Moisés

personaje de la Biblia, profeta en el judaísmo, cristianismo e Islam; protagonista del libro del Éxodo From Wikipedia, the free encyclopedia

Moisés (en hebreo: מֹשֶׁה, pron. estándar: Moshé, pron. tiberiana: Mōšeh; en griego antiguo: Mωϋσῆς, Mōÿsẽs; en latín: Moyses; en árabe: موسىٰ, Mūsa), llamado en la tradición judía Moshé Rabenu (מֹשֶׁה רַבֵּנוּ, "Moisés nuestro maestro") (s. XIV a. C.-s. XIII a. C.)[5] es el profeta más importante para el judaísmo [10], libertador del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto y encargado por Dios de entregar la ley escrita y, según los rabinos, la ley oral, codificada más tarde en la Mishná.[11]

Nombre en hebreo מֹשֶׁה Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento Siglo XIV a. C.[1]
Gosén,[2] Antiguo Egipto
Fallecimiento Siglo XIII a. C.[3] (120 años)
Monte Nebo
Datos rápidos Moisés מֹשֶׁה, Información personal ...
Moisés
מֹשֶׁה

Moisés de Miguel Ángel, 1513-1515.
San Pietro in Vincoli, Roma.
Información personal
Nombre en hebreo מֹשֶׁה Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento Siglo XIV a. C.[1]
Gosén,[2] Antiguo Egipto
Fallecimiento Siglo XIII a. C.[3] (120 años)
Monte Nebo
Residencia Egipto y Península del Sinaí Ver y modificar los datos en Wikidata
Religión judaísmo
Familia
Padres
  • Amram y Jocabed
    (biológicos)
  • Thermutis
    (madre adoptiva)
  • Cónyuge Séfora
    Hijos Gershom Ver y modificar los datos en Wikidata
    Familiares
  • Aarón (hermano)
  • Míriam (hermana)
  • Información profesional
    Ocupación Líder militar, líder religioso, legislador, taumaturgo, pastor y gobernante Ver y modificar los datos en Wikidata
    Área Filosofía moral Ver y modificar los datos en Wikidata
    Cargos ocupados
    Información religiosa
    Canonización culto inmemorial
    Festividad 4 de septiembre (rito romano)[4]
    Venerado en judaísmo, cristianismo, islam y bahaísmo
    Alumnos Josué, Eleazar y Fineas Ver y modificar los datos en Wikidata
    Obras notables
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    El cristianismo heredó esta imagen de Moisés, a quien venera como redentor y legislador y, por ello, anticipo de Cristo. En ambas tradiciones, Moisés es el autor del Pentateuco, en hebreo Torá, los cinco primeros libros de la Biblia, que contienen la Ley, llamada por ello Ley de Moisés. En el Islam, Moisés es uno de los profetas que más veces (ciento treinta y seis) se nombra en el Corán. En dichas referencias se dice que Moisés es el mensajero enviado al pueblo de Israel y el único en haber escuchado directamente a Dios, por lo cual se lo llama kalîm Allah. Los relatos del Corán retoman y a veces reelaboran las narraciones sobre Moisés contenidas en la Biblia y en la Hagadá, para remarcar el paralelismo entre Moisés y Mahoma, a quien el primero habría anunciado. En todas las religiones abrahámicas, Moisés es una figura central como profeta y legislador.

    El Éxodo constituye la fuente primaria y la más antigua sobre Moisés, el libro sagrado relata la vida y obra del profeta, así como sus parientes y legado. Su nacimiento se da en Egipto, hijo de Amram y de Jocabed, ambos de la tribu de Leví. En aquel tiempo, el Faraón (se desconoce el nombre) para controlar la población hebrea, emite que todo hijo varón sea echado al Nilo, la madre de Moisés lo coloca en una cesta al río de donde es recogido por la hija del Faraón (el midrash la llama Bitia), quien lo cría como propio. En su juventud, mata a un egipcio que maltrataba a un hebreo y huye al país de Madián en el desierto. Allí se casa y tiene una revelación divina en el Monte Sinaí.[12] Regresa a Egipto por orden divina y junto a su hermano Aarón demandan al Faraón (se desconoce el nombre) la libertad de los hebreos; ante la negativa del soberano invocan sobre Egipto las diez plagas bíblicas. A causa de ellas, los hebreos son liberados y Moisés los conduce hacia el Sinaí. Allí, recibe la Ley, la entrega al pueblo de Israel y organiza sus instituciones y culto. Finalmente, después de pasar cuarenta años en el desierto, lleva al pueblo hasta la Tierra Prometida, pero muere en el monte Nebo (Transjordania) antes de poder ingresar en ella. La Biblia no menciona donde sepultaron a Moisés.

    El judaísmo rabínico considera que la vida de Moisés se extiende desde el año 1391 a. C. hasta 1271 a. C.,[13][14] mientras que Jerónimo lo ubica en 1592 a. C.[15] y James Ussher en 1571 a. C.[16]

    A partir del siglo XVII, la atribución del Pentateuco a Moisés fue puesta en duda, entre otros, por Baruch Spinoza. En el siglo XVIII, Jean Astruc reforzó esta noción con argumentos de crítica textual; en ambos casos no se negó la existencia de Moisés. A partir del siglo XIX se intentó ubicar a Moisés en el Imperio Nuevo de Egipto, relacionándolo con figuras como Akenatón o Ramsés II.

    La mayoría de los estudiosos consideran al Moisés bíblico como una figura legendaria, aunque no descartan la posibilidad de que Moisés o una figura similar a él existiera en el siglo XIII a. C.[17][18][19][20][21] El judaísmo rabínico calculó que la vida de Moisés correspondía al periodo comprendido entre 1391 y 1271 a. C.;[22] Jerónimo sugirió 1592 a. C.,[23] y James Ussher sugirió 1571 a. C. como año de su nacimiento. [24][«note» 1]

    Cuando Saphrus reinaba como decimocuarto rey de Asiria, Orthopolis como duodécimo de Sicyon y Criasus como quinto de Argos, Moisés nació en Egipto...

    Ortópolis reinó como duodécimo rey de Sición durante 63 años, desde 1596 hasta 1533 a. C., y Criasus reinó como quinto rey de Argos durante 54 años, desde 1637 hasta 1583 a. C.[26] Moisés ha sido retratado a menudo en el arte, la literatura, la música y el cine, y es el tema de obras en varios edificios del Gobierno de los Estados Unidos.

    El consenso actual es que se trata de un personaje legendario, aunque algún líder tribal tipo-Moisés pudo haber existido a finales de la Edad del Bronce.[27][18][28][29][30]

    Etimología

    M-S-S,[nota 1] Moisés en jeroglífico
    <
    F31S29B3
    >
    Los padres de Moisés. Óleo. Isaak Asknaziy. 1891. Museo Estatal Ruso.

    Moisés es un nombre que únicamente él lo lleva en toda la Biblia.[32] La raíz egipcia msy (“hijo de”) o “'mose”' se ha considerado como una posible etimología,[33] posiblemente una abreviatura de un nombre teofórico con el nombre del dios omitido. El sufijo 'mose' aparece en nombres de faraones egipcios como Tutmosis I («nacido de Thot») y Ramose («nacido de Ra»).[34] Uno de los nombres egipcios de Ramsés era Ra-mesesu mari-Amon, que significa «nacido de Ra, amado de Amón». Ms por sí solo también tiene múltiples atestaciones como nombre personal egipcio en el Imperio Nuevo.[35] El lingüista Abraham Yahuda, basándose en la ortografía que aparece en el Tanaj, sostiene que combina «agua» o «semilla» y «estanque, extensión de agua», lo que da como resultado el significado de «hijo del Nilo». (mw-š).[36]

    Según el relato del Éxodo, su madre no le da un nombre cuando nace y solo lo llama el niño. Es la hija del Faraón, una egipcia, quien lo llama Moisés (משה Mōše),[37] diciendo: [משיתהו mosyteu] "Porque de las aguas [lo saqué]".[38] Esta explicación lo vincula a la raíz semítica משה, m-š-h, que significa "sacar"[39] , en efecto profetizando que Moisés sacaría a otros (de Egipto) ; Esto ha sido aceptado por algunos estudiosos.[40]

    El narrador bíblico le asignó una etimología popular en hebreo,[41] pero sería gramaticalmente incorrecta, según el cual significa ‘salvado de las aguas’.[42]

    El consenso actual reconoce un origen egipcio en el nombre.[43] Moisés es la transcripción del egipcio - mose,[44] usado generalmente como sufijo y procedente de la raíz m-s-s que significa "engendrado por". Es común en nombres teóforos como Tutmoses o Ramsés.[45][46][nota 2]

