Cum inter nonnullos

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Cum inter nonnullos es una bula pontificia promulgada por el papa Juan XXII el 12 de noviembre de 1323, durante el octavo año de su pontificado. El documento fue emitido en el contexto de la intensa controversia medieval sobre la pobreza de Cristo, que enfrentó a la Sede Apostólica con sectores de la Orden de los Frailes Menores, en particular con los llamados franciscanos espirituales. Mediante esta bula, el pontífice declaró herética la afirmación según la cual Cristo y los apóstoles no habrían poseído nunca bienes, ni individual ni colectivamente, estableciendo así una definición doctrinal vinculante para toda la Iglesia. La bula representa uno de los hitos centrales del conflicto entre Juan XXII y el franciscanismo radical, y tuvo consecuencias teológicas, jurídicas y políticas de gran alcance en la primera mitad del siglo XIV.[1][2][3]

Destinatario Iglesia universal, en particular la Orden de los Frailes Menores
Argumento Condena como herética la proposición que niega que Jesucristo y los apóstoles hayan poseído bienes propios o comunes, poniendo fin a la controversia doctrinal sobre la pobreza absoluta de Cristo.
Datos rápidos Destinatario, Argumento ...
Cum inter nonnullos
Bula pontificia del papa Juan XXII
12 de noviembre de 1323, año VIII de su Pontificado
Destinatario Iglesia universal, en particular la Orden de los Frailes Menores
Argumento Condena como herética la proposición que niega que Jesucristo y los apóstoles hayan poseído bienes propios o comunes, poniendo fin a la controversia doctrinal sobre la pobreza absoluta de Cristo.
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Desde el punto de vista doctrinal, fijó los límites de la interpretación ortodoxa de la pobreza evangélica; desde el punto de vista jurídico, desmanteló el sistema de propiedad ficticia que había regulado la vida de los mendicantes; y desde el punto de vista político, contribuyó a la radicalización del conflicto entre el papado y el Imperio. La bula ilustra asimismo el método de gobierno de Juan XXII, caracterizado por una estrecha colaboración con teólogos y juristas, una elaboración doctrinal cuidadosa y una firme defensa de la autoridad pontificia frente a desafíos internos y externos.[1]

Contexto

La promulgación de Cum inter nonnullos se inscribe en la prolongada controversia sobre la interpretación de la pobreza evangélica. Desde finales del siglo XIII, diversas constituciones pontificias —en particular Exiit qui seminat de Nicolás III— habían establecido que los bienes utilizados por los frailes menores pertenecían jurídicamente a la Santa Sede, mientras que los franciscanos conservaban únicamente el uso de los mismos. Este sistema buscaba conciliar el ideal de pobreza con las necesidades prácticas del Orden. Durante el pontificado de Juan XXII, la disputa se agudizó a raíz de la radicalización de ciertos sectores franciscanos, que sostenían no solo la pobreza personal de Cristo, sino también la negación absoluta de toda forma de propiedad, incluso común, por parte de Cristo y los apóstoles. Esta tesis fue defendida por numerosos maestros franciscanos y reafirmada en el Capítulo general celebrado en Perugia en 1322, lo que llevó al papa a intervenir directamente.[2][3]

Tras revocar la prohibición de comentar las decretales anteriores mediante la bula Quia nonunquam (26 de marzo de 1322) y renunciar a la ficción jurídica de la propiedad pontificia de los bienes franciscanos en Ad Conditorem canonum (8 de diciembre de 1322), Juan XXII encargó una amplia consulta teológica. Las opiniones de cardenales, obispos y maestros fueron recopiladas y examinadas personalmente por el pontífice, dando lugar a la redacción final de Cum inter nonnullos.[2][3]

La promulgación de Cum inter nonnullos provocó una profunda división dentro de la Orden de los Frailes Menores. Mientras que los cardenales y frailes presentes en la Curia romana aceptaron la decisión pontificia, los opositores más firmes se negaron a someterse y acabaron aliándose con el emperador Luis IV de Baviera. Entre los principales disidentes se encontraban el ministro general franciscano Miguel de Cesena, Guillermo de Ockham y Bonagracia de Bérgamo, quienes huyeron de Aviñón en 1328 y acusaron al papa de herejía. Esta ruptura dio lugar a nuevas condenas pontificias y a la deposición de Miguel de Cesena como general de la Orden, así como a la emisión de la bula Quia vir reprobus (1329), en la que Juan XXII defendió y aclaró su doctrina sobre la pobreza y la propiedad.[2][3]

Contenido

La bula declara formalmente herética la proposición que afirma que Cristo y los apóstoles no poseyeron nunca bienes, ni propios ni comunes. Según Juan XXII, Cristo y los apóstoles no se limitaron a un mero derecho de uso sobre los bienes necesarios para la vida, sino que ejercieron también un verdadero derecho de dominio, incluido el poder de disponer y alienar dichos bienes. Con esta definición, el papa puso fin al debate doctrinal, afirmando la legitimidad teológica de la propiedad en la vida de Cristo y rechazando la identificación de la perfección evangélica con la negación absoluta de toda posesión. La bula reafirma así la autoridad de la Sede Apostólica para interpretar auténticamente la Escritura y la tradición, frente a las interpretaciones radicales promovidas por ciertos sectores franciscanos.[2][3]

Notas

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