Pariacaca (dios)

dios inca del agua, los vientos y las lluvias torrenciales From Wikipedia, the free encyclopedia

Pariacaca (en quechua: Parya qaqa, posiblemente de una forma híbrida quechua-aimara como pari-ya-q qaqa 'peñón ígneo, el peñón que quema')[1] fue, en la mitología de la sierra central peruana, el dios del agua, los vientos y las lluvias torrenciales.[2]

Historia de su culto

Nevado Pariacaca.

El culto consagrado al rayo es el fruto de la concepción de los antiguos pueblos andinos que, al contemplar la irreprimible fuerza del fuego celestial, intuyeron que dicho fenómeno debía ser provocado por una divinidad que fuera digna de profunda veneración. Así se formaron cultos consagrados a divinidades asociadas a estos fenómenos.

El poder e influencia del dios del rayo era tal que fue establecido como dios patrono y/o creador por muchos pueblos andinos.[3] Todos estos dioses del rayo regionales poseen características semejantes entre sí, así como también, diferencias notables en el concepto.[4] Por lo general, los dioses andinos del rayo se destacan por su impetuosidad, sus múltiples atribuciones y su estructura (se desdoblan en un grupo de tres o más dioses atmosféricos que constituyen una entidad absoluta).[5] [6]

Al igual que los antedichos dioses, Pariacaca fue considerado el dios creador que contribuyó con la creación del mundo por los pueblos andinos preincas. El culto consagrado al dios Pariacaca fue tan importante en la región centroandina que incluso llegó a expandirse hacia las zonas costeras.

Pariacaca fue uno de los tantos dioses atmosféricos que, después de la expansión del Tahuantinsuyo, pasaron a convertirse en homólogos regionales del dios Illapa. Dentro del área andina, Pariacaca tuvo dioses equivalentes a él: el dios Yana Raman por parte de los Yaros o Llacuaces; Tumayricapac, por los Yaros de Chinchaycocha; Apocatequil, por los Cajamarcas; y Pusikaqcha, por los habitantes del altiplano sur.[7]

Representación

El dios Pariacaca está representado en un nevado imponente que lleva su mismo nombre.[2]

Del mismo modo, el animal que representa al dios celeste es el halcón, puesto que nació como uno de cinco huevos junto a sus hermanos en el cerro Condorcoto. Posteriormente, se convirtió en Kolash (humano proveniente del nido).[2]

En aquella época, Pariacaca nació de cinco huevos en el cerro de Condorcoto. Un solo hombre, un pobre que se llamaba Huatiacuri, quien era también, según se dice, hijo de Pariacaca, fue el primero en ver y en saber de este nacimiento [...] Cuando Huatiacuri hubo terminado todas estas hazañas, Pariacaca y sus hermanos salieron de los cinco huevos (en forma de) cinco halcones. Estos se convirtieron en hombres y se pusieron a pasear. Entonces, cuando se enteraron de cómo se había comportado la gente de aquella época y de cómo ese hombre llamado (Tamtañamca) fingiendo ser dios, se había hecho adorar, se enojaron mucho a causa de esos pecados y, convirtiéndose en lluvia, los arrastraron con todas sus casas y sus llamas hasta el mar sin dejar que uno solo se salvase. Había también en aquella época un Pullao que crecía en el cerro Llantapa y llegaba hasta el cerro de Huichoca formando un arco. Este Pullao era un árbol muy grande. Encima se encontraban monos, caquis y todas las variedades de pájaros. También todos estos fueron arrastrados hasta el mar.
Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 5, página 85-87 y 115-117

Mitología

La historia de Pariacaca comprende una serie de acontecimientos que definieron el origen de muchos elementos en el cosmos. Ya sea el mismo dios o uno de los tantos hijos suyos son los agentes de estos sucesos. Su historia se explica a detalle dentro del Manuscrito de Huarochirí. En la misma fuente, se narra la travesía del dios celeste por el mundo. El inmanente dios se interrelaciona con los seres humanos, instituye su culto a los pobladores, condena la desidia y transgresión de la humanidad, enfrenta e impone de manera implacable su superioridad sobre dioses opositores como Huallallo Carhuincho, altera el entorno que lo rodea, etc. Asimismo, la mitología asevera que todas estas acciones del dios pluvial van de la mano con la creación de muchos elementos aún presentes en el mundo como memoria de los sucesos.[2]