    La etimología hebrea en la historia bíblica puede reflejar un intento de borrar los rastros de los orígenes egipcios de Moisés.[47] El carácter egipcio de su nombre fue reconocido como tal por antiguos escritores judíos como Filón y Josefo.[47] Filón relacionó el nombre de Moisés (Μωϋσῆς) con la palabra egipcia (copta) para «agua» (môu, μῶυ), en referencia a su hallazgo en el Nilo y a la etimología popular bíblica. Josefo, en su Antigüedades judías, afirma que el segundo elemento, -esês, significaba «los que son salvados». El problema de cómo una princesa egipcia (que, según el relato bíblico que se encuentra en el libro del Éxodo, le dio el nombre de «Moisés») podía saber hebreo desconcertaba a los comentaristas judíos medievales como Abraham ibn Ezra y Hezekiah ben Manoah. Hezekiah sugirió que o bien se convirtió a la religión judía o bien recibió un consejo de Jochebed (la madre de Moisés).[48][49][50] La princesa egipcia que bautizó a Moisés no aparece nombrada en el libro del Éxodo. Sin embargo, Josefo la conocía como Thermutis (identificada como Tharmuth), y algunos dentro de la tradición judía han tratado de identificarla con una «hija del faraón» en 1 Crónicas 4:17 llamada Bithiah,[51] pero otros señalan que esto es poco probable, ya que no hay ninguna indicación textual de que esta hija del faraón sea la misma que dio nombre a Moisés.[51]

    La etimología presentada en la Biblia podría reflejar un intento de borrar los rastros de los orígenes egipcios de Moisés.[47] Los orígenes egipcios de su nombre fueron reconocidos como tal por antiguos escritores judíos como Filón y Josefo.[47] Filón vinculó el nombre de Moisés (Μωϋσῆς 'Mōusḗs') con la palabra egipcia (copta) para 'agua' (möu, μῶυ), en referencia a su hallazgo en el Nilo,[47] mientras Josefo, en Antigüedades judías, afirma que el segundo elemento, -esês, significa "aquellos que se salvan".[47]

    Autores como Naman Nadav han sugerido, sin embargo, que la raíz hebrea del nombre no puede dejarse de lado.[52][53]

    Moisés según el texto bíblico

    La historia de la vida de Moisés es narrada en la Biblia, específicamente en la Torá (primera parte del Tanaj) y en el Pentateuco. El texto bíblico narra cómo Moisés lideró la salida de los hebreos de Egipto y recibió los Diez Mandamientos de manos de Yahveh en el Monte Sinaí. La tradición sostiene que Moisés vivió 120 años.[54]

    Nacimiento

    En el Libro de Éxodo, el nacimiento de Moisés tuvo lugar cuando un indeterminado faraón egipcio había ordenado a las parteras (comadronas) que mataran a todo varón hebreo recién nacido, pero estas por temor a Dios no hicieron como se les mandó (cf. Éxodo 1:15-17). Según el mencionado libro, Moisés fue hijo de Amram (quien era miembro de la tribu de Leví y descendía de Jacob) y su esposa, Iojebed / Jocabed (cf. Éxodo 2:1; 6:20).[55] Moisés tuvo una hermana siete años mayor que él, Míriam, y un hermano tres años mayor que él, Aarón.[56] Según el Libro de Génesis, el padre de Amram, Coat, llegó a Egipto junto con setenta miembros del grupo de descendientes de Jacob, por lo que Moisés era parte de la segunda generación de israelitas nacidos en Egipto.[57]

    Iojebed dio a luz a un pequeño, y lo escondió durante los tres primeros meses.[58] Cuando no pudo ocultarlo más, lo colocó en una cesta, embadurnada con barro en su interior y brea en el exterior para hacerla impermeable, y la llevó al Nilo.[59] La cesta con el bebé fue observada y seguida de cerca por Miriam hasta que la hija del faraón llegó al Nilo para bañarse.[60]

    Profeta y libertador de Israel

    Los israelitas se habían establecido en la tierra de Gosén en la época de José y Jacob, pero surgió un nuevo faraón que oprimió a los hijos de Israel. En ese momento, Moisés nació de su padre Amram, hijo (o descendiente) de Kehath el levita, que entró en Egipto con la familia de Jacob; su madre era Jochebed (también Yocheved), que era pariente de Kehath. Moisés tenía una hermana mayor (siete años mayor que él), Miriam, y un hermano mayor (tres años mayor que él), Aarón.[62] El faraón había ordenado que todos los niños hebreos varones que nacieran fueran ahogados en el río Nilo, pero la madre de Moisés lo colocó en un arca y la ocultó entre los juncos de la orilla del río. Fue descubierto y adoptado por la hija del Faraón y criado como egipcio. Un día, cuando Moisés ya era adulto, mató a un egipcio que estaba golpeando a un hebreo. Para escapar de la pena de muerte del faraón, Moisés huyó a Madián (un país desértico al sur de Judá), donde se casó con Séfora.[63]

    Allí, en el monte Horeb, Dios se le apareció a Moisés en forma de zarza ardiente y le reveló su nombre, YHWH (probablemente pronunciado Yahvé),[64] y le ordenó que regresara a Egipto y sacara a su pueblo elegido (Israel) de la esclavitud y lo llevara a la Tierra Prometida (Canaán).[65][66] Durante el viaje, Dios intentó matar a Moisés por no circuncidar a su hijo,[67] pero Zipporah le salvó la vida. Moisés regresó para cumplir la orden de Dios, pero Dios hizo que el faraón se negara, y solo después de que Dios sometiera a Egipto a diez plagas el faraón cedió. Moisés condujo a los israelitas a la frontera de Egipto, pero Dios endureció el corazón del faraón una vez más para poder destruirlo a él y a su ejército en el cruce del Mar Rojo como señal de su poder ante Israel y las naciones.[68]

    ¡Victoria, oh Señor!, pintura de 1871 de John Everett Millais, representa a Moisés sosteniendo su bastón, asistido por Aarón y Hur, levantando los brazos durante la batalla contra Amalec.

    Tras derrotar a los amalecitas en Rephidim,[69] Moisés guio a los israelitas al Monte Sinaí, donde recibió de Dios los Diez Mandamientos, escritos en tablas de piedra. Sin embargo, como Moisés permaneció mucho tiempo en la montaña, algunos temieron que hubiera muerto, por lo que hicieron una estatua de un becerro de oro y la adoraron como ídolo de Dios, desobedeciendo y enfureciendo así a Dios y a Moisés. Moisés, enfadado, rompió las tablas y más tarde ordenó la eliminación de aquellos que habían adorado la estatua de oro, que fue fundida y dada de comer a los idólatras. [70] Dios volvió a escribir los Diez Mandamientos en un nuevo juego de tablas. Más tarde, en el monte Sinaí, Moisés y los ancianos celebraron un pacto por el cual Israel se convertiría en el pueblo de YHWH, obedeciendo sus leyes, y YHWH sería su dios. Moisés entregó las leyes de Dios a Israel, instituyó el sacerdocio bajo los hijos del hermano de Moisés, Aaron, y destruyó a aquellos israelitas que se apartaron de su culto. En su último acto en el Sinaí, Dios dio a Moisés instrucciones para el Tabernáculo, el santuario móvil con el que viajaría con Israel a la Tierra Prometida.[71]

    Desde el Sinaí, Moisés condujo a los israelitas al Desierto de Parán, en la frontera de Canaán. Desde allí, envió a doce espías a la tierra (Números 13-14). Los espías regresaron con muestras de la fertilidad de la tierra, pero advirtieron que sus habitantes eran gigantes. El pueblo se asustó y quiso regresar a Egipto, y algunos se rebelaron contra Moisés y contra Dios. Moisés dijo a los israelitas que no eran dignos de heredar la tierra y que vagarían por el desierto durante cuarenta años hasta que muriera la generación que se había negado a entrar en Canaán, para que sus hijos pudieran poseer la tierra. [72] Más tarde, Coré fue castigado por liderar una revuelta contra Moisés.

    Miembro de la familia del faraón

    Egipcio golpeando a un israelita delante de Moisés. Detalle de relieve escultórico de la catedral de Nimes, siglo XI.

    La princesa egipcia (mencionada por Flavio Josefo como Termutis)[73] descubrió la cesta y a Moisés dentro de ella. Miriam se acercó y consiguió que la princesa encargara que una hebrea amamantase y cuidase de la criatura; la hebrea en cuestión fue la propia madre de Moisés.[56]

    Durante dos años Iojebed amamantó a Moisés y después la criatura le fue entregada a la princesa. Moisés fue criado como si fuese hijo de la princesa egipcia y el hermano menor del futuro faraón de Egipto.[nota 3]

    A través de la Mishná, la tradición hebrea conserva un relato de cómo Moisés, aun siendo una criatura perdió gran parte de su capacidad de hablar debido a un incidente que ocurrió ante el faraón en Egipto.[nota 4]

    Cuando Moisés se hizo adulto, observó el trabajo de los esclavos hebreos. Un día, al ver la brutalidad con la que un capataz egipcio maltrataba a un esclavo hebreo, Moisés acabó con la vida del egipcio, acto que lo forzó a dejar Egipto.[75]

    Pastor en Madián

    En la tierra de Madián,[76] Moisés se detuvo en un paraje con un pozo y allí protegió a siete pastoras de una banda de otros pastores malintencionados.[77] El padre de las pastoras, Jetró, era sacerdote de Madián. Adoptó a Moisés como hijo suyo y le permitió que habitase en Madián; allí trabajó Moisés como supervisor y responsable principal de los rebaños.[78]

    A su debido tiempo, Jetró también permitió que Moisés se casase con la mayor de sus hijas, Séfora.[79] Trabajando como pastor, Moisés vivió en Madián durante cuarenta años, tiempo durante el cual Séfora le dio dos hijos, a quienes Moisés llamó Gersón y Eliezer.[80]

    Revelación en la zarza ardiente

    Moisés descalzo ante la zarza ardiente, con la mano de Dios que emerge del cielo.[81] Fresco parietal proveniente de la Sinagoga de Dura Europos, 244 d. C. Detalle. Museo de Damasco, Siria.

