Wikiwand AI

Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos

organismo público descentralizado de México From Wikipedia, the free encyclopedia

La Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG) es un organismo público descentralizado de México encargado de producir, imprimir y distribuir libros de texto y material complementario gratuito,[1] a todos los alumnos y docentes de educación básica (preescolar, primaria, secundaria, telesecundaria y educación indígena), incluyendo versiones en lenguas originarias, braille, y macrotipo.[2]

País México
Sigla CONALITEG
Jurisdicción Federal (México)
Tipo Público descentralizado
Datos rápidos Localización, País ...
Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos


Localización
País México
Información general
Sigla CONALITEG
Jurisdicción Federal (México)
Tipo Público descentralizado
Base legal Decreto presidencial del 12 de febrero de 1959; Ley General de Educación.
Sede Rafael Checa No. 2, Colonia San Ángel, Alcaldía Álvaro Obregón, Ciudad de México, México
Organización
Victoria Guillén Álvarez
Depende de Secretaría de Educación Pública (SEP)
Historia
Fundación 12 de febrero de 1959
conaliteg.gob.mx/
Cerrar

Creado en 1959 y adscrita a la Secretaría de Educación Pública (SEP),[3] fue incluida como parte de la política educativa[4] durante la presidencia de Adolfo López Mateos, con el objetivo de homogeneizar contenidos y asegurar igualdad educativa.[5] Actualmente cuenta con un portal dentro del sitio web del Gobierno de México, en donde se puede acceder y descargar su catálogo digital.

Historia

Fundación y contexto

La Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos fue creada el 12 de febrero de 1959 mediante decreto presidencial durante el gobierno de Adolfo López Mateos y publicado en el Diario Oficial de la Federación,[1] siendo secretario de Educación Pública Jaime Torres Bodet; presidente de la comisión, el escritor Martín Luis Guzmán; y secretario general Miguel Ángel Menéndez Reyes. El decreto estableció que la Comisión tendría como finalidad editar, imprimir y distribuir gratuitamente los libros de texto destinados a la educación primaria en todo el país con el propósito de enfrentar los retos estructurales y sociales de México a finales de los años cincuenta.[6] Entre ellos destacaban la expansión demográfica acelerada, con millones de niños en edad escolar, y una cobertura educativa insuficiente.

Los altos índices de analfabetismo, especialmente en zonas rurales,[2] hacían que muchos estudiantes carecieran de materiales básicos debido a su costo, lo que profundizaba la brecha entre sectores urbanos y rurales:

[...] el Presidente quiso enterarse de lo que costaría la aventura tan arriesgada. Le proporcioné los datos que habíamos reunido. Representaban sumas cuantiosas. Y temí, en cierto instante, que debiésemos limitarnos a ofrecer exclusivamente textos gratuitos a los alumnos matriculados en los planteles de la Federación. El Presidente aspiraba a más. "Todos son niños —me dijo— y todos son parte de nuestro pueblo". Se daba cuenta del sacrificio económico que ese nuevo esfuerzo requeriría.[7]
Jaime Torres Bodet

Se definieron las características de los texto, debiendo ser gratuito, único y obligatorio. Los niños en escuelas públicas o privadas, recibirían los mismos materiales y quedaba prohibido solicitar textos adicionales. Se lanzó una convocatorias para la redacción de los libros, pero con la restricción estricta de que los autores debían ser ciudadanos mexicanos por nacimiento,[8] limitando la influencia de exiliados extranjeros (especialmente españoles).

Se seleccionaron 14 imprentas, destacando empresas como Novaro Editores-Impresores y La Prensa. En septiembre de 1959, se ordenó la impresión de 16 millones de ejemplares para la primera entrega en 1960,[9] con los textos que correspondían a los cursos de primero a quinto grado de primaria; el de sexto grado se entregó un año después.[10] Estos materiales abarcaban materias como español, matemáticas, ciencias naturales, historia, geografía y civismo, reflejando la orientación formativa del sistema educativo centrado en el desarrollo de competencias básicas de lectoescritura y cálculo, así como en la consolidación de una identidad nacional y la formación cívica para los estudiantes. Al ser diseñados de manera homogénea para todo el territorio nacional, se unificaba la pedagogía del sistema educativo, y al incorporar ilustraciones y elementos simbólicos, reforzaban los valores culturales y patrióticos.

Consolidación e identidad gráfica

En 1962, para la portada de los libros se empleó la obra La Patria de Jorge González Camarena, lienzo que integra elementos simbólicos de la identidad nacional mexicana, de los pilares de su economía y de la educación como motor de progreso.[11] La pintura se convirtió en un icono de los libros educativos y permanecería durante varias décadas, contribuyendo a la consolidación de una identidad visual asociada al proyecto educativo nacional. Actualmente la pintura se encuentra en el Museo Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México.

