Odisea (Canto X)
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El Canto X de la Odisea, subtitulado Lo relativo a Eolo, a los lestrigones y a Circe según la versión en prosa de Luis Segalá y Estalella,[1] es el décimo canto o libro [2] del poema épico atribuido a Homero. Forma parte de los Apólogos de Odiseo (cantos IX-XII), el gran bloque narrativo en primera persona que el protagonista relata ante la corte del rey Alcínoo en el país de los feacios.
Odiseo describe las peripecias sufridas por él y sus compañeros tras la caída de Troya, en su largo y accidentado regreso a Ítaca. Los episodios destacan temas recurrentes de la epopeya como la hospitalidad (xenía) divina y humana, la tentación, la desobediencia y la hybris, así como el contraste entre la astucia del héroe y la imprudencia de sus hombres. El canto concluye con las instrucciones de la diosa Circe para descender al inframundo, preparando la nekyia (evocación de los muertos) del Canto XI.
Odiseo continúa su relato ante los feacios. Tras dejar la isla de los Cíclopes, llegan a Eolia, la isla flotante del rey Eolo, señor de los vientos. Eolo los acoge hospitalariamente durante un mes y, al partir, les regala un odre de cuero que contiene todos los vientos adversos, atado con hilo de plata; sólo al Céfiro (viento favorable) dejó libre para impulsarlos hacia Ítaca.
Navegaban ya cerca de la patria, cuando la curiosidad y codicia se apoderó de los compañeros haciéndoles creer que el odre contiene tesoros: lo abren mientras Odiseo duerme y desatan una tormenta que los devuelve a Eolia. Eolo, enfurecido, los rechaza considerándolos malditos por los dioses.
Parten de allí remando desesperadamente y arriban a la tierra de los lestrigones, pueblo de gigantes antropófagos. Los exploradores son atacados; sólo la nave de Odiseo escapa, mientras las demás son destruidas y sus tripulantes devorados. Los supervivientes huyen entristecidos hacia la isla de Eea, hogar de la diosa hechicera Circe.
Odiseo envía un grupo de reconocimiento encabezado por Euríloco; Circe los invita a un banquete y, con un filtro mágico, los transforma en cerdos. Euríloco regresa alarmado y Odiseo parte solo a rescatarlos. En el camino, el dios Hermes le entrega la hierba moly protectora y le revela cómo vencer el hechizo. Odiseo confronta a Circe, resiste su magia y la obliga a restaurar a sus compañeros. Convertida en aliada, Circe los agasaja durante un año. Antes de partir, les advierte de peligros futuros y les ordena descender al Hades para consultar al adivino Tiresias sobre el regreso a Ítaca, explicándoles el ritual de la nekyia.
Estructura y contenido
- La aventura en Eolia En el primer encuentro con Eolo son bien recibidos. Sin embargo, más adelante serán rechazados y expulsados de su isla.
- Encuentro con los lestrigones Desde la isla Eolia llegan remando a la tierra de los lestrigones donde perecerán muchos hombres. Los supervivientes huyen entristecidos.
- El encuentro con Circe Diezmados por los lestrigones arriban a la isla de Eea, hogar de Circe la diosa hechicera. En un principio adversaria de Odiseo, cambia después a aliada. Le da instrucciones para consultar al adivino Tiresias en el Inframundo.