    Según la narración bíblica, en cierta ocasión, Moisés llevó a su rebaño al monte Horeb,[nota 5] y allí vio una zarza que ardía sin consumirse. Cuando Moisés intentó aproximarse para observar más de cerca aquella maravilla, Dios le habló desde la zarza, revelando su identidad e intención a Moisés:

    No te acerques; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. [...] Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. [...] Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus angustias. Por eso he descendido para librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel [...] Ven, por tanto, ahora, y te enviaré al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel. [...] "Yo soy el que soy".
    Éxodo 3:5-14.[82]

    En Éxodo 3, el Dios de Israel revela Su naturaleza ante Moisés.[83]

    Yahvéh indica a Moisés que ha de regresar a Egipto y liberar a su pueblo de la esclavitud. Moisés expresa no ser el candidato para realizar tamaña encomienda y, además, recuerda que padece de una dificultad en el habla.[84] Yahvéh le asegura que le proporcionará todo el apoyo necesario para que lleve a cabo su obra.[85]

    Las diez plagas sobre Egipto

    Moisés obedece y regresa a Egipto, donde es recibido por Aarón. Ambos organizan una reunión para informar a los israelitas sobre lo ocurrido y, luego de señales, revelaciones y proezas llevadas a cabo por Moisés, los hebreos lo seguirán como enviado que trae la palabra de Yahvéh.[86]

    Lo más difícil fue persuadir al faraón para que dejase marchar a los hebreos, quienes no obtuvieron su permiso hasta que Yahvéh envió diez plagas sobre los egipcios.[nota 6] Esta serie de eventos comenzó con el agua tornándose sangre y culminó con la muerte de todos los primogénitos egipcios, lo cual causó tal terror entre los egipcios que el faraón terminó por permitir que el esclavizado pueblo hebreo dejara finalmente Egipto.[nota 7]

    Legislador de Israel

    «Moisés con las tablas de la ley», de Guido Reni, 1624

    Moisés es honrado hoy en día entre los judíos como el «legislador de Israel»: promulgó varios conjuntos de leyes en el transcurso de la Torá. El primero es el Código del Pacto,[88] los términos del pacto que Dios ofrece a los israelitas en el monte Sinaí. El pacto incluye el Decálogo (los Diez Mandamientos, Éxodo 20:1-17),[89] así como el Libro del Pacto (Éxodo 20:22-23:19). [90][91] Todo el Libro de Levítico constituye un segundo cuerpo de leyes, el Libro de Números comienza con otro conjunto más, y el Libro de Deuteronomio con otro.

    Tradicionalmente, se ha considerado a Moisés como el autor de la Torá, la primera sección de la Biblia hebrea.[92]

    El éxodo hebreo

    Moisés lideró al pueblo israelita en dirección este, iniciando así la larga travesía hacia la tierra prometida. Partieron desde Ramesés hacia Sucot unos seiscientos mil hombres, sin contar los niños.[93] Llevaron consigo los restos de José, cumpliendo la voluntad de su predecesor.[94]

    Las aguas de Moisés, imagen de Murillo, grabada por Rafael Esteve Vilella, 1839.[nota 8]

    La gran caravana de los hebreos se movía lentamente y tuvo que acampar tres veces antes de dejar atrás la frontera egipcia, establecida entonces en el Gran Lago Amargo o en la punta más septentrional del Mar Rojo.[95]

    Entre tanto, el faraón cambió de opinión y, con un gran ejército, partió para recuperar sus esclavos.[96] Atrapados entre el ejército egipcio y el mar, los hebreos se desesperaron, pero Yahvéh dividió las aguas del Mar Rojo por mediación de Moisés, permitiendo a los israelitas cruzarlo con seguridad. Cuando los egipcios intentaron seguirlos, las aguas volvieron a su cauce, ahogando a todo el ejército egipcio.

    Moisés en el Monte Sinaí. Óleo de Jean-Léon Gérôme, c. 1895.

    Fecha del Éxodo. Aunque la Biblia no cita al faraón del Éxodo por su nombre, sí da la fecha exacta del Éxodo. En 1 Reyes 6, 1 se lee que Salomón comenzó a construir el Templo en el cuarto año de su reinado, 480 años después de que los hijos de Israel salieran de Egipto. Se estima que el cuarto año de reinado de Salomón fue hacia el año 966 a. C.[97] A partir de ello la fecha de Éxodo podría haber sido 1446 a. C., cuando gobernaba Tutmosis III. No obstante, dado que el texto bíblico indica específicamente que los hebreos partieron de la ciudad llamada "Ramesés" hacia Sucot,[98] ciudades que no existían en tiempos de Tutmosis III y que datan del siglo XIII a. C., cuando Ramsés II gobernaba Egipto, en el campo de la investigación se considera el año 1250 a. C.[99] H.W.F. Saggs, profesor de lenguas antiguas, observa en sus escritos académicos que:

    La mención de la ciudad de Ramesés en Éxodo 1:11 en tanto que localidad de almacenaje, construida en parte por los esclavos israelitas, ofrece de hecho un indicio cronológico, dado que [hoy] es sabido que Ramsés II construyó una ciudad, Per-Ramsés [i.e., Pi-Ramsés], la cual se corresponde con el nombre proporcionado por la Biblia. Ello tiende a posicionar la esclavitud [de los hebreos] en Egipto y su salida de ese país en el siglo XIII a.C. Es en ese mismo siglo que ocurre la primera mención extra-bíblica de Israel. Se trata de una inscripción del sucesor de Ramsés [II], Merenptah.[100]

    Otorgamiento de la Ley

    Moisés con las Tablas de la Ley, por Tissot.[101]

    Luego de transcurridos tres meses (Éxodo 19) desde que los hebreos habían salido de Egipto y durante la travesía por el desierto, Dios confirió los Diez Mandamientos directamente a Moisés y lo hizo en el monte Sinaí.[102][nota 9][nota 10]

    Las Tablas en cuestión recogían los Diez Mandamientos, leyes básicas de cumplimiento obligatorio para el pueblo hebreo.[104] Dado que las distintas tribus hebraicas:

    Hasta entonces conservaban la fe en un Dios único y algunas costumbres que habían heredado de sus antepasados. Pero no poseían un concepto claro acerca de Dios [...], tampoco poseían leyes fijas sobre la vida social y moral. Habiendo residido en Egipto algunos de ellos copiaron allí ciertas costumbres paganas. Era necesario, por consiguiente, enseñar a los israelitas en qué consistía su verdadera fe y a qué leyes debían atenerse.[102]

    Cuando Moisés bajó a notificar a su pueblo, descubrió que en su ausencia los israelitas habían fundido metales preciosos y construido un becerro de oro, a semejanza de un cuadrúpedo ídolo egipcio, Apis, y comprendió que lo veneraban.[nota 11] La eventual idolatría cometida por el pueblo provocó la ira de Dios e, indignado, Moisés montó en cólera y arrojó las Tablas de la Ley, destruyendo asimismo el ídolo de oro. Las prescripciones divinas no obstante serían reescritas y restablecidas por Moisés, siendo subsecuentemente adoptadas por el pueblo.

    Al acercase Moisés al campamento, vio el ternero y las danzas. Se llenó de furor y arrojó las tablas, que se hicieron pedazos al pie del monte
    Éxodo 32:19

    Iconográficamente, Moisés es representado como legislador del pueblo hebreo y portando las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos, siendo dichas Tablas su principal atributo en la creencia colectiva e imaginería visual tanto judía como cristiana.

    Éxodo

    Travesía por la península de Sinaí

    La travesía por una serie de parajes inhóspitos de la gran masa de personas fue dura y muchos empezaron a dar rumores y a murmurar contra sus líderes (Moisés y Aarón), aduciendo que era mejor estar bajo el yugo egipcio que padecer las penurias de la travesía. Moisés realizó innumerables milagros para aplacar la dureza de la travesía y demostrar al pueblo de Israel que Yahveh los guiaba. Las manifestaciones divinas fueron pródigas.

    Tras golpearla con su vara, Moisés hace manar agua de la roca (cuadro de Tintoretto, Scuola di San Rocco, Venecia)

    Para alimentarlos, Yahveh hizo llover maná del cielo. Para beber, les dio múltiples fuentes de agua, como la fuente de agua amarga convertida en agua dulce. En tanto Yahveh ordenó a Moisés hablarle a la roca donde saldría gran cantidad de agua, pero, Moisés golpeó la roca dos veces con su bastón, pero él se enfureció por golpear la roca, asegurando que Moisés no entrará a la tierra prometida, por eso llamaron a ese lugar Meriba, es decir discusión.

