La tumba (Lovecraft)
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| La tumba | |||||
|---|---|---|---|---|---|
| de H. P. Lovecraft | |||||
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Ejemplar de marzo de 1922 de The Vagrant, donde se publicó el relato por primera vez. | |||||
| Género | Cuento | ||||
| Subgénero | Horror | ||||
| Tema(s) | Reencarnación | ||||
| Edición original en inglés | |||||
| Título original | The Tomb | ||||
| Publicado en | The Vagrant | ||||
| Tipo de publicación | Fanzine | ||||
| País | Estados Unidos | ||||
| Fecha de publicación | marzo de 1922 | ||||
| Texto original | Weird Tales/Volume 7/Issue 1/The Tomb en Wikisource | ||||
| Edición traducida al español | |||||
| Título | La tumba | ||||
| Traducido por | José María Aroca[1] | ||||
| Editorial | Editorial Acervo | ||||
| País | España | ||||
| Fecha de publicación | 1966 | ||||
| Páginas | 10 | ||||
| Cronología de H. P. Lovecraft | |||||
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La tumba o El sepulcro[2] (en inglés: The Tomb) es un cuento del escritor estadounidense H. P. Lovecraft, escrito en junio de 1917 y publicado por primera vez en el número de marzo de 1922 de la revista The Vagrant.[3][4] Cuenta la historia de Jervas Dudley, quien se obsesiona con un mausoleo cercano a la casa donde pasó su infancia.
Sedibus ut saltem placidis in morte quiescam. (“En un lugar placentero, cuando muera, me sea dado descansar”). Esta cita de Virgilio funge como epígrafe del relato.
Jervas Dudley, un soñador y visionario, adinerado, negado para los estudios e inepto en el trato social, reside ahora en un manicomio. Inicia arremetiendo contra el prosaico materialismo que no duda en tachar de locuras a los destellos de clarividencia que traspasan el vulgar velo del empirismo. Es aquí donde, ciñéndose a los sucesos sin entrar a analizar las causas, cuenta su historia.
A la edad de diez años descubre en una hondonada boscosa cercana a su casa, en donde ha conocido a las dríadas tutelares de los árboles, atisbando sus salvajes danzas con los fieros rayos de la luna menguante, la entrada cerrada con candado de un mausoleo perteneciente a la familia Hyde.
La cripta a la que me refiero es de granito, gastado por el tiempo y manchado por las brumas y humedades de generaciones. Excavado en la falda del monte, el recinto solo tiene visible la entrada. La puerta, una losa imponente, está sostenida por unos goznes de hierro herrumboso y se permanece extraña y siniestramente entornada y sujeta con candados y pesadas cadenas de hierro, a la manera de hace medio siglo.[2]: 8
La mansión de los Hydes, que coronaba la cuesta donde se halla la tumba, sucumbió por el fuego originado por un rayo décadas antes del nacimiento de Jervas. Azuzado por voces procedentes del interior de la cripta, decide penetrar hasta las oscuras profundidades que parecen reclamarle. Pero las cadenas se lo impiden. Desanimado, se dedica a dormir junto a la tumba.
Un año después de su descubrimiento, al leer un ejemplar de las Vidas paralelas de Plutarco, Jervas conoce la historia de Teseo, quien en su niñez no pudo mover la gran roca bajo la cual habría de encontrar las señales de su destino y tuvo que hacerse adulto para tener las suficientes fuerzas para moverla. Como Teseo, Jervas decide esperar pacientemente hasta que llegue su momento de entrar en la tumba. Mientras tanto, descubre que sus propios antepasados maternos mantenían un ligero parentesco con los Hydes. Esto estimula sus deseos de entrar en la cripta.
Una noche, varios años después, Jervas vuelve a quedarse dormido junto al mausoleo. Se despierta de repente a última hora de la tarde y le parece que, al despertar, se ha apagado rápidamente una luz dentro de la tumba. Sin vacilar, Jervas regresa entonces a su casa, donde se dirige directamente al ático, a un cofre podrido, y allí encuentra la llave que le permitirá abrir la puerta de la cripta. Ya en su tenebroso interior, entre los ataúdes, encuentra uno vacío.
Un inexplicable impulso me decidió a subir a la ancha losa, apagar la vela y tumbarme en el interior de la caja desocupada.[2]: 13
Jervas acude cada noche a la tumba y empieza a dormir en el ataúd vacío. Sus modales, antes retraídos, se van volviendo inesperadamente mundanos. Sus padres, alarmados, hacen que un sirviente le espíe para saber qué es lo que hace. Al salir en una ocasión de la cripta, Jervas descubre al espía escondido entre la maleza. Entonces es él quien espía lo que el espía le cuenta a su padre. Se sorprende al escuchar al sirviente contar que ha pasado toda la noche no en el interior de la cripta, sino fuera de ella.
Jervas también desarrolla un miedo a los truenos y al fuego. Poco después, en contra de su mejor criterio, Jervas se dirige a la tumba por la noche, con una tormenta amenazando. Ve la mansión Hyde restaurada a su estado anterior; hay una fiesta en curso, a la que se une, abandonando su antigua quietud por un hedonismo blasfemo. Pero entonces un rayo cae y prende fuego a la casa. Todos huyen, menos él, que queda inmovilizado por el terror. Teme entonces que si queda reducido a cenizas, sus restos no yacerán en un ataúd dentro de la cripta, como es su anhelo.
Enloquecido, se encuentra gritando y forcejeando, sujetado por dos hombres y con su padre presente en un sótano de la mansión derruida. Se descubre una pequeña caja antigua, desenterrada por la reciente tormenta. En su interior hay una miniatura de porcelana de un joven que es la viva imagen de Jervas, con las iniciales "J.H.". Se implica que Jervas Dudley es la reencarnación de Jervas Hyde, quien regresó para ser enterrado con sus antepasados en la tumba familiar, ya que no lo estaba cuando sus cenizas se esparcieron en todas direcciones.
Jervas comienza a balbucear que ha estado durmiendo dentro de la tumba. Su padre, entristecido por la inestabilidad mental de su hijo, le dice que lo ha estado observando durante algún tiempo y que nunca ha entrado en la tumba y, de hecho, el candado está oxidado por el paso del tiempo y que la puerta de la cripta no se ha abierto en los últimos cincuenta años. Jervas es trasladado a un manicomio, presuntamente loco. Le pide a su sirviente Hiram, que le ha permanecido fiel a pesar de su estado actual, que explore la tumba, petición que Hiram cumple. Tras romper el candado y descender con una linterna a las oscuras profundidades, Hiram regresa junto a su amo y le informa lo siguiente:
En una losa, en el interior de un nicho, descubrió un ataúd viejo, pero vacío, en cuya deslustrada placa reza esta simple palabra: "Jervas". En ese ataúd y en esa cripta me ha prometido que seré sepultado.[5]