Norueguización

From Wikipedia, the free encyclopedia

La norueguización de los samis (en idioma noruego: fornorsking av samer) fue una política oficial del gobierno de Noruega dirigida al pueblo sami, al pueblo kven y a los finlandeses del bosque, cuyo objetivo era asimilar a estas poblaciones no noruegas en una población noruega étnica y culturalmente uniforme.[1] En sentido amplio, el proceso de asimilación comenzó en el siglo xviii con motivaciones religiosas, pero a lo largo del siglo xix adoptó un carácter cada vez más socialdarwinista y nacionalista, en el que la cultura sami era considerada primitiva y necesitada de civilización. En sentido estricto, el término «norueguización» (fornorsking) designa la política de asimilación activa aprobada a partir de 1851 y aplicada en distintos ámbitos hasta la década de 1980.[2]

Samis en Härjedalen, Suecia. La norueguización afectó profundamente a las comunidades samis del norte de Noruega.

El proceso fue impulsado mediante la Iglesia de Noruega (Den norske kirke), iglesia protestante luterana que fue religión oficial del Estado desde la Reforma de 1537 hasta 2012 —período durante el cual el catolicismo estuvo prohibido en Noruega hasta 1845 y la Iglesia luterana ejerció un monopolio casi total sobre la vida religiosa del país—, el sistema escolar, la política de tierras y una serie de instrumentos administrativos. Tras la Segunda Guerra Mundial, el argumento racial perdió fuerza ideológica, pero la asimilación continuó bajo la justificación del bienestar social y la modernización. La oposición sami fue creciendo a lo largo del siglo xx y culminó con la controversia de Alta (1979-1981) y la creación del Parlamento Sámi de Noruega en 1989. En 1997, el rey Harald V reconoció formalmente las injusticias cometidas y pidió disculpas en nombre del Estado noruego.[3] En 1997, el Sínodo General de la Iglesia de Noruega reconoció oficialmente que la iglesia «se dejó utilizar por las autoridades noruegas en una política de norueguización que consideraba la cultura sami como inferior».[4] En 2023, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación presentó al parlamento de Noruega su informe final sobre las consecuencias de la norueguización.[1]

Académicos como la jurista sami Láilá Susanne Vars y el psicólogo Stephen James Minton han calificado la norueguización como un genocidio cultural.[5][6] Ya en 1923, el filólogo noruego Torleiv Hannaas utilizó el término folkemord —posteriormente adoptado como la traducción oficial noruega de «genocidio»— para describir los efectos de la política escolar y lingüística noruega sobre los samis.[7]

En la Edad Media, la Iglesia llevó a cabo labor misionera en las zonas samis, inicialmente en las áreas costeras y los fiordos donde se asentaba una población noruega creciente.[8] Los misioneros decidieron desde un principio que debían predicar a los samis en su lengua materna, y a partir de la década de 1630 se tradujeron materiales religiosos a las lenguas samis.

El período más intenso de actividad misionera tuvo lugar entre 1650 y 1750, organizado por el Estado dano-noruego y liderado por el sacerdote Thomas von Westen.[9] En 1717, Von Westen participó en la creación del Seminarium Lapponicum en Trondheim, donde se formaba a maestros y sacerdotes para la misión sami; además, contribuyó a la elaboración de los primeros libros de texto en lengua sami.

Sin embargo, a lo largo de los siglos xviii y xix se fue imponiendo una perspectiva más nacionalista y civilizadora, según la cual la lengua y la cultura samis eran vistas como «salvajes» y «diabólicas».[10] El idioma sami pasó a ser considerado un instrumento de espiritualidad y cultura tradicional que debía ser suprimido. Algunos historiadores ven en esta actitud una continuación directa de las convicciones teológicas de los siglos anteriores, que habían creado la narrativa del pueblo sami como subdesarrollado e incivilizado.[11]

Fase de transición (1851-1870)

El historiador Henry Minde y el psicólogo Stephen James Minton identifican el inicio de la asimilación activa en 1851.[2][12] En este período coexistieron dos corrientes ideológicas: una que abogaba por el uso de las lenguas samis en la educación religiosa y otra que exigía que toda la enseñanza fuera exclusivamente en noruego. Ambas, sin embargo, compartían el objetivo final de asimilar completamente a la población sami.[11]

En 1851, el parlamento de Noruega (Storting) creó el Finnefondet ('Fondo para los lapones'), una partida presupuestaria destinada a financiar la norueguización a través del sistema escolar.[13] Los fondos se destinaban a la formación de maestros, a complementos salariales para docentes que demostraran eficacia en la enseñanza del noruego y a premios para los niños que aprendiesen la lengua con mayor rapidez. En esta etapa, el sacerdote N. V. Stockfleth todavía defendía el derecho de los samis a recibir instrucción en su lengua materna, pero esta postura fue perdiendo apoyo político progresivamente.[13]