    En su travesía por los desiertos, Israel lucha por primera vez contra los amalecitas, que eran un pueblo principal y vencen solo por la pujanza de Moisés. (Éxodo 17:8). Israel además vence a Arad, a los amorreos liderados por Sehón (Números, 21) y rodean tierras por donde no se les permite combatir ni se les da el paso, como es el caso de las tierras de Edom.

    En el monte Sinaí, el pueblo judío fue organizado doctrinalmente por el sacerdocio menor de Aarón. Se les inculca estatutos, mandamientos y por sobre todo el desarrollar fidelidad a los convenios con Yahveh. Esta historia es contada en el Levítico.

    En el mismo monte, Yahveh entrega el Decálogo de los Diez Mandamientos, pero al bajar Moisés junto a Josué, encuentra a su pueblo adorando un becerro de oro. Esta perversión a los ojos de Yahveh fue castigada con la muerte, así en el Éxodo se cuenta: «Y él les dijo: Así ha dicho el Señor, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta a puerta por el campo, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés: y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres».[105] Situaciones como esta se sucederían varias veces en el trayecto hacia la tierra prometida.

    Yahveh le volvió a dictar sus diez mandamientos y para transportar las sagradas escrituras, se construyó el arca de la alianza. Para portar dicha arca, se construyó el Tabernáculo, que sería el transporte del arca hasta que se llegara a la tierra prometida, donde se construiría un templo donde albergarla.

    Censo de Moisés

    En Números 1, Dios ordena a Moisés hacer un censo de todos los israelitas para organizarlos mejor, este censo solo contabilizó hombres mayores de 20 años y realizado con la colaboración de un jefe patriarcal de cada tribu. La tribu Leví fue contabilizada separadamente en Números 3, todos aquellos hombres de un mes de edad en adelante. Estos censos es la razón por la cual este libro bíblico se llama "Números" y el total contado es similar al otro censo dentro del libro Éxodo.

    Más información Censo de Moisés Sólo contabiliza hombres, Tribu ...
    Censo de Moisés[106]

    Sólo contabiliza hombres

    Tribu Cantidad
    Rubén 46,000
    Simeón 59,000
    Gad 45,600
    Juda 74,600
    Isacar 54,000
    Zabulón 57,000
    Efraín 40,500
    Manasés 32,200
    Benjamín 35,400
    Dan 62,000
    Aser 41,000
    Neftalí 53,000
    Leví 22,273
    TOTAL 622,573
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    Moisés envía a doce espías

    Ya cerca de la tierra prometida, Moisés encomienda a doce espías investigar y dar un reporte de las bondades de la tierra de promisión. Después de cuarenta días de investigación diez de los doce espías dan un reporte sumamente desalentador sobre las gentes que moraban sobre estas tierras, inculcando miedo a las huestes armadas y sobre todo desconfianza a las promesas de Yahveh. Únicamente Josué (de la tribu de Efraín) y Caleb (representante de Judá), regresaron y manifestaron que Dios les ayudaría a que la nación hebrea se asentara en Canaán.

    Debido a esto, es aquí donde Dios castigó a Israel hablándole a Moisés y diciéndole estas palabras:

    «Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano

    y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone y a Josué hijo de Nun... Conforme el número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada

    día; y conoceréis mi castigo...».

    Por lo tanto los israelitas se vieron forzado a permanecer en el desierto durante cuarenta años más. Finalmente, tras cuarenta años de vagar por el desierto, los hebreos de aquella generación murieron en el desierto[107][108][109] y la autoridad de Moisés como conductor del pueblo pasó a Josué.

    Monumento a Moisés en Monte Nebo, Jordania.

    Según esos textos, Yahveh ―al ver el miedo de su pueblo elegido― prohibió la entrada de todo varón de guerra (mayores de 20 años) a la tierra de promisión, incluyendo al mismo Moisés a quien solo se le permitió verla desde lo alto de un monte (Nebo). Es preciso aclarar,[¿Por qué?] sin embargo, que la prohibición no incluía a los levitas (tribu a la que pertenecía Moisés), quienes no estaban registrados para la guerra, ni tampoco a Josué y Caleb, quienes sí mostraron fe en las promesas divinas. A Moisés no se le permitió debido al suceso en Meribá.[110]

    Ya estando cerca de Moab, Balac, rey de los moabitas ve venir a Israel por el margen oriental y teme del pueblo de Israel, manda a llamar a Balaam, adivino de Mesopotamia[111] para que maldiga al pueblo de Israel; pero Yahveh envía a un ángel a interponerse en el camino de Balaam hacia el monte de Bamot-Baal y es persuadido a bendecir al pueblo israelita y lo hace tres veces a pesar de los deseos de Balac.

    Muerte de Moisés

    Según el Libro de los Números (20:7-13) Moisés había golpeado por dos veces una roca en Meribá, a fin de que de ella manara una fuente de agua; este hecho fue visto como señal de duda, por la cual Dios le negó el ingreso a la Tierra Prometida.[112] Fue autorizado, sin embargo, a contemplarla desde la cima del monte Nebo, en Moab; allí murió, en pleno vigor a los ciento veinte años de edad según el libro bíblico del Deuteronomio (34:1-9). La tradición talmúdica, a partir de las primeras líneas del Libro de Josué fijó la fecha en el 7 de Adar. Según el Seder Olam Rabba, el año corresponde al 2488 de la Creación[113] que equivale al 12 de febrero de 1272 antes de la Era Cristiana. En cuanto al lugar de sepultura, el texto citado lo considera desconocido pero leyendas posteriores, recogidas en el Nuevo Testamento por la Epístola de Judas (1:9) mencionan una disputa entre el arcángel Miguel y Satanás, en relación con el cuerpo de Moisés.[114]

    Moisés en el judaísmo

    Moisés lidera el Éxodo. Arte sefardí. Hagadá de Cataluña, siglo XIV.

    La principal fuente en relación con Moisés es la Torá, cuyos ejemplares son preservados en todas las sinagogas e instituciones israelitas. Dentro de los textos sagrados del judaísmo, particularmente importantes son los libros del Pentateuco, cuya redacción definitiva tuvo lugar en tiempos del monarca Josías, quien gobernó el Reino de Judá en el siglo VII a. C.[115] Existe además una multitud de otros tantos documentos, literatura, historias e información adicional sobre Moisés en las exégesis rabínicas conocidas como el Midrásh, así como en las compilaciones de textos más importantes de la ley oral judía, a los que se conoce como la Mishná y el Talmud.[116]

    Tradicionalmente durante Pésaj (Pascua judía), y desde por lo menos la Edad Media, los observantes judíos leen el texto de la Hagadá, donde se narra el proceso de liberación de los hebreos de su esclavitud en Egipto y la intervención de Moisés en el mismo.

    Moisés en el cristianismo

    Moisés y la zarza ardiente. Dirk Bouts, 1450-1475.

    Moisés es un precursor de Jesús, a menudo se los compara e indica que Moisés es considerado un profeta y por consiguiente portador de la palabra de Dios.[117] En el Evangelio, las enseñanzas y hechos de la vida de Jesús son comparados con aquellos de Moisés para explicar la misión de Jesús.

    Moisés figura a su vez en varios de los mensajes de Jesús. Cuando conoce al fariseo Nicodemo por la noche, en el tercer capítulo del Evangelio de Juan, compara el alzado de la serpiente de bronce en el desierto, que cualquier hebreo podía mirar para ser curado, con su propia ascensión a los cielos (tras su muerte y resurrección) de modo que la gente lo vea y ser curada. En el sexto capítulo, Jesús responde a sus seguidores que Moisés hizo que cayera el maná en el desierto diciendo que no había sido él, sino Yahveh, quien había obrado el milagro. Llamándolo el «pan de la vida», Jesús afirma que ahora es él quien alimenta al pueblo de Yahveh. En la carta de Judas contiene una breve mención de una disputa entre el Arcángel Miguel y el diablo por el cuerpo de Moisés.[118]

    Iconográficamente, Moisés figura en relieves, mosaicos, manuscritos miniados, íconos, vitrales, pinturas y esculturas que responden a las diferentes expresiones de la fe cristiana. Moisés es además santo patrono de iglesias en el Monte Nebo, Venecia y Ámsterdam.

    Moisés en el islam

    El profeta Musa, con su rostro velado y portando el báculo en su mano. Khamsa-e-Nizami, 1489. Museo Nacional de Polonia, Cracovia.

