Espectacles-Audicions Graner

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Género teatro musical, teatro y música
Fundación 14 de octubre de 1905
Espectacles-Audicions Graner
Tipo compañía de teatro
Industria economía creativa
Género teatro musical, teatro y música
Fundación 14 de octubre de 1905
Fundador Lluís Graner
Sede central Teatro Principal (España)

Los Espectacles-Audicions Graner (también conocidos como Espectacles i Audicions Graner) fueron una empresa teatral con sede en el teatro Principal de Barcelona que desarrolló su actividad entre 1905 y 1908. Su fundador fue el pintor Lluís Graner, quien tomó su propio apellido para el nombre de la empresa y estuvo al mando de la dirección artística y empresarial. Principalmente estuvo destinada a la producción de títulos originales de teatro lírico catalán, bajo una motivación nacionalista que pretendía consolidar un género lírico nacional en Cataluña diferente al de la zarzuela.[1]

El director musical fue Joan Baptista Lambert, vinculado a Graner desde la etapa de la sala Mercè y afín a sus ideas tradicionalistas. Enric Morera colaboró como compositor y mantuvo estrecha relación con el director artístico, pero sin cargo directivo dentro de la empresa. Inicialmente la dirección escénica se encargó a Adrià Gual, quien fue relevado del puesto al final de la primera temporada tras discrepancias sobre la gestión económica de Graner.[2] Le sucedió Modest Urgell en la segunda temporada y Enric Giménez en la tercera. Josep Carner estuvo contratado durante la primera temporada como adaptador literario de los libretos de visiones musicales.[3]

Lluís Graner (empresario y director artístico de los Espectacles-Audicions Graner)

La empresa contó con la colaboración de otros destacados autores de primer nivel del panorama cultural catalán, como Àngel Guimerà, Felip Pedrell y Enric Granados. Además, relevantes actores y actrices de la escena catalana formaron parte de las filas de la compañía de los Espectacles-Audicions Graner, como Maria Morera, Assumpció Paricio, Josep Santpere, Emília Baró, Enric Giménez, Lluís Puiggarí o Conrat Giralt. Fue relevante el lujo y detalle de sus escenografías, pintadas habitualmente por Salvador Alarma, Miquel Moragas, Fèlix Urgellés, Maurici Vilomara y Oleguer Junyent.[4]

Inicialmente se concentró en la producción de visiones musicales, aunque su programación se acabó caracterizando por una amplia diversidad de géneros líricos, complementada con sesiones extraordinarias de conciertos y teatro hablado. Influido por el fenómeno político de Solidaritat Catalana, el proyecto pretendió convertir el teatro Principal en centro neurálgico del catalanismo cultural, unificando sus distintas corrientes y tejiendo una heterogénea red de contactos.[5]

Lluís Graner no actuó como un simple mecenas, sino que absorbió otras iniciativas (como el Foment del Teatre Líric Català) contratando a sus promotores. También programó los abonos de diversas entidades culturales, políticas y civiles en colaboración con su teatro. La política de precios bajos —a pesar de los elevados costes de producción— evidencia una intención culturizadora e interclasista, orientada a la generación de capital simbólico para el proyecto catalanista más que al beneficio económico.

Aunque la empresa acabó en una profunda quiebra económica, proveyó a Barcelona de un gran atractivo teatral que la prensa rememoró durante décadas como una de las grandes efemérides del teatro catalán y como el principal intento de institucionalización empresarial del teatro lírico en catalán. En sus tres temporadas, los Espectacles-Audicions Graner pusieron en escena 55 títulos originales de teatro lírico en catalán.[5]

Teatro Principal de Barcelona durante la época de los Espectacles-Audicions Graner (1905-1908)

