Lucio Apuleyo Saturnino
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Roma
| Lucio Apuleyo Saturnino | ||
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Moneda acuñada presumiblemente por Lucio Apuleyo Saturnino | ||
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| Tribuno de la plebe | ||
| 103 a. C.-103 a. C. | ||
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| 100 a. C.-100 a. C. | ||
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| Información personal | ||
| Nombre en latín | Lucius Appuleius Saturninus | |
| Nacimiento | c. 130 a. C. | |
| Fallecimiento |
10 de diciembre de 100 a. C. Roma | |
| Causa de muerte | Lapidación | |
| Familia | ||
| Hijos |
Lucio Apuleyo Cayo Apuleyo Deciano (adoptivo, presuntamente) | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Político | |
Lucio Apuleyo Saturnino (en latín: Lucius Appuleius Saturninus; † Roma, 10 de diciembre de 100 a. C.) fue un prominente magistrado de la República romana que desempeñó el cargo de tribuno de la plebe durante los años 103 a. C. y 100 a. C., habiendo obtenido además la reelección para el ejercicio de 99 a. C. Sustentado por el favor de las masas populares y por su estrecha coalición con el general Cayo Mario, durante sus mandatos encabezó una ofensiva política sin precedentes contra la hegemonía de la aristocracia senatorial. A través de una ambiciosa actividad legislativa, Saturnino institucionalizó la asignación de tierras para los veteranos de las campañas marianas, lo que alteró el equilibrio social de la Urbe. No obstante, en el año 100 a. C., el clima de violencia política culminó con su incriminación en el asesinato de Cayo Memio, lo que derivó en su declaración como enemigo público (hostis). Tras la defección de Mario, quien optó por alinearse con la facción senatorial, Saturnino sucumbió en un enfrentamiento armado; pese a capitular bajo promesa de inmunidad, acabó siendo ejecutado de forma sumaria.
Origen y comienzos de su carrera
Lucio Apuleyo formaba parte de la gens Apuleya, una distinguida estirpe plebeya cuyos miembros ocuparon diversas magistraturas romanas desde el año 391 a. C., y que alcanzó el consulado, por vez primera, en 300 a. C.[1] El uso del cognomen «Saturnino» (Sathurninus) se halla documentado desde el siglo II a. C.: constan, entre otros, Cayo Apuleyo Saturnino, quien desempeñó el cargo de quinqueviro en 168 a. C.,[2] y un Lucio que ejerció la pretura en 166 a. C.[3]
En los denarios acuñados hacia el año 104 a. C. se advierte la inscripción de un Lucio Saturnino. Es plausible que dicha identidad corresponda al futuro tribuno, quien habría ostentado el cargo de triunviro monetario como paso previo a su cuestura.[4]
Hacia el año 104 a. C., Saturnino desempeñó la cuestura en Ostia, donde se ocupó de la supervisión del desembarco y el transporte del suministro cerealístico hacia los almacenes públicos de Roma. Ante el súbito encarecimiento del precio del grano, el Senado resolvió despojarlo de sus atribuciones para delegarlas en Marco Emilio Escauro.[5] Si bien Diodoro de Sicilia atribuye esta destitución a una supuesta negligencia de Lucio Apuleyo en el ejercicio de sus funciones,[6] diversos sectores de la historiografía moderna sugieren que la cámara pretendía arrogarse el mérito de estabilizar el mercado y granjearse así la gratitud de la plebe.[7][8] Saturnino percibió esta medida como un agravio intolerable; de acuerdo con el testimonio de Cicerón, tal afrenta precipitó su radicalización política y lo transformó en un enérgico demagogo, hostil a los intereses de la facción aristocrática.[9][10]
Primer tribunado
Lucio Apuleyo obtuvo el tribunado de la plebe para el año 103 a. C.; logró esta magistratura con una precocidad inusual, puesto que el intervalo consuetudinario tras la cuestura solía extenderse hasta un lustro.[11] En este periodo, Saturnino se erigió en aliado de Cayo Mario, el homo novus que acababa de investir su tercer consulado —el segundo de forma consecutiva— y cuya pretensión era consolidar su hegemonía frente a la facción senatorial, encabezada por los Metelos. Mientras Mario aspiraba a instrumentalizar al tribuno para erosionar la influencia de la nobilitas en provecho propio, Saturnino pretendía capitalizar el prestigio militar y el respaldo de los veteranos de aquel para promover sus ambiciones personales.[12]