Los libros de texto evolucionaron de un diseño solemne y nacionalista hacia un estilo más didáctico y cercano a la infancia. A partir de la generación de 1972, con el cambio de planes de estudio,[12] las portadas comenzaron a incluir juguetes y artesanías mexicanas, utilizando obras de Juan Ramón Arana y de Aníbal Angulo.[13]

En 1982 y 1988 se incorporaron más ilustraciones narrativas y escenas cotidianas que retrataban flora, fauna y niños. Los colores eran más vivos y la diagramación menos rígida, lo que favorecía una mayor cercanía con la experiencia y un enfoque menos memorístico. En esos años se utilizaron las ilustraciones de Carlos Palleiro y Felipe Dávalos.[6] Algunas portadas de estas generaciones fueron obras únicas realizadas por artistas invitados como Rufino Tamayo, Juan Soriano, Diego Rivera, Manuel Felguérez, Raimundo Martínez y Águeda Lozano.

La generación de 1993 se introdujeron personajes infantiles como Paco el Chato, del escritor Rafael Neftalí Zepeda, acompañados de ilustraciones centradas en la experiencia escolar enmarcadas en colores vivos.[14] Los libros del 2008 destacaron por la influencia de la pedagogía constructivista; sus portadas fueron más modernas, con diagramación flexible y uso de fotografía. Incorporaron valores democráticos, equidad de género y multiculturalidad reflejada en sus imágenes. En 2010 se anunciaron las portadas conmemorativas del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, y en 2011 y 2014 las posdatas presentaban una estética contemporánea, con una diagramación dinámica y el uso de infografías. La generación 2018 y 2019 mostraron aumento en la apertura a nuevos artistas, con portadas elaboradas mediante ilustraciones digitales que abordaron temas como diversidad social y cultural, inclusión, equidad y derechos humanos. En la actualidad, se convoca a creadores visuales, artistas, docentes y estudiantes a participar en la elaboración colectiva de las portadas, integrando múltiples estilos y propuestas gráficas.[15]

Obras utilizadas en portadas de libros de texto gratuitos
Español 2° grado
Español lecturas 4° grado
Español recortable 1°
Ciencias naturales 3°
Español 3°
Español 4°
Español 5°
Murales utilizados para los libros de texto 1993
Historia 5°
Historia 6°

Educación Especial

A finales de los años setenta, la SEP y la CONALITEG produjeron versiones especiales de los textos básicos de primaria en formato braille, lo que representó los primeros esfuerzos de educación inclusiva en el país y ampliando el acceso a materiales educativos para estudiantes con ceguera. El apoyo a la educación especial fue creciendo de manera progresiva, en paralelo con la evolución de las políticas educativas hacia la inclusión.[4]

En 1990 se produjeron materiales adaptados y se comenzó a trabajar en guías para docentes de educación especial buscando integrar a los alumnos en el sistema escolar regular:

Los cambios originados a partir de las reformas de la década de 1990, entre los cuales figura la puesta en marcha del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB) de 1992, fueron el parteaguas para que las escuelas regulares del país comenzaran a abrir sus espacios a una población que había permanecido relegada o constreñida a las escuelas de educación especial, sin establecer distinciones entre los casos que ameritaban una intervención especializada y los que podían ser atendidos en las escuelas regulares, mediante el seguimiento adecuado de los maestros de grupo.[16]
Jesús Adolfo Trujillo Holguín

La ley estableció la necesidad de que en las escuelas se incluyera:

la orientación a los padres o tutores, así como también a los maestros y personal de escuelas de educación básica regular que integren a alumnos con necesidades especiales de educación[17]
Ley General de Educación 1993

En el año 2000 la CONALITEG amplió su catálogo para atender a estudiantes con diferentes condiciones, incluyendo discapacidad auditiva, motriz e intelectual.[18] Se desarrollaron materiales complementarios y se reforzó la distribución nacional. Posteriormente en 2004, también se incluirían libros en macrotipo, para estudiantes con debilidad visual. Actualmente, la educación inclusiva cuenta con materiales que buscan atender a niños y jóvenes con discapacidad, aptitudes sobresalientes, trastornos del espectro autista, TDAH, problemas de lenguaje y aprendizaje.[19][20]

Emblema Institucional

Emblema institucional de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos

La propuesta fue realizada por el entonces secretario general de la CONALITEG, Juan Hernández Luna; ilustrado por Juan Antonio Madrid Vargas, director del Departamento de Arte y Dibujo; y aprobado por Fernando Elías Calles, presidente de la Comisión en ese momento.