En Eolia. El odre de los vientos
Eolo hospitalario y benefactor: encierra todos los vientos excepto Céfiro Eolo los acoge durante un mes; al partir les regala un odre de cuero que contiene todos los vientos contrarios, dejando solo libre al Céfiro para impulsar las naves hacia Ítaca. Ítaca a la vista. Odiseo se rinde al sueño Tras nueve días de navegación favorable, avistan Ítaca. Odiseo se duerme exhausto, sin haber revelado el contenido del odre a sus hombres. Abren el odre de los vientos. Todo se frustra. Eolo los maldice Los compañeros, sospechando que el odre contiene oro y plata, lo abren por codicia, liberando una tempestad que los devuelve a Eolia. Eolo, enfurecido, los rechaza considerando que están malditos por los dioses y les ordena partir inmediatamente, negándoles nueva ayuda. |
Odiseo continúa su relato:
«Llegamos a la isla Eolia, donde moraba Éolo Hipótada, caro a los inmortales dioses; isla natátil,[3] a la cual cerca broncíneo e irrompible muro, levantándose en el interior una escarpada roca»Odisea, X [1]
Eolo, guardián de los vientos, ayuda a Odiseo en su viaje a Ítaca entregándole un cuero de un buey de nueve años que contenía los soplos de los mugidores vientos:
«Y ató dicho pellejo en la cóncava nave con un reluciente hilo de plata, de manera que no saliese ni el menor soplo; enviándome el Céfiro para que, soplando, llevara nuestras naves y a nosotros en ellas»Odisea, X [1]
Tras nueve días de navegación, con Ítaca ya a la vista, a Odiseo le rinde el dulce sueño. Cundió entonces entre la tripulación la codicia por los presentes que aquél había recibido de Eolo: Muchos y valiosos objetos se ha llevado del botín de Troya; mientras que los demás, con haber hecho el mismo viaje, volveremos a casa con las manos vacías. Sospechando de la bolsa de cuero decidieron abrirla: Ea, veamos pronto lo que son y cuánto oro y plata hay en el cuero. Una desafortunada decisión:
«... escapáronse con gran ímpetu todos los vientos. En seguida arrebató las naves una tempestad y llevólas al ponto: ellos lloraban, al verse lejos de la patria... Las naves tornaron a ser llevadas a la isla Eolia por la funesta tempestad que promovió el viento, mientras gemían cuantos me acompañaban»Odisea, X [1]
Pisan Eolia de nuevo, pero en esta ocasión el recibimiento será muy distinto. Tras contar Odiseo lo sucedido, Eolo los rechaza sin miramiento alguno pues no debe tomar a su cuidado a un varón que se ha hecho odioso a los bienaventurados dioses.
¡Sal de la isla y muy pronto, malvado más que ninguno de los que hoy viven!... Vete noramala;[4] pues si viniste ahora, es porque los inmortales te aborrecen.Odisea, X [1]
Los lestrigones
Arriban a Lestrigonia Tras remar con esfuerzo durante seis días, llegan a la fortaleza de Lamos, en la tierra de los lestrigones, gigantes antropófagos gobernados por el rey Antífates. Violencia desatada Los lestrigones destruyen once de las doce naves, atravesando a los hombres con lanzas como si fueran peces y devorándolos en festines horrendos. Odiseo y los supervivientes de su nave logran huir con gran tristeza, perdiendo a la mayoría de los compañeros. |
Y con ánimo angustiado siguieron adelante remando por su necedad, hasta que al séptimo día de navegación llegan a la isla de los lestrigones. Allí gobierna Antífates con su esposa en el palacio de Telépilo de Lamos de la excelsa ciudad de la Lestrigonia.
En aquel lugar las noches son tan cortas como atardeceres:
—...«el pastor, al recoger su rebaño, llama a otro que sale en seguida con el suyo. Allí un hombre que no durmiese, podría ganar dos salarios: uno, guardando bueyes; y otro, apacentando blancas ovejas. ¡Tan inmediatamente sucede al pasto del día el de la noche!»Odisea, X [1]
El puerto era magnífico —rodeado de ambas partes por escarpadas rocas y tenía en sus extremos riberas prominentes y opuestas que dejaban un estrecho paso... una plácida calma reina en derredor— pero Odiseo recela de lo que ve: mas yo dejé mi negra embarcación fuera del puerto, cabe a uno de sus extremos e hice atar las amarras a un peñasco.