Fase de consolidación (1870-1905)

Las instrucciones escolares para alumnos samis y kvens en Finnmark y el norte de Troms se endurecieron de forma constante durante la segunda mitad del siglo xix, reduciendo cada vez más las posibilidades de utilizar el sami en la escuela.[14] Hacia 1870, los samis se convirtieron en objeto de una atención científica negativa: se practicaban mediciones craneales según los principios de la frenología, disciplina pseudocientífica —es decir, carente de rigor científico y basada en premisas fraudulentas—, para determinar su raza e inteligencia, y se exhumaban tumbas samis para extraer restos óseos con fines de investigación.[8]

En 1898 se aprobó la denominada Wexelsenplakaten, una instrucción escolar impulsada por el ministro de Asuntos Eclesiásticos Vilhelm Andreas Wexelsen, que prohibía a samis y kvens ejercer como docentes en escuelas multilingües y reducía al mínimo el uso del sami y del finés en la enseñanza.[15] Se afirma que la instrucción obligaba además a los maestros a vigilar que los niños samis y kvens no hablaran sus lenguas ni siquiera durante los recreos.[13] Esta medida marcó el inicio de una política de asimilación plena, en la que el Estado declaró abiertamente que su objetivo era debilitar la identidad de las minorías y utilizar las instituciones públicas para fomentar el sentimiento nacionalista noruego entre samis y kvens.[11]

En 1901 se establecieron los primeros internados escolares para alumnos samis y kvens, cuyo propósito era aislar a los niños de sus familias y comunidades para acelerar el proceso de asimilación.[16] En 1902, la Ley de Venta de Tierras (Jordsalgsloven) estableció que todo comprador de tierras en Finnmark debía hablar noruego en su vida cotidiana, poseer la ciudadanía noruega y residir en la propiedad.[17] Esta norma excluía de facto a los hablantes de sami y kven. Paralelamente, el gobierno llevó a cabo una norueguización sistemática de los topónimos en Finnmark, sustituyendo los nombres samis originales por denominaciones noruegas con el fin de normalizar e historizar la presencia noruega en territorio sami.[18]

Fase de culminación (1905-1950)

Tras la disolución de la unión entre Noruega y Suecia en 1905, la justificación ideológica de la norueguización siguió evolucionando. La influencia del darwinismo social en la política noruega continuó siendo evidente. Christen Andreas Brygfjeld (1863-1952), director escolar de Finnmark, estaba claramente influido por la ideología racista: afirmaba que la «raza sami» era inferior a la «raza noruega». En 1923 escribió que los samis —a quienes denominaba con el término despectivo lapper ('lapones')— carecían tanto de la capacidad como de la motivación para utilizar su lengua por escrito, y los describió como el grupo más atrasado y despreciable de Finnmark, alegando que proporcionaban un contingente desproporcionado de personas necesitadas de atención psiquiátrica o educación especial.[11]

El alcance de la norueguización queda ilustrado por los datos censales del municipio de Kvænangen. En 1930, el 61 % de la población se identificaba como sami (44 %) o kven (17 %), y el 39 % como étnicamente noruega. En el censo de 1950, apenas 5 personas se identificaron como samis y 2 como kvens entre los 2501 habitantes del mismo municipio, frente a los 2508 totales.[19]

En 1931 se creó la Finnmarksnevnden ('Comisión de Finnmark'), un órgano secreto para la coordinación de la política fronteriza y de minorías en el norte, motivado en gran parte por el temor a la expansión finlandesa (den finske fare, 'el peligro finlandés'). Su mandato era proponer directrices para «la política noruega de colonización y comunicación en Finnmark», y coordinaba los esfuerzos de asimilación del Ejército, la Iglesia, el sistema escolar, las autoridades agrarias, los tribunales y los ministerios.[13] La introducción de la escuela obligatoria de siete años en 1936 supuso un endurecimiento adicional, al prohibirse la lengua finesa en los centros educativos.[20]

Desmantelamiento gradual (desde 1950) de la Norueguización

La Wexelsenplakaten de 1898, que prohibía el uso de las lenguas samis en las escuelas, siguió vigente durante la década de 1950 y, en algunas zonas del país, hasta la década de 1960.[21] El 1 de enero de 1956, durante el tercer gobierno de Einar Gerhardsen, se constituyó la Samekomiteen ('Comité Sami'), un hito en el cambio de orientación de la política noruega.[22] El comité propuso que la política gubernamental debía centrarse en fortalecer la posición de los samis como grupo y planteó medidas para lograr la igualdad de derechos entre samis y noruegos. Sin embargo, los samis no fueron reconocidos como minoría étnica, sino designados como «noruegos de habla sami».[23]

