Diálogo interreligioso
la interacción positiva, cooperativa y constructiva entre personas de diferentes tradiciones o creencias religiosas o espirituales, tanto a nivel individual como institucional
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El diálogo interreligioso es la interacción positiva, cooperativa y constructiva entre personas de diferentes tradiciones o creencias religiosas o espirituales, tanto a nivel individual como institucional. Se diferencia del sincretismo en que el diálogo interreligioso no busca una fusión o asimilación de doctrinas distintas sin coherencia sustancial, sino más bien la promoción del entendimiento entre las diferentes religiones para aumentar la aceptación de los demás. A diferencia del ecumenismo, que fomenta la unidad entre los cristianos, el diálogo interreligioso busca el trato recíproco constructivo entre las religiones o movimientos espirituales que no tienen una raíz cristiana en común.




Existen iniciativas interreligiosas locales, regionales, nacionales e internacionales, ya sea informal o formalmente establecidas a través de grandes redes o federaciones. Se acredita a Hans Küng, profesor de Teología ecuménica y presidente de la Fundación por una Ética Global, la formulación de un pensamiento citado con frecuencia como lema del diálogo interreligioso:
No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones. No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones.[4]Hans Küng
También se recuerda que casi todas las religiones al tener por natural e intrínseco la llamada regla de oro, (trata a los demás como quieres que te traten a ti), no solo no deben enfrentarse entre ellas, sino también les exige poner en práctica una ética tanto dentro de sus comunidades, como fuera de ellas. Así, las distintas religiones teniendo en común dicha regla, pueden dialogar y unir esfuerzos para tratar a todos como quisieran ser tratados.[5]
En los tiempos modernos
Si bien siempre existió diálogo entre hombres de distintas creencias religiosas, el establecimiento de foros de diálogo formal entre los líderes de las religiones que presentan adhesión de fieles en mayor número es un hecho propio del siglo XX. Entre los factores que se estima influyeron en la formulación efectiva de ese diálogo se cuentan la creación del Parlamento Mundial de Religiones (1893), un informe titulado Reconsiderando las misiones (1932) redactado por laicos protestantes norteamericanos, el resurgimiento del budismo, y la migración creciente de fieles no cristianos ni judíos hacia naciones de Occidente. Entre los cristianos protestantes, el diálogo se desarrolló principalmente a través del Consejo Mundial de Iglesias.[6]
También el Movimiento de los focolares, se dedica a promover la fraternidad universal y el diálogo con otras culturas y religiones no cristianas.
Este tipo de contactos entre los líderes de las diversas religiones del mundo, también ha sido útil para facilitar y sentar bases de las relaciones interpersonales entre personas de distintos credos, como por ejemplo, para el matrimonio interreligioso, así como también para un mejor entendimiento y tolerancia a la conversión religiosa.[7]
En la Iglesia Católica
Históricamente la Iglesia católica tuvo una postura de actitud confrontativa hacia las percibidas falsas religiones, bajo el principio de El error no tiene derechos. Sin embargo, siempre hubo un debate abierto sobre las posturas respecto a la posibilidad de lograr una relación positiva con las otras religiones y el cristianismo, así como el papel que esto tendría en el misterio de salvación según el dogma Extra Ecclesiam nulla salus. Hubieron dos posturas teológicas en Debate, la “teoría del cumplimiento” (basada en la Capax Dei) y la “teoría de la presencia de Cristo en las religiones” (basada en la Semina verbis).[8]
Durante el periodo preconciliar las posturas respecto a la posibilidad de una relación positiva entre las otras religiones y el cristianismo, y su rol eventual en el misterio de salvación de sus adeptos, han sido muy variadas.(...) Por un lado, se encuentran aquellos para quienes las diversas religiones de la humanidad representaban el deseo innato del ser humano de unirse a lo Divino, del que existen expresiones variadas en las diferentes culturas y áreas geográficas del mundo. Según esta perspectiva, Jesucristo y el cristianismo denotan, en cambio, la respuesta personal de Dios a esta aspiración universal de la humanidad. Mientras que todas las religiones no son mas que expresiones diversas del homo naturaliter religiosus, por tanto, de la “religión natural”, solo el cristianismo, en cuanto respuesta divina a la búsqueda de Dios por los hombres, es la única “religión sobrenatural” (...) estas tradiciones religiosas en ellas mismas no juegan ningún papel en el misterio de salvación.
Según la otra posición, por el contrario, las diversas religiones de la humanidad representan en sí mismas intervenciones específicas, aunque incipientes de Dios en la historia de salvación. Sin embargo, estas intervenciones divinas están ordenadas hacia el acontecimiento salvífico decisivo que tiene lugar en Jesucristo. Como tales, ellas han jugado un rol positivo antes del acontecimiento Cristo como praeparatio evangelica; ellas conservan todavía hasta hoy un valor positivo en el orden de la salvación en virtud de la presencia actuante en ellas y, de cierta manera, a través de ellas, del misterio salvífico de Jesucristo. (...) El misterio salvífico tiene ciertamente un carácter único. Pero todas las otras tradiciones religiosas, en virtud del designio salvífico divino del que ellas forman parte, se relacionan a este misterio respecto al cual ellas representan, cada una a su manera, un ordenamiento o una preparación providencial. Ninguna religión es, entonces, puramente natural. Históricamente, se puede encontrar en cada religión una intervención divina en la historia de las naciones y se puede reconocer en ellas una presencia existencial del misterio de salvación en Jesucristo. Todas las religiones son entonces, por más de un motivo, sobrenaturales.Jacques Dupuis
Por su parte, los cristianos católicos tuvieron en la declaración del Concilio Vaticano II titulada Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, uno de los hitos más destacados en la propiciación del diálogo interreligioso, que se extendió a través del Secretariado para los no Cristianos, instituido por Pablo VI en 1964, y continuado con el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso,[9] creado por Juan Pablo II en 1988 con la constitución apostólica Pastor Bonus.[10] Su sucesor, el papa Benedicto XVI, en ocasión del Encuentro interreligioso de oración por la paz en Asís 2006, explicó que este evento busca la conversión de los corazones a la paz, y no expresar un sincretismo religioso, manifestando también que la religión, no puede ser sino anunciadora de paz, subrayando que a nadie le es lícito el motivo de la diferencia religiosa como pretexto de una actitud belicosa ante otros seres humanos.[11] Por su parte, el papa Francisco, en su primera exhortación apostólica, Evangelii Gaudium, se refirió al Evangelio y a la importancia del diálogo interreligioso.[12] Asimismo, en otras oportunidades ha recordado en varios encuentros interreligiosos, que las religiones ayudan al mundo a encontrar la paz, no la guerra, por lo que nunca han de ser manipuladas para favorecer conflictos y enfrentamientos,[13][14][15] como por ejemplo la firma del documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común[16]