Cuniraya Huiracocha
dios incaico creador, mencionado en el manuscrito de Huarochirí
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Cuniraya o Cuniraya Huiracocha (también escrito Cuniraya Viracocha; en ortografía quechua contemporánea: Kuniraya Wiraqucha) es un dios incaico nombrado dentro del Manuscrito de Huarochirí. Se ha propuesto que sería fruto del sincretismo entre una huaca local costeña y el dios creador Viracocha.[1]
Se ha propuesto que el epíteto "Cuniraya" podría estar relacionado etimológicamente con el conocido epíteto "Contiti".[2]
Concepto

Dentro de Huarochirí, se establece a Cuniraya Huiracocha como la fusión de una huaca local y del dios creador Huiracocha.
Respecto a la huaca local, la información de la misma es prácticamente exigua.
En la misma fuente, el tiempo se divide en cuatro edades y cada una de ellas fue gobernada por un dios diferente: Yanañamca y Tutañamca, Huallallo Carhuincho, Pariacaca y Cuniraya Huiracocha.[3]
Esta línea de tiempo suele ser confusa, puesto que, se considera a Cuniraya como un dios que existió antes que cualquier cosa en el mundo.
Algunos investigadores han llegado a la conclusión de que Cuniraya Huiracocha es un dios transtemportal, es decir, un dios que no ocupa un solo periodo sino que trasciende a las otras edades donde gobiernan los otros dioses ya mencionados.[4]
La versión Huanca tiene algunas diferencias con la versión de Huarochirí. En dicha versión, se establece que estos fueron creados por el dios Viracocha. Para ser exactos, todos ellos nacieron y fueron moldeados por las yemas de los dedos del todopoderoso Viracocha.[5]
El concepto de Cuniraya Huiracocha lo describe como un dios habilidoso, taimado, transgresor, multiforme y de naturaleza compleja que trasciende los conceptos del "bien" y el "mal". Sus historias son el testimonio que constata su inmenso poder y capacidad de subvertir el orden establecido. Gracias a todas estas atribuciones, el poderoso dios lograba burlar a todas las demás huacas y realizar toda clase de hazañas. A raíz de lo anterior, se puede encasillar perfectamente al dios Cuniraya como un Trickster (pícaro divino).[6]
Representación
El dios Cuniraya era considerado como el privilegiado y todopoderoso dios creador de todo lo que existe en el mundo, dador de la vida a todas las comunidades y seres vivos; sin embargo, este dios suele contrapesar dichas cualidades con el aspecto que suele tomar. Por lo general, Cuniraya toma la apariencia de una persona indigente y de aspecto infortunado. Según Huarochirí, el dios elegía esta forma para humillar a los demás dioses y/o huacas de la región.[1]
En relación con lo anterior, existen dioses y personajes mitológicos andinos que tienen esta peculiar manera de manifestarse. Entre ellos, se tiene al dios Viracocha, Pariacaca, Guamansuri (padre de Catequil), etc.[7]
Existe la posibilidad de que la particular manifestación de estos dioses y/o personajes míticos haya servido como pilar para la creación de numerosas leyendas andinas que rezan sobre el advenimiento de una persona (mayormente un hombre) humilde a un lugar o comunidad. Esta divinidad pide apoyo a los hombres; sin embargo, debido a su aspecto, no logran reconocer al dios y, por ende, no lo ayudan. Entre toda la población, una sola persona es quien socorre a la divinidad disfrazada. A esta persona se le advierte trasladarse a otro lugar junto a conocidos suyos para evitar el castigo que el indignado dios desencadenará sobre el lugar de los hechos.[8]
Mitología
Cuniraya Huiracocha y Cahuillaca
En tiempos muy antiguos, el dios Cuniraya Huiracocha, convertido en hombre de aspecto pobre, merodeaba con su capa y su cusma hechas harapos. A raíz de ello, muchos no lo reconocían y algunos hombres lo trataban de mendigo andrajoso; no obstante, este hombre tan subestimado daba vida a todas las comunidades y, bajo esta forma, ponía a prueba a todos. De esta manera, Cuniraya iba realizando toda clase de hazañas y hacía palidecer a los demás dioses y/o huacas locales con su sabiduría.