En 1959, una nueva ley escolar derogó formalmente la Wexelsenplakaten, y en 1967 se reconoció el derecho a recibir educación en lengua sami, incluso como idioma principal de enseñanza.[23] A partir de mediados de la década de 1970, los samis comenzaron a ser considerados un pueblo indígena, y su lucha por los derechos se enmarcó dentro del movimiento indígena internacional.[24]

Resistencia sami

La primera asamblea nacional sami, celebrada en la Iglesia Metodista de Trondheim en febrero de 1917.

La oposición sami a la política de norueguización se fue intensificando a lo largo de las primeras décadas del siglo xx. En las elecciones de 1906, el político sami Isak Saba fue elegido como representante al parlamento de Noruega por el Partido Laborista, convirtiéndose en el primer sami en ocupar un escaño parlamentario.[25] En 1907, Just Knud Qvigstad publicó un libro que documentaba el proceso de norueguización hasta la fecha y fue uno de los primeros en defender los derechos de los samis como grupo étnico diferenciado.

La resistencia alcanzó un momento culminante en 1917, cuando se celebró la primera asamblea sami en Trondheim, organizada por la activista Elsa Laula Renberg (1877-1931).[15] La fecha del 6 de febrero, primer día de aquella asamblea, es hoy el Día Nacional Sami. A pesar de la creciente oposición, el gobierno noruego siguió aplicando su política de asimilación durante las décadas siguientes.

En la década de 1960, un movimiento de revitalización cultural e identitaria cobró fuerza en las comunidades samis. La controversia de Alta (1979-1981), provocada por el proyecto de construcción de una presa hidroeléctrica en el río Alta sin consultar al pueblo sami, se convirtió en un punto de inflexión que atrajo la atención nacional e internacional sobre los derechos samis.[26] En la década de 1980, se creó el Samerettsutvalget ('Comité de Derechos Samis'), con el mandato de evaluar los derechos políticos y culturales del pueblo sami, y en 1989 se estableció el Parlamento Sami.[27]

Consecuencias de la Norueguización

El propósito de la política de norueguización era erradicar la cultura, la lengua y la historia que conformaban la identidad sami y kven, tanto a nivel individual como colectivo. Uno de sus resultados fue que el número de personas samis que se identificaban como tales disminuyó de forma constante a lo largo de las décadas finales del siglo xix y durante el xx.[28] La norueguización es considerada también una de las causas por las que muchas personas de origen sami desarrollaron una visión negativa de su propia lengua y cultura.[29][30]

Hasta 1920, la etnia sami era agrupada junto con ciegos, sordos y personas con enfermedades mentales en los censos de población, siendo todos clasificados como «anormales», una concepción enraizada en la idea de limpieza étnica.[31] El proceso de norueguización condujo a la casi eliminación de las lenguas samis en Noruega.[32]

Reconocimiento de la Norueguización y reconciliación

En 1997, el rey Harald V pronunció un discurso histórico ante el Parlamento Sami en el que reconoció las injusticias cometidas por el Estado noruego: «El Estado de Noruega fue fundado sobre el territorio de dos pueblos: los samis y los noruegos. [...] Hoy expresamos nuestra pena en nombre del Estado por la injusticia cometida contra el pueblo sami a través de la dura política de norueguización» [traducción propia].[3]

En 2018, el parlamento de Noruega creó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación para investigar las políticas de norueguización y las injusticias cometidas contra los samis, los kvens y los finlandeses noruegos. Tras cinco años de trabajo y más de 700 entrevistas, la Comisión presentó su informe final el 1 de junio de 2023. En el ámbito internacional, los Relatores Especiales de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas han examinado las consecuencias de la norueguización. En 2011, James Anaya recomendó a Noruega reconocer los derechos territoriales samis fuera de Finnmark y fortalecer el Parlamento Sámi de Noruega. En 2016, Victoria Tauli-Corpuz concluyó que Noruega, Suecia y Finlandia «no cumplen sus objetivos declarados de garantizar los derechos humanos del pueblo sami», y recomendó revitalizar las nueve lenguas samis —todas clasificadas como amenazadas por la UNESCO—, reconocer los derechos sobre tierras y recursos, y garantizar el consentimiento libre, previo e informado antes de autorizar proyectos de extracción en Sápmi,[33] presidido por Dagfinn Høybråten. El informe concluyó que la norueguización tuvo graves consecuencias que persisten hasta la actualidad, y propuso medidas para promover la reconciliación.[1]