La naturaleza fragmentaria de los testimonios clásicos imposibilita discernir con exactitud qué proyectos legislativos de Saturnino pertenecen a su primer tribunado, ejercido en 103 a. C. y cuáles se circunscriben al segundo, ejercitado en 100 a. C.[13] No obstante, resulta probable que ya durante su primer mandato[14] Lucio Apuleyo obtuviera la sanción de la ley sobre el menoscabo de la soberanía, la lex Appuleia de maiestate, cuyo articulado permitía encausar cualquier acción que lesionara los intereses de la República.[15] Bajo la égida de esta normativa, se incoó poco después un proceso contra Quinto Servilio Cepión, figura prominente de la aristocracia y allegado a los Metelos, a causa de su desastrosa derrota en la batalla de Arausio. Por su parte, el otro comandante en dicho enfrentamiento, Cneo Malio Máximo, fue procesado por el propio Saturnino y acabó obligado a emprender el camino del exilio.[16]
Quinto Cecilio Metelo Numídico, investido con la censura en el año 102 a. C. y erigido en el principal antagonista de Mario, se convirtió asimismo en blanco predilecto de las ofensivas de Saturnino. Al frente de una facción de partidarios armados, Lucio Apuleyo sitió a Metelo en su propio domicilio y, más tarde, en el Capitolio, de donde fue finalmente repelido por la intervención de los caballeros.[17] La reconstrucción fidedigna de estos acontecimientos presenta notables dificultades, pues Orosio es el único cronista que refiere tales sucesos. Al respecto, se ha postulado la hipótesis[18] de que dicho historiador incurriera en un anacronismo al confundir a Metelo Numídico con su tío, Metelo Macedónico; este último, durante su censura tres décadas atrás, sostuvo un enconado enfrentamiento con el tribuno de la plebe Cayo Atinio Labeón.[19]
La actuación de mayor trascendencia durante el primer tribunado de Saturnino fue la promulgación de una ley agraria destinada a la asignación de tierras en África para los veteranos de Mario, a razón de cien yugadas por beneficiario. Esta disposición no solo consolidaba la preeminencia política de Mario, sino que salvaguardaba la integridad del ager publicus en suelo itálico, circunstancia que mantenía abierta la vía de un posible consenso con los grandes latifundistas.[20] La iniciativa legislativa halló la oposición de otro tribuno, de nombre Bebio, quien intentó interponer su veto; no obstante, la muchedumbre lo hostigó y terminó por ahuyentarlo mediante una lluvia de proyectiles.[21]
En el transcurso de los comicios consulares, Lucio Apuleyo intervino activamente en favor de su aliado. Según el relato de Plutarco, Saturnino y Mario protagonizaron una suerte de farsa ante la asamblea popular: el cónsul simulaba declinar su reelección mientras el tribuno lo increpaba, tachándolo de traidor por desamparar a la patria en su coyuntura más crítica. Finalmente, la reelección se consumó, pese a que la impostura en la actuación de Lucio Apuleyo resultó palmaria para los asistentes.[22] Dentro de la historiografía contemporánea, predomina la tesis de que esta narración emana de fuentes hostiles a Mario y que, en consecuencia, desvirtúa la realidad de los hechos;[4][23][24] no obstante, no se soslaya la posibilidad de que el relato albergue cierto trasfondo de veracidad en su núcleo argumental.[25]
Entre magistraturas