Había una vez una mujer llamada Cahuillaca que también era huaca. La dicha Cahuillaca era todavía una doncella y era dueña de cautivante belleza. Como ella era muy hermosa, todos los huacas y huillcas la anhelaban fervientemente; sin embargo, esta diosa siempre los rechazaba.
Sucedió que esta mujer, que nunca se había dejado tocar por un hombre, estaba tejiendo debajo de un lúcumo. El astuto Cuniraya, quien se encontraba cerca, se convirtió en pájaro y voló hacia la copa del árbol. Como había allí una lúcuma madura, depositó su simiente en ella y la hizo caer cerca de la mujer. Al ver la apetecible fruta, la diosa Cahuillaca, contenta y libre de sospechas, se la comió. Así quedó encinta sin que ningún hombre hubiera llegado hasta ella.
Nueve meses más tarde, como suelen hacer las mujeres, Cahuillaca también dio a luz, aunque fuese todavía doncella. Durante un año más o menos, crio sola a su hijo, amamantándolo. La curiosidad siempre estaba presente en la diosa, puesto que se preguntaba de quién podía ser hijo.
Al cumplirse el año, que fue el momento en el que su niño ya andaba a gatas, Cahuillaca hizo llamar a todos los huacas y los huillcas con la finalidad de saber quién era el padre. Cuando oyeron el mensaje, todos los huacas se regocijaron mucho y acudieron vestidos con su ropa más selecta, cada uno convencido de ser el que Cahuillaca iba a amar. Esta reunión tuvo lugar en Anchicocha.
Cuando llegaron al lugar donde residía esa mujer, todas los huacas y los huillcas se sentaron; entonces ella les habló: “¡Miradlo! varones, señores, ¡reconoced a este niño! ¿Quién de vosotros es el padre?”. Y a cada uno le preguntó si había sido él.
Ninguna de las huacas presentes afirmó ser el padre de su hijo.
Cuniraya Huiracocha, como suelen hacer los muy pobres, se había sentado a un lado; despreciándolo, Cahuillaca no se dignó en preguntarle a él, pues le parecía imposible que su hijo hubiera podido ser engendrado por aquel hombre pobre, habiendo tantos varones agraciados presentes.
Como nadie admitía que el niño era su hijo, le dijo a este que fuera él mismo a reconocer a su padre; antes, les explicó a los huacas que, si el padre estaba presente, su hijo se le subiría encima. El niño anduvo a gatas de un lado a otro (de la asamblea), pero no se subió encima de ninguno de los presentes. Así fue hasta llegar al lugar donde estaba sentado su padre. Enseguida, muy alegre, se trepó por sus piernas.
Cuando su madre lo vio, muy encolerizada, gritó: “¡Ay de mí! ¿Cómo habría podido yo dar a luz el hijo de un hombre tan miserable?” y, con estas palabras, cargando a su hijito, se dirigió hacia el mar. Entonces Cuniraya Huiracocha dijo: "¡Ahora sí me va a amar!” y se vistió con un traje de oro y empezó a seguirla; al verlo, todos los huacas locales se asustaron mucho.
Cuniraya la llamaba diciéndole: “Hermana Cahuillaca ¡mira aquí! Ahora soy muy hermoso” y se enderezó iluminando la Tierra. Sin embargo, la diosa Cahuillaca no volvió el rostro hacia él; se dirigió hacia el mar con la intención de desaparecer para siempre por haber dado a luz el hijo de un hombre tan despreciable y mugriento; llegó al sitio donde, en efecto, todavía se encuentran dos piedras que asemejaban la forma de seres humanos, en Pachacámac mar adentro.
Al momento mismo en que llegó allí, se transformó en piedra.
Como creía que Cahuillaca iba a verlo, que iba a mirarlo, Cuniraya Huiracocha la seguía a distancia gritándole y llamándola insistentemente.
