Merino de Zaragoza

From Wikipedia, the free encyclopedia

El merino de Zaragoza fue una institución gubernamental del reino de Aragón.

Heredero de los antiguos merinados del reino, era una de las principales instituciones políticas del reino durante la Edad Media. Con la evolución de la administración real fue con el tiempo relegada por otros cargos en su faceta política y quedó centrada en temas económicos. Terminó siendo uno de los mayores responsable de la administración del patrimonio real, reportando directamente al tesorero general de la Corona de Aragón.

Sus libros de cuentas son una fuente documental clave para el estudio de diversas instituciones de la historia de Aragón en general y de la ciudad de Zaragoza en particular. Son igualmente una fuente valiosa para el estudio de la historia económica hispana[1] así como de múltiples monumentos históricos.

Antecedentes

El reino de Aragón tuvo en sus comienzos, al igual que otros reinos hispánicos, el cargo de merino para funcionarios reales que representaban al rey en defensa de sus derechos económicos frente a los tenentes de cada localidad. Inicialmente estos merinos tenían jurisdicciones reducidas, a menudo limitadas a una localidad específica. Sin embargo, las rápidas conquistas de Alfonso I el Batallador supusieron que la administración real tuvo que adaptarse a la gestión de territorios mucho más amplios.

Así, Cipriano, inicialmente merino de la capital, Huesca, amplió tras la conquista de Zaragoza en 1118 su merinado a la nueva capital zaragozana. Dada la consideración legal de la época, el rey pasaba a ser dueño por derecho de conquista de la ciudad e incluso con las amplias donaciones que acompañaron a la cristianización de la ciudad, el rey seguía siendo el propietario legal de la población musulmana y judía sometida y de gran cantidad de inmuebles dentro del área de asentamiento cristiano. Reinando aún el Batallador, Cipriano fue sucedido como merino en Huesca y Zaragoza por David.

Creación del cargo

Este merinado original era un cargo primordialmente ligado a la persona, más que a un territorio. Fue con la creación de las sobrejunterías en 1274 que se configuraron demarcaciones territoriales para cada merino, coincidiendo con los distritos jurídicos de los sobrejunteros.[2] El merino de Zaragoza quedó así como uno de los seis merinos del reino, junto a los de Tarazona, Barbastro, Jaca, Ejea y Huesca.

El merino de Zaragoza fue así inicialmente el representante del rey en la capital y en el distrito más amplio del reino, que consolidó y amplió subordinando a bailes y cargos locales menores.[3] El merinado de Zaragoza, en particular controlaba las rentas urbanas de la capital y con ello las infraestructuras del mayor mercado del reino pero también varias aljamas judías y moriscas de singular relevancia, el importante tráfico fluvial en el río Ebro (con sus peajes y el monopolio de la sal asociado) así como varios mercados de grano secundarios, derechos señoriales en múltiples localidades y peajes en los caminos.

Para ejercer su oficio, el merino de Zaragoza mantuvo lugartenencias en Épila, Tauste, Aranda y Alagón.[4] La oficina del merino zaragozano mantuvo así un equipo lugartenientes, procuradores, sayones y vergueros para ejercer su función a lo largo de su jurisdicción.[5]

Evolución y consolidación

Las Ordenaciones de Pedro el Ceremonioso de 1344 volvieron a modificar el alcance y competencias del merino. La creación del cargo de Bayle general de Aragón supuso que los bailes pasaran a gestionar el patrimonio compartido entre el rey y el reino, como era el caso en las comunidades de aldeas de la extremadura aragonesa o el de los concejos en tierras de realengo.[6]

La creación igualmente de los cargos de lugarteniente del reino de Aragón y gobernador general de Aragón supuso que en Zaragoza quedara habitualmente un representante del rey, disminuyendo la prominencia política que el merino había tenido hasta entonces.

Por ende, los merinos quedaron a cambio a cargo exclusivamente del patrimonio personal del monarca. El de Zaragoza, sin embargo, siguió ejerciendo labores judiciales dado que los pagos por delitos de sangre correspondían al monarca. Igualmente, dada la importancia de las aljamas moriscas y judías de la ciudad, siguió teniendo una gran importancia política además de económica.

El merino de Zaragoza siguió asimismo controlando un amplio distrito económico que suponía una importante recaudación, que hasta el siglo XV le hacía responsable de un presupuesto similar al concejo de Zaragoza.[7] Por ello y a diferencia del resto de merinos del reino reportaba personalmente al maestre racional de la Corona, de forma independiente al baile general.[8] Ciertos impuestos, como la lezda de la ciudad de Zaragoza, quedaban repartidos a partes iguales entre el baile general, el merino y el concejo de la ciudad en una muestra del equilibrio de influencia de los tres cargos.