Como Pariacaca (y sus hermanos) eran cinco hombres, cayeron en forma de lluvia de cinco lugares diferentes. Esta lluvia era amarilla y roja. Después, convertidos en relámpagos, se arrojaron también de cinco lugares diferentes. Desde la mañana temprano hasta la puesta del Sol, Huallallo Carhuincho (en forma de) fuego gigantesco, cuyas llamas llegaban hasta el cielo, ardía sin dejarse extinguir. Toda el agua producida por las lluvias de Pariacaca bajó hacia el mar. Antes que entrara en el mar, uno de los hermanos de Pariacaca hizo caer un cerro más abajo, (por el camino que iba a seguir el agua) y la detuvo. Entonces esta agua formó una laguna. Esta laguna hoy se llama Mullococha.
Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 8, página 153-155

Facultades y asociaciones

Además de su papel como creador y señor del clima, el dios Pariacaca era una divinidad polifacética, puesto que evidenciaba un sinnúmero de habilidades y/o facultades dentro del Manuscrito de Huarochirí. Dentro de las facultades del dios pluvial, se destacan:[8]

Deidad protectora y bélica

Una característica primordial de los dioses andinos del rayo es su carácter protector y guerrero. Se han registrado múltiples documentos que detallan información acerca de estas divinidades y, entre lo más destacado, se encuentran los enfrentamientos y/o batallas que estos libraron con dioses opositores y/o bestias míticas. De estas incontables batallas, el dios del rayo siempre fungía como el vencedor, lo que denotaba su superioridad y poder. Asimismo, la posibilidad de la existencia del ser humano sobre la Tierra y el aumento de población son los frutos de la victoria del dios celeste.

El dios Pariacaca no era ajeno a este concepto, puesto que sus proezas bélicas se han documentado en el Manuscrito de Huarochirí. En todas estas luchas, el dios celeste fue el vencedor. Como ejemplo a lo anterior, se tiene el enfrentamiento del dios Pariacaca (personificación del agua, el clima lluvioso, etc.) contra su némesis, el dios Huallallo Carhuincho (personificación del fuego, el clima seco, etc.). A pesar de que Huallallo era muy poderoso, este no podía contrarrestar la superioridad de Pariacaca, por lo que se vio obligado a invocar bestias enormes para hacerlas combatir contra el dios pluvial. Entre ellos, se encontraba un enorme Amaru bicéfalo.[2] [9]

Entonces, Pariacaca con los demás cinco hermanos, casi arrasaron la peña con sus rayos y de nuevo ahuyentaron a Huallallo Carhuincho. Este hizo surgir una serpiente enorme llamada Amaru de dos cabezas, para que fuera nefasto a Pariacaca. Al verlo, Pariacaca se puso furioso y clavó un bastón de oro en medio de su lomo (del Amaru). En el mismo instante, el Amaru se convirtió en piedra. Se dice que, aún hoy se puede ver a este Amaru petrificado en el camino llamado de Caquiyoca de Arriba. La gente de Cusco, y todos los que saben de eso, golpean este Amaru con una piedra y llevan consigo los pedazos que caen en la creencia que los protegerá de la enfermedad.
Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 16, página 261-263

Deidad de los animales

De acuerdo con Huarochirí, el dios Pariacaca poseía el dominio de los animales y les ordenaba realizar diversas tareas. Como ejemplo a lo anterior, se tiene uno de los desafíos de Huatiacuri, hijo de Pariacaca. Para asistirlo en dicha competencia, Pariacaca envia diversos animales para edificarle una majestuosa casa y asistirlo en demás cosas.[2]