En este punto, Cuniraya se encuentra con diversos animales, los cuales según la respuesta que le den, el dios los recompensaba o los maldecía. Él les preguntó a todos ellos sobre el paradero de Cahuillaca. Los animales que le indicaron el trayecto de la anhelada diosa y le alentaron fueron recompensados por Cuniraya. Entre ellos, están: el cóndor, el puma y el halcón. Los animales que le respondieron negativamente y le desalentaron fueron maldecidos por Cuniraya. Entre ellos, están: el zorrillo, el zorro y el loro.
De esta forma, el dios llegó hasta la orilla del mar; desde allí, Cuniraya nadó hacia las islas Pachacámac. Cuando arribó a dicha isla, Cuniraya llegó a una parte donde se encontraban las hijas de Pachacámac; las cuales eran custodiadas por un Amaru (el lugar podría tratarse del mismo templo de Pachacámac y, metafóricamente, el Amaru o serpiente personifica al serpenteante río Lurín que corre al pie de la colina y resguarda dicho santuario).[9]
Cuniraya quiso vengarse de Pachacámac; pues él pensaba que Pachacámac era el responsable de apartarlo de su amada Cahuillaca. Poco antes, la diosa Urpihuachac había entrado en el mar para visitar a Cahuillaca.
Aprovechando la ausencia de la madre, Cuniraya violó a la hija mayor. Cuando quiso hacer lo mismo con la menor, esta se transformó en una paloma y alzó el vuelo. Es por esta razón que a la diosa la llamaron Urpihuachac (la que pare palomas).
En aquella época, los peces aun no existían en el mar. Solamente la diosa Urpihuachac los criaba en un pequeño estanque dentro de su hogar. Al enterarse de que Urpihuachac había ido a visitar a Cahuillaca, Cuniraya, furioso, arrojó todos los peces al mar. De esta manera, los peces comenzaron a multiplicarse de a miles. Es por esta razón que el mar está lleno de peces.
Cuando sus hijas le contaron como Cuniraya las había violado, Urpihuachac, furiosa, lo persiguió. Al ver que no podía alcanzar a Cuniraya, la diosa quiso engañarlo y aplastarlo con una enorme roca que ella misma hizo crecer. Sin embargo, el astuto Cuniraya salió ileso del engaño y logró escapar.[1]

La mujer de Collquiri
Se menciona que, en el lago Yansa o Yansacocha, existió un huaca de nombre Collquiri. En aquella época, el solitario Collquiri anhelaba tener una mujer. Por esta razón, este huaca se encaminó hacia los territorios de Yauyos y Chaclla; con el propósito de encontrar una mujer. A pesar de su incesante búsqueda, no la encontró.
Un día, Cuniraya se le presentó y le dijo: "Hola, tu mujer está por estas partes, está muy cerca".
Así, con júbilo, Collquiri fue a verla. Así lo hizo desde el cerro que domina Yampilla. En dicho cerro, Collquiri miró en dirección a Yampilla. Observando por ahí, logró observar a una mujer de desmesurada belleza que se encontraba bailando. El nombre de esta mujer era Capyama. Al vislumbrar tal belleza de aquella mujer, Collquiri pensó en su corazón que ella era la que debía de ser su mujer. De esta manera, Collquiri envió a uno de sus muchachos (servidores) y le dijo: "Anda hijo; vas a decir a esta mujer que su llama ha parido un macho. Así ella va a venir enseguida".
El muchacho fue a cumplir con su encargo asignado.
Al llegar donde Capyama, le dijo: "Madre, tu llama ha parido arriba en el cerrito". La mujer, alborozada, se dirigió enseguida a su casa. Capyama colocó su tambor de oro en el centro de la casa; a su lado colocó pequeñas bolsitas y enseguida trayendo solo un porongo de chicha fue con mucha prisa (al lugar donde la estaba esperando el mensajero de Collquiri).
El nombre que la etnia de los Concha le dan al dicho porongo es lataca o rataca. Cuando el huaca Collquiri la vio llegar, se alegró mucho y retornó enseguida hacia Yansa. Entonces su muchacho, al conducir a esta mujer, la engañaba diciendo: "Casi hemos llegado; está aquí cerca".