El árbol y los frutos simbolizan el tesoro del saber humano; las raíces y los libros representan los seis grados de la educación primaria que han de nutrirse siempre de la savia de ese saber; y la niña y el niño significan la igualdad cívica que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos otorga a mujeres y hombres, y que les da derecho a disfrutar por igual, del árbol y frutos del saber humano.[21]
Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos


Titulares

Más información Titular, Periodo ...
Titulares de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos[22][23][24][25]
TitularPeriodo
Martín Luis Guzmán1959 - 1976
Agustín Yáñez1977 - 1979
Enrique González Pedrero1979 - 1982
Miguel Huerta Maldonado1982 - 1983
María Lavalle Urbina1983 - 1984
Javier Wimer Zambrano1984 - 1991
Fernando Elías Calles Álvarez1991 - 1994
Francisco Javier Osornio Corres1994
Miguel Antonio Meza Estrada1994 - 1999
Humberto Blanco Pedrero*2000
Jorge Velasco y Félix2001 - 2006
Miguel Agustín Limón Macías2006 - 2013
Joaquín Díez-Canedo Flores2013 - 2017
Arturo José Ancona García-López2017 - 2018
Miguel Antonio Meza Estrada2019 - 2021
Marx Arriaga Navarro 2021 - 2026
Victoria Guillén Álvarez2026 -
*Encargado de la dirección.
Cerrar

Controversias y Críticas

Oposiciones religiosas y conservadoras

Entre 1959 y 1962, el anuncio de la creación de la CONALITEG generó críticas en sectores conservadores. La Iglesia católica manifestó preocupación por el carácter laico y nacionalista de los contenidos.[26] La Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) sostuvo que los libros limitaban la libertad educativa de padres y maestros, lo que derivó en manifestaciones públicas en ciudades como Monterrey, donde grupos opositores se organizaron contra lo que consideraban una amenaza comunista.[27][28] La Iglesia se opuso principalmente al carácter único y obligatorio de los textos, al considerarlo una violación a la libertad de enseñanza.[26]

Durante el gobierno de Luis Echeverría (1970–1976) se introdujeron cambios pedagógicos en los libros de texto, particularmente en ciencias sociales y educación sexual. Por primera vez información sobre la pubertad, la eyaculación y la menstruación.[29] La UNPF solía arrancar las páginas relativas a temas sexuales antes de que sus hijos las usaran, argumentando que la información debía transmitirse de forma individual y por los padres.[30] La Iglesia católica rechazó abiertamente los libros, considerando “inaceptables” las ilustraciones de niños desnudos y las explicaciones sobre la gestación; además, acusó a la Secretaría de Educación Pública de intentar implantar un sistema “ateo, totalitario y antimexicano”.[31] La UNPF solicitó formalmente retirar el libro de ciencias sociales de sexto año y sus guías didácticas, por considerar que su enfoque era “socializante” y basado en principios marxistas. Tras estas acusaciones, el gobierno aceptó realizar cambios en las ediciones.[32]

En 1977, la UNPF y el Episcopado exigieron la eliminación de manuales escolares al considerar que su contenido era “marxista” y de “ideología liberal”, al advertir que podía corromper la formación de los niños.[33]


En 1998 y 1999, los materiales de ciencias naturales y formación cívica abordaron temas de reproducción humana, métodos anticonceptivos, prevención de enfermedades de transmisión sexual y relaciones de género. Esto provocó críticas de organizaciones conservadoras y religiosas, que los consideraron inapropiados.[34] Grupos conservadores intentaron imponer la patria potestad sobre el derecho de los menores a recibir información científica, alegando que estos temas eran prematuros y podían incitar a la curiosidad sexual.[30]

Entre 2006 y 2009 se buscó matizar la educación sexual y la diversidad familiar bajo una óptica más conservadora, lo que generó resistencia de grupos progresistas.[35] Organizaciones y padres solicitaron modificar o eliminar ilustraciones anatómicas y referencias al uso de anticonceptivos.[36] Por su parte, especialistas en educación defendieron la inclusión de estos contenidos como parte de la formación científica y de salud pública.

