Convento de las Concebidas
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| Convento de la Purísima Concepción | ||
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| Convento de las Concebidas | ||
| Localización | ||
| País |
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| Localidad | La Paz | |
| Información religiosa | ||
| Culto | Iglesia católica | |
| Orden | Orden de la Inmaculada Concepción | |
El Convento de las Concebidas fue el nombre popular con el que se conocía al Convento de la Purísima Concepción, el primer monasterio femenino de la ciudad de La Paz, construido a mediados del siglo XVII.
Fue fundado el 8 de diciembre de 1663 bajo la advocación de la Orden de la Inmaculada Concepción y fue puesto a cargo de dos religiosas, las reverendas madres María Arce de la Vega y María Catalina Sufike.
Se trataba de un edificio ubicado entre las actuales calles Ingavi y Genaro Sanjinés, en el centro de la ciudad de La Paz, en la época colonial la calle Ingavi era conocida como la calle de las concebidas por el conocido convento. Incluso el puente al final de la calle, construido en 1720, llevó el nombre de puente de las concebidas. El edificio tenía dos enormes puertas gemelas como ingreso principal, un campanario y 3 patios interiores. El estilo en el que se construyó respondía al barroco mestizo.
Dentro del convento existían dos tipos de monjas, las de velo negro y las de velo blanco. Las monjas de velo negro eran las de más alto rango en el convento y generalmente provenían de familias adineradas y de origen noble, al ingresar a la orden sus familias se habían encargado de cubrir todas sus necesidades con rentas anuales que les permitía a estas monjas llevar una vida sin necesidades, se conoce que para el siglo XVIII una monja requería al menos 350 pesos anuales para pagar su alimentación y subsistencia dentro del convento, las monjas de velo negro tenían rentas superiores a los 1000 pesos anuales y varias de ellas habían sido recibidas en el claustro con una esclava personal o incluso varias sirvientas. Son conocidos los casos de monjas como Josefa Díaz del Castillo, hija del español Julián Díaz del Castillo, que recibió de su padre la suma 6000 pesos al ingresar al convento además de una pensión alimenticia por el resto de su vida.[1] Otro caso fue el de Magdalena Diez de Medina, hija de Tadeo Diez de Medina y Mena, a quien se le otorgó también la suma de 6000 pesos además de los servicios de una esclava de nombre María Antonia, quien recibiría la libertad luego de la muerte de la monja.[2]
En cuanto a las monjas de velo blanco se trataba de mujeres con condiciones económicas escasas pero que al sentir el llamado de su vocación deciden ingresar a la orden cubriendo una cuota mínima para su ingreso y realizando todo tipo de trabajos dentro del convento para cubrir sus gastos de manutención. Existieron casos como el de la hidalga Juana Urquizo, quien desistió de casarse con el indígena Eugenio Choquecallata y prefirió ingresar a este convento.[3]
Durante los ataques indígenas que recibió la ciudad en 1781 y en 1811, el campanario del convento fue utilizado por los soldados como un punto de vigilancia. Es durante el asedio de 1811 que la abadesa sor Tomasa Del Corazón de Jesús fue amenazada de muerte por los sublevados si no expulsaba a los vigías del campanario, ella se presentó a las autoridades y reafirmó su apoyo a los defensores de la ciudad, esta monja era hermana de Francisco Tadeo Díez de Medina, el juez que había condenado a muerte al indígena Túpac Katari.
El convento estuvo muy ligado a la élite de la ciudad, principalmente porque en aquella época se reconocía un alto estatus a las familias que tuviesen hijos en monasterios o conventos. El ingreso a estos establecimientos no era fácil y se requería que la familia realice importantes donaciones para que uno de sus miembros sea aceptado, es debido a estos aportes que para el año 1786 el convento era propietario de 22 haciendas en toda la Intendencia de La Paz y tenía a su cargo 2756 indígenas en estado de servidumbre.[4] Incluso el convento fue propietario de la hacienda Qucacocani, cerca de Ococbaya, se trataba de una propiedad rural trabajada totalmente por esclavos que cultivaban coca. Esto convertía al convento en la institución eclesiástica con mayor cantidad de tierras en la región, esta situación se mantuvo hasta la década de 1920 donde todavía controlaba 14 haciendas.[5]
Aunque al pasar del sistema colonial a la República de Bolivia se dieron cambios significativos en la relación del Estado con el Clero, el convento supo mantener cierta posición de preeminencia a cambio de hacer concesiones. Por ejemplo, a partir de febrero de 1845 el gobierno destinaba a un mayordomo general encargado de administrar las haciendas del convento con el pretexto de que las monjas debían permanecer en una vida contemplativa por lo que no podían administrar sus propiedades de manera directa, esta situación cambió el 3 de diciembre de 1845 cuando las monjas solicitaron la anulación de este cargo y el gobierno determinó que un administrador general nombrara a los mayordomos necesarios para la administración de éstas propiedades. Finalmente el 20 de abril de 1846 las monjas del convento logran que la justicia establezca que la única persona encarga de administrar todos los bienes de la institución es la abadesa del convento.[6]
La Orden de la Inmaculada Concepción decidió construir un nuevo convento a las afueras de la ciudad a inicios del siglo XX en el barrio de Miraflores, se terminó de construir en 1913 pero las religiosas recién se mudaron a este convento el 2 de octubre de 1921. Las religiosas salieron del convento a pie y recorrieron las calles de la ciudad hasta llegar a su nueva residencia, mucha gente se reunió en las calles para ver a las monjas de claustro. El edificio del convento en el centro de la ciudad fue demolido a inicios de la década de 1920, los arcos de piedra que se encontraban en el patio principal fueron desmontados y vueltos a armar en el patio del Museo Tambo Quirquincho. La propiedad se vendió por lotes y se perdió para siempre uno de los edificios coloniales más importantes de la ciudad de La Paz.