Collquiri, transformado en un ave llamado callcallo, la esperaba en el cerro que domina Yampilla. Cuando la mujer arribó, esta quiso atrapar al callcallo. El ave, revoloteando por aquí y por allá, no se dejó capturar fácilmente. Sin embargo, la mujer logró capturar al ave y, posteriormente, lo colocó en su regazo.
Al agarrarlo, esta derramó la chicha que llevaba en su rataca. Al instante, se formó un manantial en el lugar donde se derramó la bebida. Se dice que, aún al día de hoy, dicho manantial lleva el nombre de Ratactupi.
El callcallo que traía en su regazo empezó a crecer y comenzó a pesar sobre el vientre de la mujer, causándole gran dolor. Preguntándose que era lo que podía ser, lo miró. Al caer al suelo, apareció un muchacho bastante majo.
Este la saludó con gratas palabras: "No perdiste tiempo, hermana en colocarme en tu regazo. ¿Ahora qué vamos a hacer? Yo era quien te hice llamar".
Apenas lo vio, la mujer también se enamoró perdidamente de él. De esta manera, Capyama y Collquiri se acostaron juntos. Posteriormente, Collquiri la llevaría hacia su tierra en Yansacocha.[1]
Atribuciones
De la misma forma que otros dioses andinos, Cuniraya Huiracocha es un dios polifacetico, puesto que evidenciaba una innumerable cantidad de habilidades y/o facultades dentro del Manuscrito de Huarochirí (la fuente primeriza de su historia). Dentro de las facultades del dios huarochirano, se destacan:
Deidad creadora
Tal como se señaló anteriormente, Cuniraya Huiracocha es el fruto del sincretismo religioso entre la huaca local Cuniraya y el dios creador Huiracocha. Si bien se tratan de entidades independientes y/o separadas, su culto estaba estrechamente asociado con el culto al dios creador incaico.
Muchos atributos de Viracocha fueron una influencia sustancial para el culto a esta deidad y su facultad creadora es de las más destacadas en los textos de Huarochirí. En la misma fuente, se detallan plegarias dedicadas a Cuniraya para venerarlo como el dios creador, ordenador y sustentador del cosmos.[1]
Sin embargo, sabemos que su culto está estrechamente asociado con el de Huiracocha, ya que los hombres, cuando adoraban a Cuniraya, le dirigían el rezo siguiente: «Cuniraya Huiracocha, animador de la tierra y del hombre, todas las cosas son tuyas; tuyas son las chacras, tuyos son los hombres».Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 1, página 51
Dicha fuente también asevera que Cuniraya Huiracocha estaba presente desde tiempos primigenios, puesto existió antes que cualquier cosa en el mundo (en este episodio, Cuniraya asimila por completo las facultades del dios Viracocha, lo que hace pensar en ciertas reestructuraciones de la historia del dios huarochirano). Del mismo modo, los textos atestiguan que Cuniraya fue el constructor de todos los elementos presentes en el mundo para que el hombre pueda vivir.[1]
Dicen que Cuniraya Huiracocha existía desde tiempos muy antiguos. Antes que él existiera, no había nada en este mundo. Fue él quien primero creó los cerros, los árboles, los ríos y todas las clases de animales para que el hombre pudiese vivir.Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 15, página 253
A raíz del inmenso poder de Cuniraya Huiracocha, los hombres le rendían ferviente pleitesia y los dioses evidenciaban un profundo respeto hacia él (inclusive el propio Pariacaca, un dios extremadamente poderoso e influyente lo estimaba).[1]
Deidad sabia y artesana
Dentro de Huarochirí, el dios Cuniraya Huiracocha era respetado y/o temido por los hombres e incluso por las mismas huacas a raíz de su inmensa sabiduría. Como resultado de ello, las plegarias dedicadas a Cuniraya enfatizaban dicha cualidad.[1]
En los tiempos muy antiguos, antes de empezar cualquier tarea difícil, los hombres de antaño arrojaban su coca al suelo y, sin ver a Huiracocha, rezaban así: «Haz que me acuerde de cómo realizar esta tarea y que sea hábil en su ejecución, oh Cuniraya Huiracocha».Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 1, página 51