El merino de Zaragoza en la Baja Edad Media

Pese a estos recortes de funciones, durante la Baja Edad Media, el merino de Zaragoza era una de las principales autoridades políticas en el reino de Aragón. Para 1350, el merino de Zaragoza era uno de los cuatro miembros del consejo real en Aragón, junto al gobernador de Aragón, el justicia de Aragón y el baile general. Fue también uno de los elementos clave en la organización de la logística de campañas en Cerdeña como el sitio de Alguer de 1354.[9][10]

Durante la posterior guerra de los Dos Pedros, el merino de Zaragoza recibió instrucciones reales para asegurar en el mantenimiento del orden público en la frontera con Castilla,[11] así como para hacer cumplir órdenes de movilización en Daroca,[12] la evacuación de zonas no defendibles[13] y la fortificación de las que sí lo eran.[14] Igualmente, y en el cometido más habitual de sus funciones, hubo de preparar el castillo de la Aljafería, que administraba en nombre del rey, para un posible asedio, así como gestionar las obligaciones de servicio militar debidas por las aljamas que administraba.[15] Quedó igualmente a cargo de rehenes en poder del monarca aragonés.[16]

El paso de Épila a la Casa de Urrea en la segunda mitad del siglo XIV supuso la siguiente reducción de su jurisdicción.[17] Políticamente, el merino siguió sin embargo acometiendo misiones en nombre del rey fuera de Zaragoza hasta entrado el siglo XV. Ejemplos de estas incluyeron el deslinde de la frontera con Navarra en 1369[18] y el encarcelamiento de enemigos políticos como Violante de Luna durante la revuelta del conde de Urgel.[19] Fue asimismo ganando relevancia en la supervisión regia del concejo zaragozano.[20]

Durante la conquista del reino de Nápoles por Alfonso V el Magnánimo, el merino le acompañó en Italia como parte del consejo real, incluso a costa de dificultar el ejercicio de sus labores en Zaragoza.

El merino de Zaragoza en la Edad Moderna

La expulsión de los judíos de España en 1492 y la conversión obligada de los mudéjares en 1525 supusieron una importante reducción de las competencias del merino de Zaragoza, algo que fue acentuado por la transferencia del control de la Aljafería a la Inquisición dado el final de su uso como residencia real.[21] Eso acompañaba a los escasos avances fiscales de la administración real, quedándose atrás el presupuesto que gestionaba el merino en comparación al de los concejos municipales y, en particular, al de Zaragoza.[22]

El cargo de merino subsistió, sin embargo, y pasó en el sistema polisinodial a ser uno uno de los supervisados por el virrey de Aragón y el Consejo de Aragón, que proponían ante el rey una terna de candidatos al puesto. Durante el siglo XVI consta el ejercicio de su labor en el cobro de multas por delitos de sangre, así como en la gestión de la tesorería regia en Aragón. Durante ese siglo consta el nombramiento de lugartenientes suyos por otras partes del reino, como Sariñena, Barbastro o Daroca, que antiguamente habían sido parte de otros merinados.[23]

Fue abolido con el resto de instituciones forales con los Decretos de Nueva Planta de 1707.

Funciones

Judiciales

El merino actuaba de tesorero y recaudaba las caloñas o multas en nombre del rey, por lo que se coordinaba con otras figuras judiciales.[24] La falta de separación medieval entre atribuciones judiciales e investigativas suponía que esta capacidad de recaudación dotaba al merino de funciones judiciales y lo convertía en una de las pocas autoridades legales del reino que podía investigar crímenes de oficio, especialmente en casos de homicidio.[25]

Para poder ejercer esta función el merino se reunía periódicamente con el procurador de la ciudad, que debía informarle de los muertes y actos violentos en Zaragoza.

En la ciudad de Zaragoza

El merino era igualmente era el comisario de las aljamas morisca y judía de Zaragoza.[26] Como tal supervisaba el cumplimiento de las leyes por parte de las autoridades de cada fe y juraban ante él sus notarios y oficiales.

Económicamente, el merino de Zaragoza recaudaba las multas por delitos de moriscos y judíos, que suponían una importante fuente de ingresos para la Corona.[27][28] Cobraba igualmente los treudos de numerosos establecimientos comerciales en dichas aljamas, pues la propiedad de los edificios era del rey.[29] Los baños del rey, en la judería y de uso por la aljama como parte de sus ritos de purificación, eran también gestionados por el merino y otra relevante fuente de exacciones a la aljama.[30]

Gestionaba también el patrimonio regio en la parte cristiana de la ciudad. Este incluía varios espacios comerciales y viviendas, cedidas en treudo a cambio de censos anuales.[31] Estas propiedades estaban dispersas por el espacio urbano, aunque con una concentración significativa de viviendas alrededor de la calle de Carabaceros (cerca de la actual calle del Coso).[32] Dadas las exenciones que el fuero de Zaragoza concedía a sus habitantes cristianos de múltiples impuestos, los ingresos inmobiliarios y de las aljamas permitían a la Corona gravar la riqueza de la ciudad,[33] con la ventaja añadida de la gran estabilidad de las rentas por treudos.[34]