La primera aproximación del pintor Lluís Graner al mundo de las artes escénicas tuvo lugar con la sala Mercè, abierta en 1904 con diseño arquitectónico de Antoni Gaudí.[6] El espacio, pensado como un salón recreativo, incluía un proyector de películas cinematográficas, un pequeño escenario para representaciones teatrales breves y un piso subterráneo donde se colocaban instalaciones artísticas.[7] En esta sala tuvieron lugar las primeras "visiones musicales", el género lírico basado en la escenificación del folklore popular que Lluís Graner desarrolló basado las teorías iniciales de Adrià Gual.[8]

Joan Baptista Lambert (director de la orquesta de los Espectacles-Audicions Graner)

Tras una exitosa temporada inicial en 1904/05, el pintor (ahora totalmente reconvertido en empresario teatral) Lluís Graner decidió ampliar su proyecto escénico. La experimentación desarrollada en esa modesta sala recreativa, registrada oficialmente como sala cinematográfica, necesitaba un escenario mayor dada la gran afluencia de público.

Graner optó por el teatro Principal de Barcelona, ubicado en la misma rambla que la sala Mercè. Aunque un importante símbolo de la ciudad, el teatro Principal estaba en decadencia tanto arquitectónica como artística. Graner lo alquiló e instaló allí su empresa "Espectacles-Audicions Graner", llevando consigo a colaboradores clave como Adrià Gual (director escénico), Josep Carner (adaptador literario) y Joan B. Lambert (director musical), quienes ya formaban el equipo artístico de la sala Mercè. El principal objetivo inicial sería consolidar el género de las visiones musicales como el "género lírico catalán" por excelencia, con obras de mayor envergadura.[1]

Bajo su dirección, el teatro se convirtió en un núcleo cultural que reunió a figuras clave de la cultura catalana, con el objetivo de institucionalizarla y unificarla. No obstante, los elevados costes de producción y la falta de habilidades administrativas de Graner impidieron la sostenibilidad económica del proyecto a largo plazo.

Actividad (1905-1908)

Temporada 1905/06

La temporada se inauguró el 14 de octubre de 1905 con El comte l’Arnau, una visión musical con libreto de Josep Carner y música de Enric Morera basada en la canción popular catalana de mismo nombre. Obtuvo gran éxito gracias a su espectacularidad escénica, basada en la combinación de luces, efectos especiales, pirotecnia, música y poesía,[9] con un fuerte carácter pictórico y simbolista.

Adrià Gual (autor dramático de las "canciones populares armonizadas para la escena" estrenadas en los Espectacles-Audicions Graner)

Esta temporada promocionó principalmente el género lírico de las "visiones musicales", ideado por Lluís Graner como una aproximación simbolista a la escenificación del folclore catalán. Se trata de un género con un fuerte carácter pictórico y visual, basado en la sugestión de emociones y la creación de diferentes atmósferas a través de los sentidos mediante la combinación de efectos visuales, musicales y poéticos. Busca exaltar al espectador a través de sus sentidos para despertar en él la emoción al ver escenificadas las canciones y cuentos populares de tradición oral.[10] Destacan los estrenos de La matinada, de Felip Pedrell y Adrià Gual; El miracle del Tallat, de Enric Morera y Josep Carner; o Fra Garí, de Enric Morera y Xavier Viura.

Adrià Gual asumió la dirección escénica bajo petición del director artístico para recuperar e institucionalizar su teoría de la "canción popular armonizada para la escena",[11] en la que se cimentaba el género de las visiones musicales.[12] Gual también programó los abonos de los "dilluns dramàtics" y los "thés d’hivern", dedicados al teatro hablado, con obras del canon internacional (Ibsen, Shakespeare, Molière, Sófocles) traducidas al catalán con fines pedagógicos y divulgativos.