Dicho testimonio asevera que estas imploraciones se realizaban cuando se empezaba cualquier tarea u oficio complicado de realizar. Al pronunciar dicha plegaria, Cuniraya transmite y/o extiende su conocimiento a los hombres para que estos se sientan completamente capaces de ejecutar dichas actividades a la perfección (o que los conocimientos previos de los hombres no caigan como víctimas del olvido). Asimismo, el siguiente texto resalta que, dichas rogativas son recitadas mayormente en el oficio del tejido.[1]
Especialmente los tejedores de ropa fina, cuando tenían que tejer algo muy difícil, lo adoraban y lo invocaban.Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 1, página 51
Deidad tramposa
El Trickster es un arquetipo que retrata a una deidad o personaje mítico sagaz, capaz de transmutar y subvertir el orden establecido. Dicho arquetipo es muy habitual en las diversas mitologías del mundo. La mitología incaica no es la excepción a este concepto, puesto que hay dioses y entidades consideradas Trickster (embaucadoras) como lo son el propio Cuniraya Huiracocha, Pariacaca, Supay o el Zorro.[6]
Tal como se expuso anteriormente, Cuniraya Huiracocha es un dios diversiforme e impredecible (capaz de transmutar bajo la forma de cualquier elemento y mimetizarse con el ambiente). A pesar de ser un dios de inconmesurable poder y dueño de diversas atribuciones, Cuniraya contrapone sus habilidades al manifestarse como un hombre menesteroso (con el objetivo de poner a prueba la humildad de los hombres y de los propios dioses). Asimismo, Cuniraya no utiliza su extenso arsenal de habilidades para superar y/o vencer conflictos, puesto que solo le basta su inmensa sagacidad y el uso de su habilidad de transmutación para poder trascender obstáculos, elaborar efectivos ardides, quebrantar el ego de los dioses, poner a prueba el corazón de los hombres y, prácticamente, obtener lo que él quiera.[1]
Dentro de su historia, el dios Cuniraya es el artífice del embarazo de Cahuillaca (diosa bellisíma que rechazaba a todos sus pretendientes). Por medio de una fruta, Cuniraya consuma su objetivo de unirse a la codiciada diosa de manera indirecta. Después de ello, Cuniraya tiene un conflicto con la diosa Urpihuachac (esposa del dios Pachacámac). En vista de que no podía alcanzar a su objetivo, Urpihuachac trata de engañar al inaprehensible dios para que se deje capturar; no obstante, el ladino Cuniraya no cae en sus manipulaciones y sale incólume del conflicto. En el desenlace de la historia, Cuniraya regresa a tierra firme y, como es costumbre, siguió pendoneando por el mundo, engañando a incontables hombres y dioses de la región.[1] [6] [7]
Pero Cuniraya, gracias a su astucia, pudo adivinar su intención y, diciéndole (a Urpihuachac) que quería retirarse unos momentos para defecar, huyó de nuevo hacia estas tierras. Entonces anduvo mucho tiempo por estos parajes engañando a numerosos huacas locales y hombres.Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 2, pàgina 73
Deidad solar
La historia de Cuniraya y su travesía para obtener el amor de la diosa Cahuillaca ha sido objeto de interés de varios investigadores. Como resultado de ello, muchos estudiosos han elaborado diversas apreciaciones del mito. La interpretación más frecuente establece al dios Cuniraya Huiracocha como la personificación del Sol y el día.
Dicha interpretación considera que los movimientos del astro rey están personificados por Cuniraya en el mito; puesto que, al inicio de la historia, Cuniraya se muestra como un hombre de aspecto andrajoso pero poderoso (amanecer).
Al ser identificado como el padre del hijo de Cahuillaca, el dios Cuniraya relució un bruñido traje de oro y, mientras perseguía a Cahuillaca, el dios se enderezó e iluminó al mundo (mediodía). El tránsito de la persecución es de este a oeste (replicando así el trayecto diario del Sol).
Una vez llega a la costa, a las orillas del mar, no vence ni es vencido por Urpayhuáchac (anochecer).