    En el Corán, el libro sagrado del Islam, la vida del profeta Moisés (Mûsâ ibn 'Imran, en árabe: ٰمُوسَى) se cita más que la de cualquier otro profeta (nabi) reconocido por los musulmanes ya que, junto con Abraham, es considerado uno de los profetas más importantes del monoteísmo previo a Mahoma.[117] El libro destaca que Moisés es una figura principalmente monoteísta y establece pocas diferencias en relación con la creencia tanto de hebreos como de cristianos; afirma que Dios (en árabe Alá) le reveló el libro sagrado (la Tawrat, en árabe: توراة, forma del hebreo Torá) y numerosos relatos de la Biblia relacionados con Moisés se hallan incorporados al texto coránico.[nota 12]

    Los musulmanes veneran el sepulcro de Moisés, al que denominan «Maqam El-Nabi Musa», que se encuentra en el territorio de Palestina, unos ocho kilómetros al sur de Jericó, en el camino a Jerusalén.[119][120]

    Iconografía

    En la Historia del Arte, la figura de Moisés es frecuente tanto en el arte judío como en el cristiano; generalmente es representado como profeta con las Tablas de la Ley como principal atributo. Suele figurar como un hombre ya maduro, barbudo, portando una túnica hebrea y una vara o báculo en su mano. En imágenes que conciernen a la juventud de Moisés se lo representa con los atributos de un príncipe egipcio.[nota 13]

    Otro atributo singular de Moisés es la luminosidad que emerge de la piel de su rostro y que tiene su referente último en el texto bíblico, donde este concepto encuentra expresión mediante el haz de luz que hacía que resplandeciera el rostro de Moisés luego de haber estado este en presencia del Creador. En términos visuales ello es a menudo expresado mediante dos haces de luz que parten desde la frente del hombre que se ha vuelto profeta.

    La presencia de cuernos (en vez del empleo de un haz de luz) en el caso de las imágenes que involucran a Moisés se debe a un error de interpretación al traducirse la Biblia del hebreo al latín: la antigua expresión hebrea keren or (קָרַ֛ן עֹ֥ור),[122] que se refiere al estado replandeciente del rostro de Moisés, fue interpretada por Jerónimo de Estridón equivocadamente como «cuernos» e incluida como tal en la Vulgata;[nota 14] ello dio lugar a un Moisés con cuernos en varias imágenes eclesiásticas del período gótico tardío, entre los siglos xiv a xvi.[nota 15] No obstante, ello fue en su momento notado por la Iglesia y los cuernos en cuestión fueron a partir de entonces reemplazados por formas visualmente comparables a rayos de luz que en términos unívocos expresan la resplandecencia del rostro de Moisés.[nota 16]

    En el celebérrimo caso del Moisés de Miguel Ángel, el artista florentino recurrió a un par de cuernos no por ignorancia o falta de información, sino porque deseaba expresar la noción de que Moisés, luego de su encuentro con el Creador, se había transformado y ya no era meramente un hombre, sino un ser prácticamente sobrenatural debido al extraordinario papel que le tocaba desempeñar ante Dios.[nota 17]

    En la imaginería cristiana, tanto católica como ortodoxa, cuando se expresa la noción de santidad, Moisés puede a veces presentar una aureola en aquellas representaciones icónicas que le son propias.

    Historicidad

    Evidencia histórica

    El consenso académico indica que Moisés y el Éxodo tal y como los describe la Biblia son míticos,[126] si bien una mayoría de eruditos acepta la existencia de un núcleo histórico en la narrativa.[29] En esta línea, varios eruditos han propuesto un relativamente pequeño grupo de personas de origen egipcio que se habrían unido a los antiguos israelitas, haciendo que la memoria histórica de su «éxodo» se extendiese a todo Israel en su conjunto,[127] y a quienes William G. Dever identifica cautamente con la Casa de José,[128][nota 18] mientras que Richard E. Friedman los identifica con la Tribu de Leví.[129]

    Las referencias extrabíblicas sobre Moisés datan de muchos siglos después de la época en la que supuestamente vivió. Se desconoce si se basan únicamente en la tradición judía o si también han tomado aspectos de otras fuentes. Algunos autores judíos como Flavio Josefo y Filón de Alejandría o griegos como Diodoro Sículo señalan que es nombrado por autores como Hecateo de Abdera, Alejandro Polyhistor, Manetón, Apión y Queremón de Alejandría; sin embargo, las obras de estos escritores se han perdido y solo sobreviven en citas. De ellos, el más notable es Manetón, un cronista y sacerdote egipcio helenizado del siglo iii a. C., quien nombra a Moisés en su obra sobre la historia de Egipto (Aigyptiaca), la cual solo se conserva en citas de autores judíos y cristianos. Manetón dice, según las citas, que Moisés no era judío, sino un sacerdote egipcio de nombre Osarsef.[nota 19] Este sacerdote era un rebelde que condujo un ejército de leprosos contra el faraón Amenofis (no se indica cuál de ellos) en complicidad con los hicsos. Victoriosos al principio, fueron derrotados por Amenofis, quien los expulsó de Egipto; después de ello Osarsef cambió su nombre a Moisés y los leprosos fundaron la ciudad de Jerusalén.[131] El relato de Manetón fue parcialmente aceptado en el siglo XIX y principios del XX por algunos autores como Schuré o Freud, quienes veían en él un recuerdo deformado del personaje histórico.[132] Actualmente se acepta que es en parte un libelo antijudío y en parte un cuento popular sobre la época de los hicsos y el período de Amarna.[133]

    A la luz de lo descubierto sobre la historia y cultura egipcias, numerosos investigadores del siglo XX, como Kitchen, Noth y Albright, entre otros, han sugerido un trasfondo auténtico en el personaje.[134][135][136] El principal argumento es que Moisés, al contrario de lo que dice la Biblia, es un nombre de origen egipcio que significa «hijo» (aparece como mosis, moses o més en las transcripciones; por ejemplo Tutmosis, hijo de Toth, o Ramsés, hijo de Ra). Además, algunas leyes y costumbres rituales contenidas en la obra atribuida a Moisés, como el Arca de la Alianza, podrían rastrearse a mitos y ritos egipcios. Por otra parte, otros elementos, en especial el relato de su abandono en una cesta colocada en el río, se vinculaban con la leyenda mesopotámica de Sargón de Acad,[137] que sería su fuente, y se comparaban con relatos similares en otros mitos sobre el origen del héroe, en especial el de Edipo.

    Esta interpretación, corriente a mediados del siglo XX, fue sustituida por otra que, a la luz de los avances en arqueología, crítica bíblica e historia, ponía en entredicho la propia existencia de Moisés o lo reducía a un nombre del pasado de Israel, acerca del cual poco podía decirse.[138] En la actualidad, quienes sostienen la existencia de un núcleo histórico en la narrativa apelan como evidencia a favor los documentados movimientos de pequeños grupos de antiguos semíticos hacia y desde Egipto durante las Dinastías XVIII y XIX, algunos elementos del folclore y la cultura egipcia en la narrativa del Éxodo,[139][140] y los nombres de Moisés, Aarón, Fineas y otros, que parecen tener un origen egipcio.[141]

    Por otra parte, la corriente del minimalismo bíblico, sobre todo las obras de Philip R. Davies, Niels Peter Lemche y el arqueólogo Israel Finkelstein, considera que todos los libros de la Biblia, especialmente la historia del Éxodo, la Conquista y los reinados de Saúl, David y Salomón, fueron compuestos en un período tardío (entre la conquista asiria y el dominio persa) sobre la base de viejas leyendas alteradas para legitimar las reformas religiosas de la época.[142][143]

    Si bien ciertos documentales, como El Éxodo descodificado, de Simcha Jacobovici y James Cameron, insisten en darle credibilidad literal al relato del Éxodo, e incluso pretenden descubrir que Amosis I corresponde al faraón aludido en la Biblia,[144] tales afirmaciones son consideradas enteramente infundadas y construidas sobre la base de falacias por la comunidad científica.[145][146][147]

    Diferentes opiniones

    Moisés y la zarza ardiente. Pintura de la sinagoga de Dura-Europos, siglo III d. C.

    Los estudiosos tienen opiniones diferentes sobre la historicidad de Moisés.[148][149] Por ejemplo, según William G. Dever, el consenso académico moderno es que el personaje bíblico de Moisés es en gran medida mítico, aunque también sostiene que «una figura parecida a Moisés pudo haber existido en algún lugar del sur de Transjordania» a mediados o finales del siglo XIII a. C., y que «la arqueología no puede hacer nada» para probar o refutar ninguna de las dos hipótesis.[149][18] Según Solomon Nigosian, hay tres opiniones predominantes entre los estudiosos de la Biblia: una es que Moisés no es una figura histórica, otra se esfuerza por afianzar el papel decisivo que desempeñó en la religión israelita, y una tercera sostiene que hay elementos tanto históricos como legendarios, por lo que «estas cuestiones son objeto de acalorados debates sin resolver entre los estudiosos». [148] Según Brian Britt, existe una división entre los estudiosos a la hora de debatir cuestiones sobre Moisés que amenaza con llegar a un punto muerto.[150] Según el comentario oficial de la Torá para el judaísmo conservador, es irrelevante si el Moisés histórico existió, y lo llama «el héroe folclórico y nacional».[151][152]

