de las Isletas, pero son prontamente atacados por los aborígenes, que los obligan a embarcarse y huir tras hacerles perder a 300 soldados.

Etapa señorial castellana

La etapa señorial castellana se caracteriza por los continuos intentos de los señores de la familia Peraza-Herrera por anexionar la isla de Gran Canaria a su señorío, ya con invasiones militares, ya con pactos con los aborígenes.

En 1447 Hernán Peraza arriba a Gran Canaria durante su periplo por las islas para posesionarse de sus dominios, pero no llega a desembarcar al concentrarse en las playas de la bahía de las Isletas gran cantidad de aborígenes hostiles. Será una década después, entre 1457 y 1459, cuando su yerno Diego García de Herrera, desembarca en Gran Canaria en la costa de Gando con intenciones de conquista. Allí lo reciben los canarios, enfrentándose a sus hombres y obligándolos a replegarse a sus naves. Tras varios enfrentamientos, Herrera logra negociar con el guanarteme de Telde y este accede a que Herrera construya una torre en Gando a cambio de treinta jóvenes cristianos a modo de rehenes.

En 1459 el portugués Diego de Silva y Meneses toma por asalto la torre de Gando en el marco de los enfrentamientos entre las coronas de Castilla y Portugal por el dominio atlántico-africano. Desde esta posición lleva a cabo varias incursiones contra los canarios del poblado de Telde.

En el verano de 1461 los guanartemes Egonaiga de Gáldar y Bentagoyhe de Telde llevan a cabo un pacto con Herrera en la bahía de las Isletas con presencia del obispo de San Marcial del Rubicón Diego López de Illescas. A raíz de este acuerdo, los aborígenes autorizan la construcción de un eremitorio en el poblado de Telde que es bendecido por el propio obispo. Asimismo, hacia 1465 Diego de Silva, ahora alcaide de la torre de Gando y yerno de Herrera, construye una segunda fortaleza próxima al eremitorio.

Episodio entre Silva y Egonaiga

En 1466 Diego de Silva hace una entrada en Gáldar con doscientos hombres. Los canarios apercibidos comienzan a atosigarlos, empujándolos hacia el poblado de Gáldar y cercándolos finalmente en una plaza rodeada de muros de piedra. Allí logran defenderse hasta que una mujer canaria llamada Tazirga, que había sido capturada y cristianizada, les dice en castellano que solo podrán salvarse con la ayuda del guanarteme. Llegado el rey Egonaiga al cercado, le ofrece a Silva una escapatoria diciéndole que lo tomase prisionero e intercambiara su vida por la de ellos. El engaño surte efecto y Silva y sus hombres son liberados.

Tras este episodio los canarios desconfiaron del guanarteme, creyéndolo cristiano, y los nobles se confabularon contra él planeando matarlo en el cercado donde hacían sus consejos. Enterado Egonaiga del complot fue preguntando a cada noble que entraba en el cercado dónde tenía su arma, y cada uno avergonzado la sacaba de donde la había escondido, perdonándolos uno a uno el guanarteme.

Asalto a la torre de Gando y conflictos en Telde

Entre 1473 y 1474 los canarios, hartos de las correrías y asaltos que la guarnición de Gando y su alcaide Pedro Chemida hacían en los poblados próximos, sobre todo molestos por el rapto de varias mujeres nobles isleñas, asaltan la fortaleza liderados por el guayre Maninidra. Los canarios se introducen en la torre disfrazados de soldados, matando a varios castellanos y tomando como prisioneros a más de cien, quemando también un almacén anexo a la torre.[nota 9]

Por entonces se suceden varios acontecimientos que convulsionan más aún la vida de los aborígenes. El guanarteme Bentagoyhe muere enfermo poco antes del asalto a la torre de Gando, dejando dos hijos menores en tutela de su pariente el rey de Gáldar, quien deja en el gobierno de Telde al faycán Guanariragua, apodado el Tuerto, que era enemigo de los cristianos y verdadero instigador del asalto a la torre. Asimismo, el guerrero canario Doramas se alza con varios compañeros contra la autoridad del guanarteme y de los guayres.

Rapto de la sobrina del guanarteme

Por su parte en el reino de Gáldar un grupo de vasallos lanzaroteños de Diego de Herrera logran apresar a Tenesoya, sobrina del guanarteme, mientras se bañaba en la costa junto a otras dos mujeres hacia 1475. Estos hombres habían sido enviados por Inés Peraza para espiar lo que pasaba en la isla con respecto a los cristianos capturados por los canarios durante los asaltos a Gando y Telde. Egonaiga exige entonces a los guayres de la isla que le entreguen a todos los cristianos cautivos, negándose el faycán de Telde. El guanarteme acude con sus guerreros y el faycán se rinde, perdonándolo Egonaiga y dejándolo en el cargo.