Entre 2019 y 2023, uno de los mayores puntos de fricción fue la introducción del lenguaje inclusivo, considerado por algunos sectores como una distorsión de la lengua. Los contenidos sobre diversidad sexual e identidad de género fueron percibidos por muchos padres como una imposición ideológica contraria a sus creencias religiosas.[37]

Omisiones históricas

A principios de la década de 1990, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se opuso a los contenidos de los libros de texto por considerar que ofrecían una visión alterada de la historia para legitimar al Estado y sus políticas neoliberales.[38] Se criticó que los libros presentaban a Porfirio Díaz como modernizador, destacando el ferrocarril y el progreso, pero sin señalar su carácter dictatorial ni la violencia contra opositores, campesinos e indígenas.[39]

También se señaló la minimización de elementos clave de la identidad revolucionaria, con luchas sociales apenas mencionadas y figuras como Emiliano Zapata o Francisco Villa reducidas a papeles secundarios.[40] Asimismo, se cuestionó la falta de objetividad al tratar la represión estudiantil de 1968, omitiendo detalles para evitar culpar al Ejército o al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.[41]

Calidad técnica, pedagógica y gestión

Entre 1970 y 1976, parte de la prensa defendió a la SEP frente a los ataques de la UNPF. Sin embargo, varios sectores señalaron fallas en los libros de Ciencias Sociales, como sesgos ideológicos, inexactitudes, anacronismos y errores gramaticales.[42]

En los libros de 1979–1980 se eliminaron ilustraciones, mapas y ejercicios didácticos por motivos técnicos, lo que generó críticas al considerar que estas exclusiones limitaban el aprendizaje.[43] Se cuestionó que la CONALITEG estuviera representada por periódicos de la capital elegidos por el gobierno, y se sugirió incluir a profesores y padres en su cuerpo directivo. En 1980, la organización se descentralizó y sus funciones se limitaron a la producción y distribución de materiales, mientras que la SEP retuvo la responsabilidad de diseñar y aprobar los contenidos pedagógicos.[44]

En 2006, pedagogos señalaron deficiencias en el abordaje del VIH/sida y el embarazo adolescente, indicando la ausencia de explicaciones científicas. Además, se mencionó que solo la mitad de las actividades en los libros de quinto y sexto grado de ciencias naturales tenían potencial real para promover el aprendizaje.[45]

En 2013, se produjo un escándalo ortográfico: el secretario de educación Emilio Chuayffet admitió públicamente que se habían impreso 25 millones de libros con 117 errores ortográficos. Al ser imposible detener la impresión, se optó por entregar una “fe de erratas”.[46][47][48]

Los materiales del modelo educativo conocido como la Nueva Escuela Mexicana (NEM), distribuidos a partir de 2023, fueron señalados por errores conceptuales y de redacción, así como por la eliminación de la estructura tradicional por materias, reemplazada por proyectos interdisciplinarios.[49][50] Docentes criticaron la disminución de libertad sobre los contenidos, problemas conceptuales, ausencia de mapa curricular, inconsistencias pedagógicas, omisiones de contenidos clave, sesgo ideológico y errores puntuales.[51] Se consideró que existía una fractura significativa entre el plan de estudios de la NEM y la realidad de los libros de texto.[52]

Desde 2024 persisten debates sobre la validez pedagógica de los materiales, señalando que no están alineados con planes de estudio claros y que es necesario revisar los cambios curriculares del sexenio anterior para asegurar que lengua y matemáticas recuperen un lugar central.[53]

Controversias recientes y conflictos políticos

En 2019, algunos gobiernos estatales (Chihuahua, Coahuila y Guanajuato) y organizaciones civiles como la UNPF promovieron recursos legales para suspender la distribución de los libros. Aunque algunos jueces concedieron suspensiones temporales, los materiales fueron finalmente distribuidos en la mayor parte del país.[54]

El 5 de septiembre de 2023, la “Marcha Ciudadana por la Educación de Nuestros Hijos” en Ciudad de México exigió retirar contenidos considerados como adoctrinamiento ideológico, alegando que vulneraban el derecho de los niños a una educación objetiva y de calidad.[55]

En 2025, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió un amparo promovido por Lorenzo Córdova, ex consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, quien impugnó una referencia incluida en un libro de sexto grado donde se le citaba como ejemplo de discriminación hacia pueblos indígenas. La Corte ordenó eliminar dicha referencia y modificar los materiales correspondientes.[56][57]

Ese mismo año, el funcionario educativo Marx Arriaga Navarro, responsable del diseño de los libros de texto, fue removido de su cargo en la SEP tras un conflicto por desacuerdos sobre posibles modificaciones. Tras su destitución, Arriaga denunció presiones para alterar los contenidos y protagonizó un enfrentamiento público con las autoridades educativas.[58][59]


Referencias

Enlaces externos

Related Articles

Timelines

Top Qs

Fact Checks