Carta de Américo Vespucio desde Sevilla
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La carta de Américo Vespucio desde Sevilla (18 de julio de 1500), escrita a su patrón Lorenzo de Pierfrancesco de Médici, describe las experiencias del viaje de Alonso de Ojeda en mayo de 1499. A pesar de la controversia reinante entre muchos historiadores sobre qué cartas de Vespucio eran reales y cuáles eran falsas, esta particular carta de Vespucio se considera auténtica y es notable por su detallada descripción de la costa brasileña y sus habitantes.[1]
Antonello Gerbi sostiene que la Carta de Sevilla del 1500, la Carta de Cabo Verde del 4 de julio de 1501 y la Carta de Lisboa de 1502, todas escritas a Lorenzo di Pierfrancesco de Médici, son las únicas tres cartas auténticas de Vespucio.[2] No obstante, algunos autores han criticado la Carta desde Sevilla por contener información falsa, acusando a Vespucio de no haber hecho nunca realmente el viaje a Brasil o de exagerar su papel.
Sinopsis
La Carta de Sevilla relata un viaje con dos carabelas al suroeste del Océano Atlántico. Américo Vespucio, que era un mercader florentino asentado en Sevilla, la escribió después de regresar a dicha ciudad. No afirma haber sido el capitán de la expedición pero tampoco lo desmiente. Estaba satisfecho con el viaje porque habían cruzado el Ecuador con éxito, explorado los trópicos e investigado ríos y diferentes especies de plantas y animales. Concluyó que «nosotros... descubrimos un país muy grande de Asia».[3]
Después de navegar más al sur del Trópico de Cáncer, Vespucio se sintió capaz de refutar la filosofía contemporánea que afirmaba que los trópicos eran inhóspitos para la vida debido al calor. Afirmó que la Zona Tórrida estaba más densamente poblada que las áreas circundantes. En la costa sudamericana, tuvieron dificultades para encontrar un lugar para atracar porque estaban rodeados de pantanos. Se encontraron con varias especies de flora y fauna que los asombraron. Este enorme ecosistema hizo que Vespucio llamara a Sudamérica un «paraíso terrestre».[4]
El viaje de Vespucio y sus compañeros también estuvo lleno de interacciones con los indígenas. Cuando llegaron a algunos lugares, bajaron del barco con armas. Vespucio descubrió que los indígenas estaban desnudos sin vergüenza y declaró que eran de «una naturaleza diferente».[4] Afirmó que algunos de los indígenas eran caníbales si bien solo comían enemigos y esclavos, y nunca comían mujeres. Algunas tribus indígenas reaccionaron a la presencia de los exploradores de manera diferente a otras. Algunas mostraron afecto proporcionando comida y dando regalos, mientras que otras eran más temerosas y hostiles. En algunas situaciones, los exploradores eligieron luchar y matar a los indígenas e incendiar sus aldeas..[5] Vespucci y su tripulación también obtuvieron algunos artículos mediante trueque. Sin embargo, no pudieron recoger muchas riquezas. Además de los encuentros con los indígenas, Vespucio observó que cada tribu que conocieron hablaba un idioma diferente. Esta experiencia había ampliado el horizonte de Vespucio en su percepción de la diversidad lingüística, ya que antes del viaje pensaba que «en el mundo no había más de setenta y siete lenguas».[6]