Entonces, (su rival) quiso competir con él (Huatiacuri) en la construcción de una casa. Como ese hombre tenía mucha gente a su servicio, casi acabó en un solo día la construcción de una casa grande. El pobre no colocó más que los cimientos y pasó todo el día paseando solo con su mujer. Pero, por la noche, todos los pájaros así como las serpientes, todas las que había en el mundo, construyeron su casa. Entonces, cuando al día siguiente, (su rival) la vio ya acabada, se asustó mucho. Desafió a Huatiacuri a una nueva competición: esta vez debían techar las casas. Todos los huanacos, todas las vicuñas traían la paja (para el techo del hombre rico). Huatiacuri esperó encima de una peña el paso de las llamas que llegaban cargadas (con la paja). Contrató la ayuda de un gato montés y, asustándolas, destruyó e hizo caer todo. Así también venció (en esta prueba).
Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 5, página 109-111

Otro ejemplo de ello se encuentra más adelante. El dios Pariacaca había transformado una acequia pequeña en una muy extensa. Esto último lo hizo para ganarse el corazón de una bella mujer llamada Chuquisuso. Con la acequia casi lista, el dios celeste ordenó a un grupo de diversos animales a limpiarla y arreglarla.[2]

Pariacaca aceptó y agrandó la acequia de los yuncas (que antes había sido sólo una acequia muy pequeña que procedía de la quebrada de Cocochalla y llegaba hasta un cerrito más arriba de San Lorenzo) y la hizo llegar hasta las chacras de los Cupara de abajo. Pumas, zorros, serpientes y todas las variedades de pájaros limpiaron y arreglaron la acequia. Sabemos que, para realizar esto, los pumas, los otorongos y los demás discutieran entre ellos quién iba a ser el primero en trazar el curso de la acequia. Venció el zorro: «Soy yo el jefe; yo voy a ir adelante». Así se adelantó el zorro. Había llegado a medio camino cuando, allí en el cerro arriba de San Lorenzo, inesperadamente, alzó el vuelo un codorniz cuchichiando. El zorro se asustó y, dando un ladrido, cayó cerro abajo. Entonces, los otros (animales) muy encolerizados, escogieron a la serpiente para seguir trazando la acequia. Si no hubiera caído el zorro, la acequia pasaría por más arriba. Ahora va un poco más abajo. En efecto, las huellas de la caída del zorro se pueden ver aún hoy y el agua baja por el camino abierto por su caída.
Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 6, página 131-133

Deidad tramposa

El Trickster es un arquetipo que retrata a una deidad o personaje mítico sagaz, capaz de transmutar y subvertir el orden establecido. Dicho arquetipo es muy común en las diversas mitologías del mundo. La mitología incaica no es la excepción a esta regla, puesto que hay dioses y entidades consideradas Trickster (embaucadoras) como lo son el propio Cuniraya Huiracocha, Supay o el Zorro.[10]

Respecto a Pariacaca, también puede ser perfectamente encasillado como tal. Esto último es a raíz de su capacidad para cambiar de forma, de vencer a diversos dioses con su fuerza y obtener lo que quiere con su sagacidad.[10]

Como se vio anteriormente, Pariacaca anhelaba a la hermosa Chuquisuso. Ella y su comunidad debían abastecerse de las aguas de un solo manantial y, como las aguas eran escasas, dicha mujer regaba su chacra con sus lágrimas. Al verla, el astuto Pariacaca provoca que las aguas escasearan aún más, lo que hace que Chuquisuso llore mucho más. Disimulando no saber nada, Pariacaca se presenta ante la mujer para asistirla a cambio de que esta se quede con él.[2]