Al igual que el Sol, Cuniraya fertiliza, pero no de forma directa, sino de manera indirecta. Esto establece un nuevo presente asociado con la agricultura. El par complementario de esta divinidad de tiempos fuertes es Cahuillaca, que desde luego representa a la Pachamama (Tierra). El mito determina la profunda necesidad de que ella esté en la costa transformada en isla (representación metonímica de la Pachamama): es la deseada por el más poderoso, deseo que lo obliga a buscarla diariamente determinando el tránsito del Sol. Su calidad de divinidad está conectada con el agrocentrismo andino.
El hecho de que tanto Cuniraya como Urpayhuáchac no fuesen vencidos el uno por el otro aluda, posiblemente, a la dualidad Yanantin. Esto es interpretado en como las fuerzas de ambas deidades no se imponen venciéndose entre sí; caso contrario implicaría una ruptura en el equilibrio del cosmos.[10]
Otro detalle fundamental que refuerza está apreciación es la ausencia del dios Pachacámac. Este último no hace acto de presencia y solamente se limita a ser mencionado dentro del mito. Esta ausencia tan marcada implica la formación de un vínculo entre dos fuerzas cósmicas opuestas junto a Cuniraya, deidad que personifica el día. Este último punto hace referencia a la aparición de Cuniraya (día) tras la desaparición de Pachacámac (noche) y viceversa, siendo el motivo principal del porque ambos dioses no logran encontrarse.
Esta misma alternancia también se ve reflejada dentro del mito de Vichama. En dicha fuente, se expone la aparición de Vichama (día) y la ausencia del propio Pachacámac (noche).[7] [11]
Deidad agrícola y transformadora
Como deidad creadora del mundo, Cuniraya Huiracocha es el autor de la creación de andenes (terrazas agrícolas) y la construcción de canales de riego, los cuales son indispensables para la agricultura andina. A raíz de ello, el dios Cuniraya es considerado el creador e institutor de la agricultura y ostenta el título de "El dios del campo". Dentro de Huarochirí, se expone su supremacia sobre la Tierra y evidenciaba su omnipotencia con tan solo pronunciar palabras (si él decía que el terreno se prepare para las chacras, este inmediatamente se hacía). Esto último resalta la habilidad de Cuniraya de manipular la naturaleza al moldear la Tierra a su voluntad y, de esa manera, se asegure la adaptabilidad para sus creaciones.[1]
Dicen que, en los tiempos muy antiguos, Cuniraya Huiracocha, convertido en hombre muy pobre, andaba paseando con su capa y su cusma hechas harapos. Sin reconocerlo, algunos hombres lo trataban de mendigo piojoso. Ahora bien, este hombre animaba a todas las comunidades. Con su sola palabra preparaba el terreno para las chacras y consolidaba los andenes. Con nada más que arrojar una flor de cañaveral llamado pupuna (objeto comparado a una lanza) abría una acequia desde su fuente.Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 2, página 53
En textos posteriores, se manifiestan las interacciones de Cuniraya y diversos animales tras perseguir a Cahuillaca. Dependiendo de la respuesta del animal, el dios los recompensaba o los maldecía. La fuerza verbal de Cuniraya vuelve a hacer acto de presencía para ordenar y/o transformar el cosmos (en este caso, el orden se materializa en las bondades y las penurias que determinado animal poseerá).[1]
Entonces Cuniraya se encontró con un cóndor. «Hermano, ¿dónde te encontraste con esa mujer?’’ le preguntó. «Aquí cerca está, ya casi la vas a alcanzar» respondió el cóndor. Entonces, Curinaya le dijo: «Siempre vivirás alimentándote con todos los animales de la puna; cuando mueran, ya sean huanacos, vicuñas o cualquier otro animal, tú solo te los comerás; y, si alguien te mata, él también morirá a su vez».Enseguida se encontró con una zorrina. «Hermana , ¿Dónde te encontraste con esa mujer?» Ella le respondió: «Ya no la alcanzarás; ya está muy lejos». «Por lo que me has contado, no caminarás de día sino de noche, odiada por los hombres y apestando horriblemente». Así la maldijo, con mucho odio.
En ese mismo instante, Cuniraya se encontró con un puma. Este le dijo: «Ella todavía anda por aquí; ya te estás acercando». «Serás muy querido» le prometió Cuniraya, «y las llamas,-sobre todo las llamas del hombre culpable, te las comerás tú; y, si alguien te mata, primero te hará bailar en una gran fiesta, poniéndote sobre la cabeza; todos los años te sacará y, después de haberte sacrificado una llama, te hará bailar».