Cerca de la población encontraron a la eximia hija del lestrigón Antífates, que bajaba a la fuente Artacia a por agua, y les muestra el camino al palacio de su padre. Allí estaba su esposa, alta como la cumbre de un monte, los atemorizó. La mujer llamó del ágora a su marido el preclaro Antífates:
—...«y éste maquinó contra mis compañeros cruda muerte: agarrando prestamente a uno, aparejóse con el mismo la cena, mientras los otros dos tornaban a los barcos en precipitada fuga. Antífates gritó por la ciudad y, al oirle, acudieron de todos lados muchos y fuertes lestrigones, que no parecían hombres sino gigantes, y desde las peñas tiraron pedruscos muy pesados: pronto se alzó en las naves un deplorable estruendo causado á la vez por los gritos de los que morían y por la rotura de los barcos; y los lestrigones, atravesando á los hombres como si fueran peces, se los llevaban para celebrar nefando festín.»Odisea, X [1]
La hechicera Circe. Exhortación a la nekyia
Llegada a la isla. Odiseo caza un gran ciervo. Exploración del terreno Los supervivientes de los lestrigones arriban a la isla Eea, hogar de la diosa y hechicera Circe. Al tercer día Odiseo abate un gran ciervo de altos cuernos del que se alimentan. Se forman dos grupos para explorar las islas. Encuentran el palacio. Conversión en cerdos. Odiseo al rescate Euríloco y sus hombres descubren el palacio de Circe. Ella los invita, les ofrece un potaje mezclado con drogas malignas que los transforma en cerdos —pero conservando su mente humana— y los encierra en pocilgas. Euríloco escapa y avisa a Odiseo. Éste acude solo al palacio —Euríloco se niega a acompañarlo—. Hermes se le aparece en el camino y le da la hierba moly para contrarrestar los hechizos. Circe, de adversaria a aliada Circe intenta encantar a Odiseo, pero no lo consigue; él la amenaza con la espada, la somete y yacen. Circe jura no hacerle daño y deshace el encantamiento devolviendo a los compañeros su forma humana, más jóvenes y hermosos, y los acoge con banquetes durante un año entero. Circe exhorta a Odiseo a la nekyia Circe le da instrucciones para continuar el viaje; le ordena descender al Hades para consultar al adivino Tiresias sobre el regreso a Ítaca. Odiseo y sus hombres son liberados. Elpénor, insepulto Al final, Circe les devuelve la libertad para su viaje al Inframundo. Abatidos, parten al reino de los muertos sin percatarse de que no le dieron sepultura a Elpénor. |
Otra vez huyendo, con el corazón triste, llegan a la isla Eea, morada de la hechicera Circe de lindas trenzas y dotada de voz,[5] hermana del terrible Eetes.
Formaron dos grupos para explorar la isla, al mando de Odiseo y Euríloco.[6] Éste encuentra el palacio de Circe en un valle. La oyen cantar con voz pulcra,[5] ella los llama y todos entran, excepto Euríloco que temía un engaño, como efectivamente sucedió:
«Cuando los tuvo dentro, los hizo sentar en sillas y sillones, confeccionó un potaje de queso, harina y miel fresca con vino de Pramnio, y echó en él drogas perniciosas para que los míos olvidaran por completo la tierra patria. Dióselo, bebieron, y, seguidamente, los tocó con una varita y los encerró en pocilgas. Y tenían la cabeza, la voz, las cerdas y el cuerpo como los puercos, pero sus mientes quedaron tan enteras como antes. Así fueron encerrados y todos lloraban; y Circe les echó para comer, fabucos, bellotas y el fruto del cornejo, que es lo que comen los puercos, que se echan en la tierra»Odisea, X [1]
Avisado por Euríloco, Odiseo se apresta a liberar a sus hombres. Hermes lo protege de los hechizos de Circe preparándole un brebaje obtenido de una planta llamada moly, de raíz negra y flor blanca:
«... y yo me encaminé a la morada de Circe, revolviendo en mi corazón muchos propósitos... y me llamó; y yo, con el corazón angustiado, me fui tras ella... Cuando me hubo introducido, hízome sentar en una silla de argénteos clavos, hermosa, labrada, con un escabel para los pies; y en copa de oro preparóme la mixtura para que bebiese, echando en la misma cierta droga y maquinando en su mente cosas perversas... sin que lograra encantarme, tocóme con la vara mientras me decía estas palabras»:
— Ve ahora a la pocilga y échate con tus compañeros.
«Desenvainé entonces la aguda espada que llevaba cerca del muslo y arremetí contra Circe, como deseando matarla. Ella profirió agudos gritos, se echó al suelo, me abrazó por las rodillas y me dirigió entre sollozos estas aladas palabras»:
— ... Hay en tu pecho un ánimo indomable. Eres sin duda aquel Odiseo de multiforme ingenio,[7] de quien me hablaba siempre el Argicida... envaina la espada y vámonos a la cama para que, unidos por el lecho y el amor, crezca entre nosotros la confianza.Odisea, X [1]
Enamorada de Odiseo, Circe deshace el hechizo a sus hombres, que tornaron a ser hombres, pero más jóvenes aún y mucho más hermosos y más altos. Reunidos todos, allí se quedaron «día tras día un año entero y siempre tuvimos en los banquetes carne en abundancia y dulce vino».