Enric Morera (colaborador y compositor más prolífico de los Espectacles-Audicions Graner)

A partir de febrero de 1906, se alternaron nuevas visiones musicales con reposiciones del repertorio del Teatre Líric Català de Enric Morera e Ignasi Iglésias (como L’alegria que passa). Las canciones armonizadas de Gual, especialmente La presó de Lleida con música de Jaume Pahissa y Els tres tambors, con música de Enric Morera, consolidaron la propuesta simbolista del nuevo género lírico de las "visiones musicales". Paralelamente, Lluís Graner organizó conciertos de música sinfónica con el Orfeó Català (dirigido por Lluís Millet) y la Orquestra Filharmònica Barcelonesa de Josep Lassalle, programando obras de Mozart, Beethoven, Händel y Haydn, algunos de ellos estrenos en España. La Associació Musical de Barcelona también intervino como intermediaria, trayendo intérpretes como Pau Casals, Paderewski y Crickboom.[5]

La temporada regular finalizó el 4 de junio de 1906, dando paso a una temporada de verano exclusivamente cinematográfica con precios reducidos (0,25 pesetas la entrada).

Temporada 1906/07

La segunda temporada de los Espectacles-Audicions Graner, inaugurada el 20 de septiembre de 1906, supuso un cambio de rumbo respecto a la anterior. Bajo la nueva dirección escénica de Modest Urgell —en sustitución de Adrià Gual—, la programación abandonó progresivamente el teatro hablado para centrarse exclusivamente en el teatro lírico, aunque con una mayor diversidad de géneros. Las visiones musicales, ahora más narrativas y próximas al drama lírico, se alternaron con operetas, comedias líricas e incluso óperas de corte wagneriano, como el Hänsel und Gretel de Humperdinck que se estrenó traducido al catalán. Este giro artístico respondió también al contexto sociopolítico del momento, marcado por los hechos del diario Cu-cut! y el nacimiento de Solidaridad Catalana, una coalición que aglutinaba a las distintas fuerzas del catalanismo. Siguiendo su ejemplo, los Espectacles-Audicions Graner intentaron convertir el teatro Principal en un espacio de convergencia de las diversas propuestas escénicas del teatro lírico catalán, reflejando así una voluntad unificadora análoga a la de la coalición política.[5]

Permeti'm! (comedia lírica estrenada en los Espectacles-Audicions Graner)
Gaziel (poema lírico en un acto de Apel·les Mestres y Enric Granados estrenado en los Espectacles-Audicions Graner)

La temporada puede dividirse en dos mitades. La primera, de otoño, destacó por el éxito de Nit de Reis (cuento lírico de temática navideña de Apel·les Mestres y Enric Morera) y por la alternancia de nuevas obras con reposiciones de la temporada anterior y del repertorio del Teatre Líric Català de Enric Morera. Entre los nuevos estrenos caben destacar La dama d'Aragó, visión musical de Adrià Esquerrà y Josep Morató; Gaziel, drama lírico de Apel·les Mestres y Enric Granados basado en el mito de Fausto, y la comedia musical Permeti'm!, adaptada del francés al catalán por Lluís Puiggarí con música nueva de Adrià Esquerrà.[13]

Assumpció Paricio y Artur Balot en La santa espina

La segunda mitad, inaugurada en enero de 1907 con la rondalla lírica en tres actos La santa espina —obra de Àngel Guimerà y Enric Morera—, acaparó gran parte de la cartelera. Con motivo de la centésima representación de esta obra, se estrenó la visión musical La resurrecció de Llàtzer, adaptación de una escena del drama Jesús de Nazaret, de los mismos autores.[14] La santa espina fue uno de los mayores éxitos del teatro lírico catalán y el número de la sardana sigue siendo frecuente en el repertorio popular catalán, conocida por el mismo nombre de la obra de teatro para la que se escribió, La santa espina. Hacia la primavera se incorporaron las fábulas líricas Ton i Guida (traducción de Hänsel und Gretel) y La nina dormida al bosc (de Manuel de Montoliu y Frederic Alfonso), que consolidaron el éxito de la empresa, con repercusión incluso en la prensa madrileña y una notable producción de material publicitario, como postales y la partitura de la sardana, aún presente en el imaginario musical catalán.