De entre esos inmuebles reales en la ciudad, destacaba el castillo de la Aljafería, que el merino administró durante su fase como residencia real.[35] El mantenimiento y embellecimiento del complejo fue una de sus ocupaciones típicas.[36]

El merino igualmente fue el responsable del cobro de diversos derechos señoriales que el rey tenía en la ciudad como el almodí del pan y su correspondiente peso (que en Zaragoza incluía singularmente el derecho de almuestas o escampaduras), la caldera de la tintorería, la alhóndiga, el horno y el husillo de aceite zaragozanos.[30] Siendo Zaragoza el principal mercado del reino, el almodí y la alhóndiga eran en particular grandes fuentes de ingresos para la Corona bajo la administración del merino.[32] Así, de ellos se derivaban lezdas e impuestos sobre la venta de diversas mercancías en la ciudad.[37]

Un último derecho real administrado por el merino eran los pagos por el agua de la acequia de la Romareda.[32] El merino también gestionó posteriormente el agua que el rey adquirió para el riego de los jardines del palacio de la Aljafería,[38] incluyendo las modificaciones que supusieron para la acequia de la Almozara.[39]

Fuera de Zaragoza

Fuera de la ciudad en que tenía su sede, el merino de Zaragoza era también el responsable de diferentes propiedades regias.

Una de las más destacadas eran las minas de sal de Remolinos, principal fuente de sal de la merindad, que la Corona explotaba mediante arrendatarios y cuyo arrendamiento recibía el merino en nombre del rey.

Otras propiedades feudales a cargo del merino de Zaragoza incluyeron fincas agrícolas en Grisén (que habían sido de la mezquita de la localidad antes de su conquista cristiana) y otras localidades, un husillo de aceite en Alagón, la lezda sobre la carne en Alagón, Épila y Ricla, los hornos de Zuera y Ricla, los almodíes de Alagón y Tauste y la caldera de la tintorería de Ricla.[40]

Era igualmente el responsable regio de varias juderías y morerías menores alrededor de Zaragoza, como las de Alagón, Ricla, Tauste, Fuentes, Aranda y El Castellar, varias de las cuales debían a la Corona rentas como exaricos sobre las tierras que trabajaban.[40] Al igual que las aljamas de Zaragoza, las multas y exacciones varias de estas aljamas eran gestionadas por el merino, que supervisaba sus gobiernos.

El merino, a través de sus lugartenientes, explotaba igualmente los peajes reales en varios puntos del reino alrededor de la capital. Destacaban en particular los peajes de la ruta fluvial de mercancías sobre el río Ebro, con Gallur, Alagón y Zaragoza a la cabeza.[40] Zaragoza en particular era el peaje más caro y que más ingresos generaba de los nueve peajes que gravaban dicho comercio fluvial. El merino de Zaragoza cobraba igualmente el peaje por el paso en barca sobre el Ebro en El Castellar.

Otros peajes que llegó a recaudar el merino se ubicaban en los caminos de Épila y Zuera, con otros tráficos de mercancías en la merindad.[40]

Gestión de tesorería y pagos reales

Dado este flujo de ingresos, el merino a menudo fue usado por la Corona como caja general contra la que repercutir pagos puntuales que debían acometerse en Zaragoza. Adicionalmente, diferentes donaciones y fundaciones regias a perpetuidad suponían gastos recurrentes que administraba el merino. Eso incluía caballerías para financiar el servicio militar de la pequeña nobleza al rey así como otras prebendas para personajes de favor real.[41]

Una partida de gastos significativa fue la contribución anual otorgada por Alfonso II para el mantenimiento de las murallas de Zaragoza.[42] El merino pagaba igualmente las rentas que el rey había establecido para funcionarios municipales como el zalmedina o los almudazafes, así como para el capítulo de la catedral de la Seo de Zaragoza.[43] Otras fundaciones religiosas que el merino financiaba en nombre del rey incluyeron los conventos de monjas de Santa Inés y Santa Clara y varias parroquias de Zaragoza así como el convento de Peramán fuera de la ciudad.[43]

No todas las donaciones reales que gestionaba el merino de Zaragoza estaban vinculadas a la ciudad. El merino también era responsable de pagar rentas para soportar la castellanía de Amposta, parte del complejo militar de la Corona de Aragón.[43] Pagó igualmente la asignación para la priora del monasterio de Santa María de Sijena en ocasiones en que el cargo estuvo ocupado por infantas de la casa real.[43]

Tan tarde como el siglo XVI, la Corona usaba al merino de Zaragoza para el pago de proyectos e infraestructuras en Aragón como la construcción del canal de Tauste.[44]

La figura del merino

Referencias

Bibliografía

Related Articles

Wikiwand AI