Mauricio de Saboya
cardenal, príncipe de Oneglia y gobernador de Niza
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Mauricio de Saboya (Turín, 10 de enero de 1593-Turín, 3 de octubre de 1657) fue un noble, político y cardenal italiano.[1] Fue el cuarto hijo de Carlos Manuel I de Saboya, y de la infanta Catalina Micaela de España.
Turín (Ducado de Saboya)
Turín (Ducado de Saboya)
| Mauricio de Saboya | ||
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
10 de enero de 1593 Turín (Ducado de Saboya) | |
| Fallecimiento |
4 de octubre de 1657 Turín (Ducado de Saboya) | |
| Causa de muerte | Accidente cerebrovascular | |
| Sepultura | Sacra di San Michele | |
| Religión | Iglesia católica | |
| Familia | ||
| Familia | Casa de Saboya | |
| Padres |
Carlos Manuel I de Saboya Catalina Micaela de Austria | |
| Cónyuge | Luisa Cristina de Saboya (desde 1642) | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Clérigo católico de rito romano y presbítero | |
| Área | Catolicismo y jerarquía eclesiástica | |
| Años activo | 1623-1657 | |
| Cargos ocupados |
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Biografía
Nacido en Turín, Mauricio era el cuarto de los cinco hijos legítimos de Carlos Manuel I, duque de Saboya, y su esposa Catalina, infanta de España e hija del rey Felipe II de España. Siguiendo la costumbre de los miembros más jóvenes de las familias principescas italianas, Mauricio fue educado para una vida eclesiástica y luego enviado a la Roma para promover los intereses de la Casa de Saboya. A la edad de quince años fue nombrado cardenal por el papa Pablo V en una bula fechada el 27 de marzo de 1608.[2] En 1618 fue enviado a París para completar los preparativos del matrimonio de su hermano Víctor Amadeo con Cristina de Francia.
Mauricio recibió el capelo cardenalicio el 18 de febrero de 1621. Participó en el cónclave de 1623 y desempeñó un papel decisivo en la elección del papa Urbano VIII. De 1623 a 1630 vivió suntuosamente en Roma como miembro de la casa pontificia y como generoso mecenas de las artes. Mauricio fue bien recibido en la capital papal, estimado por su piedad y su comportamiento ejemplar. La Casa de Saboya era conocida por su estrecha relación con los teatinos, y el cardenal propagó este interés por las órdenes religiosas apoyando a los oratorianos, a quienes apreciaba especialmente debido a la devoción que sentía por su fundador, Felipe Neri.
Aparte de su vida en la Iglesia, Mauricio de Saboya fue también príncipe de una dinastía gobernante, hombre de letras y figura destacada en las artes. Durante su estancia en Roma, transformó su palacio del Monte Giordano (el antiguo Palazzo Orsini) en una magnífica corte, caracterizada por sus actividades intelectuales y artísticas. Varios artistas residían en la corte, entre ellos su pintor privado Giovanni Giacomo Semenza, el poeta Ludovico d'Agliè y el compositor Michelangelo Rossi. El cardenal patrocinaba a una amplia gama de la élite cultural de Roma, entre ellos el historiador y orador Agostino Mascardi, los artistas Domenichino y Antonio Tempesta, y los músicos y compositores Sigismondo d'India y Stefano Landi. En 1626 fundó la Accademia dei Desiosi, una de las academias artísticas y literarias más importantes de la Roma de la época.[3] La academia se reunía en el palacio del cardenal en el Monte Giordano.[4] Mauricio permaneció en la Ciudad Eterna hasta 1630. Durante los diez años siguientes fue embajador de Saboya tanto en París como en Roma.
En 1637, su hermano mayor, Víctor Amadeo I, murió repentinamente, dejando un heredero de cinco años con su esposa, Cristina María de Francia, como regente. El cardenal Mauricio regresó apresuradamente de París para unirse a su hermano Tomás en sus planes de hacerse con el poder de la regencia. Los dos hermanos contaban con el apoyo financiero y político de España. Cristina María suplicó en vano a Richelieu que la protegiera, mientras que los nobles y el pueblo se dividían en dos bandos. Los «madamisti» favorecían a la Madama Reale y a los franceses. Los «cardinalisti» y los «principisti» apoyaban al cardenal Mauricio y al príncipe Tomás. Los «principisti» contaban con un apoyo considerable entre los piamonteses de a pie, que resentían la presencia francesa;[5] los «madamisti» incluían a varias familias poderosas, entre las que destacaba el clan d'Aglié.
En la primavera de 1639, los dos príncipes atacaron el fuerte y el depósito de municiones de Vercelli, se apoderaron de los suministros y marcharon sobre Turín en 1640, fueron derrotados por los soldados de María Cristina y del general francés Enrique, conde de Harcourt. Los reveses militares y la reducción de sus pensiones procedentes de España hicieron que los dos príncipes renunciaran a sus pretensiones de regencia y solicitaran la paz. Michele Mazzarino, actuó como mediador en las conferencias de paz entre María Cristina y los dos príncipes, que terminó en acuerdo en junio de 1642.
En ese año, Mauricio renunció como cardenal para convertirse en príncipe de Oneglia. El 28 de agosto de 1642 se casó en Turín con la hija de su hermano Víctor Amadeo, la princesa Luisa Cristina de Saboya. Los dos se trasladaron a Niza, donde Mauricio fue gobernador de la ciudad de donde expulsó pacificamente a la guarnición española el 21 de septiembre, así como de Saint-Jean-Cap-Ferrat y Villefranche-sur-Mer.[6] Tras regresar al Piamonte en 1652, Mauricio se instaló primero en Chieri y luego en su villa de Turín. Al final de su vida, abandonó la política activa y se dedicó a la literatura y la ciencia. Fundó la Accademia dei Solinghi, también conocida como Accademia dei Solitari, cuyos miembros participaban en debates artísticos, filosóficos y matemáticos.[7] El príncipe Mauricio murió en Turín el 4 de octubre de 1657 y fue enterrado en la catedral de Turín. Su elogio fúnebre fue escrito por el gran orador barroco Emanuele Tesauro.[1] Mauricio dejó su villa y su gran colección de arte a su esposa Luisa Cristina.[8] No se volvió a casar y, a su muerte, dejó muchas de las pinturas de su marido a su sobrino Víctor Amadeo II, enriqueciendo así los fondos de la corte ducal.[9] En 1836, los restos de Mauricio, junto con los de su esposa, fueron trasladados a la Sacra di San Michele.[1]