Políticas similares a la Norueguización

Políticas de asimilación comparables se aplicaron en otros países europeos durante el mismo período, como la suecificación en Suecia y la germanización en Alemania.[34]

Estatus jurídico de los samis en Noruega

Noruega nunca firmó un tratado directamente con el pueblo sami. El documento histórico más relevante son los Codicilos lapones de 1751 (Lappekodicillen), un anexo al tratado fronterizo entre Suecia y Noruega que reconocía derechos de tránsito y pastoreo transfronterizo a los samis; los propios samis sostienen que tiene fuerza de tratado vinculante según el derecho internacional.[35]

Reconocimiento constitucional

En 1988, el parlamento de Noruega enmendó la Constitución de Noruega para incluir el artículo 110a (actualmente artículo 108), que establece: «Las autoridades del Estado crearán las condiciones que permitan al pueblo sami preservar y desarrollar su lengua, su cultura y su modo de vida». Este fue el primer reconocimiento constitucional de los samis en un país nórdico.[35] El Parlamento Sami de Noruega (Sámediggi) fue establecido en 1989, tras la crisis del río Alta, como órgano electo de representación del pueblo sami con 39 escaños.[36]

Convenio 169 de la OIT

En 1990, Noruega fue el primer país del mundo en ratificar el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales, que reconoce los derechos de los pueblos indígenas a la tierra y los recursos naturales como centrales para su supervivencia material y cultural.[36] El Convenio fue incorporado al derecho interno a través del artículo 3 de la Ley de Finnmark de 2005, que establece que dicha ley «se aplicará con las limitaciones que se deriven del Convenio n.º 169 de la OIT».[37] Noruega votó a favor de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas en 2007.[35]

Ley de Finnmark (2005) y derechos sobre la tierra

Antes de 2005, la legislación noruega caracterizaba las tierras ancestrales samis como «sin propietario» (eierløst) y el pastoreo de renos como «uso tolerado».[38] En 1997, la Comisión de Derechos Samis concluyó que el enfoque noruego violaba el Convenio 169. Las negociaciones posteriores entre el Sámediggi y el Comité de Justicia del parlamento—descritas como un proceso constitucional «de nación a nación» sin precedentes en Noruega—produjeron la Ley de Finnmark de 2005.[38]

La ley transfirió el 96 % del condado de Finnmark (aproximadamente 46 000 km²) al Patrimonio de Finnmark (Finnmarkseiendommen, FeFo), un ente jurídico independiente administrado por un consejo de seis miembros: tres designados por el Sámediggi y tres por el consejo provincial de Finnmark.[35] Sin embargo, la ley es «étnicamente neutral»: los derechos no dependen de si una persona es sami, noruega o kven, sino del uso prolongado de la tierra y el agua.[35]

La Comisión de Finnmark, establecida en 2008 para cartografiar los derechos sobre la tierra, avanzó lentamente. Tras una década sin reconocer ninguna tierra como propiedad colectiva sami, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas expresó preocupación por el posible incumplimiento del Convenio 169.[38] La comisión centró entonces su atención en Karasjok (Inner Finnmark), un distrito de 5500 km² donde aproximadamente cuatro quintas partes de los residentes son samis.[38]

Consulta obligatoria

En 2005, el gobierno noruego y el Sámediggi firmaron un Acuerdo de Consulta (Konsultasjonsavtalen), basado en el artículo 6 del Convenio 169, que establece el derecho de los pueblos indígenas a ser consultados sobre asuntos que les afecten. El acuerdo obliga a todos los organismos administrativos que tratan cuestiones samis a buscar un acuerdo con el Sámediggi antes de adoptar decisiones.[36] A diferencia de Suecia, donde el Parlamento Sami tiene funciones meramente consultivas, el Sámediggi noruego ejerce poderes de cogestión efectiva sobre el Patrimonio de Finnmark.[35]

Comparación con Suecia y Dinamarca

El marco jurídico noruego es el más avanzado de Escandinavia en materia de derechos indígenas. A diferencia de Suecia, que no ha ratificado el Convenio 169, Noruega lo incorporó a su legislación interna y estableció un mecanismo de cogestión territorial. A diferencia de Dinamarca, cuya Constitución no menciona a los inuit, Noruega reconoce constitucionalmente a los samis desde 1988. No obstante, los tres países comparten una característica: ninguno firmó tratados formales con sus pueblos indígenas, y los derechos sobre la tierra se basan en el uso histórico ininterrumpido, no en títulos de propiedad colectiva. [35][38]

Véase también

Referencias

Bibliografía

Related Articles

Wikiwand AI