El teatro hablado, muy presente en la temporada anterior, quedó prácticamente relegado a las funciones extraordinarias de final de temporada, mientras que los conciertos ganaron peso. El Principal se especializó así en géneros musicales, complementándose con el teatro Romea, dedicado al teatro de texto, y ambos fueron considerados por la opinión pública como el binomio de "teatros catalanes" de la ciudad. A pesar del éxito popular, los problemas económicos se agravaron. El alto costo de producciones como La santa espina —que requería numerosos músicos y actores—, unido a los bajos precios de las entradas y a la reducción del número de sesiones diarias debido a la larga duración de las obras, hizo inviable la solvencia económica de la empresa.[15]

La temporada regular finalizó el 21 de mayo de 1907, dando paso a una temporada de verano exclusivamente cinematográfica, con precios reducidos (un real la entrada).

Temporada 1907/08

La tercera temporada de los Espectacles-Audicions Graner supuso un giro decisivo hacia el género lírico cómico, en detrimento de las visiones musicales que habían caracterizado la etapa inicial de la empresa. Este cambio estuvo favorecido por el distanciamiento de Lluís Graner de la dirección artística y por la nueva dirección escénica a cargo de Enric Giménez, que era actor de profesión, a diferencia de los pintores que habían ocupado el cargo previamente. El programa inicial de la temporada anunciaba una mezcla de "visions i operetes",[16] pero el equilibrio previsto se desestabilizó: cayeron numerosos títulos de visiones musicales, algunos ya escritos o anunciados, que nunca llegaron a estrenarse, como Barcelona de J. Lapeira, L’estudiant de Vic de Adrià Gual, La filla del carmesí de Manuel Marinel·lo con música de Amadeu Argelaga o Margaridó de Apel·les Mestres.

Maria Morera caracterizada de la Reina Blanca, protagonista de La reina vella (estrenada en los Espectacles-Audicions Graner)

La temporada puede dividirse en tres fases. En otoño predominaron los estrenos musicales cómicos (Els entremaliats, A peu pla, La dida seca, o la parodia Il castello di Malastruga), con solo El fill del rei de Manuel Marinel·lo y Amadeu Argelaga como visión musical. Las obras de temática religiosa, como El portal de Betlem de Prat Gaballí y Alfons Maseras con música de Adrià Esquerrà, adoptaron un tono narrativo y cómico, abandonando la dramaturgia simbolista de la primera temporada.[5]

En invierno se redujo drásticamente el estreno de nuevos títulos musicales, centrándose en la reposición de La santa espina y el estreno de La reina vella (nuevo éxito del tándem Morera-Guimerà). El papel de Maria Morera como protagonista resultó tan icónico que se editaron numerosas postales con su fotografía[17] y el vestido que utilizó en este papel se ha conservado hasta día de hoy en el Centre de Documentació i Museu de les Arts Escèniques.[18]

El equipo creativo de La reina vella, estrenada en los Espectáculos-Audiciones Graner, entre quienes destacan los autores Àngel Guimerà y Enric Morera, el director musical Joan B. Lambert y el director escénico Enric Giménez.

Las nuevas visiones musicales (El miracle de santa Agnès, La llar, El testament d’Amèlia) tuvieron una pésima recepción crítica. En primavera (de abril a mediados de junio) solo se representó teatro hablado —destacando El detective Sherlock Holmes—, y la actividad musical quedó reducida a cuatro conciertos de la Orquestra Filharmònica Barcelonesa y algunas actuaciones extraordinarias. La programación escénica acabó abandonando los espectáculos musicales en beneficio del teatro hablado, en un intento de recortar el gasto y compensar el déficit que la empresa seguía acumulando a costa de los sueldos de la orquesta.