Una vez con todos los rehenes, Egonaiga envía diez embajadores de entre los cantones de la isla a Lanzarote para pedir perdón a Herrera por lo acontecido en Gando y hacerle entrega de los rehenes, prometiéndole además toda la orchilla que se recogiese en la isla. Por su parte, Herrera le hace entrega de Tenesoya y de todos los canarios cautivos que hubiera en su señorío.[nota 10]

Sin embargo, durante su estancia en Lanzarote Tenesoya se había hecho cristiana y había sido casada con Maciot II de Bethencourt, por lo que poco después de regresar a Gran Canaria huyó de la casa de su tío con ayuda de los hombres de Herrera. La tradición indica que a causa de esta huida enfermó Egonaiga, muriendo poco después y dejando la jefatura de la isla a su sobrino Tenesor Semidan en tanto su única heredera fuera menor.

Estos hechos coinciden con el fin de la etapa señorial de la conquista de Canarias, al quedar traspasados los derechos a la Corona representada por los Reyes Católicos en 1477.

La conquista castellana

Los aborígenes en la nueva sociedad colonial

Fernando Guanarteme fue autorizado por los Reyes Católicos a permanecer en Gran Canaria junto a cuarenta parientes tras la conquista en recompensa por sus servicios durante la misma.

Terminada la conquista de Gran Canaria, el destino de los aborígenes se decidió motivado por su actitud personal durante la contienda. Aquellos que habían sido hechos prisioneros durante el conflicto fueron vendidos como esclavos «de buena guerra», mientras que se les respetó la libertad a los que se rindieron, con la condición de ser desterrados de la isla.[122][123]

Un caso particular fue el de Fernando Guanarteme, a quien los Reyes Católicos concedieron el privilegio de poder regresar y avecindarse en Gran Canaria junto a cuarenta parientes, en agradecimiento a sus servicios durante la fase final de la conquista.[124]

Según el cronista Andrés Bernáldez, «toda la parcialidad del rey de Telde» fue exiliada a Castilla y se estableció en Sevilla en el entorno de la Puerta de la Carne.[125] Allí continuaron «haciendo los actos y comunidades e gentilidad que solían» al margen de la sociedad, por lo que fueron vilipendiados y abusados por los vecinos, «tomándoles mugeres e hijos para servirse de ellos so color de no ser cristianos» entre otros malos tratamientos. En 1485, ante las quejas de Fernando Guanarteme en la Corte, los reyes ordenaron medidas al alcalde mayor de Sevilla para que defendiese a los canarios y les buscase señores que los empleasen. Asimismo se insistió también en mantener a las familias unidas, pero obligándolos a casarse según la iglesia y a ser adoctrinados en la fe y moral cristianas.[126]

Para el profesor Elías Serra, además del ex-guanarteme de Gáldar y sus cuarenta parientes, que él entendía como cabezas de familia y no individuos, habrían quedado otros canarios en la isla tras la conquista. «Las mujeres, más o menos esclavizadas, sus niños, los inválidos y los siervos personales» de los nuevos colonos habrían quedado libres de la expulsión forzosa. Asimismo, pequeños grupos de alzados que no fueron capturados ni durante la guerra ni tras la rendición general permanecieron ocultos en el interior de la isla al margen de la nueva sociedad.[124][127]

A pesar del destierro, con el tiempo muchos canarios fueron regresando paulatinamente a Gran Canaria. En 1491 los regidores de la isla informaron a los reyes del aumento del número de estos, y les solicitaron su expulsión pues se temía una sublevación dado el escaso número de castellanos. Los reyes accedieron a que fueran expulsados y prohibieron poco después bajo pena de muerte el regreso de los canarios a la isla.[124]

Una vía de escape para estos canarios expulsados nuevamente de la isla se abrió en 1492 cuando el capitán Alonso Fernández de Lugo hizo reclutamiento para las conquistas de La Palma y Tenerife. Un numeroso grupo de hasta sesenta canarios pasaron a formar parte del nuevo ejército conquistador.[128][129] Culminada la conquista de Tenerife en 1496, los canarios se quedaron a vivir en la isla. Allí fueron favorecidos por Alonso de Lugo y recibieron tierras en repartimiento.[130]

Supervivencias

Centro Locero de La Atalaya (Santa Brígida). La alfarería tradicional grancanaria es heredera directa de la aborigen.