Había entonces en esta comunidad (de los Cupara) una mujer muy hermosa de nombre Chuquisuso. Como el agua era muy poca y su maíz se estaba secando, esta mujer regaba su chacra llorando. Cuando Pariacaca vio esto, cubrió la bocatoma de la pequeña laguna con su manta. Al darse cuenta (de que el agua seguía disminuyendo), la mujer lloraba todavía más fuerte. «Hermana, ¿por qué lloras tanto?» le preguntó Pariacaca. «Mi maicito se está secando por falta de agua» le contestó. «No te aflijas» le dijo Pariacaca. «Voy a hacer salir una gran cantidad de agua de tu laguna; pero antes, vamos a acostarnos juntos». «Primero tienes que hacer salir el agua y cuando mi chacra ya esté regada, aceptaré acostarme contigo». Pariacaca aceptó e hizo salir una cantidad enorme de agua. Muy feliz la mujer regó todas sus chacras.
Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 6, página 127-129

En la misma fuente, se detalla que Pariacaca transmutaba en un hombre menesteroso y, de esta manera, se presentaba ante las comunidades. Mediante esta forma, el dios celeste ponía a prueba el corazón de los hombres. Este hecho se ha documentado en dos comunidades diferentes: Huayquihusa y Colli.

Los Huayquihusa fueron arrastrados por violentas lluvias hacia el mar. De este evento, solamente sobrevivió una mujer.[2]

En la quebrada más abajo de Huarochirí había una comunidad de yuncas llamada Huayquihusa. En esa época, los miembros de esa comunidad celebraban una fiesta importante con una gran borrachera. Mientras bebían, llegó Pariacaca. Se sentó a un lado como suelen hacer los pobres. Ninguno de los Huayquihusa le sirvió de beber. Pasó el día entero así. Finalmente una mujer, que era también miembro de esa comunidad, exclamó: «¿Cómo es posible que no le hayan convidado a nada a este pobrecito?». Y llevándole un gran poto blanco de chicha se lo ofreció. Entonces, él le dijo: «Hermana, te alegrarás de haberme brindado esta chicha; dentro de cinco días, verás que algo muy grave le sucederá a esta comunidad; por eso, no debes estar aquí en ese día; tendrás que irte lejos de aquí; si no, podré equivocarme y matarte también a ti y a tus hijos. Mucho me ha enojado esta gente». Y, enseguida, añadió: «No hagas saber ni una palabra de lo que te he dicho a esta gente sino te voy a matar a ti también». Entonces, cinco días más tarde, la mujer, sus hijos y sus hermanos, se retiraron de aquel lugar. Los demás miembros de la comunidad seguían bebiendo tranquilamente. Pariacaca subió al cerro que está arriba de Huarochirí [...] Pariacaca se transformó en tempestad de lluvia y bajo la forma de granizo amarillo y rojo, arrastró a toda aquella gente hasta el mar sin perdonar a nadie. Entonces, esta gran cantidad de agua, hecha torrentes, cavó las quebradas de las alturas de Huarochirí.
Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 5, página 121-125

A diferencia del testimonio anterior, la comunidad Colli fue azotada por vientos huracanados y, de este acontecimiento, solamente un hombre pudo sobrevivir.[2]

Se dice que, los miembros de la comunidad llamada Colli residían en Yarutine. Un día, Pariacaca llegó a su pueblo mientras estaban celebrando una borrachera. Sentándose aparte, como hacen los hombres muy pobres, Pariacaca se quedó allí. Nadie quiso ofrecerle de beber. Un solo hombre le convidó. A éste, Pariacaca le pidió que le sirviera otra vez. Le sirvió de nuevo. Entonces, le pidió que le diera coca para mascar. Esta vez también cumplió con su pedido. Entonces (Pariacaca) le dijo: «Hermano, en cualquier momento qué yo venga aquí (de nuevo), te vas a agarrar a este árbol. Pero no digas nada a esta gente. ¡Que sigan divirtiéndose así!». Con estas palabras, se fue. Cinco días después, se levantó un viento muy fuerte. A todos los Colli, sin excepción, el viento los arremolinó dos o tres veces y los llevó muy lejos. Unos, perdiendo sus sentidos, murieron. A otros, los únicos en sobrevivir, (el viento) los transportó a un cerro en la dirección de Carhuayllo. Este cerro se llama Colli hasta hoy. Se dice que, esta gente (que llegó al) cerro se extinguió. Hoy no queda ni uno. Entonces, este hombre que había ofrecido bebida a Pariacaca, obedeció las instrucciones que éste le había dado y agarrándose al árbol, se salvó.
Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 25, página 395-397