    Jan Assmann sostiene que no se puede saber si Moisés existió realmente, ya que no hay rastros de él fuera de la tradición. [153] Aunque los nombres de Moisés y otros personajes de las narraciones bíblicas son egipcios y contienen elementos genuinamente egipcios, ninguna fuente extra bíblica apunta claramente a Moisés. [154][155][20] No hay referencias a Moisés en ninguna fuente egipcia anterior al siglo IV a. C., mucho después de la fecha en que se cree que vivió. Ninguna fuente egipcia contemporánea menciona a Moisés ni los acontecimientos del Éxodo-Deuteronomio, ni se ha descubierto ninguna prueba arqueológica en Egipto o en el desierto del Sinaí que respalde la historia en la que él es la figura central.[156] David Adams Leeming afirma que Moisés es un héroe mítico y la figura central de la mitología hebrea. [157] La Oxford Companion to the Bible afirma que la historicidad de Moisés es la suposición más razonable (aunque no imparcial) que se puede hacer sobre él, ya que su ausencia dejaría un vacío que no se puede explicar. [158] «Oxford Biblical Studies» afirma que, aunque pocos estudiosos modernos están dispuestos a apoyar la visión tradicional de que Moisés escribió los cinco libros de la Torá, hay quienes consideran que el liderazgo de Moisés está demasiado arraigado en la memoria colectiva de Israel como para ser descartado como ficción piadosa.[20]

    La historia del descubrimiento de Moisés sigue un motivo familiar en los relatos mitológicos del antiguo Oriente Próximo sobre el gobernante que se eleva desde orígenes humildes.[159][160] Por ejemplo, en el relato del origen de Sargón de Akkad (siglo XXIII a. C.):

    Mi madre, la suma sacerdotisa, concibió; en secreto me dio a luz

    Me colocó en una cesta de juncos, selló la tapa con betún

    Me arrojó al río, que me cubrió.[161]

    La historia de Moisés, al igual que las de los demás patriarcas, probablemente tuvo una importante prehistoria oral. [162] Se le menciona en el Libro de Jeremías[163] y en el Libro de Isaías.[164] La primera mención que se hace de él es vaga, en el Libro de Oseas,[165] y su nombre es aparentemente antiguo, ya que la tradición que se encuentra en el Éxodo le da una etimología popular. [34][39] No obstante, la Torá se completó combinando textos tradicionales más antiguos con otros recién escritos.[166]

    Jean-Louis Ska sostiene que textos como Isaías 63:16 y Ezequiel 33:23–29, escritos durante el exilio (es decir, en la primera mitad del siglo VI a. C.), dan testimonio de la tensión entre el pueblo de Judá y los judíos que regresaron después del exilio (los «gôlâ»). Mientras que los judíos que habían vivido continuamente en la tierra basaban su reclamo sobre ella en su descendencia de Abraham, los textos escritos por los exiliados llaman a Dios el verdadero padre de Israel y consideran el Éxodo bajo Moisés como el verdadero punto de partida de la historia de Israel.[167]

    Moisés matando a un egipcio, representación de principios del siglo XV

    Una teoría desarrollada por Cornelis Petrus Tiele en 1872, que ha resultado influyente, sostenía que Yahvé era un dios midianita, introducido a los israelitas por Moisés, cuyo suegro Jetró era un sacerdote midianita. [168] Fue a ese Moisés a quien Yahvé reveló su verdadero nombre, oculto a los Patriarcas, que solo lo conocían como El Shaddai.[169] En contra de esta opinión, existe el consenso moderno de que la mayoría de los israelitas eran nativos de Palestina. [170][171][172][173] Martin Noth argumentó que el Pentateuco utiliza la figura de Moisés, originalmente vinculada a las leyendas de la conquista de Transjordania, como un paréntesis narrativo o un recurso redaccional tardío para unir cuatro de los cinco temas, originalmente independientes, de esa obra. [174][175] Manfred Görg[176] y Rolf Krauss,[177] este último de una manera algo sensacionalista,[178] han sugerido que la historia de Moisés es una distorsión o transformación del faraón histórico Amenmose (c. 1200 a. C.), que fue destituido de su cargo y cuyo nombre se simplificó posteriormente a msy (Mose). Aidan Dodson considera esta hipótesis «intrigante, pero imposible de demostrar».[179] Rudolf Smend sostiene que los dos detalles sobre Moisés que más probablemente sean históricos son su nombre, de origen egipcio, y su matrimonio con una mujer madianita, detalles que parecen poco probables que hayan sido inventados por los israelitas; en opinión de Smend, todos los demás detalles que se dan en la narración bíblica están demasiado cargados de misticismo como para ser considerados datos precisos.[180]

    El nombre Rey Mesha de Moab se ha relacionado con el de Moisés. Mesha también se asocia con narraciones de un éxodo y una conquista, y varios motivos de las historias sobre él se comparten con el relato del Éxodo y el de la guerra de Israel con Moab (2 Reyes 3). Moab se rebela contra la opresión, al igual que Moisés, y conduce a su pueblo fuera de Israel, como Moisés lo hace desde Egipto, y su hijo primogénito es asesinado en la muralla de Kir-hareseth, al igual que los primogénitos de Israel son condenados a la muerte en la historia del Éxodo, en lo que el teólogo calvinista Peter Leithart describió como «una Pascua infernal que libera a Mesha mientras la ira arde contra sus enemigos».[181]

    Otras figuras egipcias que se han postulado como candidatos para una figura histórica similar a Moisés incluyen a los príncipes Ahmose-anj y Ramose, que eran hijos del faraón Amosis I, o una figura asociada con la familia del faraón Tutmosis III.[182][183] Israel Knohl ha propuesto identificar a Moisés con Irsu, un Shasu que, según el Papiro Harris I y la Estela de Elefantina, tomó el poder en Egipto con el apoyo de los «asiáticos» (pueblo del Levante) tras la muerte de la reina Tausert; tras llegar al poder, Irsu y sus partidarios alteraron los rituales egipcios, «tratando a los dioses como al pueblo» y deteniendo las ofrendas a las deidades egipcias. Finalmente fueron derrotados y expulsados por el nuevo faraón Sethnajt y, mientras huían, abandonaron grandes cantidades de oro y plata que habían robado de los templos. [184]

    Osarseph

    Una versión egipcia del relato que se cruza con la historia de Moisés se encuentra en Manetón, quien, según el resumen de Josefo, escribió que un tal Osarseph, un sacerdote heliopolitano, se convirtió en supervisor de una banda de leprosos, cuando Amenofis, siguiendo las indicaciones de Amenhotep (hijo de Hapu), puso en cuarentena a todos los leprosos de Egipto con el fin de purificar la tierra para poder ver a los dioses. Los leprosos son reunidos en Avaris, la antigua capital de los hicsos, donde Osarseph les prescribe todo lo que está prohibido en Egipto, al tiempo que prohíbe todo lo que está permitido en Egipto. Invitan a los hicsos a volver a invadir Egipto, gobiernan con ellos durante 13 años —Osarseph adopta entonces el nombre de Moisés— y luego son expulsados. [185]

    Cuestiones cronológicas

    En cuanto a la época de Moisés, el problema se vincula al del Éxodo, para cuya datación existen diferentes hipótesis, pero ninguna prueba histórica que lo confirme:

    • En el siglo XVI a. C., hacia el final la era de los hicsos, hipótesis que se relaciona con el relato de Manetón.
    • Alrededor de 1420 a. C., con las primeras incursiones de los habiru en Canaán. Richard Darlow lo identifica con el príncipe Ramose, quien es mencionado en documentos egipcios alrededor de la época de Hatshepsut.[186]
    • Durante el siglo xiii a. C., pues el faraón durante la mayoría de ese tiempo fue Ramsés II, el cual se considera habitualmente que fue el faraón con el cual se tuvo que enfrentar Moisés –conocido como «el faraón del Éxodo» o «el faraón opresor»—, de quien se dice haber obligado a los hebreos a construir las ciudades de Pithom y Ramesés. Estas ciudades se conocen por haber sido construidas bajo Seti I y Ramsés II, haciendo a su sucesor Merenptah el posible «faraón del Éxodo». Sin embargo, en la estela de Merenptah del quinto año del citado faraón (1208 a. C.) se narra que «Israel está acabado, no queda ni la semilla».
    • Una hipótesis muy difundida en el siglo XX (hoy desacreditada por la investigación científica [cita requerida]) afirmaba que Moisés era un noble de la corte del faraón Akenatón. Esta idea fue defendida por Sigmund Freud y, con variantes, por Joseph Campbell, quienes sugirieron que Moisés pudo haber abandonado Egipto tras la muerte de Akenatón (1358 a. C.), cuando las reformas monoteístas del faraón fueron rechazadas violentamente.[187] En conexión con esta idea, las contemporáneas Cartas de Amarna,[188] escritas por los nobles para Akenatón, describen bandas asaltantes de habirus atacando territorios egipcios.[189]

    Moisés en la literatura helenística

    Memorial de Moisés, Monte Nebo, Jordania

    Los escritos no bíblicos sobre los judíos, con referencias al papel de Moisés, aparecen por primera vez a principios del período helenístico, desde el 323 a. C. hasta aproximadamente el 146 a. C. Shmuel señala que «una característica de esta literatura es el gran honor con el que trata a los pueblos de Oriente en general y a algunos grupos específicos entre estos pueblos».[190]

    Además de los historiadores judeorromanos o judeohelenísticos Artapano, Eupolemo, Josefo y Filón, algunos historiadores no judíos, entre ellos Hecateo de Abdera (citado por Diodoro Sículo), Alejandro Polihistor, Manetón, Apión, Queremón de Alejandría, Tácito y Porfirio también hacen referencia a él. Se desconoce en qué medida estos relatos se basan en fuentes anteriores.[191] Moisés también aparece en otros textos religiosos, como la Mishná (h. 200 d. C.) y el Midrash (200-1200 d. C.). [192]