Los estudios genéticos modernos han confirmado la pervivencia de ADN aborigen en la moderna población del archipiélago canario y en sus descendientes en América.[131][132] En el caso concreto de Gran Canaria, el porcentaje de ADN aborigen es del 24,32 %, según un estudio del año 2019.[133]

Aunque el bagaje genético aborigen sobrevivió, prácticamente toda la cultura prehispánica desapareció tras la conquista y colonización castellana. No obstante, algunas prácticas o costumbres fueron incorporadas a la nueva cultura insular, sobre todo aquellas ligadas al mundo del pastoreo, pues los aborígenes supervivientes continuaron siendo empleados por los nuevos colonos para el cuidado del ganado. Entre estas destaca el salto del pastor, un medio de moverse por la abrupta geografía insular valiéndose de lanzas y que a partir de finales del siglo xx se transformó en deporte popular.

Otras costumbres con posibles raíces aborígenes son el denominado juego del garrote, un estilo de lucha de ataque y defensa con palos propia de la isla transformada también modernamente en deporte autóctono,[134] y el silbo como lenguaje para comunicarse. Este último pervivió hasta mediados del siglo xx entre los pastores de la cumbre grancanaria y está en vías de recuperación.[135][136]

Algunos autores han apuntado además la hipótesis de que determinadas fiestas populares de la isla tengan un sustrato aborigen, como son la fiesta del Charco de La Aldea de San Nicolás, o la bajada de la Rama de las fiestas en honor a la virgen de las Nieves de Agaete. La primera la relacionan con la práctica de pesca de los antiguos canarios de embarbascar los charcos para aturdir a los peces,[137] mientras que la segunda la asocian a una posible supervivencia de los ritos propiciatorios de lluvia. No obstante, para la bajada de la Rama hay otros autores que la vinculan más a las enramadas, populares en numerosas festividades tanto de Canarias como del resto de España.[138][139]

Pervivencia de la lengua guanche de Gran Canaria

El término góngaro o góngano que nombra la especie Aeounium canariense es la única voz posiblemente aborigen viva en el habla grancanaria.

Aunque la lengua aborigen desapareció tras la colonización europea como medio de comunicación, sobrevivieron sobre todo términos toponímicos de los que se desconoce el significado en la mayoría de los casos. El filólogo Maximiano Trapero ha recopilado un total de 424 topónimos guanches en la isla de Gran Canaria que permanecen vivos en la oralidad.[140] Por su parte, el paleontólogo e investigador Francisco García-Talavera contabilizó 216 topónimos de origen guanche en los mapas topográficos de Gran Canaria del año 1990, lo que representaba un 29 % de los topónimos generales localizados.[141]

En este sentido destaca que once de los veintiún municipios de la isla conservan el nombre aborigen: Agaete, Agüimes, Artenara, Arucas, Firgas, Gáldar, Mogán, Moya, Tejeda, Telde y Teror, a los que cabe añadir los de San Bartolomé y Santa Lucía que poseen el apelativo «de Tirajana».

En cuanto al léxico, al contrario de lo que sí sucedió en otras islas como Tenerife o La Gomera, en Gran Canaria no fueron muchas las palabras incorporadas al español de la isla, y de ellas no todas llegaron al presente. Así, el término almogarén o mogarén perduró como apelativo por lo menos hasta finales del siglo xvii, pero desapareció como vocablo con significado y solo sobrevivió como topónimo.[142][143] No obstante, ha sido recuperado en los ámbitos arqueológico y divulgativo desde los textos históricos para designar los lugares de culto formados principalmente por estaciones de cazoletas y canalillos.[144] La única voz viva en el habla grancanaria con posible origen prehispánico es «góngaro» o «góngano», nombre común que se da en la isla a varias especies de plantas endémicas del género Aeonium.[145]

El apellido Oramas

Después de la conquista varias familias aborígenes tomaron al castellanizarse como apellido algún nombre propio o toponímico en su propia lengua: Maninidra, Ventidagua, Artevirgua, Guanarteme, de Gáldar, etc. Muchos perduraron hasta el siglo xvii, si bien hasta el presente solo ha llegado el apellido Oramas, que deriva del famoso caudillo aborigen Doramas.[146]

Según datos del Instituto Nacional de Estadística, a 1 de enero de 2024 había en España 1 923 personas que lo portaban, sobre todo en la provincia de Santa Cruz de Tenerife.[147]

La antroponimia de origen guanche en la población moderna
El futbolista Guayre Betancor. A partir de 1980 se popularizaron en Canarias los nombres propios de origen guanche.