En relación con lo anterior, existen dioses y personajes mitológicos andinos que tienen esta peculiar manera de manifestarse. Entre ellos, se tiene al dios Viracocha, Cuniraya, Guamansuri (padre de Catequil), etc.[11]

Existe la posibilidad de que la particular manifestación de estos dioses y/o personajes míticos haya servido como pilar para la creación de numerosas leyendas andinas que rezan sobre el advenimiento de una persona (mayormente un hombre) humilde a un lugar o comunidad. Esta divinidad pide apoyo a los hombres; sin embargo, debido a su aspecto, no logran reconocer al dios y, por ende, no lo ayudan. Entre toda la población, una sola persona es quien socorre a la divinidad disfrazada. A esta persona se le advierte trasladarse a otro lugar junto a conocidos suyos para evitar el castigo que el indignado dios desencadenará sobre el lugar de los hechos.[12]

Deidad asociada a los nacimientos

El vínculo entre el rayo y los nacimientos fue universal en toda el área andina. Aunque existían diferencias discernibles en el concepto, todas las comunidades compartían la asociación del fuego celeste y los nacimientos (gemelos, recién nacidos con alguna malformación o características particulares).

Dentro de Huarochirí, se menciona diversos textos que enfatizan en el nacimiento de los Curis (dos niños que nacían de un vientre, independientemente de su género). Otras fuentes externas a Huarochirí también resaltan la existencia de los Curis y como ellos eran retratados como hijos del dios del rayo.[5] [9] Asimismo, dicho evento lo consideraban pernicioso si las criaturas eran del mismo género, mientras que los pequeños de distinto género (un niño y una niña) lo percibían como señal fausta.[2]

En los tiempos antiguos, si nacían en Suquiacancha o en Tumna, enseguida los llevaban al centro ritual de los checa llamado Llacsatambo. No los llevaban de día para evitar que se helara la Tierra [...] Allí, un hombre, sacerdote del demonio, llamado Conchuri, hacía sortilegios. «¿Por qué habían nacido los Curis? ¿Cuál había sido la culpa de sus padres?» le preguntaba al demonio. La gente decía a propósito de los Curis que su nacimiento reemplazaba la muerte (de sus padres). Diciendo que era por esta o aquella (culpa que habían nacido los Curis), la gente lavaba a los dos padres; hacía lo mismo con las dos criaturas a quienes lavaban repetidas veces hasta que se cumpliera la sentencia que correspondía a la gravedad de su culpa y estuvieran a punto de morir de frío.
Manuscrito de Huarochirí, 1er Suplemento, página 489-503

Más adelante, el texto exhibe a los niños denominados Ata. Estos últimos se trataban de niños que nacen con un parca (probablemente alguna característica sobrenatural o particular) en el cabello. Se pensaba que estos niños eran enviados por el dios Pariacaca. Al nacer, se esperaba a que la criatura cumpliera tres años de edad. Una vez sucedido esto, se efectuaba una ceremonia de corte de cabello al infante.[2]