    La figura de Osarseph en la historiografía helenística es la de un sacerdote egipcio renegado que lidera un ejército de leprosos contra el faraón y finalmente es expulsado de Egipto, cambiando su nombre por el de Moisés. [193]

    Hecateo

    La primera referencia a Moisés en la literatura griega aparece en la historia egipcia de Hecateo de Abdera (siglo IV a. C.). Todo lo que queda de su descripción de Moisés son dos referencias hechas por Diodoro Sículo, en las que, según escribe el historiador Arthur Droge, «describe a Moisés como un líder sabio y valiente que abandonó Egipto y colonizó Judea».[194] Entre los muchos logros descritos por Hecateo, Moisés había fundado ciudades, establecido un templo y un culto religioso, y promulgado leyes:

    Tras el establecimiento de la vida sedentaria en Egipto en la antigüedad, que tuvo lugar, según el relato mítico, en la época de los dioses y los héroes, el primero... en persuadir a las multitudes para que utilizaran leyes escritas fue Mneves, un hombre no solo grande de alma, sino también, en su vida, el más público de todos los legisladores cuyos nombres se han conservado. [195]

    Droge también señala que esta afirmación de Hecateo era similar a las afirmaciones realizadas posteriormente por Eupolemo.[196]

    Artapano

    Representación de Moisés en la Menorá de la Knéset levantando los brazos durante la batalla contra los amalecitas

    El historiador judío Artapano de Alejandría (siglo II a. C.) retrató a Moisés como un héroe cultural, ajeno a la corte faraónica. Según el teólogo John Barclay, el Moisés de Artapano «lleva claramente el destino de los judíos y, con su esplendor personal, cultural y militar, da prestigio a todo el pueblo judío».[197]

    Los celos por las excelentes cualidades de Moisés indujeron a Chenephres a enviarlo con tropas inexpertas a una expedición militar a Etiopía, donde obtuvo grandes victorias. Después de construir la ciudad de Hermópolis, enseñó al pueblo el valor del ibis como protección contra las serpientes, convirtiendo al ave en el espíritu guardián sagrado de la ciudad; luego introdujo la circuncisión. Tras su regreso a Menfis, Moisés enseñó al pueblo el valor de los bueyes para la agricultura, y la consagración de los mismos por parte de Moisés dio lugar al culto de Apis. Finalmente, tras escapar de otra conspiración matando al agresor enviado por el rey, Moisés huyó a Arabia, donde se casó con la hija de Jetró, el gobernante del distrito.[198]

    Artapano relata cómo Moisés regresa a Egipto con Aarón y es encarcelado, pero escapa milagrosamente gracias al nombre de YHWH para liderar el Éxodo. Este relato atestigua además que todos los templos egipcios de Isis contenían a partir de entonces una vara, en recuerdo de la utilizada para los milagros de Moisés. Describe a Moisés como un hombre de 80 años, «alto y rubicundo, con largo cabello blanco y digno».[199]

    Sin embargo, algunos historiadores señalan la «naturaleza apologética de gran parte de la obra de Artapano»,[200] con su adición de detalles extra bíblicos, como sus referencias a Jetro: el no judío Jetro expresa su admiración por la gallardía de Moisés al ayudar a sus hijas y decide adoptar a Moisés como su hijo. [201]

    Estrabón

    Moisés defiende a las hijas de Jetro por Rosso Fiorentino, c. 1523-1524

    Estrabón, historiador, geógrafo y filósofo griego, en su obra Geographica (h. 24 d. C.), escribió detalladamente sobre Moisés, a quien consideraba un egipcio que deploraba la situación de su patria y que, por ello, atrajo a muchos seguidores que respetaban a la deidad. Escribe, por ejemplo, que Moisés se oponía a representar a la deidad en forma de hombre o animal y estaba convencido de que la deidad era una entidad que lo abarcaba todo, la tierra y el mar:[202]

    35. Un sacerdote egipcio llamado Moisés, que poseía una parte del país llamada Bajo Egipto, insatisfecho con las instituciones establecidas allí, lo abandonó y se trasladó a Judea con un gran grupo de personas que adoraban a la Divinidad. Declaró y enseñó que los egipcios y los africanos tenían sentimientos erróneos al representar a la divinidad con la apariencia de bestias salvajes y ganado del campo; que los griegos también estaban equivocados al hacer imágenes de sus dioses con forma humana. Porque Dios [dijo él] puede ser esta única cosa que nos abarca a todos, tierra y mar, que llamamos cielo, o universo, o naturaleza de las cosas...
    36. Con esta doctrina, Moisés convenció a un gran grupo de personas sensatas para que lo acompañaran al lugar donde ahora se encuentra Jerusalén.[203]

    En los escritos de Estrabón sobre la historia del judaísmo tal y como él la entendía, describe varias etapas en su desarrollo: desde la primera etapa, que incluye a Moisés y sus herederos directos, hasta la etapa final, en la que «el Templo de Jerusalén seguía rodeado de un aura de santidad». La «apreciación positiva e inequívoca de Estrabón sobre la personalidad de Moisés es una de las más comprensivas de toda la literatura antigua». [204] Se dice que su descripción de Moisés es similar a la de Hecateo, quien «describió a Moisés como un hombre que destacaba por su sabiduría y valentía».[204]

    El egiptólogo Jan Assmann concluye que Estrabón fue el historiador «que más se acercó a una construcción de la religión de Moisés como monoteísta y como una contrarreligión pronunciada». Reconocía «un único ser divino al que ninguna imagen puede representar... [y] la única forma de acercarse a este dios es vivir con virtud y justicia».[205]

    Tácito

    El historiador romano Tácito (h. 56-120 d. C.) se refiere a Moisés señalando que la religión judía era monoteísta y carecía de una imagen clara. Su obra principal, en la que describe la filosofía judía, es su Historias (c. 100), donde, según el traductor y dramaturgo irlandés del siglo XVIII Arthur Murphy, como resultado del culto judío a un solo Dios, «[ la mitología pagana cayó en el desprecio».[206] Tácito afirma que, a pesar de las diversas opiniones existentes en su época sobre la etnia judía, la mayoría de sus fuentes coinciden en que hubo un éxodo de Egipto. Según su relato, el faraón Bakenrenef, que padecía la peste, expulsó a los judíos en respuesta a un oráculo del dios Zeus-Amón.

    Así se reunió una multitud heterogénea que fue abandonada en el desierto. Mientras todos los demás marginados se lamentaban ociosamente, uno de ellos, llamado Moisés, les aconsejó que no buscaran ayuda en los dioses ni en los hombres, ya que ambos los habían abandonado, sino que confiaran más bien en sí mismos y aceptaran como divina la guía del primer ser, con cuya ayuda saldrían de su difícil situación actual. [207]

    En esta versión, Moisés y los judíos vagan por el desierto solo durante seis días y conquistan la Tierra Santa al séptimo. [207]

    Longino

    Moisés levanta la serpiente de bronce, curando a los israelitas de las mordeduras de serpientes venenosas en «La serpiente de bronce», un cuadro de 1790 pintado por Benjamin West.

    La Septuaginta, la versión griega de la Biblia hebrea, impresionó al autor pagano del famoso libro clásico de crítica literaria, De lo sublime, tradicionalmente atribuido a Longino. Se desconoce la fecha de composición, pero se suele situar a finales del siglo I d. C. [208]

    El autor cita el Génesis en un «estilo que presenta la naturaleza de la deidad de una manera adecuada a su ser puro y grandioso», pero no menciona a Moisés por su nombre, llamándolo «no un hombre fortuito» (οὐχ ὁ τυχὼν ἀνήρ) sino «el Legislador» ( θεσμοθέτης, Arconte), un término que lo equipara a Licurgo y Minos. [209] Aparte de una referencia a Cicerón, Moisés es el único escritor no griego citado en la obra; contextualmente, se le pone a la altura de Homero, [201] y se le describe «con mucha más admiración que incluso a los escritores griegos que trataban a Moisés con respeto, como Hecateo y Estrabón».[210]

    Josefo

    En la obra Antigüedades judías, de Josefo (37-100 d. C. aprox.), se menciona a Moisés a lo largo de todo el texto. Por ejemplo, en el libro VIII, capítulo IV, se describe el Templo de Salomón, también conocido como el Primer Templo, en el momento en que el Arca de la Alianza fue trasladada por primera vez al templo recién construido:

    Cuando el rey Salomón terminó estas obras, estos grandes y hermosos edificios, y depositó sus donaciones en el templo, y todo esto en un intervalo de siete años, y dio una demostración de su riqueza y presteza en él; ... también escribió a los gobernantes y ancianos de los hebreos, y ordenó a todo el pueblo que se reuniera en Jerusalén, tanto para ver el templo que había construido como para trasladar el arca de Dios a él; y cuando esta invitación a todo el pueblo para que acudiera a Jerusalén se difundió por todas partes, ... La Fiesta de los Tabernáculos coincidió con ese momento, que los hebreos celebraban como una fiesta muy santa y eminente. Así que llevaron el arca y el tabernáculo que Moisés había levantado, y todos los utensilios que servían para el sacrificio a Dios, y los trasladaron al templo. ... Ahora bien, el arca no contenía nada más que las dos tablas de piedra que conservaban los diez mandamientos, que Dios le había dado a Moisés en el monte Sinaí y que estaban grabados en ellas...[211]