Hacia el año 102 a. C., Metelo Numídico, en el ejercicio de su censura, pretendió la expulsión del Senado de Saturnino —quien por entonces ostentaba la condición de ciudadano particular— y de su aliado Servilio Glaucia. No obstante, la negativa de su colega en la magistratura, Cayo Cecilio Metelo Caprario, a secundar la medida, lo forzó a desistir de sus propósitos.[26] Lejos de amainar, la animosidad persistió: un partidario de Saturnino, Lucio Equicio, quien se atribuía la filiación de Tiberio Graco, asignándose a la instigación de Lucio Apuleyo tal impostura,[27] vio denegada su inclusión en el censo de ciudadanos por parte de Metelo Numídico.[28][29] Saturnino procuró recabar el testimonio de la supuesta tía de Equicio, Sempronia, con el fin de legitimar sus pretensiones, pero esta rechazó de forma categórica al pretendido sobrino.[30][31]
A la llegada de los legados de Mitrídates VI a Roma, Lucio Apuleyo denunció que estos pretendían sobornar a los senadores para que soslayaran las conquistas del monarca póntico en Asia Menor. Los adversarios del extribuno persuadieron a los embajadores para que incoaran una demanda judicial en su contra. Según refiere Diodoro, la gravedad de la acusación aparejaba la pena capital, circunstancia que sumió a Saturnino en una honda tribulación y angustia; en consecuencia, este se consagró a concitar la compasión de la plebe, bajo el argumento de ser víctima de la inquina senatorial. Gracias al respaldo de las masas, no solo obtuvo la absolución, sino que se alzó nuevamente con el tribunado de la plebe.[32][33]
Segundo tribunado
Concluida la liza electoral del año 101 a. C., Glaucia resultó designado pretor, mientras que Mario se alzaba con su sexto consulado —el quinto de forma ininterrumpida—, con lo que su prestigio estaba entonces en su cénit, tras haber conjurado definitivamente la amenaza de las invasiones germánicas. De acuerdo con el testimonio de Livio, fue precisamente este ascendente el que garantizó a Saturnino el acceso a su segundo tribunado.[34] No obstante, el proceso no estuvo exento de violencia: Aulo Nonio, candidato que manifestaba una abierta hostilidad hacia Lucio Apuleyo y Glaucia, cayó asesinado por instigación de ambos en los prolegómenos de los comicios.[34][35][36][37][17][38] Si bien Apiano sostiene que Nunio pereció tras haber obtenido el triunfo en las urnas,[39] la historiografía moderna tiende a considerar dicho relato como una probable distorsión de los acontecimientos.[40]
A comienzos del año, Mario y Saturnino procedieron en el marco de una alianza política plenamente cohesionada.[4][15] Se estima que fue en este periodo cuando se promulgó la lex frumentaria, disposición que estipulaba la venta de trigo en la Urbe al precio simbólico de cinco sextos de as por modio, en contraste con la tasa previa de seis ases y un tercio.[41] El cuestor Quinto Servilio Cepión lideró la resistencia frente a esta iniciativa, bajo el argumento de que la medida precipitaría la insolvencia del erario. Si bien el Senado decretó que la mera sumisión del proyecto a las urnas constituiría un acto de sedición contra el Estado, Saturnino soslayó la advertencia. En consecuencia, Cepión y sus acólitos irrumpieron en los comicios y volcaron las urnas para frustrar el sufragio; pese a tales disturbios, la ley obtuvo finalmente la sanción popular.[42][43] Se ha postulado la hipótesis de que estos acontecimientos no acaecieron en el año 100, sino en 103 a. C.; bajo esta premisa, la conducta del joven Cepión habría actuado como el catalizador definitivo para la condena de su progenitor.[44]
La iniciativa de mayor calado, tanto para los intereses de Mario como para los de Saturnino, consistió en la ley para la fundación de colonias militares en Sicilia, Acaya, Macedonia[38] y la Galia; dicha norma estipulaba que la distribución de tierras favorecería de igual modo a ciudadanos romanos y a aliados itálicos.[45] La implementación de este ambicioso programa agrario recaería bajo la dirección exclusiva de Mario. Ante la previsible oposición de la nobilitas, Lucio Apuleyo insertó en el articulado una cláusula que conminaba a los senadores a jurar acatamiento a la nueva lex agraria bajo pena de exilio y una sanción pecuniaria de veinte talentos.[46]
