Euríloco
personaje de la mitología griega
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En la mitología griega, Euríloco (griego antiguo: Εὐρύλοχος) es uno de los compañeros de Odiseo que en ocasiones actúa como su lugarteniente durante el viaje de regreso a Ítaca tras la guerra de Troya. Nació en la isla de Same, próxima a Ítaca. Allí se casó [1] con Ctímene,[2] hermana menor de Odiseo.

Carácter del personaje
Si bien Euríloco es un personaje secundario de la Odisea, por su pragmatismo de matices cambiantes —prudente, cobarde, altanero— tiene un papel destacado en los cantos X y XII principalmente:
- Odisea X Euríloco, prudente, no se deja seducir por el canto de Circe y enseguida corre a avisar a Odiseo de que sus compañeros fueron convertidos en cerdos.
Poco después cuando Odiseo va a rescatar a sus hombres, Euríloco, cobarde, no quiere acompañarlo. - Odisea XII En la isla de Helios, Euríloco, atemorizado por el temporal, instiga a los hombres a quedar en tierra pese al oráculo de Tiresias. Más tarde, temerario y arrogante, anima a comer las vacas de Helios, cosa que hacen con funestas consecuencias.
Euríloco se muestra con una humanidad compleja que oscila entre la prudencia y el pragmatismo cínico. De aliado leal pasa a ser un personaje ambivalente, cauteloso hasta la cobardía:
- Lealtad: Euríloco y Perimedes son quienes atan con más fuerza a Odiseo al mástil de la nave para resistir el canto de las Sirenas (Odisea, XII-192)[3]
- Prudencia y capacidad de liderazgo: Euríloco no entra en el palacio de Circe tras sus compañeros, por sospechar un engaño. Al ver que fueron transformados en cerdos va en busca de Odiseo (Odisea, X-229 y ss.)[4]
- Ambivalencia (cautela realista, cobardía): Cuando Odiseo se dispone a ir en rescate de aquéllos, Euríloco se niega por temor a correr igual suerte y propone abandonarlos a su destino (Odisea, X-261 a 273)[4]
Su acción más significativa la protagoniza tras haber atravesado el estrecho entre los monstruos Escila y Caribdis. Euríloco, le reprocha a Ulises que intente impedirles el descanso en la isla de Helios, a pesar de conocer el vaticinio de Tiresias que les recomienda evitarla para impedir el desastre.[5] Posteriormente será él quien aconseje sacrificar las reses del Sol, con funesto resultado.[6]
Euríloco es a veces leal y prudente, y otras desleal y cobarde. Ambivalente y equívoco puede ser una voz que advierte de un peligro real, como también un agitador capaz de unir a la masa impulsiva contra el líder juicioso y precavido. En último término es un personaje corto de miras que no duda en anteponer la supervivencia inmediata al respeto al orden divino.
Homero hace de él una encarnación del ser humano común, vulnerable al miedo y al instinto, frente al ideal heroico y divinamente guiado de Odiseo.