En el acto, el dios se encontró con un zorro. El zorro le dijo que ella ya iba lejos y que no iba a alcanzarla. Entonces le dijo Cuniraya: «Aunque andes a distancia, los hombres llenos de odio, te tratarán de zorro malvado y desgraciado; cuando te maten, te botarán a ti y tu piel como a algo sin valor».
Fue así también como se encontró con un halcón. Cuando el halcón le aseguró que Cahuillaca andaba todavía muy cerca y que ya casi la iba a alcanzar, Cuniraya le prometió: «Tendrás mucha suerte; y cuando comas, primero almorzarás picaflores, y después otros pájaros; el hombre que te mate, llorará tu muerte sacrificándote una llama y bailará poniéndote sobre su cabeza para que resplandezcas allí».
Casi al mismo instante, se encontró con unos loros. Los loros le dijeron que Cahuillaca iba muy lejos y que ya no iba a alcanzarla. «Andaréis gritando muy fuerte y, cuando escuchen vuestro grito, y sepan que tenéis la intención de destruir sus cultivos, sin tardar los hombres os ahuyentarán y así habréis de vivir con mucho sufrimiento, odiados por ellos».
Así, cada vez que se encontraba con alguien que le diera buenas noticias, le establecía un porvenir dichoso y seguía su camino. Pero si alguien le daba malas noticias, lleno de odio le maldecía.Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 2, página 61-67
La antedicha información define dos temas muy importantes: el origen de las creencias en torno a dichos animales y la escisión de estos últimos en animales solares y lunares. Este último punto posiblemente realce la dualidad en una escisión entre culturas y/o etnias que diferían en el pensamiento de estos animales. Por un lado, el cóndor y el puma fueron magnificados por su ánimo a Cuniraya (ambos animales son enaltecidos en las culturas de la sierra, mientras que las culturas costeras no tuvieron tanta afinidad a estos animales en comparación con los serranos). Por otro lado, el zorro fue anatematizado por no alentar al dios (los zorros son venerados por las culturas costeñas debido a su inteligencia, mientras que los serranos le tienen menor estima por su avidez).[11]
El universo inca no está sujeto bajo el concepto del "bien" o el "mal", sino que todas las fuerzas del mismo son trascendentales y se encuentran en constante interacción (orden y caos). Las fuerzas del universo, personificadas en los dioses, se mantienen de manera incesante en equilibrio y otras veces en conflicto. Por este motivo, la naturaleza de Cuniraya es definida como ambivalente (creador y destructor). Su historia transluce está naturaleza conflictiva al moldear el mundo para que vivan los hombres e infundirles conocimiento y, al mismo tiempo, transfigurar el orden por su actitud caprichosa. Todas estas acciones del dios tienen un gran impacto en la creación y transformación en el cosmos, ya sea de manera intencional o sea lo contrario (la agricultura es la extensión de su vasta sabiduría, mientras que su iracundia hacia Urpihuachac hizo posible que los peces existan y se multipliquen en el mar).[1]
En aquella época, no había ni un solo pez en el mar. Sólo Urpayhuachac los criaba en un pequeño estanque dentro de su casa. Cuniraya, encolerizado porque Urpayhuachac había ido a visitar a Cahuillaca, los arrojó a todos al mar. Por esto, ahora el mar también esté lleno de peces.Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 2, página 69-71
Deidad oracular
Otra de las tantas facultades de Cuniraya Huiracocha era la de una deidad oracular. De acuerdo con Huarochirí, Cuniraya fue uno de los dioses que vaticinó el advenimiento de los Huiracochas (españoles) a estas tierras. Esta información sustancial le fue revelada al Inca Huayna Cápac en un encuentro que tuvo con la poderosa divinidad.[1] [12]
Se dice que, poco antes de la aparición de los Huiracochas (españoles), Cuniraya se encaminó hacia el Cusco. Una vez allí, el dios habló con el Inca Huayna Cápac: «Vamos, hijo, a Titicaca. Allí voy a contarte sobre mi existencia». Cuniraya también le dijo: «Inga, dales instrucciones a tus hombres para que enviemos a los brujos, a todos los sabios, a las tierras de abajo». El Inga lo hizo enseguida.Unos hombres afirmaban ser animados por el cóndor; otros se proclamaron ser animados por el halcón; y hubo uno que decía poder volar por el aire bajo la forma de una golondrina. Entonces, Cuniraya les dio las siguientes instrucciones: «Id a las tierras de abajo; allí diréis a mi padre que su hijo os envía para que os entregue una de sus hermanas».