Al fin Circe los libera, dándoles instrucciones muy precisas:
—... el soplo del Bóreas conducirá la nave. Y cuando hayas atravesado el Océano y llegues adonde hay una playa estrecha y bosques consagrados a Proserpina y elevados álamos y estériles sauces, detén la nave en el Océano, de profundos remolinos, y encamínate a la tenebrosa morada de Plutón... Eleva después muchas súplicas a las inanes cabezas de los muertos y vota que, en llegando a Ítaca, les sacrificarás en el palacio una vaca no paridera, la mejor que haya, y llenarás la pira de cosas excelentes, en su obsequio; y también que a Tiresias le inmolarás aparte un carnero completamente negro... y te dirá el camino que has de seguir, cuál será su duración y cómo podrás volver á la patria, atravesando el mar en peces abundoso.Odisea, X [1]
Odiseo se ve ante un panorama desalentador; tendrá que suplicar a las «inanes [8] cabezas de los muertos» (νεκύων ἀμενηνὰ κάρηνα, nekýōn amenēnà kárēna), meras sombras que recuerdan quienes fueron pero que ahora carecen de sustancia y vigor alguno en el reino de Hades. Incluso los mayores héroes —Aquiles, Agamenón, Áyax— son allí puras apariencias que apenas conservan la figura humana. Homero anticipa la nekyia o evocación de los muertos del canto siguiente.
Deben partir:
—«No permanezcáis acostados, disfrutando del dulce sueño. Partamos ya, pues la veneranda Circe me lo aconseja.
Odiseo les deja bien claro que quedan libres, sí, pero para ir al reino de los muertos, al inframundo:
«Creéis sin duda que vamos a casa, a nuestra querida patria tierra; pues bien, Circe nos ha indicado que hemos de hacer un viaje a la morada de Plutón y de la veneranda Proserpina para consultar el alma del tebano Tiresias»
... «Y a todos se les quebraba el corazón y, sentándose allí mismo, lloraban y se mesaban los cabellos. Mas, ningún provecho sacaron de sus lamentaciones»Odisea, X [1]
Afligidos, embarcan a la velera nave a la orilla del mar, a la que Circe había atado un carnero y una oveja negra sin que nadie lo advirtiera.
Y parten a cumplir su destino sin darse cuenta de que Elpénor —el más joven de todos, que ni era muy valiente en los combates, ni estaba muy en juicio— quedaba insepulto en la isla. Se había dormido medio borracho en el tejado del palacio de Circe, despertó tambaleante, cayó y se partió el cuello. Cuando Odiseo llegue al Hades su alma se le aparecerá y contará lo sucedido.
Temas y comentarios
Este canto es rico en temas recurrentes de la Odisea, que reflejan valores griegos antiguos y la condición humana:
- La codicia y la hybris (desmesura humana) Los compañeros sucumben a la tentación de abrir el odre de Eolo por envidia y avaricia, causando su propio desastre. Esto ilustra cómo la falta de autocontrol frustra el destino favorable y atrae el castigo divino.
- La tentación y la fortaleza En el episodio de Circe los hombres caen fácilmente en sus encantos (banquete y brebaje), pero Odiseo, con ayuda divina (Hermes y la hierba moly), resiste y triunfa mediante astucia e ingenio.
- La hospitalidad (xenía) Eolo, rey de los vientos, recibe a Ulises con generosidad, le ofrece alojamiento y ayuda con el odre que contiene todos los vientos. Este episodio refuerza el valor griego de la hospitalidad como deber sagrado.
- La fragilidad del destino humano A pesar de estar a solo un día de Ítaca, un error los devuelve al punto de partida. Esto muestra cómo el destino puede cambiar drásticamente por decisiones humanas, incluso cuando los dioses intervienen favorablemente.
- La fragilidad humana frente a fuerzas monstruosas Los lestrigones representan el peligro salvaje y bárbaro que acecha en tierras lejanas.
- El viaje al más allá Circe indica a Ulises que debe bajar al Hades para consultar al adivino Tiresias. Este mandato introduce el tema de la confrontación con la muerte y el conocimiento oculto, esencial para continuar su viaje.
| La Odisea, de Homero |
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