El cholo que se castró

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Género Cuento Ver y modificar los datos en Wikidata
Subgénero Realismo literario Ver y modificar los datos en Wikidata
Idioma Español Ver y modificar los datos en Wikidata
Publicado en Los que se van Ver y modificar los datos en Wikidata
El cholo que se castró Ver y modificar los datos en Wikidata
de Demetrio Aguilera Malta Ver y modificar los datos en Wikidata
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Idioma Español Ver y modificar los datos en Wikidata
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País Ecuador Ver y modificar los datos en Wikidata
Fecha de publicación 1930 Ver y modificar los datos en Wikidata

«El cholo que se castró» es un cuento del escritor ecuatoriano Demetrio Aguilera Malta, publicado en 1930 como parte del libro de relatos Los que se van. La trama cuenta la historia de Nicasio Yagual, un cholo que a lo largo de su vida ha cometido violaciones y asesinatos empujado por la lujuria, pero que finalmente recapacita y decide tomar medidas extremas para acabar con sus deseos.[1]

Al igual que los otros cuentos de Los que se van, el relato está escrito con un lenguaje coloquial y crudo y se centra en las vivencias de personajes montuvios y cholos del área rural de la costa ecuatoriana.[2] Algunas posturas académicas identifican en el relato elementos precursores de lo que finalmente sería el movimiento artístico latinoamericano del realismo mágico.[3]

El cuento inicia con Nicasio Yagual, protagonista de la historia, un día en que intenta convencer a una mujer de que tuviera relaciones sexuales con él. Ante su negativa, Nicasio le prende fuego a la embarcación en que navegaban, lo que le permite arrinconarla y lograr su cometido. A lo largo de su vida, Nicasio había cometido muchos atropellos similares, como cuando asesinó en un duelo de machetes al padre de su prima, quien había intentado obligarlo a casarse con su hija tras enterarse de que abusaba sexualmente de ella; o cuando violó y asesinó a la esposa del patrón de la hacienda en que trabajaba luego de llevar mucho tiempo obsesionado con ella.[1][3]

Un día Nicasio escucha un rumor sobre una mujer guerrera conocida como la Peralta que se batía a machetazos con hombres y vivía bajo su propia ley. Nicasio la busca y la reta a un duelo de machetes con la condición de que el ganador podría hacer lo que quisiera con el otro. Nicasio derrota a la Peralta, pero se niega a tener sexo con ella tras tener una epifanía sobre los crímenes que había cometido a lo largo de su vida y arrepentirse de ellos. Entonces concluye que todos sus abusos habían nacido producto de su lujuria y toma la decisión de castrarse como forma de acabar con sus deseos sexuales. La Peralta encuentra al poco tiempo el cadáver de Nicasio, que ha muerto desangrado luego de mutilarse.[1][3]

Estilo

Demetrio Aguilera Malta junto a su esposa, la escritora Velia Márquez

De acuerdo al académico estadounidense Kenneth Wishnia y a la ecuatoriana María Helena Barrera, «El cholo que se castró» incluye elementos estilísticos que lo ubican entre los predecesores del realismo mágico, tendencia que Aguilera Malta adoptaría más tarde de forma integral en su novela Siete lunas y siete serpientes (1970). Wishnia y Barrera señalan en particular la incorporación de cualidades antropomórficas para describir objetos o animales, como camarones o mangles que «se reían a carcajadas»,[3] o «piedras [que] parecían caminar». A diferencia de otras obras similares de la época, Aguilera Malta introduce estos elementos en el cuento sin darles una explicación narrativa lógica, lo que de acuerdo a Wishnia significó un cambio de paradigma en el realismo latinoamericano.[4]

Como el resto de cuentos de Los que se van, la trama explora la vida de personajes cholos y montuvios a través de un lenguaje crudo y directo, poblado de deformaciones ortográficas y descrito por personalidades como Jorge Enrique Adoum como «lenguaje nuevo, descarado, insolente, incluso terrorista», que significó una ruptura con el modelo costumbrista que se venía desarrollando en la literatura ecuatoriana desde el siglo XIX. Otra característica es la inclusión de descripciones gráficas que por momentos se acercan al tremendismo, como deja ver el propio nombre del relato;[2] o la reiteración de palabras o sonidos con el propósito de reproducir la oralidad de los personajes, como se puede apreciar en el siguiente fragmento:[5]

La lengua se hizo roja. Una extraña lengua que avanzó por la ramada. Que se prendió en la cubierta. Que se arrimó a las velas y a los mástiles. Que se irguió desafiante sobre la soledad del mar.

Estructuralmente, el cuento se encuentra dividido en cuatro partes y veintiséis escenas.[6] A diferencia de otros relatos del autor que siguen una narración lineal, el cuento inicia in medias res.[1]

Análisis

Recepción y legado

Referencias

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