El debate en torno a la lex agraria devino en un episodio de extrema turbulencia. Saturnino se cercioró de que la Urbe congregara ese día a una multitud de campesinos y veteranos de Mario, cuyo respaldo constituía su principal activo político. No obstante, numerosos asistentes exigieron el aplazamiento de la asamblea, amparándose en el presagio funesto que suponía el fragor de los truenos; el autor del tratado De viris illustribus consigna la réplica de Saturnino ante tales demandas: «Si no os llamáis al silencio, empezará a granizar al instante».[47] Los detractores de la ley apelaron al uso de garrotes para disolver la sesión, mas los partidarios de Lucio Apuleyo se hallaban igualmente armados. En el curso de la lid, la facción campesina se impuso por la fuerza, lo que precipitó la aprobación de la norma. Aquellos tribunos de la plebe que pretendieron obstaculizar el procedimiento fueron objeto de vejaciones y acabaron reducidos al silencio.[48]
La totalidad de los senadores, con la única salvedad de Metelo Numídico, prestó juramento de acatamiento a la nueva norma, si bien bajo la cláusula de reserva «siempre que posea fuerza de ley». Transcurrido apenas un día, Saturnino despachó a un alguacil con el fin de desalojar a Metelo de la curia; ante la intercesión de otros tribunos de la plebe en favor de Quinto Cecilio, Lucio Apuleyo compareció ante la asamblea popular y proclamó que, por causa de la obstinación de Metelo, nadie percibiría sus tierras. Se incoó entonces la tramitación de un plebiscito específico para proscribir a quien rehusara someterse, lo que precipitó que el propio Quinto Cecilio emprendiera el camino del exilio.[35][49][50] De otorgar crédito al testimonio de Apiano, Saturnino habría consumado de este modo su propósito primordial, aquel que motivó su postulación para un segundo tribunado.[26]
No obstante, el corolario de aquel éxito fue el aislamiento político de Saturnino. En su contra se coaligaron no solo el estamento senatorial, sino también el orden ecuestre —alarmado ante el radicalismo del tribuno— e incluso la plebe urbana, tradicionalmente renuente a la concesión de derechos de ciudadanía a los itálicos.[51] En tal coyuntura, la dependencia de Lucio Apuleyo respecto a Mario se tornó absoluta; con todo, este último, reacio a una ruptura irreversible con el Senado, se veía incapaz de maniobrar de forma indefinida entre ambas facciones.[52] Plutarco refiere una anécdota reveladora sobre Mario: «Cuando al caer la noche acudieron a su morada los hombres más eminentes del Estado para instarle a la neutralización de Saturnino, Mario, sin que aquellos lo advirtieran, franqueó la entrada por una puerta trasera al propio Saturnino. Así, bajo el fingimiento de un trastorno gástrico, transitaba de una estancia a otra con dicho pretexto, azuzando e incitando a ambas partes la una contra la otra».[53] Theodor Mommsen subrayó la «agudeza aristofánica» de este pasaje, el cual, a todas luces, constituye una invención literaria.[54]
Derrota y muerte
Para consolidar su posición, Saturnino logró ser reelecto para el año 99 a. C., contando con Lucio Equicio como uno de sus colegas en la magistratura. No obstante, Glaucia, quien aspiraba al consulado, resultó excluido de la liza electoral, ya fuera por disposición de Cayo Mario o por mediación de su subordinado, Lucio Valerio Flaco. Tal contratiempo supuso un severo revés para la facción de Lucio Apuleyo y evidenció que la sintonía entre este y Mario se había degradado de manera ostensible.[55]
Durante la jornada de los comicios consulares, el candidato Cayo Memio pereció asesinado en circunstancias que aún hoy suscitan controversia. Las fuentes clásicas sostienen de manera unánime que el magnicidio fue instigado por Saturnino, ya fuera con el propósito de allanar el camino a la elección de Glaucia[36][56] o para neutralizar la previsible oposición de Memio,[34][57][58] siendo esta última la que tradicionalmente ha refrendado la historiografía.[59][60][61][62] No obstante, se ha postulado asimismo la hipótesis de que Lucio Apuleyo carecía de un interés genuino en el deceso de Memio y que, por el contrario, este pudo ser víctima de una provocación orquestada por sus propios adversarios para precipitar la caída del tribuno.[63][64]
