Disfunción del piso pélvico

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La disfunción del suelo o piso pélvico es un término utilizado para una amplia variedad de trastornos que ocurren cuando los músculos y ligamentos del suelo pélvico pierden sus funciones. Se define como una hernia de los órganos pélvicos a través de las paredes de los órganos pélvicos y el suelo pélvico.[1] La enfermedad afecta hasta al 50 por ciento de las mujeres que han dado a luz.[2] Aunque esta afección afecta predominantemente a las mujeres, afecta hasta un 16 por ciento de los hombres.[3] Los síntomas pueden incluir dolor pélvico, presión, dolor durante las relaciones sexuales, incontinencia urinaria (IU), vejiga hiperactiva, incontinencia fecal, vaciamiento incompleto de las heces, estreñimiento, dolor pélvico miofascial y prolapso genital total.[4][5] Cuando se produce un prolapso de órganos pélvicos, puede haber una protrusión visible del órgano o un bulto que se siente en la vagina o el ano.[5][6] Los síntomas pueden restringir la vida cotidiana de las mujeres. Sin embargo, a muchas personas les resultaba difícil hablar de ello y buscar atención médica, ya que experimentan vergüenza y estigma.[7][8]

Los tratamientos habituales para la disfunción del suelo pélvico son la cirugía, la medicación, la fisioterapia y las modificaciones del estilo de vida.[2][9]

El término "disfunción del suelo pélvico" ha sido criticado porque no representa un trastorno específico del suelo pélvico.[10] Por lo tanto, se ha recomendado que el término no se utilice en la literatura médica sin una aclaración adicional.[10]

La disfunción del suelo pélvico está muy extendida y afecta a todas las edades y grupos de población,[9]:517 especialmente hasta el 50 por ciento de las mujeres que han dado a luz,[11] comparado con un 27% de mujeres nulíparas.[9]:517 Alrededor del 11% de las mujeres se someterán a cirugía por incontinencia urinaria o prolapso de órganos pélvicos antes de los 80 años.[12] Entre 15 y 30% de personas adultos mayores en la comunidad padecen de incontinencia urinaria, mientras que entre aquellos institucionalizados la frecuencia aumenta a un 50%.[13]

Las mujeres que experimentan disfunción del suelo pélvico tienen más probabilidades de informar problemas de excitación combinados con dispareunia. Para las mujeres, existe un riesgo del 20,5% de tener que someterse a una intervención quirúrgica relacionada con la incontinencia urinaria de esfuerzo. La literatura sugiere que las mujeres de raza blancas tienen un mayor riesgo de sufrir incontinencia urinaria de esfuerzo.[14]

Aunque se cree que la disfunción del suelo pélvico afecta con mayor frecuencia a las mujeres, se ha identificado que el 16% de los hombres padecen disfunción del suelo pélvico.[15]En estos casos, junto con sus múltiples consecuencias, incluida la incontinencia urinaria, son un problema de salud preocupante que se hace más evidente a medida que aumenta la población de individuos de edad avanzada.

Etiología

Mecanísticamente, las causas de la disfunción del suelo pélvico son dos: el ensanchamiento del hiato del suelo pélvico y el descenso del suelo pélvico por debajo de la línea pubococcígea, con prolapso graduado de órganos en relación con el hiato pélvico.[11] Algunas personas cuentan con una deficiencia hereditaria en su tipo de colágeno y quienes pueden tener más probabilidades de desarrollar disfunción del suelo pélvico. Las personas con tejido conjuntivo y fascia congénitamente débiles tienen un mayor riesgo de sufrir incontinencia urinaria de esfuerzo y prolapso de órganos pélvicos.[11] Los defectos en la fascia endopélvica y la función comprometida del músculo elevador del ano se han categorizado como factores etiológicos importantes en el desarrollo de la disfunción del suelo pélvico. Algunas circunstancias están claramente asociadas con defectos de colágeno. Entre ellas se incluyen haber tenido un parto vaginal, haber pasado la menopausia y ser de edad avanzada.[15]

Algunos hábitos inlcuidos en el estilo de vida pueden provocar disfunción del suelo pélvico. Esto incluye posponer el orinar o defecar, la obesidad. Algunos medicamentos, incluyendo el uso de relajantes musculares o narcóticos y el uso de antihistamínicos o anticolinérgicos pueden acelerar la aparición de disfunción pélvica. El uso de relajantes musculares o narcóticos puede provocar una mayor relajación de los músculos lisos y esqueléticos, potencialmente relacionada con la incontinencia urinaria. Los antihistamínicos y anticolinérgicos pueden tener efectos aditivos que provocan vacilación y retención urinaria, lo que en última instancia conduce a una disfunción del suelo pélvico. La incontinencia urinaria también puede afectar a los deportistas, especialmente a aquellos que practican deportes que requieren un alto impacto como el salto.[15] Las gimnastas, por ejemplo, suelen tener una alta prevalencia de incontinencia urinaria. Los atletas en deportes que requieren una alta estabilidad espinal también pueden tener esta condición, ya que la activación de los músculos de la pared abdominal puede causar alteraciones urinarias durante las actividades.[16] En algunos casos, el abuso sexual también puede estar asociado con dolor pélvico crónico y disfunción del suelo pélvico.[15]

La disfunción del piso pélvico puede igualmente ser consecuencia de la radioterapia pélvica, así como de otros tratamientos para cánceres ginecológicos.[17] La disfunción de los músculos del suelo pélvico se asocia con trastornos de la región de la espina dorsal y de la cadera que causa dolor lumbar e incontinencia, especialmente en personas con un elevado índice de masa corporal.[18]

Diagnóstico

Tratamiento

Referencias

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