    Según Feldman, Josefo también concede especial importancia a que Moisés poseyera las «virtudes cardinales de la sabiduría, el valor, la templanza y la justicia». También incluye la piedad como una quinta virtud añadida. Además, «destaca la disposición de Moisés a someterse al trabajo duro y su cuidadosa evitación del soborno. Al igual que el filósofo-rey de Platón, Moisés destaca como educador».[212]

    Numenio

    Numenio de Apamea, filósofo griego natural de Apamea, en Siria, escribió durante la segunda mitad del siglo II d. C. El historiador Kenneth Guthrie escribe que «Numenius es quizás el único filósofo griego reconocido que estudió explícitamente a Moisés, los profetas y la vida de Jesús».[213] Describe sus antecedentes:

    Númenio era un hombre de mundo; no se limitaba a los misterios griegos y egipcios, sino que hablaba con familiaridad de los mitos de los brahmanes y los magos. Sin embargo, fue su conocimiento y uso de las escrituras hebreas lo que lo distinguió de otros filósofos griegos. Se refiere a Moisés simplemente como «el profeta», exactamente igual que para él Homero es el poeta. Platón es descrito como un Moisés griego.[214]

    Justino Mártir

    El santo cristiano y filósofo religioso Justino Mártir (103-165 d. C.) llegó a la misma conclusión que Numenio, según otros expertos. El teólogo Paul Blackham señala que Justino consideraba a Moisés «más digno de confianza, profundo y veraz porque es «más antiguo» que los filósofos griegos».[215] Lo cita así:

    Comenzaré, pues, con nuestro primer profeta y legislador, Moisés... para que sepáis que, de todos vuestros maestros, ya sean sabios, poetas, historiadores, filósofos o legisladores, el más antiguo, como nos muestran las historias griegas, fue Moisés, nuestro primer maestro religioso.[215]

    Moisés en cine y televisión

    Cine

    Televisión

    Películas para televisión

    • 1959 - The Ten Commandments (Estados Unidos)[219]
    • 1995 - Moses / Moisés (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, España, Alemania, República Checa)[220]
    • 1997 - The Ten Commandments (Estados Unidos) (película animada)[221]

    Series de televisión

    Véase también

    Notas

    1. El jeroglífico egipcio es canónico expresa el término en cuestión recurriendo a la contracción del mismo; los nombres egipcios originales frecuentemente solían involucrar la contracción.[31]
    2. Se considera, pues, que Moisés es la segunda parte de un nombre compuesto, del cual se ha hecho desaparecer el nombre divino; sin embargo, hay testimonios del nombre egipcio Mss, transcripto como Mesu en las obras de egiptología, por lo cual puede considerarse que Moisés es, en su forma corta, también un nombre egipcio.
    3. En principio, Moisés no sería faraón de Egipto dado que no era hijo natural de la princesa egipcia y, por otra parte, era el más joven de los dos príncipes egipcios.[74]
    4. Según la tradición oral hebrea recopilada en la Mishná, cuando tenía tres años, Moisés estaba en cierta oportunidad sentado junto a la familia del faraón y sus ministros. Moisés bajó del regazo de Bitia, caminó hacia el faraón, tomó su corona y la colocó sobre su propia cabeza. El consejero del faraón exclamó que se trataba de una acción profética y que Moisés le arrebataría el trono. Por tal motivo, otro ministro sugirió llevar a cabo una prueba adicional: colocar enfrente del pequeño un diamante y un trozo de carbón ardiendo para observar la posible astucia del niño. Moisés no sólo agarró el carbón ardiente, sino que además se lo llevó a su boca, quemándose así los labios, la lengua y la cavidad bucal. Ello le dificultó desde entonces el habla (característica también mencionada luego en el texto bíblico, Éxodo 4:10). Por tal motivo, la tradición oral hebrea determina que el pueblo israelita, a sabiendas de la incapacidad de Moisés para la expresarse oralmente, comprendió que su líder solo podía dirigirse a ellos por la voluntad divina.
    5. Hacia el siglo iv d. C. y durante la Edad Media, el monte Horeb fue identificado con el monte Sinaí.
    6. Las plagas sobre los egipcios son enumeradas en la Hagadá que los israelitas leen cuando celebran el Séder de Pésaj durante la Pascua judía.
    7. Según la Enciclopedia Judía, las plagas que cubrieron el país africano crearon tal pavor entre los egipcios que ellos mismos terminaron solicitándoles a los hebreos que se fueran.[87]
    8. En la imagen, Moisés hace brotar agua de la fuente en el monte Horeb. Aguafuerte y buril a partir de pintura homónima de Murillo preservada en el Hospital de la Caridad en Sevilla.
    9. Según la tradición bíblica, Moisés subió a dicho monte a recibir las Tablas de la Ley. Estuvo en Sinaí durante cuarenta días, hasta que recibió de Dios, ya sea de hecho o bien por inspiración divina, dos tablas de piedra escritas con su dedo.[103]
    10. Aunque parezca existir una contradicción con Éxodo 20, el texto bíblico de este último pasaje indica simplemente que Dios habló dichas palabras a Moisés.
    11. Apis, sagrado toro de los antiguos egipcios, era uno de sus tantos dioses y respondía a la noción de fertilidad en la mitología egipcia.
    12. Entre las secciones figuran: los atributos de Moisés, sus profecías y milagros, la Torá, la relación entre Moisés y Faraón, la matanza del capataz egipcio, Midián, el viaje hacia la Tierra Prometida, incluyendo, entre otros, el diálogo entre Dios y Moisés y las características de los israelitas; existen además un punto de vista islámico respecto a Moisés, Versos Coránicos sobre Moisés, una Narración Detallada sobre Moisés y Aarón por Ibn Kathir.
    13. Ejemplo de ello es una estampa titulada Ej joven Moisés (Der junge Mose) realizada por Ephraim Moses Lilien para los Libros de la Biblia publicados en Alemania en 1908.[121]
    14. Éxodo (34:29-30) y Vulgata (34:35):
      29 "et ignorabat quod cornuta esset facies sua ex consortio sermonis Dei"
      30 "videntes autem Aaron et filii Israhel cornutam Mosi faciem timuerunt prope accedere"
      35 "qui videbant faciem egredientis Mosi esse cornutam sed operiebat rursus ille faciem suam si quando loquebatur ad eos"[123]
    15. Presentando a Moisés como un santo con cuernos, problemática como imagen es un busto de madera policroma en la Iglesia de San Gergorio en Baden-Wurtemberg. Históricamente, situaciones análogas ya eran conocidas en el marco de la Iglesia (institución), siendo tanto o más problemáticas las imágenes de la Santísima Trinidad en términos de tres rostros agrupados en una misma cabeza, que en su momento también inquietaron profundamente a los creyentes católicos, pero continuaron siendo representadas como tal e intentando de ese modo dar expresión visual al Dogma de la Santísima Trinidad por lo menos hasta el siglo xvii. La imagen del siglo xvi, realizada por Jerónimo Cosida, fue realizada en tiempos del Renacimiento ya avanzado e incluye un diagrama del "Escudo de la Trinidad"; es preservada en el Monasterio de Santa María de la Caridad en Tulebras, Navarra, España; las características enunciadas reaparecen en la Trinidad ejecutada por Gregorio Vasquez de Arce y Ceballos en 1680, exhibida en el Museo Nacional de Colombia, Bogotá.
    16. En el siglo XII eventualmente se emplearon además imágenes donde un velo cubre la resplandecencia del rostro de Moisés.[124]
    17. Debido a que el rostro del Moisés de Miguel Ángel fue declaradamente inspirado por el aquél del principal representante de Dios en la tierra y vicario de Cristo dentro del marco de la Iglesia Católica, papa Julio II, difícilmente pueda nadie imputarle a Miguel Ángel, artista erudito, sensible y sobre todo profundamente creyente, el haber intentado representar a Moisés como si fuese el diablo. Basta con contemplar las épicas configuraciones que Miguel Ángel ha formulado subrayando la dignidad y el ejemplo de los profetas hebreos tanto a través del carácter monumental de sus figuras en el cielorraso de la Capilla Sixtina como en el ideal que hasta hoy constituye su David preservado en la Academia de Florencia, para dispar toda posible duda respecto a la integridad de aquél al quien sus compatriotas no por casualidad apodaban "divino".[125]
    18. El término "Casa de José" denota al conjunto de las dos tribus israelitas nombradas a partir de los dos hijos del patriarca José y Asenat, estas son, las tribus de Efraín y Manasés.
    19. El nombre de "Osarsef" es un producto de la convergencia de los nombres de Osiris y José (Yoséf, en hebreo), donde el teofórico judío Yeho- es sustituido por el egipcio Osir-.[130]
    1. San Agustín registra los nombres de los reyes que reinaban cuando nació Moisés en la Ciudad de Dios:

    Referencias

    Bibliografía

    Enlaces externos

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