Cuando tienen tres años de edad, sus padres (y parientes) se reúnen en su casa o su cancha; ocho días antes, avisan a los cacas y a los masas que tal día van a cortar el cabello del Ata, del Illa de Pariacaca [...] Así, después de haber avisado a todos, empiezan a preparar chicha. Al oír que están preparando chicha con una media o una fanega de maíz, la gente misma se pregunta por qué lo hacen. Al saber qué día tendrá lugar la fiesta, ese día toda la gente se reúne. Entonces, los padres del Ata se juntan con los masas y también con todos los cacas, quedándose en la parte más baja de la asamblea, y empiezan a bailar y a convidarles a beber. Cuando ya están bien borrachos, tienden una frezada en el suelo y, haciendo entrar al niño, lo sientan en medio de todos. Luego dicen las palabras siguientes: «Padres, hermanos, hoy vamos a cortarle el cabello a este Ata, a este Illa; es el Ata, es el Illa de Pariacaca, así como de Tutayquire. Son ellos quienes me lo enviaron para que naciera de esta manera» [...] Cuando acaban de cortarle el cabello al Ata, el padre se lo corta completamente a su hijo porque la gente no hace más que tocarle ligeramente el cabello, cuando acaban, empiezan enseguida a bailar y pronunciando el nombre de su antepasado dicen: «Padre Anchipuma» o «Carhuachachapa» o cualquier otro nombre «este Ata, este Illa es tuyo. Ahora ya he acabado. ¡Que a partir de hoy ya no me lo envíe más Pariacaca! Me portaré bien» y bailan y se divierten. Según la creencia popular, lo que se llama Ata o Illa es enviado por Pariacaca [...] La noche que precede al corte de cabello del Ata, adoran a Pariacaca y a Tutayquire y con mucha veneración le ofrendan cuyes, ticti y otras cosas diciendo: «Cúrame por medio de este Ata y mañana seré muy dichoso». (Cuando los Atas se manifiestan), dicen que es una señal de Curis. Si han de venir Curis, envían este Ata cuando alguien premedita una falta grave contra Pariacaca como un aviso de que los Curis nacerán para reemplazar la muerte del culpable. Dicen en efecto que los Curis nacen para reemplazar la muerte (de sus padres).
Manuscrito de Huarochirí, 2do Suplemento, página 513-521

Es menester resaltar que, en el área de Chinchaycocha, Tumayricapac fue el dios que institucionalizó la costumbre del corte de cabello al recién nacido entre los indios Chupachos del valle de Huánuco. Esto último refleja un profundo paralelismo en las creencias de los diferentes pueblos andinos.[2] [13]

Deidad oracular

Otra de las tantas facultades de Pariacaca era la de una deidad oracular. En Huarochirí, se menciona que él fue uno de los dioses que vaticinó el advenimiento de los Huiracochas (españoles) a estas tierras. La fuente enfatiza a Quita Pariasca, un hombre Yaro o Llacuas que se encontraba dentro de los treinta hombres que fueron a servir a Pariacaca por orden del Inca. A diferencia del resto, Quita Pariasca fue el único que entendió el mensaje de Pariacaca como el preludio de un fatídico acontecimiento.[2]

Cuando los treinta hombres estaban mirando el hígado y el corazón de la llama, uno de ellos, un Llacuas llamado Quita Pariasca, dijo: «¡Ay de nosotros! La suerte no es buena, hermanos; en el futuro nuestro padre Pariacaca será abandonado». Entonces, los demás hombres dijeron: «No es cierto. Hablas cosas vanas. Está bien ¿Qué sabes tú?». Uno (de los presentes) le dijo: «Oye Quita Pariasca, ¿cómo justificas tu interpretación? Nuestro padre Pariacaca nos está señalando cosas muy buenas en este corazón». (Al oír estas palabras, Quita Pariasca) ni se acercó a examinar el corazón. Mirándolo de lejos lo interpretó. Luego habló contradiciendo (la opinión de los demás): «Es el mismo Pariacaca quien nos lo dice, hermanos». Llenos de odio y cólera, le dijeron a Quita Pariasca: «¿Qué puede saber un Llacuas, hombre hediondo? Nuestro padre Pariacaca, en todos los confines del Chinchaysuyo tiene hombres a su disposición. ¿Cómo podría ser él abandonado? ¿Qué puede saber ese hombre malvado?». Pocos días después, oyeron decir que los Huiracochas (españoles) ya habían aparecido en Cajamarca [...] Entonces todos los hombres dijeron: «Fue de hecho muy verdadero lo que nos contó el Llacuas Quita Pariasca, hermanos; vamos a dispersarnos; ya la suerte no es más favorable» y, así se dispersaron todos hacia sus comunidades.
Manuscrito de Huarochirí, Capítulo 18, página 277-281

Véase también

Referencias

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