Ante el asesinato de Memio, el Senado señaló de inmediato a Saturnino y a Glaucia como instigadores del crimen, y procedió a promulgar el senatus consultum ultimum, decreto que confería a los cónsules atribuciones excepcionales para velar por la «salvación del Estado».[65][66] Pese a sus vínculos previos, Cayo Mario acató la resolución y se aprestó a cumplir el mandato de la cámara. Los magistrados convocaron al pueblo a las armas; en el Foro, de acuerdo con la encendida retórica de Cicerón, se congregaron «todos los pretores, toda la nobleza, toda la juventud» e incluso la totalidad de los «hombres de bien» (boni), quienes fueron provistos de armamento procedente de los arsenales públicos y del templo de Sancus.[67]
Tras un enfrentamiento abierto en el Foro, Saturnino resultó derrotado y fue repelido hacia el Capitolio; durante la refriega, proclamaba con vehemencia que «Mario era el instigador de todos sus actos».[68] Se hallaban junto a él en la colina Lucio Equicio, el cuestor Cayo Saufeyo y el caballero Quinto Labieno. No tardaron los sitiados en verse compelidos a la capitulación, toda vez que Mario ordenó el corte del suministro de agua. Lucio Apuleyo albergaba la esperanza de que Mario garantizara su integridad; de hecho, el cónsul otorgó a los insurrectos salvoconductos de inmunidad avalados por el Senado (fides publica).[69] Acto seguido, y desoyendo las exigencias de una ejecución sumarísima, dispuso el internamiento de los arrestados bajo custodia en la Curia Hostilia.[57] Se ha postulado incluso la hipótesis de que Mario se adhirió inicialmente a la facción aristocrática con el único propósito de evitar el linchamiento de Saturnino.[70] Sin embargo, los partidarios del Senado, recelosos de la lealtad del cónsul, irrumpieron en la Curia y dieron muerte a los líderes populares a garrotazos; según el testimonio de Floro, el autor de la agresión fue el «pueblo»,[36] mientras que Orosio atribuye la autoría al orden ecuestre.[71] Otros cronistas sostienen que los ejecutores escalaron hasta el techado y ultimaron a Saturnino y a sus correligionarios mediante el lanzamiento de tejas,[57][66] si bien la versión de Orosio y Floro goza de mayor verosimilitud en la historiografía actual.[72]
Este magnicidio constituyó un doble sacrilegio: por un lado, se vulneró la sacrosantidad inherente a los tribunos de la plebe y, por otro, se quebrantó la protección garantizada por el Estado (fides publica).[73] Apiano sitúa este cruento episodio el 10 de diciembre del año 100 a. C., fecha en la que debían quedar formalmente inaugurados el tercer tribunado de Saturnino y el primero de Equicio.[74] A raíz de esta cronología, en la obra de referencia canónica de Thomas Broughton, Lucio Apuleyo figura consignado en el catálogo de los tribunos pertenecientes al año 99 a. C., pese a que su fallecimiento acaeció en los albores de dicho ejercicio.[75]
Se ha identificado como el ejecutor material del tribuno a un tal Esceva, esclavo de Quinto Crotón, quien obtuvo la manumisión como recompensa por su acción.[76] Tras el magnicidio, la morada de Saturnino fue objeto de pillaje y se desató una persecución contra aquellos que preservaron su memoria.[77][78] Décadas más tarde, el senador Cayo Rabirio incurrió en la macabra práctica de exhibir el cráneo de Lucio Apuleyo durante sus banquetes, conducta que motivó su procesamiento por el asesinato del tribuno en el año 63 a. C. La acusación fue impulsada por Tito Labieno, integrante del círculo político de Cayo Julio César. Si bien Rabirio fue sentenciado a muerte en primera instancia, el procedimiento, tras ser reanudado, quedó interrumpido de forma definitiva por la intervención del pretor Quinto Cecilio Metelo Céler.[73] En última instancia, el asesinato de Saturnino permaneció impune, pues nadie llegó a purgar condena por su fallecimiento.
