Egidio de Asís
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| Egidio de Asís | |||
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| Información personal | |||
| Nacimiento |
ca. 1190 Asís, Italia | ||
| Fallecimiento |
23 de abril de 1262 Perugia, Italia | ||
| Información profesional | |||
| Ocupación | Religioso cristiano | ||
| Información religiosa | |||
| Beatificación | Culto inmemorial confirmado por el papa Pío VI en 1777 | ||
| Festividad | 23 de abril | ||
| Atributos | Hábito franciscano | ||
| Venerado en | Iglesia católica | ||
| Orden religiosa | Orden Franciscana | ||
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reconocimientos
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Egidio de Asís (Asís, ca. 1190-Perugia, 23 de abril de 1262), también conocido como Gil de Asís, fue un religioso católico italiano, de los primeros seguidores de Francisco de Asís y de la Orden de Frailes Menores, fundada por este. Es venerado como beato en la Iglesia católica.[1]
No se tiene ningún dato preciso de los primeros años de la vida de Egidio, salvo que era campesino y conocía a los primeros discípulos de Francisco, Bernardo y Pedro. Siguiendo a estos vistió el sayal de los pobres de Asís el 23 de abril, fiesta de san Jorge. Inmediatamente después acompañó a Francisco en sus predicaciones por las regiones vecinas a Ancona. También acompañó al fundador a Roma, en 1209, cuando recibieron la aprobación oral de la Regla por el papa Inocencio III.[2]
Según la tradición franciscana, Egidio peregrinó a diversos santuarios principales de la cristiandad, entre estos la tumba de Santiago en Compostela, los lugares significativos en Tierra Santa, el santuario de San Miguel Arcángel en Monte Sant'Angelo y la basílica de San Nicolás en Bari. En cada uno de estos lugares se caracterizó por ganarse el pan con su propio trabajo, incluso siendo huésped de un cardenal, se dedicó a barrer la casa y limpiar los platos. Además se dedicaba a la predicación itinerante según lo permitido por la Iglesia a los franciscanos de entonces.[2]
Egidio fue destinado por Francisco a una ermita en Monteripido, cerca de Perugia, en donde se dedicó a una vida contemplativa hasta sus últimos días. Allí llegaban muchos peregrinos para recibir sus consejos. Se dice que incluso algunos papas y prelados, y hasta el rey Luis IX de Francia quisieron tenerle por consejero.[3] Murió el 23 de abril de 1262.[2]
A él se atribuyen una serie de dichos y sermones populares, recogidos posteriormente en un documento, bajo el título Dicta. Tenidos en gran estima por Buenaventura de Bagnoregio y por el papa Pío VI.[2]