Los funerales de Atahualpa

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Año 1867
Autor Luis Montero
Técnica óleo sobre tela
Tamaño 420 × 600
Los funerales de Atahualpa
Año 1867
Autor Luis Montero
Técnica óleo sobre tela
Tamaño 420 × 600
Localización Museo de Arte de Lima, Lima, Perú Perú

Los funerales de Atahualpa[1] (I funerali dell'ultimo degli Yncas)[2] es una pintura academicista del artista peruano Luis Montero, que desarrolla el tema histórico de las exequias del último emperador inca. Corresponde a un óleo sobre tela de grandes dimensiones, 420 x 600 cm, con un peso aproximado de 200 kg. Fue realizada en Florencia entre 1862 y 1867,[3] siendo expuesta en Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires antes de llegar a Perú en 1868. Restaurada entre 2010 y 2011, actualmente forma parte de la Pinacoteca de la Municipalidad de Lima exhibiéndose en custodia en la muestra permanente del Museo de Arte de Lima.

Terminado el dominio español, los artistas de la naciente república buscaron quebrar con la tradición colonial al adoptar nuevos referentes estéticos. Es así como Montero, con apoyo del gobierno peruano, viaja a Florencia a estudiar pintura, adoptando el academicismo. Durante su tercer viaje (1861-1867), emprende el que sería su proyecto más ambicioso, tanto por el esfuerzo técnico como por la complejidad del tema.

Terminado el trabajo, el artista regresa al Perú recalando en distintas ciudades, donde Los funerales de Atahualpa fue vista por numeroso público y cosechó favorables comentarios. Llegando a Lima en 1868, ofreció la pintura como obsequio al Congreso peruano, que lo acepta por Ley del 26 de octubre de ese año,[4] en la cual se dispone

  • Art. 1°. Acéptase el cuadro que representa "Los funerales de Atahualpa" ofrecido al Congreso por su autor Don Luis Montero.
  • Art. 2°. Concédase á éste una medalla de oro, que llevará en el anverso esta inscripción: "Premio al mérito;" y en el reverso esta otra: "El Congreso peruano de 1868 al pintor peruano don Luis Montero".[5]
  • Art. 3°. Concédase igualmente la cantidad de 20,000 soles, que se le entregarán de los fondos públicos.
  • Art. 4°. El mencionado cuadro se colocará en el salón de sesiones del Congreso.

Aún con las limitaciones impuestas por la falta de conocimiento preciso sobre el pasado incaico y su visualidad, la obra alcanza suficiente verosimilitud para transmitir la fuerza dramática del suceso histórico. Señales de su valoración en la construcción de la identidad nacional peruana son las reproducciones litográficas de George Brunswig en 1872 y en el reverso del billete de 500 soles emitido en 1879.

Tras la ocupación de Lima por parte del ejército chileno durante la Guerra del Pacífico, en 1881 la obra es tomada desde el Palacio de la Exposición y llevada a Chile como trofeo de guerra, retornando en el vapor Maipo el 3 de enero de 1885 gracias a las gestiones del escritor Ricardo Palma junto a otros bienes culturales expoliados.[6]

Durante el siglo XX fue reproducida en diversos soportes, incluso copiada en manifestaciones de arte popular. Aún en 2005 su vigencia queda de manifiesto al ser objeto de reinterpretación en la obra Los funerales de Atahualpa (cover) (2005) del pintor Marcel Velaochaga, que en clave posmoderna se apropia del original y lo transforma para reflejar la actualidad peruana de su época.

Descripción de la obra

La escena toma como referente el relato de William H. Prescott en su Historia de la conquista del Perú, de donde obtiene los personajes y sus acciones. La composición se ordena en torno a dos conjuntos: a la derecha, el cuerpo sin vida de [Atahualpa] rodeado por severos conquistadores españoles, Francisco Pizarro entre ellos y sacerdotes domínicos oficiantes de las exequias, presididos por el cura Vicente de Valverde; a la izquierda, un grupo de mujeres indígenas, esposas y hermanas del Inca, irrumpe demandando ser sacrificadas junto al difunto señor, según dictaban sus creencias y son rechazadas por soldados y frailes.

En la interpretación del historiador del arte Alfonso Castrillón, citado por Leonardini, La diferenciación de los dos mundos está planteada: el nativo, reprimido (de rodillas o tendido) se ha quebrado como el candelabro del primer plano; lo español, de pie, hierático, inconmovible. Pizarro mira el futuro, mientras el Inca ha desaparecido para siempre.

El pintor se propuso reconstruir el acontecimiento en forma verosímil, acudiendo a diversas fuentes para establecer el rostro de Pizarro, Valverde y la indumentaria de los españoles. Pero, para el rostro de Atahualpa, Montero retrató el cuerpo sin vida de su amigo, el pintor Francisco Palemón Tinajeros (Arequipa, c. 1835-Florencia, 1865), de marcados rasgos indígenas. Las mujeres, por otro lado, reflejan ideales de belleza italianos, excluyendo los rasgos americanos. El contraste entre el rostro del Inca y los modelos femeninos europeos es una inconsistencia que ha sido señalada por diversos críticos.

Literatura

En 2025, el escritor peruano Roberto Talledo trasladó la figura de Luis Montero y su obra Los funerales de Atahualpa al ámbito literario mediante la novela Los funerales de Montero.[7] Esta obra constituye la primera narrativa de ficción en la que el pintor peruano es representado como personaje principal, configurando uno de los primeros casos documentados en la literatura latinoamericana en los que un artista plástico histórico es novelado como eje central de la trama.

Véase también

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

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