La temporada promovió especialmente los abonos privados, reflejo de la pluralidad ideológica existente dentro del nacionalismo catalán que el proyecto escénico de Lluís Graner intentó aglomerar, siguiendo el ejemplo de la coalición política de Solidaritat Catalana: coexistieron abonos a los Espectacles-Audicions Graner del Centre Nacionalista Republicà, la Joventut Carlista (que celebró la onomástica de don Carlos de Borbón en el teatro), las Tertúlies barcelonines y un abono de Teatre Aulés (basado en las comedias de Eduard Aulés).[1]

Pese a los cambios, los problemas económicos se agravaron, acumulando deudas que pusieron en riesgo el pago del alquiler. El principal recorte afectó a la escenografía: prácticamente no se anunciaron decorados nuevos en toda la temporada. Al finalizar esta, Graner se distanció definitivamente de la dirección de la empresa, que fue traspasada a Antoni Niubó y Enrique Vinyals. Para las dos temporadas restantes del contrato, el teatro pasó a denominarse "Teatre Català", desapareciendo el apellido "Graner". Se despidió a la orquesta y se abandonó oficialmente la producción de teatro musical y lírico.

Liquidación y legado (1908-1915)

Tras la salida de Lluís Graner de la empresa que ocupaba el teatro Principal en 1908, el pintor continuó siendo legalmente responsable del contrato de alquiler firmado con la Junta del Hospital de la Santa Creu, propietaria del edificio, que finalizaba en 1910. Como tal, se le responsabilizó de la creciente deuda que los nuevos directores artísticos seguían acumulando. Ante la imposibilidad de hacer frente a los pagos, Graner solicitó el 9 de marzo de 1909 permiso para ceder la gestión de la empresa a los directores artísticos Enrique Vinyals y Antoni Niubó. La autorización fue concedida el 9 de mayo. Graner retornó entonces a la pintura, organizó exposiciones en Barcelona y a principios de 1910 emigró a América para trabajar como pintor y saldar sus deudas, exponiendo en Nueva York y recibiendo encargos en Washington, Boston y Chicago.[19]

El contrato expiró el 30 de mayo de 1910, y para liquidar las deudas pendientes, Graner ofreció a la Junta la compra del fondo de escenografías de su empresa. En agosto, Maurici Vilomara tasó el material inventariado y estimó que Graner había gastado unas 76.000 pesetas en escenografías y vestuario. Sin embargo, la Junta acabó pagando solo 15.000 pesetas por las escenografías, dinero que no llegó al pintor, puesto que se usó para saldar sus pagos pendientes a la Junta y a Hacienda.[9] Aún así, quedaron pagos sin saldar a artistas y escenógrafos que habían trabajado para la empresa escénica. Arruinado y aún adeudado, Lluís Graner se exilió prácticamente de por vida en América.[19] Regresó a Barcelona en 1928, 18 años después de su marcha, para morir poco después. A su llegada recibió una calurosa bienvenida por parte de la prensa y se organizaron las últimas exposiciones de su obra en la capital catalana.

El legado material de Graner en el teatro Principal, sin embargo, quedó destruido: tras su marcha, el nuevo empresario Ramon Franqueza i Comas abandonó el proyecto de "teatre català" en verano de 1912 para programar en castellano. La compañía de actores consolidada por Graner, dirigida entonces por Jaume Borràs y con su hermano Enric Borràs como primer actor, consideró esta decisión una traición y Jaume Borràs decidió alquilar él mismo el teatro para recuperar la programación en catalán. Mientras el edificio se reformaba para reabrir como "Teatre Català", se produjo el famoso incendio de 1915. Según Franqueza, una chispa de una chimenea vecina entró por un ventanal abierto para ventilar el teatro tras un barnizado y prendió los telones y decorados de la época Graner, que la Junta del Hospital había comprado para saldar la deuda.[20] Todo el fondo y archivo del teatro Principal quedaron destruidos, y el edificio, totalmente calcinado, fue derruido en 1918, quedando solo en pie su fachada.

Reconocimientos

Referencias

Enlaces externos

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