De esta manera, el hombre animado por la golondrina se fue con los otros camascas o camacsas (chamanes). Asimismo, se les dio la orden de estar de vuelta en cinco días. El camasca de la golondrina fue el primero en llegar.
Cuando este comunicó el mensaje que se le había encargado, el padre de Cuniraya le entregó lo que había pedido. Lo que le era solicitado se encontraba dentro de una pequeña taquilla (caja). Acto seguido, el padre le dijo que no la abriera antes que su señor Huayna Cápac mismo lo hiciese.
Cuando se encontraba a poca distancia de Cusco, ese hombre que había trasladado la taquilla hasta aquí, invadido por la curiosidad, se dijo: «Voy a ver lo que puede ser». Y la abrió. En su interior, se le apareció una mujer de elegante vestimenta y de exuberante belleza. Su cabello era como oro encrespado; estaba vestida con ropa finísima y su tamaño era minúsculo.
Apenas el hombre la vio, la mujer se desvaneció.
El hombre, abatido por tal suceso, llegó al Titicaca, en la región del Cusco. Uno de los presentes, posiblemente el mismo Huayna Cápac, le dijo a aquel hombre: «Si no fueras animado por la Golondrina, en este mismo instante daría órdenes para que te matasen; vete; vuélvete tú mismo solo». Una vez dicho esto, el camasca fue enviado nuevamente a las tierras bajas.
El camasca regresó y acató la orden. Mientras, de vuelta, traía (la caja) y en el camino sentía sed o hambre mortal, no necesitaba sino hablar y se le presentaba una mesa tendida con todo lo que pedía. Lo mismo ocurría cuando necesitaba dormir. De ese modo, a los cinco días exactos llegó dicho camasca. Y, tanto el Inca como Cuniraya, lo recibieron con gran regocijo.
Antes de abrirlo, Cuniraya dijo: «Inga, vamos a trazar una línea aquí en el suelo; yo entraré en la tierra por este lado; por ese otro lado tú entrarás en la tierra con mi hermana; tú y yo no nos veremos más». Diciendo eso trazó una raya en el suelo.
Acto seguido, el Inca abrió la caja. Aquel lugar en el que estaban quedó inmerso en luz.
Entonces, el Inca Huayna Cápac dijo: «Ya no voy a volverme de aquí; en este lugar mismo, voy a quedarme con mi ñusta, con mi coya». Dio instrucciones a un hombre, miembro de su aillu, diciéndole: «Tú vete; vuelve al Cusco y di que eres Huayna Cápac en mi lugar». En ese instante, el Inca desapareció con su señora; el dios Cuniraya hizo lo mismo.
Y desde entonces, después que aquel al que hemos llamado Huayna Cápac murió, unos y otros proclamando la prioridad de sus derechos, (provocaron el derrumbe de su señorío).Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 14, página 243-249
La declaración anterior precisa cambios significativos respecto a la figura del dios Cuniraya. El cambio más notable es el hecho de que Cuniraya sea hijo de un dios superior a él (el mismo manuscrito alude que Pachacámac sería su padre) y que las hijas de este último sean sus hermanas (la mujer dentro de la caja es una de las hermanas de Cuniraya). En textos anteriores de la misma fuente, son dos hermanas: una mayor y otra menor. La mayor logró ser alcanzada y, por ende, profanada por Cuniraya; de esta manera, Cuniraya consumó su venganza contra Pachacámac (posiblemente a raíz de la interpretación distinta de cada aillu o una reestructuración de sus historias como se expuso anteriormente).[1]