También han sobrevivido varios antropónimos aborígenes, si bien estos solo lo hicieron en los textos históricos y no en la tradición oral de la isla. El régimen franquista prohibió en 1938 la utilización de nombres propios que no aparecieran en el santoral católico y que no estuvieran en lengua castellana, por lo que los nombres guanches quedaron proscritos. Con la llegada de la democracia a España, y sobre todo a partir de los cambios normativos efectuados en 1980, la población canaria comenzó a utilizar los nombres aborígenes que aparecían en las fuentes históricas, y que habían sido recopilados y publicados para el gran público por autores canarios dentro de los crecientes movimientos nacionalistas.[148]

El Instituto Nacional de Estadística, a 1 de enero de 2024, contabilizaba 12 515 personas con nombre propio aborigen de Gran Canaria, con una media de edad de 31,9 años.[147]

Los más populares entre la población, ordenados de más a menos frecuentes, son: Nayra/Naira; Aythami/Aytami; Abian; Guayarmina; Acorán; Aridany/Aridani; Guayre; Abenauara/Abenchara/Benchara; Aduen; Doramas; Artemi; Bentejuí; Vidina; Guayasen; Semidan; Tenesor; Adargoma y Tenesoya.[147]

Aunque el uso mayoritario de estos nombres se circunscribe a Canarias, y con mayor presencia en la provincia de Las Palmas, algunos como Nayra se han generalizado también en el resto del territorio nacional sobre todo a partir de la década de los 2000 a raíz de la popularización gracias a Internet. Así, en 2024 ya estaba presente en todas las provincias de España.[147][149]

Canarios conocidos

Yacimientos arqueológicos

Túmulos en la Necrópolis de Maipez (Agaete).

La isla cuenta con una Red de Espacios Arqueológicos. Forman parte de esta red:[150]

Otros yacimientos

El Museo Canario en Las Palmas de Gran Canaria.
  • Risco Caído
  • Cuatro Puertas
  • Poblado de Tufia
  • Poblado del Agujero y necrópolis de la Guancha
  • Las Crucecitas (Playa de Mogán)
  • El Llanillo (Arguineguín)
  • Cuevas del Guayre
  • Roque de Guayedra
  • Punta Mujeres
  • Caserones
  • La Cerera
  • Mesa de Acusa
  • Los Letreros de Balos (Agüimes)
  • Cuevas de los Canarios (El Confital)
  • Llano de las Brujas (Jinámar)

Museos

Algunos museos de Gran Canaria poseen en sus colecciones material arqueológico de la etapa aborigen de la isla:

Parques temáticos

  • Mundo Aborigen

Esculturas modernas

Notas

  1. También suelen utilizarse los términos aborigen o indígena grancanario, grancanario prehispánico y antiguos canarios.[1]
  2. No obstante, algunos autores modernos aluden a que el texto de Plinio fue mal interpretado, y que en lugar de a perros se refería o bien a dos personas canarias o a lobos marinos.[10][11]
  3. Hay autores que apuntan la posibilidad del consumo por parte de los aborígenes grancanarios de la extinta rata gigante de Gran Canaria, aunque no se han hallado suficientes pruebas arqueológicas.[64]
  4. Algunos investigadores suponen que los aborígenes se valieron del intercambio con los misioneros mallorquines y catalanes que convivieron con ellos durante la última mitad del xiv para conseguir herramientas de metal con las que excavar. Sin embargo, el hábitat en cuevas artificiales está datado ya desde el iii d. C.[65]
  5. Los términos guanartemato y guayrato se popularizaron en la segunda mitad del xx para designar estas demarcaciones, a similitud del término menceyato que se usaba en la isla de Tenerife. Se trata de neologismos derivados de los términos aborígenes guanarteme y guayre y la adición del sufijo castellano –ato, utilizado para señalar jurisdicción. Antes de su popularización, los historiadores usaban generalmente el término «reino» y «cantón» respectivamente.
  6. Este ritual pervive transformado en celebración cristiana en la denominada «fiesta de la Rama» de la moderna localidad de Agaete.
  7. El lingüista alemán Dominik Josef Wölfel considera que puede ser un error del autor al trasladar y cambiar el término cancha con el que los guanches denominaban al perro.[95]
  8. Los primeros historiadores apuntan a que una de estas ermitas estaba ubicada en el istmo de Guanarteme, donde se veneraban imágenes de san Juan Evangelista, María Magdalena, santa Catalina y la Virgen, mientras que la otra se encontraba en la costa de la moderna localidad de La Aldea de San Nicolás, con la imagen de este santo italiano.
  9. Otros autores consideran que este asalto fue a la fortaleza y eremitorio de Telde.[120][121]
  10. Este nuevo pacto se formalizó ante el escribano público Juan Ruiz de Zumeta, siendo conocido el documento en la historiografía canaria como «acta de Zumeta».

Referencias

Bibliografía

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