Saturnino como orador
Cicerón, en su análisis retrospectivo, identificaba en Saturnino al orador más elocuente de cuantos «sediciosos surgieron tras los Gracos». No obstante, el éxito de sus alocuciones no radicaba primordialmente en la profundidad del contenido o en el rigor formal de su retórica, sino que emanaba de su imponente presencia escénica, el cuidado de su indumentaria y la expresividad de su gesticulación.[79]
Familia
Orosio hace mención a un hermano de Saturnino, Cneo Cornelio Dolabela, quien pereció igualmente a manos de los partidarios del Senado en el transcurso de los mismos disturbios.[80] Por otra parte, se postula que Cayo Apuleyo Deciano —quien sufrió una condena en el año 99 a. C. tras manifestar públicamente su afinidad hacia la memoria del tribuno— pudo haber sido hijo adoptivo de Lucio Apuleyo.[78] Una versión alternativa sostiene que la descendencia biológica de Saturnino recayó en otro Lucio Apuleyo, quien ejerció el gobierno de Macedonia con rango de propretor hacia el año 58 a. C.[81]
Asimismo, existe la posibilidad de que la cónyuge de Marco Emilio Lépido, cónsul en 78 a. C., fuera hija de Saturnino.[82] Bajo esta premisa genealógica, el célebre triunviro Lépido, integrante del Segundo Triunvirato junto a Octavio y Marco Antonio, habría sido nieto del tribuno.
Valoraciones de su personalidad y trayectoria
La historiografía antigua que documenta la vida de Saturnino emana de autores que se alinean sistemáticamente con sus detractores,[13] circunstancia que explica la atribución de los epítetos más denostables a la figura de Lucio Apuleyo. Cicerón, quien representa la fuente cronológicamente más próxima a los hechos, alude a la «deshonestidad y el furor de Saturnino»[83] y llega a calificar su magnicidio como una gesta digna de admiración.[84] Otras crónicas reproducen de forma acrítica las consignas de la propaganda política tardorrepublicana, las cuales versaban sobre la presunta aspiración de Saturnino a la dignidad regia[36] o su responsabilidad directa en el deceso de Cayo Memio. En los testimonios de mayor relevancia, Apiano y Plutarco, diversos episodios acaecidos en el año 100 a. C. se exponen como el fruto de una conjura urdida por Saturnino y Mario con el fin de defenestrar a Metelo.[13]
Theodor Mommsen, si bien reconoce la innegable capacidad y energía de Saturnino, sostiene que este manifestó una propensión a la violencia y una carencia de escrúpulos en sus procedimientos muy superior a la de todos sus antecesores. Según el historiador alemán, el tribuno siempre se mostró presto a trasladar la confrontación a la vía pública y a doblegar al adversario mediante el uso de garrotes en lugar del debate parlamentario.[85] Asimismo, Mommsen asevera que Lucio Apuleyo sucumbió tanto por supeditar los intereses estatales a sus propias pasiones como por la impericia política de Mario, el hombre a quien ligó su suerte.[86]
Por su parte, Serguéi Kovalev postula que Saturnino pretendió conferir continuidad al programa reformista de los Gracos, si bien operó sobre una base social sensiblemente más limitada. Esta coyuntura se vio agudizada por el protagonismo ascendente del proletariado urbano, la instrumentalización de este fenómeno por parte de la «demagogia de los populares» y la irrupción definitiva del ejército profesional como un factor de poder político inédito hasta la fecha.[87]